Extranjeros en la NBA

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Invasión o Victoria. Extranjeros en la NBA

Gonzalo Vázquez / Máximo J. Tobías

Ediciones JC

Dos expertos en el baloncesto norteamericano como Gonzalo Vázquez y Máximo José Tobías (que ya compartían páginas en Cuadernos de Basket) unen sus fuerzas en una obra imprescindible para los amantes del baloncesto y todos aquellos que sientan curiosidad por conocer los mecanismos que permitieron la globalización de la liga estadounidense. Lo que en principio iba a ser simplemente un documento “sobre los extranjeros en la NBA” (sugerencia textual del editor a Vázquez) se ha convertido en una vasta obra que parte de los mismísimos cestos de melocotón que pidió James Naismith en 1891 para ir desgranando la evolución de este deporte —cuya práctica en sus orígenes nos es pintada como una especie de lucha extrema dentro de una jaula con canastas (y ahora se dictan reglas antiflopping…)—, a partir de las diferentes discriminaciones que sufrieron sucesivamente ciertas etnias, razas o nacionalidades. Así, los alemanes que en los primeros años copaban los triunfos en las competiciones locales o nacionales fueron dados de lado como consecuencia de pertenecer al bando opuesto en la Primera Guerra Mundial, lo mismo que a los judíos por su supuesta baja extracción social (y, lo que son las cosas, hoy en día varios propietarios de franquicias, e incluso el comisionado David Stern, son judíos), hasta la discriminación pura y dura que sufrían los jugadores afroamericanos por su color de piel. Posteriormente se nos cuenta que los apestados para el baloncesto norteamericano pasaron a ser los que se formaban fuera, amparándose en la disparidad de nivel que existía entre sus amateurs (por ejemplo, los jugadores de la NCAA) y el baloncesto FIBA (por aquel entonces, la “A” final significaba amateur); pensaban que si entre sus aficionados y los del resto del planeta había tanta diferencia, sus profesionales estaban a un nivel inalcanzable para el mundo FIBA… pero esa diferencia se fue acortando competición a competición, hasta desembocar en la medalla de bronce para USA en los Juegos de Seúl 88, última cita olímpica en la que no se permitió el concurso de profesionales.

Invasión o Victoria detalla cómo la absurda separación del baloncesto en términos de profesional o amateur hasta finales de los 80 generaba un gran dilema para los jugadores que tenían alguna posibilidad de dar el salto a la NBA, ya que una vez alineados en un partido oficial de la liga profesional no podían volver a competir en campeonatos FIBA. Abundando en el conflicto amateur-profesional, se nos presenta (entre otros muchos) el caso de Oscar Schmidt, el grandísimo tirador brasileño, que pese a jugar en “una liga amateur” como la italiana cobraba cuatro veces más de lo que le ofrecieron para jugar en la liga “profesional” americana. Así, tanto por estos motivos económicos, o por razones personales (querer engordar el palmarés internacional o no alejarse de su entorno) o políticas (ciertas federaciones/países no querían prescindir de sus mejores jugadores en la selección), la mayoría de los casos se quedaban en meros contactos, elecciones de draft, ofertas rechazadas o incluso algún partido de pretemporada, pero el salto no se acababa de dar. Hasta llegar a Georgi Glouchkov, un perfecto desconocido hoy en día que tiene en su haber el honor de haber sido el primer jugador formado fuera de los Estados Unidos en jugar en la NBA, principalmente porque Bulgaria nunca fue una potencia baloncestística y su selección no tenía mucho que perder. Tras Glouchkov llegó Fernando Martín, y poco a poco la NBA fue abriendo la mano hasta nuestros días, que hasta parece que las puertas están de par en par. Es curioso, echando un vistazo al apéndice final donde se recogen todos los jugadores formados fuera de EEUU que han jugado en la NBA, se comprueba que en la temporada 89-90 entraron en la liga profesional Vlade Divac, Drazen Petrovic, Zarko Paspalj, Sarunas Marciulionis y Aleksandr Vólkov, un quinteto que no sería descabellado incluir entre los 10 mejores (formados por jugadores coetáneos) de la historia del basket europeo. En cambio, en la temporada 2010-2011, entre la larguísima lista de baloncestistas formados fuera de Estados Unidos tenemos a gente como Alexis Ajinc, Omri Casspi, Jonas Jerebko, Pape Sy o Rodrigue Beaubois, que es bastante improbable que sean incluidos en una hipotética selección FIBA, aunque podrán decir con orgullo que habrán completado más de un roster en el Fantasy.

Manute Bol tuvo que soportar (sin derramar lágrimas) que le arrancaran dientes y le rajaran la frente con un machete para ser considerado un hombre en su tribu. Después de eso, un marcaje duro de Bruce Bowen se ve desde otra perspectiva

Por cierto, una aclaración: cierto perfil de jugador no tiene cabida en Invasión o Victoria aunque también sean “extranjeros”, como por ejemplo Olajuwon, Detlef Schrempf o Rik Smits, porque jugaron (se formaron) en universidades norteamericanas. No obstante, se hace una excepción con Manute Bol, un caso tan extraordinario como su morfología física, al que se le dedican bastantes páginas donde se desgrana su trayectoria vital desde las pruebas de hombría en su tribu hasta su carrera en la NBA como uno de los mejores taponadores de la liga. No es la única historia singular, porque todas las que se relatan con detalle en Invasión o Victoria lo son, aunque personalmente me quedaría con la de Aleksander Belov, el autor de la mítica canasta de la victoria en los Juegos Olímpicos de Munich 72, la disputa entre Wang Zhizhi y Yao Ming sobre su primacía en el baloncesto chino previo a sus incorporaciones a la NBA, la desbordante calidad de Kresimir Cosic y, sobre todo, el larguísimo proceso que acabó con Arvydas Sabonis, el gran what if de la historia del baloncesto, en la NBA casi 10 años después de ser elegido en el draft.

En cuanto a su estructura, Invasión o Victoria está dividido en dos partes (cada una redactada por un autor) con un pequeño solape a mediados de los ochenta; Vázquez se encarga del periodo comprendido entre esa fecha y finales del siglo XIX y Tobías, desde los ochenta hasta la actualidad. Aunque el contenido es coherente y sigue una secuencia cronológica, cada parte tiene su propia personalidad heredada de los hechos que relatan y, como es lógico, del estilo de cada uno de los autores: en el caso de Vázquez, su característica prosa densa, hiperdocumentada y con un estilo divulgativo cercano a un tratado de historia universal que encaja a la perfección con los sucesos que se describen, mientras que Tobías es un narrador más fluido y desenfadado pero no por ello menos riguroso que el primero. Puede ser discutible que sea absolutamente necesario que Vázquez nos liste los nombres de, pongamos, los jugadores alineados en un partido de 1937 o que Tobías esconda en exceso su habitual fina ironía, pero si esos son los únicos (posibles) defectos que le saco a Invasión o Victoria es evidente que lo considero un trabajo espléndido.

 

PD. Con los foros de internet pasa como la televisión: de primeras, la opinión generalizada es tildar su contenido de basura. Pero siempre hay excepciones y por eso hay que recordar que la pequeña pantalla también ha sido la cuna de, por ejemplo Breaking Bad o de… cof, cof, The Wire. Del mismo modo, existen foros donde no solo se escribe de manera relativamente correcta desde el punto de vista ortográfico y gramatical, sino que además ¡su contenido es francamente interesante! No es este el momento ni el lugar de abanderar una cruzada que persiga la consecución del fenómeno foril como un subgénero literario en sí mismo, sin duda por encima de la novela romántica (con o sin vampiros), pero quiero destacar que la existencia de uno de esos foros, que ha sido cita ineludible para los amantes del baloncesto y de LeBron haters diversos, nos ha permitido durante años leer a los autores y ha propiciado de manera más o menos indirecta que tengamos esta obra a nuestro alcance. Gracias G, gracias meej. Y enhorabuena.

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8 comentarios

  1. Marcelo Torres

    Lo compré y lo estoy leyendo. Es increíble porque relata TODO. Enhorabuena.

  2. Georgi Glouchkov no es un perfecto desconocido, era un gran pivot reboteador que los buenos aficionados recordamos, aunque por ser búlgaro es «normal» que se le ningunee.
    Glouchkov no llegó a triunfar por dos razones:

    -No hablaba inglés.

    -Fue a la NBA en tiempos en los que la xenofobia (de los propios jugadores y entrenadores americanos) contra todo jugador extranjero no formado en EE.UU, hacía imposible que un extranjero, por bueno que fuera, pudiera triunfar. Vamos, que no les pasaban la bola ni por casualidad.

    Ahora las cosas son muy diferentes, pero haciendo un poquito de memoria, creo que muchos aficionados recordarán esos partidos de Fernando Martín en Portland, donde siendo el mejor pivot de esa plantilla con diferencia (el único buen pivot que tenían, Sam Bowie, andaba siempre lesionado), a Fernando lo ponían a jugar 5 minutos, y sus compañeros jugaban como si él no estuviera en cancha.

  3. Carlos Alberto

    Enhorabuena por la reseña y por la idea del libro. Lo peor, que acabo de consultar el precio y los 30 eurazos se me van (kilómetros) del presupuesto. Así que si a alguno le sobra un ejemplar como para prestarlo una temporada…pues eso :o)

  4. Lo compraré y leeré.

    Gracias por darlo a conocer.

  5. Pingback: 101 historias NBA

  6. Pingback: David Stern que estás en los cielos

  7. Es un libro imprescindible la verdad. Uno de los más vendidos en la tienda.

    Ojo que son más de 400 páginas !!!!

  8. Pingback: El mejor tirador de la historia - Jot Down Cultural Magazine

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