Grūtas Parkas, la Disneylandia del Comunismo Soviético

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La caída del comunismo dejó muchas imágenes para la historia, pero la que más se me ha quedado grabada de todas es la de la gente derribando las estatuas de Lenin, Stalin y otros próceres soviéticos que les habían vigilado y amenazado desde sus atalayas de mármol durante decenas de años. Y como en cierta manera siempre he sido una persona práctica más de una vez me he preguntado: ¿Qué harían con ellas? ¿Acabaron destrozadas por la enfurecida turba como primera muestra de la recuperada libertad? ¿Vendidas como quincalla para fundirlas como el Coloso de Rodas? ¿Abandonadas en la estepa siberiana a modo de venganza histórica?

No sé qué pasaría con las estatuas en otras ex repúblicas soviéticas, pero en Lituania Viliumas Malinauskas (conocido hombre de negocios cuya familia hizo fortuna comercializando las setas, champiñones y moras de los densos bosques del sur del país) tuvo la brillante idea de alquilárselas al gobierno y montar un museo – parque temático con ellas. El sorprendente resultado se llama Grūtas Parkas, también conocido informalmente como “Stalinlandia”.

Un rápido repaso a la historia de Lituania en la primera mitad del siglo XX es un perfecto reflejo de lo convulso y sanguinario de la época. En 1918, unos meses antes del final de la Primera Guerra Mundial, una Lituania que se encontraba ocupada por el Imperio Alemán proclama su independencia. Ello no evita injerencias territoriales de sus poderosos vecinos y en 1921, tras una guerra de 3 años con Polonia, pierden el 20% de su territorio incluida su capital histórica, Vilnius. Kaunas es declarada capital provisional. Algunos años mas tarde (Marzo de 1939), apenas unos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la expansionista Alemania de Hitler se anexiona la región de Klaipeda. Lo peor está por llegar.

Cuando tras firmar el pacto Ribbentrop-Molotov la URSS se apodera de la parte oriental de Polonia en 1939, los soviéticos devuelven Vilnius a los lituanos. La alegría dura muy poco: en Junio de 1940 el Ejército Rojo invade el país que pasa a ser integrado en la URSS como la Republica Socialista Soviética de Lituania. La primera invasión soviética termina pronto: la Alemania Nazi ocupa Lituania en Junio de 1941 cuando invade la URSS. Los lituanos reciben a los alemanes como libertadores e incluso colaboran en el exterminio de los judíos que vivían en el país (el 91% de los judíos lituanos, unos 190000, mueren durante el Holocausto). Pero una vez se dan cuenta cómo se las gastan los nuevos invasores, la actitud de los lituanos se transforma de colaboracionismo en resistencia pasiva.

En Julio de 1944, cuando los ejércitos alemanes en retirada abandonan Lituania, la Unión Soviética vuelve a hacerse con el control, esta vez con la intención de quedarse por mucho tiempo. La represión es terrible, con deportaciones masivas a Siberia de sus habitantes y purgas en todos los estamentos sociales. Durante 8 años los partisanos lituanos luchan contra el régimen impuesto desde Moscú pero acaban siendo derrotados y los resistentes que no mueren acaban en los Gulags. El hecho de estar en el camino de dos gigantes le cuesta a Lituania casi 800000 de sus habitantes durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras décadas de opresión soviética, Lituania es la primera de las republicas integrantes de la URSS en proclamar su independencia (11 de Marzo del 1990). Pero cuesta aún más de dos años de lucha contra bloqueos y represiones conseguir que la independencia sea completa: finalmente las últimas tropas del Ejército Rojo abandonan Lituania el 31 de Agosto de 1993.

No es de extrañar entonces que cuando en 2001 se presenta el proyecto de un parque temático sobre la ocupación soviética, la idea naciese envuelta en polémica desde el principio. Y no es para menos, apenas habían pasado 10 años desde la caída del muro y las heridas seguían (y siguen) abiertas, los difíciles recuerdos aun bastante frescos. Mucha gente se oponía considerando que la idea era directamente hacer apología de dicha época y una gran falta de tacto. Sin embargo, en su web, Grūtas Parkas dice que su misión es denunciar la ideología soviética, la cultura de la propaganda y la falta de libertad y mostrar el genocidio lituano.

Cuando le preguntaron que por qué lo hacía, Malinauskas dijo que “(el parque) es mi regalo para las futuras generaciones de lituanos, que pueden venir a reírse y mofarse de estas estatuas. Significa que Lituania ya no le tiene miedo al comunismo”. Algunos de los políticos que le acusaron de sentir indiferencia ante el dolor y los sentimientos ajenos intentaron, sin éxito, cerrar el parque. Malinauskas no tuvo mejor ocurrencia que hacer estatuas de madera con sus caras y ponerlas en el parque comentando “aquellos que aun tienen miedo de las sombras del pasado se merecen estar aquí con ellas”. ¿Nostalgia o condena? Seguramente juega con un poco de ambas. El público ha dado su veredicto y Grūtas Parkas recibe más de 100.000 visitantes por año a pesar de estar en una zona remota lejos de Vilnius.

En concreto Grūtas Parkas está cerca de Druskininkai, una pequeña ciudad balneario situada al sur del país, a poca distancia de la frontera con Bielorrusia. Es un destino muy popular entre los lituanos que frecuentan los spas y otras actividades al aire libre. De viaje por Lituania en Agosto de 2011, nos habíamos acercado a conocerla, visitando de paso los profundos bosques primarios de los alrededores. Desde Druski apenas tardamos 20 minutos en llegar al parque en nuestro coche alquilado. En mi opinión eligieron un buen lugar en el que ponerlo: un poco apartado de la carretera principal y junto a un idílico lago, un entorno tranquilo y lleno de paz en pleno Parque Nacional de Dzūkija.

A priori todo lo que yo sabía sobre Grūtas Parkas es que era una especie de exposición que contenía estatuas de la época soviética y que su apertura había sido muy polémica. Así que la primera impresión fue de sorpresa y cierta incredulidad al darme cuenta de que el aspecto exterior del parque imitaba al detalle a los tristemente célebres gulags soviéticos.

Los límites están marcados por una valla de alambre de espino que se extiende por todo el perímetro. A intervalos regulares hay torres de vigilancia, algunas con maniquíes uniformados de guardias del Ejército Rojo y en cada una de ellas un pequeño altavoz (también de época) reproduce la misma música desasosegante que acompañaba a los presos 24 horas al día para recordarles dónde estaban y que no estuviesen tranquilos ni siquiera mientras dormían: el Gran Hermano Soviético siempre estaba vigilando. La “banda sonora” era, por decirlo de alguna manera, suavemente marcial, como la que ponen de fondo en documentales propagandísticos estilo NODO.

En el camino que da a la entrada al parque hay un tren como los que utilizaban para transportar a los deportados al gulag. Los vagones eran muy parecidos a los que se ven en las películas sobre el Holocausto: diseñados para transporte de ganado, hechos de madera pintada de rojo y con ventanas minúsculas y cerradas con una gruesa reja. La locomotora tenía una característica estrella roja grabada en el morro. En un principio se habían planteado hacer llegar a los visitantes en un tren como éste, pero la férrea oposición de organizaciones de supervivientes del gulag lo evitaron. Era ir demasiado lejos.

Una vez pasada la entrada te encuentras con un cartel explicando que  las referencias históricas las ha hecho el Centro de Investigaciones del Genocidio y la Resistencia Lituanas. A mí me pareció un gran golpe de efecto para que el parque ganase en credibilidad e interés, aunque supongo que Malinauskas no tendría más remedio tras sus problemas y polémicas a la hora de abrir el parque. Aun así me cuesta imaginar un parque temático sobre el franquismo en el Valle de los Caídos con los comentarios históricos escritos por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Quizá me falta imaginación…

Grūtas Parkas es bastante diferente a lo que imaginaba. Muchísimo más grande (cubre 20 hectáreas), bien montado e interesante que el “puñado de estatuas medio oxidadas arrambladas en una esquina” que yo esperaba. Además de diversas estatuas y bustos de Lenin, Stalin o Marx (las más repetidas), también hay grupos escultóricos representando idealizaciones de valores comunistas: estoicos soldados, trabajadores de aspecto incansable o mujeres con aire adusto y marcial representando la Victoria o el esfuerzo proletario (por ejemplo una enorme de Madre Kryzhkalnis, supuestamente simbolizando al Ejército Rojo que trajo la liberación del nacionalismo burgués).

Pero algunas de las que me resultaron más llamativas fueron las de los “renegados”, ciudadanos lituanos que fueron parte del bando soviético y que los lituanos consideran traidores a la patria, como Vincas Kapsukas y Feliksas Baltušis-Žemaitis. O figuras polémicas como Antanas Sniečkus, para muchos el traidor que es el símbolo mismo del terror y la opresión soviéticas y para otros un patriota que supo mantener la llama nacionalista ardiendo, enfrentándose a Moscú para defenderla. Un buen detalle es que la gran mayoría de las estatuas tienen leyenda explicativa en inglés incluyendo una foto con el emplazamiento original del que habían sido retiradas, generalmente en sitios prominentes de las principales ciudades lituanas.

Recorrer el parque entero lleva bastante tiempo, ya que hay decenas de estatuas y más de 3 kilómetros de estrechas pasarelas de madera, también imitando los caminos de los Gulags. Uno de las partes más interesantes del parque es la denominada Casa Museo o Centro de Información, construida en madera y recreando las casas de campo rusas típicas de los 40 y los 50. Dentro hay todo tipo de artefactos y memorabilia soviética: banderas de todas las exrepúblicas, medallas militares y conmemorativas, uniformes, objetos de uso diario… Las paredes están empapeladas con posters de propaganda y con las paginas frontales del periódico oficial del régimen en Lituania, que te llevan en un apasionante viaje en el tiempo con las noticias más importantes ocurridas durante la ocupación soviética de Lituania: las muertes de Stalin, Breznev, Andropov y Chernienko, los congresos del Partido Comunista Lituano, Gagarin en el espacio, visitas de altos mandatarios del Politburó a Lituania… Al igual que con las estatuas del exterior hay notas explicativas en ingles por todas partes, lo que no suele ser demasiado habitual en museos de países no muy turísticos y hace que la visita sea mucho más interesante y asequible.

La otro casa que se puede visitar contiene la Galería de Arte, con pinturas realistas soviéticas mostrando a sus líderes históricos, entre ellas múltiples retratos de Stalin y Lenin, el temible Dzerzhinsky (creador de la Checa y cerebro del Terror Rojo) en el Kremlin y por supuesto no faltan algunas idílicas de trabajadores cosechando. Para que no falte el aire a parque temático de visita familiar el complejo contiene una cafetería, un pequeño zoo y un parquecito para dejar a los niños jugando. Cada 9 de Mayo, aniversario de la victoria soviética sobre el fascismo, un grupo de actores vestidos de soldados recrean desfiles y otros actos habituales de esa fecha en la antigua URSS.

Si vas a Lituania y te interesa acercarte a conocerlo aquí tienes cómo llegar usando transporte público.

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21 comentarios

  1. Pingback: Grūtas Parkas: la Disneylandia del Comunismo Soviético

  2. Como curiosidad dentro del revuelo inicial de la apertura del parque, en 2001 le dieron el premio «Ig_Nobel de la Paz»

    Por cierto, si vais a visitarlo, fundamental llevaros el anti-mosquitos!!! (Luego descubres que lo venden en la tienda de souvenirs, pero como es algo por lo que no sueles pasar hasta el final de la visita, pues como que no sirve de nada…)

    • Hola Maku, lo del premio Ig_Nobel lo habia leido pero no lo puse en el articulo, gracias por apuntarlo.
      Nosotros no tuvimos problemas con los mosquitos pero creo que es un buen consejo porque el parque esta en medio de bosques profundos

      saludos

  3. En Hungría hay un parque-museo parecido, el Memento. Se encuentra en Budapest. Impresiona.

    http://www.mementopark.hu/pages/home/?lang=hu

    http://en.wikipedia.org/wiki/Memento_Park

    • Hola Maria, sabia de la existencia del Memento Park pero no lo he visitado. Lo tendre en cuenta si voy a Hungria un año de estos

      • El Memento Park es muy interesante, pero muchisimo más pequeño que Gruto Parkas. Es casi como describes tu primera idea de Grutas: es un pequeño espacio se encuentran hacinadas casi todas las estatuas, por lo que en unos 20 minutos puedes llegar a verlo.

        Lo curioso de Memento Park es que vendían una cantidad enorme de artículos anti-soviéticos, incluida una gran cantidad de camisetas simulando propaganda soviética pero con mensajes totalmente contrarios.

        Lo mejor es que una de las imágenes más famosas de la revolución húngara de 1956, los pies de la estatua de Stalin de 25 metros de altura que fue cortada y se convirtió en uno de los símbolos de aquella revolución, se encuentran a la entrada del parque, y sabiendo la historia de esa estatua es una visión bastante impactante.

  4. detallito nada más: es Gruto Parkas, no Grutas Parkas (blabla genitivo en lituano cuando la palabra acaba en -as es -o blabla)

    Es grandísmo el parque y tan posmodernos que somos que vale tanto como para mofarte del papaíto Koba como para rendirle sentido homenaje, aunque sin duda lo mejor es el zoo de animales über-tristes

    • Gracias por el apunte Jesus.

      La web oficial del parque lo define como Gruto pero en otros idiomas (ingles, frances y español por ejemplo) siempre lo he visto escrito como aparece en el articulo, por eso me decidi por esa forma.

      El tamaño del recinto me sorprendio mucho y coincido contigo en que Malinauskas juega con la ambigüedad.

  5. MrKurtz

    Un sitio muy interesante y que merece la pena. En general me pareció bastante respetuoso y creo que es una buena idea de mantener las esculturas y vestigios del pasado, por desagradable que sea.

    Para los interesados en la guerra fría que vayan a Lituania, les recomiendo también una visita al antiguo silo de misiles soviéticos de Plokstine. Está en la otra punta del país, pero es como viajar en el tiempo (a una película de espías).

    • MrKurtz, fuimos a la base de Plokstine pero tuvimos la mala suerte de que estuviese cerrada. Tenia una pinta interesantisima, y eso solo vista por fuera. Me alegro de que pudieses entrar.

      Yo tambien encontre el parque respetuoso, sobre todo por lo de dejar que el Centro de Investigaciones del Genocidio y la Resistencia Lituanas escribiese las referencias historicas. Fue un jaque mate del creador a los criticos y una manera perfecta de cubrirse las espaldas

  6. Pingback: Grutas Parkas, la Disneylandia del comunismo « Dokodemo Door

  7. AuriEire

    El artículo es una traducción de otro artículo en inglés, pero por lo visto han censurado mi comentario por poner un link al artículo original.

    • JoulSauron

      Creo que te equivocas y estás metiendo la pata hasta el fondo. Si lo dices porque has visto un artículo en inglés que es traducción de este, que sepas que este mismo en castellano es anterior a la versión inglesa, y ambas son obra de la misma persona, es decir, que lo publicado aquí ya lo había hecho el mismo autor en su blog.

    • Hola AuriEire y todos los demás

      este artículo publicado en Jot Down es una versión corregida y ampliada de uno aparecido en mi blog (esa es la web que has encontrado) hace unas semanas.

      La culpa por la confusión es mía ya que no le comenté a Jot Down que había una versión reducida publicada anteriormente en mi blog y si les valía en ese caso para publicarlo aquí.

      Disculpas y un saludo

  8. AuriEire

    Es verdad, muchas gracias por la aclaración, me he pasado de listilla, lo siento mucho. ¡Gran artículo!

  9. Interesantísimo artículo. Eso sí, me enerva lo de los meses en mayúscula. A mí también me gustaría darles la importancia que se merece a meses, días de la semana y estaciones del año, pero, la amiga RAE dice que no: Mayúscula o minúscula en los meses, los días de la semana y las estaciones del año

    Salvo que la mayúscula venga exigida por la puntuación (a comienzo de texto o después de punto), los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones del año se escriben en español con minúscula inicial:

    Nació el pasado martes, 22 de noviembre.
    En Caracas, a 6 de mayo de 2005.
    Esta primavera ha llovido mucho.

    «Solo se inician con mayúscula cuando forman parte de nombres que exigen la escritura de sus componentes con mayúscula inicial, como ocurre con los nombres de festividades, fechas o acontecimientos históricos, vías urbanas, edificios, etc.: Viernes Santo, Primavera de Praga, plaza del Dos de Mayo, Hospital Doce de Octubre.»

  10. Ufff … esto lo leí en febrero, espero que sea el mismo autor porque si no se me ha caído un mito ….

    http://dokodemodoorblog.com/2012/02/27/grutas-parkas-la-disneylandia-del-comunismo/

  11. Jose Luis Villa

    Hola Ignacio.
    Recientemente he visitado Grutas Parkas, llevado en su coche por una amiga lituana a la que tengo que agradecerle el detalle. Me pareció muy interesante la visita, no tuve problema alguno con los mosquitos a pesar del bosque frondoso donde se ubica el parque y lo que si recomendaría es darse una vuelta por el económico Restaurante Nostalgia, donde además de degustar platos Lituanos, ofrecen la posibilidad de «saborear» alguna comida de los años socialistas, según mi amiga auténtica bazofia.
    Es necesario no olvidar nunca el pasado y ojalá en mi pais, España, tuviesemos algo parecido para que las nuevas generaciones sepan que el pasado existe, existió y que debemos evitar que regímenes que coartan las libertades puedan volver a germinar.
    Muchas gracias y un saludo de José Luis desde Barcelona

  12. Hola Jose Luis, gracias por tu aportación y me alegro de que te gustase la visita. En el restaurante que mencionas nos tomamos una cerveza porque ya habíamos comido algo antes pero si hubiésemos sabido que servían comida («bazofia») soviética creo que la habríamos probado por curiosidad.

    Mi impresión es que fuesen cuáles fuesen las intenciones del creador del parque le ha quedado un sitio interesante, que explica el pasado sin complejos y al que merece la pena ir.

    Saludos

  13. Comparar los regímenes comunistas al de Franco es no haber conocido ni unos ni el otro.

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