Pepe Albert de Paco: El País era una fiesta

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La carta con que Enric González se despidió de El País me devolvió por un instante a los primeros noventa, cuando en sus páginas se publicaba la mejor literatura de que eran capaces los españoles. Había noches en que me iba a dormir con la duda de si Ramón de España se ocuparía de ese artista beodo que había llegado a la ciudad, o anhelando que Santiago Segurola glosara, de una vez y para siempre, la gran finura del nuevo diez del Madrí, o aun temiendo que a Eduardo Haro Tecglen (érase un hombre a dos puntos pegado) se le agotaran la escritura y la vida. No exagero al decir que alargué más de una madrugada por llegarme a las Ramblas en busca del ejemplar con el que habría de ocultarme del sol, ni que la posibilidad de adquirir el diario determinó, en al menos dos ocasiones, mi lugar de veraneo. La playa más indómita y coralina tendía a convertirse en un mugriento páramo sin las crónicas sanfermineras de Joaquín Vidal o las monstruosidades de Jacinto Antón. Cuánto talento y qué bien repartido, Dios. Ya no digamos en domingo, cuando Mario Vargas Llosa se encaraba (aún hoy lo sigue haciendo) con todos los villanos del planeta, o Manuel Vicent hacía emerger de la cerveza del aperitivo un mausoleo corintio, o Feliciano Fidalgo practicaba una entrevista que dio en llamarse «intelectual».

Nunca he sido tan feliz como lo fui leyendo a Joan Barril, a Eduardo Mendoza, a Rosa Montero, a Javier Marías, a Sánchez Ferlosio, a Muñoz Molina, a Fernando Savater. Valga decir, por si faltaran pruebas de mi devoción, que cuando Ramón de España tildó a Ray Loriga de escritor de «superpop», me sentí como se siente uno cuando presenta a dos íntimos y estos no se caen bien, o no todo lo bien que uno espera. «¡El País, siempre con El País!», clamaba mi padre con más razón que un santo, pues incluso para ir del salón a mi habitación llevaba el diario conmigo, engarfiado en el recodillo que forman la mano y la muñeca. Sea como sea, siempre me tuve por un lector más outdoor que indoor. Memorable fue la noche en que, saliendo de la discoteca Karma con el diario hecho un buñuelo, me resistí a deshacerme de él hasta comprar el del día siguiente, no fuera a ser que, en el vacío, me partiera un rayo. Mi apósito de celulosa iba conmigo a todas partes, ya hubiera de acudir a una rave o a un funeral, en el Gol Sur de Sarrià o en una fiesta de disfraces. Cómo no iba a rendirme a aquella servidumbre, si Ángel Fernández-Santos, el insobornable Fernández-Santos, aseguraba circunspecto que había películas «honestas», si devoré cientos de novelas para empapuzarme las críticas de Ignacio Echeverría, sí.

Al igual que me sucedió con otras adicciones, también esta fue a más, y así llegó el día en que, no contento con leerlo, empecé a coleccionar hits. En mi carpeta de la facultad de Periodismo no guardaba apuntes, sino artículos de Arcadi Espada (¡El degenerado!), de Javier Marías (¡Felones!), de Luis LanderoIncertidumbre de un profesor de bachillerato!). Mi padre asistió a mi deriva con rictus de psiquiatra. «Ha empezado a recortarlo», oí que le decía a mi madre una noche. «Y bien, ¿se puede saber qué ha hecho usted este fin de semana?», me amonestó en cierta ocasión un profesor al que no había entregado una noticia. A punto estuve de decirle la verdad: «Verá, YO vivo en una noticia». Pocos lectores, en fin, podrían ufanarse de haber perdido un trabajo por leer El País, como a mí me sucedió en la sala Zeleste, donde, en cierto modo, también tuve la oportunidad de escribirlo. Escribirlo, sí. Resulta que, en un concierto del grupo Sau, con la sala llena de patufets, el crítico Luis Hidalgo, al que atendía habitualmente en la barra del anfiteatro, me preguntó cuál era la bebida que más pedía el público. Y yo, que sospeché que tan solo pretendía santiguarse para ilustrar la parvulez de los asistentes, no me anduve con remilgos: «Malibú con piña y zumo de melocotón». Era mentira, claro, aquellos fetillos estaban a un tris de agotar la cerveza, pero qué demonios, lo que yo quería leer en El País era un relato verosímil, que era, después de todo, lo que solía traer el diario.

Me pasé a El Mundo, aunque en puridad fue Arcadi Espada quien me llevó consigo. En mi apostasía también influyó la marcha de Santiago Segurola, quien, tras un lapso titubeante como jefe de Cultura, acabó fichando por Marca. De esa época, aproximadamente, data el portazo de Hermann Tertsch, que en sus últimos tiempos se vio constreñido a una columna semanal. Lo que no pudo la dirección del diario lo pudo el tiempo, que se cernió fatalmente sobre Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Haro Tecglen, Ángel Fernández-Santos, Feliciano Fidalgo y Javier Pradera. De vez en cuando vuelvo sobre mis pasos y me hago con un ejemplar, pero las ausencias son tantas y tan clamorosas que ni siquiera mueven a la melancolía (empezando por la de Jabois, que veinte años atrás no habría recalado en otro diario que no fuera El País). Me hago pasar entonces por lo que Manuel Vázquez Montalbán llamó «intelectual orgánico colectivo», y me digo, entre retahílas de hombre solo, que tal vez Ángel Fernández-Santos habría dicho de Lo imposible que es un telefilme con ínfulas, y que acaso Ramón de España habría hecho notar, a propósito del artista Ai Weiwei, cómo la condición de disidente ennoblece hasta la más ínfima de las naderías, y Joaquín Vidal se habría ciscado en esa hermandad del couché que forman los toreros del escalafón. Un decir.

 

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20 comentarios

  1. jose reig

    ! Que peligrosa es la nostalgia ! Si te vieran ahora todos los que nombras ( Terscht -Savater no, of course ) te quitarían los cromos. En mi época se llamaba portero regateador, te cuadra mejor. Cierto, El País no es ni sombra de lo que era. Libertad digital sí es una sombra para el periodismo.

  2. Lucía

    Me ha encantado.La marcha de el gran Santi Segurola maró el principio del fin.Enric ha estado a la altura de lo que muchos pensamos de él.Lo que comenta Pepe Albert me sucedió no sólo con El Pais sino también con La cadena Ser que la escuhaba siempre.Me cambié a los deportes de cope con Paco González y compañía.Y me parece que la Gemma Nierga de los últimos años y la de los primeros son muy distintas y así el grupo Prisa en general.Ahora escucho a Julia Otero por las tardes y soy fan incondicional de las columnas de Jabois como siempre lo seré de Enric González escriba donde escriba.

  3. Cristian Campos

    Coño, hemos seguido trayectorias lectoras paralelas. Sólo que yo ahora ya no leo ni El Mundo. Me limito a leerme a mí mismo, que es más sano.

    Lo del Malibú con piña y zumo de melocotón es una de las maldades más refinadas que he leído jamás. Felicidades.

  4. Te expresas como un amante del periodismo de papel, de esos que tan pocos quedan y tan románticos resultan a estas alturas de la descomposición del negocio. ¿Crees que tu historia de amor con autores y diario podría haberse desarrollado con igual pasión en el entorno digital? Me da que no, el papel es otra cosa, produce otro tipo de enganche, más radical.

  5. Y esto es lo que se niegan a entender tantos y tantos directores de periódicos…

  6. oscarenlaplaya

    Gracias Pepe, relatas la vida de muchos. Tenía 18 años cuando salió; pude dejar de esperar a la tarde para pillar el Informaciones. Mi adicción continuó sin altibajos hasta el ’99, cuando me sometí a una primera cura. No obstante, continué fiel, con rachas de otros, Vanguardia incluída. Se fue Arcadi y aquello aumento la (ahora tan de moda) desafección. Mas una adicción es una adicción, no se deja a la ligera. Tuvo que llegar el censurado artículo de Enric González el 1 de mayo del 2008 para poder quitarme.
    Siempre estará el Financial Times,
    y Jot Down, faltaría.

  7. David Fdez

    El autor habla de firmas y de «literatura», y para gustos… (Rosa Montero, Vicent o Marías son para otros otros imponentes mediocridades; y Haro Tecglen o Pradera siempre fueron pródigos en exhibiciones «solo para abonados»).

    Pero uno, modestamente, es de los que, más allá de las firmas, encontraba en el periódico tal carga de manipulación y de sectarismo como para no caer en tales encantamientos. Ni en el 90, ni en el 2000, ni ahora en que la crisis parece que lo está descuadernando.

  8. iñaki

    Pues yo sólo echo de menos la etapa de el independiente…¿es verdad que se le fundió PRISA?
    A mi me sigue pareciendo el menos malo de la prensa nacional pero el tiempo ha hecho mella; paso de Vicent, Torres, Montero (en su día incluso Haro Tecglen me llego a cargar con ese victimismo quijotesco de vuelta de todo) pero sigue habiendo firmas que valen la pena y y sigo enganchado, si no lo pillo los domingos me entra el mono…

  9. Estoy de acuerdo contigo, Pepe. El Pais forma parte de mi educación sentimental, sin lugar a dudas. Pero hay que revisar al gran Vargas Llosa quien, para mi sorpresa, hizo el otro día un elogio desmesurado, inconveniente y algo nauseabundo de Esperanza Aguirre.

  10. Un recuerdo también para otro desaparecido de aquellos años: Federico González

  11. Javier Cascales

    Gracias por acordarte de Joaquin Vidal, yo que aborrezco los toros estuve a punto de aficionarme por sus artículos, tan punzantes, tan bien escritos. Siempre quise hacer algo parecido, y tiempo después lo intenté haciendo crítica musical: ahi me di cuenta de lo difícil que es, vamos, imposible.

  12. casiopeo

    Buen artículo, pero Terstch era un cactus, un feo pulpo en el jardín dieciochesco de El Pais, ya entonces.

    La educación sentimental de un par de generaciones necesitaron de ese periodo en el sobaco, sí, pero el desencanto progresivo tomó distintas derivas. Creo que muchos pensamos que el periodico apestaba demasiado a conformismo con el montaje politico existente que ahora agoniza, el concepto ese de Cultura de la Transición. Supongo que los columnistas habituales de esta revista, más bien liberal-conservadores, con perdón, no lo comparten.

  13. Pingback: Voces que se apagan « confesioninconfesable

  14. Gazte

    A mi siempre me dio mucho mas que las 80,90,100 pestas que costaba.Yo podria añadir a la lista a Ekaizer los corresponsales Jose Comas,Pilar Bonet y el gran Juan Arias desde Roma.La claridad y sencillez de las viñetas de Peridis y los demoledores apuntes de El Roto.El posterior breve injerto de Gallego y Rey que no cuajo por servidumbres de la empresa.Personalmente disfrute mucho con EL PAIS DE LAS TENTACIONES que venia a …color!!,con portadas ingeniosas,secciones y reportajes entretenidos y un diseño novedoso que fue luego muy imitado por la competencia.Este suplemento de los viernes empezo a decaer cuando EL PAIS nombro un director de arte y este empezo a meter las zarpas rediseñando-destrozando para poder dejar su huella.
    Con perspectiva ves el gran talento que se habia reunido y la eficacia con la que estaba organizado.A Hermann Terstch,que como dijo Antic es un neonazi de toda la vida, lo tenian de corresponsal para la europa del pacto de Varsovia,desde donde firmaba unas cronicas estupendas describiendo como eran en realidad las dictaduras comunistas de Ceaucescu y compañia que otros periodistas de la casa,mas progres,trataban con demasiada benevolencia.A Terstch lo echo Polanco por que en el fondo Antic tenia razon,y hoy Hermann anda muy bien pagado en el estercolero etilico de Telemadrid y las TDT,pero siempre podra recordar que en las paginas de EL PAIS anticipo que la antigua Yugoslavia iba a la guerra civil.

    Es cierto que se fueron muriendo muchas firmas en las que confiabas y a veces los nuevos no estaban a la altura.pero yo empece a desconectar cuando en el 2006 me cambiaron las secciones de sitio…por no hablar del silencio complice ante todas las estupideces en las que Zapatero embarco al PSOE hasta dejarlo hundido y desprestigiado.
    Lo que no entiendo es que alguien pueda cambiar a EL MUNDO.Pasarse de EL PAIS a las columnas de Isabel San Sebastian y Curry Valenzuela.Sostres,Gistau y Federico.Victoria Prego y Casimiro.Y Melchor Miralles.Hay que tener estomago.Imagino que una vez perdido el gusto lo siguiente es LA RAZON y LIBERTAD DIGITAL.
    A mi lo que primero me llamo la atencion de EL MUNDO
    fue la seccion de cartas al director.Acostumbrado a las que leia en EL PAIS donde ,aparte de replicas de notables,puntualizaciones de aludidos,se mezclaban las ideas y apuntes de ciudadanos particulares,a menudo criticas con los colaboradores o editoriales del diario y siempre interesantes aportaciones a las que se dedicaba un espacio insuficiente.En cambio en el diario de PedroJ cada carta se publicaba con el encabezamiento «señor director» ,(servil redundancia ya que publicaban dentro de la seccion cartas al director) ,y casi todas se dedicaban a elogiar la linea ideologica del diario y reforzar el ego pedrojotil.
    Y es que en cambio EL PAIS siempre aspiro a ser un periodico decente,honesto con sus lectores.No conozco otro en España con una seccion fija como El Defensor del Lector donde se publicaban criticas a los errores del propio diario Gallego-Diaz y aquel articulo : ¿son ustedes independientes?

  15. Víctor M.

    Se olvida usted de Francisco Umbral, que durante muchos años fue la estrella del periódico.

  16. Amigo Sancho

    TODO BONITO Pepe Paco, y nostálgico, sólo hablas de colaboradores, algunos pocos, de lujo.

    Voy a añadirte tres más, dos antiguos, uno largo y otro corto, Juan Cueto y FJ Losantos, y otro actual, prácticamente lo único que veo ahora, El Roto.

    Quizá te has olvidado de algunas negritas, de los encargados de la línea de propaganda, por ejemplo, Iñaki, Cebrián&FGonzález, Estefanía&AGuerra, Velenzuela&Zapatero, Moreno&MT dela Vega, MA Aguilar, Anabel Díez, Bonifacio de la Cuadra, Ayuso … la lista de enlaces con Ferraz sería interminable …. podría llevarme más tiempo del que merece el viejo régimen.

    Para no hablar de la secta del género, y sus mamporreros, que domina esa vieja redacción y que aplauden a rabiar el derecho penal de género.

    Con el que han desahuciado y arruinado a cientos de miles de hombres, con suicidos que callan y esconden, o con más de un millón de niños y jóvenes a los que se impide vivir con sus padres, sexismo puro y duro, que todas esas Monteros, Gallegas-Díaz, Sahuquillas, Sánchez-Mellados, M. Dominguez …. en fin, no voy a seguir con esa banda aplaudidora de Pajinas y Aídas, de cuotas y subvenciones Zapateras sin más enjundia que la propaganda que su cabecera les permite.

    Salud !

  17. Ramon Gomà

    Ajá. Pero ¿daban las noticias, Don Exquisito?

  18. Jordi T.V.

    En el tema de Luís Hidalgo, si y no. Que bien le recuerdo destrozar en la edición local a dos grupos «indies» patrios que tocaron en un doble concierto….Cuando se había largado a los 20 minutos del primero.

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