Bodega Sepúlveda

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c/Sepúlveda, 173
Barcelona

Actualmente una bodega es, además de un lugar donde comprar vino, un local donde comer. Hace ya tiempo que en muchas de ellas han optado por poner unas mesas y servir esos mismos vinos acompañados de algo no muy elaborado que picar: mejillones, anchoas, aceitunas… el lugar perfecto donde tomar el aperitivo. En Barcelona quizá el mejor lugar para hacerlo sea Quimet & Quimet, cerca del Paralelo, donde se pueden tomar deliciosos montaditos elaborados con las mejores conservas disponibles en el mercado. Eso sí, siempre algo que no conlleve cocinar demasiado, como salmón marinado, quesos variados, ventresca, berberechos…

Pero en la Bodega Sepúlveda la cocina es algo básico. En su carta podemos encontrar tapas poco elaboradas como las que encontraríamos en el Quimet & Quimet —las anchoas de Orio (15€), los boquerones “caseros” en vinagre (6,50€) o el cocktail de olivas (2,70€)—; pero también algo más “cocinado” —buñuelos de bacalao (7,40€), la cazuelita de Provolone (7€) o la chistorra al horno (6€)—. No contentos con eso, gran parte de la selección está ocupada por platos que podríamos encontrar en la carta de un restaurante al uso, como el entrecot al café de París (13,50€), el bacalao a la llauna (22,50€) o la escalivada (7,20€).

Que no se enfaden los puristas, el sustantivo de “bodega” está bien elegido puesto que en su carta encontramos hasta 119 vinos distintos de las D.O. españolas más diversas: Penedès, Conca de Barberà, Costers del Segre, Priorat, Empordà, Rueda, Valdeorras, Getaria, Madrid, Rías Baixas, Navarra, Toro, Bierzo, Tierra de Extremadura, Somontano, Terra de Mallorca, Cariñena, Madrid, Rioja, Ribera del Duero… y con precios que oscilan entre los 11€ de un Gran Feudo de Chivite y los 120€ de un Vega Sicilia. Y eso por no hablar de las 19 variedades de cava y champán o las 14 de licores.

Así, el dilema al ojear la carta es si ir de tapas para compartir o pedir un menú tradicional. Hice de tripas corazón y, en un alarde de capacidad engullidora de la que el propio Pantagruel estaría orgulloso, opté por pedir tapas y platos.

Amante de las croquetas como soy, empecé a salivar mientras leía la carta al observar que ofrecía cuatro tipos distintos: de chipirón (1,50€), de queso de Cabrales (1,25€), de boletus (1,25€) y de cocido (1,25€). Ante la duda, y como elegir es de mala persona, pedí las cuatro. Lo siguiente en llegar fue el foie gras micuit (13,50€). Me encanta el foie y éste no fue la excepción; textura muy fina, sin ningún tropezón, sabor muy suave… y, muy importante: me sirvieron una ración muy generosa, cosa de agradecer. Se acompañaba de unas tostadas de pan de pasas, que combinaban perfectamente. Cuando me lamentaba de que el plato se estaba quedando vacío apareció sobre mi mesa la coca “Sepúlveda”: un pan de coca con tomate y atún, pimientos del piquillo, anchoas, caviar, aceitunas y piparra. Es decir, conservas varias. ¡Pero qué buenas son las conservas cuando son buenas! Todo de muy buena calidad y en buena cantidad, especialmente el atún, que rebosaba. Por eso me alegré de haber pedido algo fresco y ligero a continuación: el carpaccio de calabacín con bacalao y parmesano (12€).

Mi estómago empezaba a decir basta cuando llegaba el último plato, garbanzos estofados con morcilla (9,50€). Sin dudarlo, lo mejor de la cena: garbanzos gordos y tiernos, morcilla excelente, sofrito de tomate, cebolla y pimiento… fantástico. 

Me quedé con las ganas de probar, además del postre que me quedó pendiente —sin duda, el helado de queso Idiazábal (5,80€)—, las patatas “Sepúlveda” (7€), que son patatas gratinadas con mantequilla de finas hierbas, anchoas y queso; las albóndigas (12€), aunque no sé si las pediré con boletus o con calamar; una selección de quesos (entre 6,40€ y 9,50€), de los que tienen hasta 12 variedades; y la morcilla (4,50€), aunque no sé si la de Burgos con arroz o la de cebolla. Y, no creo que sea necesario decirlo, volverán a caer los garbanzos estofados con morcilla. Quizá una buena ocasión para regresar sea el próximo mes de octubre, cuando el restaurante cumple 60 años.

 

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3 comentarios

  1. He sido asiduo durante muchos años a la Bodega Sepúlveda y debo decir que no estoy para nada de acuerdo con la crítica, que me parece que contrasta claramente con la realidad, porque este sitio ha caído en picado. Para guiris puede que esté bien, pero, por ejemplo, algo tan simple como el pan con tomate es lamentable, y nunca había tomado una escalivada con tan poco sabor como aquí. Insisto, para quien no está acostumbrado a estos platos, puede que esté más o menos bien, pero hay cientos de restaurantes en Barcelona (cientos) donde los hacen mejor. Y me duele, porque, ya digo, era asiduo a la Bodega Sepúlveda.

    • La verdad es que ignoro si ha caído en picado, ya que era la primera vez que iba y no puedo comparar con cómo era antes, pero lo que probé me gustó.

      El pan con tomate lo encontré más que aceptable, pero no probé la escalivada, así que no puedo decirte si en ese punto estoy de acuerdo contigo o no.

      Ignoro si tuve suerte y los pillé en un día en que el cocinero estaba tocado por la varita de Dios o si las veces que has ido tú te ha tocado el día en que el cocinero estaba enfermo y no dio lo mejor de sí. O quizá, simplemente, tenemos gustos diferentes. De hecho, para eso están las reseñas y críticas, para estar de acuerdo o no, por eso agradezco tu comentario.

      Un saludo.

  2. Por supuesto, Luis, para gustos los colores, y precisamente hice mi comentario para aportar algún dato adicional y para alimentar el contraste de opiniones. De todas formas, si me decidí a poner mi comentario es porque salí especialmente soliviantado del restaurante.

    Un saludo

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