Arvydas Sabonis, el hombre que pudo reinar - Jot Down Cultural Magazine

Arvydas Sabonis, el hombre que pudo reinar

Publicado por

El 8 de abril de 2004, el Zalgiris viajaba a la cancha del Maccabi de Tel-Aviv. Duelo habitual en los 80, el partido tenía un atractivo impresionante: el ganador se clasificaría para la Final Four que precisamente tendría lugar en la capital administrativa del estado de Israel. En la ida habían ganado los lituanos con solvencia, pero un despiste en casa, la semana anterior, ante el Pamesa Valencia, les había dejado en esa situación de todo o nada. Al frente, como capitán, un tal Arvydas Sabonis, 39 años para 40, MVP de la fase regular de aquella Euroliga y MVP del Top 16 previo a las semifinales.

Sabonis ya lo había ganado todo en Europa, tanto a nivel de clubes como de selección, pero un éxito más al borde de la cuarentena sería una despedida excelente de la competición. En 1986, Petrovic le impidió alzarse con la Copa de Europa en uno de los pocos momentos en los que el zar lituano perdió los papeles y acabó lanzándole un alevoso puñetazo a Nakic. En 1993, fue Maljkovic y su correoso Limoges los que le separaron de la Euroliga con una tela de araña defensiva que volvió loco al Real Madrid en las semifinales de Atenas. Solo dos años después, en Zaragoza, junto a Joe Arlauckas, pudo Sabonis redimirse. Después viajó a la NBA. Ahora, de vuelta, tenía la Final Four a apenas 40 minutos de distancia.

El partido fue bien para los de Kaunas. Prontas ventajas, mucha tensión en el Maccabi, que se jugaba la temporada y un Arvydas Sabonis imparable, 29 puntos, 9 rebotes, 3 asistencias, 4 triples y 36 de valoración antes de quedar eliminado por faltas. A falta de dos segundos, la clasificación podía darse por hecha: el Zalgiris ganaba por tres puntos de diferencia (91-94) y Giedrius Gustas disponía de dos tiros libres para sentenciar el encuentro. Lo que necesitaba el Maccabi no era un solo milagro sino una sucesión improbable. Lo que necesitaba el Maccabi era que Gustas fallara los dos tiros libres, que en el segundo no hubiera rebote y no se perdiera tiempo porque Tanoka Beard hubiera entrado en la zona, y que del saque de fondo posterior saliera un pase de béisbol de unos 25 metros para que Derrick Sharp anotara un triple desesperado, sin equilibrio, con una mano delante, sobre la bocina.

Lo que necesitaba el Maccabi era exactamente lo que terminó sucediendo.

La cara de Sabonis en el banquillo era de una incredulidad total. Con el pelo cortado a cepillo, sin el bigote que se afeitara años atrás, claramente avejentado por más de 20 años de baloncesto profesional, el pívot más importante del baloncesto europeo contemporáneo quería matar con la mirada a Gustas, a Beard, a Sharp… a todos los que se habían conjurado para quitarle la gloria. El Zalgiris no fue rival en la prórroga y el Maccabi no solo ganó aquel partido sino que se paseó en la final para ganar su primer título europeo en 23 años.

Sabonis abandonó el Nokia Arena —“La Mano de Elías”, para los nostálgicos— cojeando como siempre y con la idea de la retirada en la cabeza. No se oficializaría hasta el año siguiente porque el lituano era un hombre sin prisas. Un genio calmado por la vida y las lesiones. Soviético de la vieja escuela, fervoroso patriota lituano, en su última temporada en Europa —la que cualquier otro se hubiera tomado como una gira de aplausos y reconocimientos— había promediado 16,7 puntos y 10,7 rebotes para una valoración media de 26,3; la más alta de todos los competidores.

De nuevo, Sabonis había conseguido que lo difícil pareciera fácil, esa fue siempre su principal virtud. Su falta de aparatosidad, su dominio del juego en lo colectivo y en lo individual. Un hombre que te ganaba con un mate, un rebote, un tapón, una asistencia o un triple. Un año después de la retirada, charlando con el recién nombrado seleccionador español, Pepu Hernández, no pude evitar preguntarle cuál era el mejor rival al que se había enfrentado nunca entrenando al Estudiantes. Puede que esa pregunta ahora no tenga mucho sentido, pero hablamos de los años en los que el Estudiantes jugaba Final Fours. Su respuesta, sin dudarlo, fue: “Sabonis. No había manera de pararlo”. No, no había manera. No la había en 1982 y no la había en 2004, aunque obviamente el jugador ya no era el mismo.

Del Mundial de Colombia al Mundial de España: la explosividad juvenil

Sabonis era un chico de 17 años que superaba los 2,10. Era complicado que pasara desapercibido, incluso dentro de un modelo que producía constantemente hombres interminables como Tkachenko: rocosos, fajadores, hieráticos… en una palabra, ordenados soviéticos con la presión de las autoridades siempre detrás. Como juvenil había deslumbrado en una gira por los Estados Unidos ante distintas universidades, siendo proclamado por el legendario Bobby Knight como “el mejor pivot joven no americano”. Su debut en la primera división soviética, con el Zalgiris de Kaunas, había sido bastante impresionante: titular casi desde el principio, un soplo de aire fresco dentro del siempre enrarecido ambiente de la liga de la URSS. Durante décadas, el CSKA de Moscú, no solo dominaba en las canchas sino en los despachos, haciéndose con los mejores jugadores de los demás equipos y sirviendo de base para la selección soviética.

El Zalgiris tenía que vivir con ello y, de hecho, no ganaba un título desde los años 50. En 1980 fue subcampeón de la URSS y eso sirvió para poner al baloncesto lituano de nuevo bajo los focos. Todo ello sin duda ayudó a que Aleksandr Gomelski decidiera seleccionar a Sabonis para el Mundial de Cali. Los soviéticos tenían muchos más reparos que los yugoslavos a la hora de tomar riesgos, pero aquella selección tenía margen de error: en plena transición del equipo que, liderado por Belov, ganara la medalla de oro olímpica en 1972, la Unión Soviética había parado a la generación de oro balcánica en los Europeos de 1979 y 1981, aunque hubiera caído ignominiosamente en sus propios Juegos Olímpicos de 1980, y se presentaba como gran candidata al título de Campeón del Mundo, con la única resistencia que la selección estadounidense de Doc Rivers y John Pinone pudiera ofrecer.

Sabonis ya era por entonces un jugador impresionante: pese a su juventud, aquel chico estaba perfectamente formado. Alto, delgado, fibroso y ágil, un rasgo poco común entre los pivots soviéticos, el adolescente disfrutó en Colombia de sus primeros minutos de fama, aunque fueran muy escasos, pues la rotación soviética estaba bien definida: Lopatov, Tkachenko, Tarakanov, Belostenny… Su única derrota en todo el torneo llegó ante Estados Unidos en la liguilla clasificatoria, pero en la final se tomaron cumplida revancha con un agónico 95-94. El papel de Sabonis, como decíamos, fue testimonial, pero su sola presencia ya anunciaba algo grande.

El aprendizaje continuó en los años siguientes, con los ojeadores estadounidenses ya tras sus pasos. Repitió convocatoria con la selección para el Europeo de 1983 tras su gran actuación en el Mundial Junior de Palma de Mallorca pero su papel volvió a ser discreto. En 1984, la decisión de Andropov de boicotear los JJOO de Los Angeles nos privaron de observar su evolución de primera mano y hubo que esperar a Sttutgart, en 1985, para ver la versión más atlética y poderosa de Sabonis: la URSS no solo ganó el torneo con cierta suficiencia sino que Arvydas fue elegido MVP con solo 20 años, constituido en el eje del triángulo lituano que formaría con Kurtinaitis y Chomicius y que tantos éxitos le daría a la selección y al Zalgiris. Años después, se sumaría un jugador clave, diferenciador: Sarunas Marciulionis.

En aquel Europeo, Sabonis abrumó con su juventud y su potencia. Era distinto incluso en su aspecto: melena al aire, contundente bigote propio de la aldea gala de Asterix. El veinteañero podía taponar, rebotear y tirar de tres con facilidad… pero su punto fuerte era la agilidad y la capacidad para culminar el contraataque. Verle correr la cancha botando desde sus 2,20 o recibir el balón en la línea de tiros libres en plena transición para acabar en un violento mate apuntaba a un estrellato inminente, el más brillante que ningún jugador europeo hubiera alcanzado jamás. Los Atlanta Hawks le seleccionaron en el “draft” de la NBA aquel verano, pero, al ser menor de 21 años, la elección se anuló, para provecho de los Portland Trail Blazers, que consiguieron sus derechos un año después utilizando su primera ronda, algo casi inédito en los tiempos en los que los europeos eran auténticos apestados en Estados Unidos y ni siquiera Drazen Petrovic conseguía la atención que se merecía.

En solo un par de años, Sabonis pasó de ser una promesa ilusionante al segundo jugador más dominante del continente: su Zalgiris acabó con la dictadura del CSKA y consiguió tres ligas consecutivas: 1985, 1986 y 1987. Precisamente el primero de esos tres títulos permitió a Sabas jugar la Copa de Europa por primera vez y su debut no pudo ser mejor: gracias a su victoria contra el Real Madrid de Corbalán, Wayne Robinson, Brian Jackson y compañía, los lituanos se plantaron en la final ante la todopoderosa Cibona de los hermanos Petrovic. Frente a frente quedaban los dos mejores post-adolescentes surgidos en décadas: Drazen frente a Arvydas. El campeón frente al aspirante. El histrión frente al hombre calmado y silencioso.

La victoria fue para los balcánicos. Meses después de aquella final, Petrovic y Sabonis volverían a encontrarse, esta vez en las semifinales del Mundobasket de España, en el Palacio de los Deportes de Madrid. La historia, entonces, sería diferente.

Una carrera en peligro: las misteriosas lesiones de 1986 y 1987

Pese a contar con solo 21 años, Sabonis era ya una referencia mundial. El juego de la URSS giraba a su alrededor y su paso a la NBA se daba por hecho, solo obstaculizado por la eterna burocracia soviética, que acababa de ver cómo un joven Mijaíl Gorbachov llegaba a la presidencia del país prometiendo cambios tranquilos. Los rumores de lesiones y molestias aparecían de vez en cuando, obligándole a llevar una aparatosa rodillera, pero él seguía destrozando tableros y corriendo como un gamo. En el último partido de la final ante el CSKA de Moscú, parece que sintió algo distinto, doloroso: un golpe seco en la parte de atrás del pie, el tendón de Aquiles. Nadie le dio importancia entonces, pero aquello era un primer aviso.

Llegó a España en el verano de 1986 con su melena juvenil que recordaba a los cantantes de Bon Jovi, Europe, Guns and Roses… Olía a espíritu adolescente. Había afeitado su bigote y el rojo le sentaba de maravilla. Como eran los mágicos 80 madrileños, aquella época de reacción a la reacción, Sabonis y la URSS pronto fueron acogidos como héroes locales. Si Sabonis estaba lesionado, no lo parecía. Cierto es que el coronel Gomelski limitaba en ocasiones sus minutos de juego pero es que aquel equipo tenía demasiada calidad como para fijarla en un solo quinteto: a los ya conocidos Kurtinaitis, Chomicius, Belostenny , Valters, Tarakanov… había que sumar a Volkov, Sokk o Tikhonenko, un tirador letal.

La Unión Soviética se plantó en semifinales después de ganar sus diez partidos en Ferrol y Barcelona, con unas diferencias y unas anotaciones escandalosas. En la capital esperaba Yugoslavia, su bestia negra de los 70. Petrovic era el hombre más odiado del planeta y Madrid era el epicentro de ese odio. Los yugoslavos estaban también en plena transición, incorporando jóvenes jugadores como Divac o Vrankovic, a los que luego se juntarían los Paspalj, Kukoc, Radja y compañía.

Yugoslavia ganaba fácil: nueve puntos arriba a falta de un minuto, pero el público seguía animando a la URSS. Los jugadores plavi celebraban en el banquillo cuando Sabonis anotó a tabla un triple a priori intrascendente… Nada más sacar de fondo, con la mente ya en la final, Tikhonenko robaba y anotaba otro triple desde la esquina. En un abrir y cerrar los ojos, la URSS se colocaba a tres puntos con algo más de medio minuto por jugar. Eran otros tiempos: Yugoslavia podía permitirse agotar la posesión a base de forzar faltas y negarse a tirar tiros libres. Los soviéticos se desesperaban: una falta, dos faltas, tres faltas… La presión era constante pero poco fructífera, los yugoslavos se manejaban como peces en el agua en estas situaciones.

Hasta que Cutura cometió un error impropio a falta de 15 segundos y ese error no fue otro que sacar de fondo y pasarle el balón a Vlade Divac, 18 años, nervioso como un flan. Divac recibió y se lio a botar. Tanto se lio que cometió dobles. En la jugada posterior, Valters aprovechó un bloqueo directo de Sabonis para empatar el partido. En la prórroga, la URSS se impondría cómodamente y ganaría el pasaporte para disputarle a los Estados Unidos el título, como en Colombia… solo que esta vez David Robinson, Tyrone Bogues y sus chicos conseguirían llevarse la victoria.

Nadie podía imaginarlo pero aquel verano de 1986 fue el último en el que vimos al gran Sabonis.

Sobre cómo se produjo la rotura definitiva del tendón de Aquiles se han oído muchos rumores. Según la prensa soviética se cayó por unas escaleras; según otros, la caída se produjo motivada por la rotura previa. Se echó la culpa a la mala suerte por no reconocer una obviedad: a aquel chaval se le venía forzando por encima de sus posibilidades. A los 21 años, Sabonis había disputado dos mundiales y dos europeos, no había tenido el descanso necesario durante el verano y acusaba el lógico aumento de peso y musculatura que sus articulaciones no podían soportar con la misma facilidad.

Empeñados en negar la realidad, ese hábito tan soviético, Sabonis siguió jugando partidos sueltos a lo largo de la temporada 1986/87, aunque visiblemente mermado. Los tratamientos “conservadores” no parecían funcionar para desesperación de los directivos de Portland, enfrascados en una eterna negociación con las autoridades rusas por su fichaje. El empeño en explotar al caballo de carreras hasta el último aliento fue desolador: Sabonis se perdió el Eurobasket de 1987 y solo cuando sus problemas se habían extendido a talón, tobillo y rodilla y su carrera realmente estaba en peligro, la Unión Soviética autorizó su viaje a Portland, donde se le operó, colocándole una prótesis que le acompañaría el resto de su vida y que dificultaba muchísimo sus movimientos.

Sabonis regresó a casa en 1988 dispuesto a prepararse para los Juegos Olímpicos de Seúl, los primeros para su selección en ocho años. Pocos tenían confianza en que aquel jugador de apenas 23 años pudiera ser una sombra siquiera de lo que había sido en 1985.

La vuelta por todo lo alto: Seúl y el Fórum Filatélico

Mucho se ha hablado de cómo llegó Sabonis a los Juegos Olímpicos de Seúl. Por un lado, los problemas políticos de Lituania ya estaban presentes. La “perestroika” de Gorbachov había dado rienda suelta a reivindicaciones políticas y nacionales de todo tipo, agravios que venían del estalinismo y el leninismo y que por fin encontraban un cauce. Las repúblicas bálticas empezaban a formar los parlamentos que después declararían su independencia de manera unilateral y aquel equipo soviético dependía por completo de sus estrellas lituanas.

Sin embargo, ni las lesiones ni el desafecto político iban a detener a Sabonis. En 1980 era un crío y en 1984 se encontró con el boicot. 1988 era su año y se encontraba con tres rivales: la Yugoslavia de Petrovic, más los chavales de Jugoplastika y Partizán; los Estados Unidos encabezados por Dan Majerle, Danny Manning o David Robinson… y las serias dudas sobre su estado físico. La URSS podía ganar con un Sabonis al 100% pero nadie esperaba que estuviera siquiera al 50%.

La cosa se quedó en un punto medio. Sabonis no arrasó pero sí fue decisivo en aquellos Juegos Olímpicos. Lo fue especialmente en las semifinales ante Estados Unidos, donde anotó 13 puntos y cogió 13 rebotes, complementando perfectamente a Marciulionis, la verdadera estrella de aquel campeonato, y se fajó con David Robinson todo lo que pudo, aunque el estadounidense se fue a los 19 puntos y 12 rebotes en solo 23 minutos. Aquel Sabas, de nuevo con bigote, de nuevo con melena, pero mucho más limitado en el uno contra uno, con dificultades para atacar el aro más que recibiendo el pase doblado de un compañero, tenía que reinventarse a los 23 años y aquel fue el primer paso.

La medalla de oro, frente a Yugoslavia en la final, el último gran partido que perderían los Kukoc y compañía en cuatro años, fue la culminación de un trabajo titánico. Solo estar en Corea ya era un éxito para Sabonis; volver con el oro a Kaunas después de 20 puntos, 15 rebotes y 3 tapones en el partido decisivo, un sueño. Aquellos Juegos cambiaron por completo el baloncesto contemporáneo. Estados Unidos se dio cuenta de que no podía seguir compitiendo con universitarios a ese nivel y decidió empezar a dar forma al proyecto “Dream Team” que fructificaría con la exhibición de 1992. Por otro lado, los jóvenes jugadores soviéticos y yugoslavos empezaron a saltar progresivamente a la NBA. Primero, Marciulionis, Volkov, Petrovic y Divac, luego Radja y Paspalj… Kukoc esperaría hasta 1993 y el propio Sabonis hasta 1995.

Mientras tanto, el lituano tenía otros planes: asentar su físico para volver a dominar Europa y huir cuanto antes de la Unión Soviética.

Lo primero lo consiguió rápidamente: la temporada 1988/89 fue de transición en el Zalgiris. Sabonis era un jugador más inteligente aún, muy consciente de sus limitaciones y que necesitaba descansos prolongados, pero aún imparable cuando estaba fresco físicamente. Mejoró su tiro de tres, su capacidad de pase y sus movimientos defensivos. En lugar de rendirse, luchó para ser otro jugador pero igual de infranqueable. En el verano de 1989, la URSS viajó a Zagreb para intentar hacerle frente a la anfitriona Yugoslavia en el Eurobasket pero cayó en semifinales ante la Grecia de Nikkos Gallis, la misma que le había derrotado en la final dos años antes. Sabonis cumplió, como siempre, pero se palpaba la desgana, la desmotivación, la disidencia. Aquella bandera no era su bandera, aquel país al que representaba era el enemigo potencia del país que le había criado.

Después de muchos años intentándolo, ese verano, por fin, el lituano pudo salir de la URSS, aunque no se permitió su marcha a los Estados Unidos, todavía el gran enemigo político. A cambio, un hábil empresario, Gonzalo Gonzalo, presidente del modesto Forum Filatélico de Valladolid y posteriormente del equipo de fútbol de la misma ciudad, consiguió que la gran estrella europea se fuera a jugar a la ACB junto a su inseparable Valdemaras Chomicius, al que luego sustituiría Tikhonenko. Alrededor de ellos dos, construyó un equipo más que interesante, con la vuelta de Juan Antonio Corbalán a las canchas después de dos años retirado, o la presencia de jóvenes estrellas como Miguel Ángel Reyes, Lalo García o el polémico Miguel Juane.

En Valladolid se pellizcaban y no se lo creían. De la noche a la mañana tenían un equipo que era la envidia de Europa y que estuvo a punto de conquistar una Copa Korac ante el todopoderoso Il Messagero de Roma encabezado por Dino Radja. Sabonis tuvo tres años esplendorosos, con bigote y sin bigote, con melena y sin melena, sus dos rodilleras siempre acompañándole, algo hinchado pero más listo que nunca. El primer año promedió 23,3 puntos y 13,4 rebotes más casi 4 tapones por partido. Todo esto, visiblemente cojo. En su segunda temporada se fue a los 18,4 puntos y 10,5 rebotes, aunque con algún problema de lesiones, y se despidió de Pucela con una última temporada magnífica: 21,8 puntos, 13,3 rebotes y una media de 31,1 de valoración por partido.

Con 27 años, Sabonis tenía que volver a plantearse si ir a Estados Unidos o quedarse en Europa. Valladolid se le quedaba pequeño, pero las dudas de Portland seguían presentes: ¿Aguantarían sus rodillas y tobillos la exigencia de 82 partidos de liga regular más play-offs?, ¿merecía la pena correr el riesgo? Instalado ya en España, habituado a una cultura tan distinta de la báltica y liberado ya, como su Lituania natal, del yugo soviético, Sabas encontró un punto medio ideal: el Real Madrid, al que acudiría como salvador después de seis temporadas sin conseguir la liga, algo inédito en la historia del club. Ramón Mendoza necesitaba un héroe para su sección de baloncesto, alguien que pudiera revitalizarla y lo apostó todo por el lituano. A posteriori, queda claro que hizo muy bien.

Los años del Real Madrid: Liga, Copa y Euroliga

El Sabonis que llegó a Madrid en el verano de 1992, después de debutar con la nueva selección lituana en los Juegos Olímpicos de Barcelona y conseguir una meritoria medalla de bronce, no recordaba en nada al que rompía tableros en los Torneos de Navidad ocho años antes. Pesaba más, estaba más lento, tenía vendas en cada parte de su cuerpo y la arrogancia de sus mates juveniles había dado paso a un liderazgo silencioso, mágico, indurainesco. Aquellos tres años en el Real Madrid fueron probablemente los mejores de su carrera, desde luego no a nivel físico, pero sí en cuanto a comprensión del juego, a dominio de cada faceta del deporte.

En mi vida de aficionado al baloncesto, incluso como aficionado al Estudiantes, el eterno rival del Madrid, nunca he visto nada parecido. Sabonis se ganaba el respeto de todos, anotaba incluso desde el suelo, reboteaba como un animal, siempre a base de ganar la posición con inteligencia, manejaba su cuerpo a la perfección, pasaba con una mano, con dos manos, en bote, en suspensión. Aquel hombre era una exhibición táctica en cada partido y todo sin hacer ruido, sin más aspavientos que su desesperación cada vez que dos o tres defensores se le colgaban encima y la falta le acababa cayendo a él.

Sabonis no solo imponía respeto, imponía miedo. Consiguió en el Real Madrid lo que Petrovic no pudo en su día: ganar la liga, en cinco partidos, al Joventut de Lolo Sainz y Jordi Villacampa. También ganó la Copa, ante el mismo rival. En la Euroliga, se clasificó para la Final Four y solo la trampa táctica de Bozidar Maljkovic le derrotó en un partido infame de todo el equipo. Sus números lo dicen todo de aquel año, jugando en uno de los grandes de Europa: 17,1 puntos, 11,5 rebotes en liga regular… y 18 puntos con 13,7 rebotes en play-off, rozando los 30 de valoración.

El equipo se había quedado a dos partidos del triplete. Clifford Luyk dirigía al equipo desde el banquillo, Isma Santos se ocupaba de la estrella rival y Antonio Martín encabezaba un grupo de españoles veteranos del que también formaban parte los Biriukov, Romay, Llorente y compañía. En la temporada 1993/94 llegó Joe Arlauckas y se formó probablemente la mejor pareja de extranjeros de la historia reciente de la liga ACB. Arlauckas era todo lo contrario a Sabonis y por tanto su complemento ideal: agresivo, retador, furioso, anotador compulsivo y en ocasiones egoísta, un competidor descomunal que bien tiraba de cuatro metros como machacaba a una mano un contraataque de manera rabiosa.

La conexión Arlauckas-Sabonis dio otro título de ACB al Real Madrid y le daría una Euroliga al año siguiente, la primera en 15 años, la última hasta la fecha. El lituano estaba en su plenitud, con partidos como el del Coren Orense donde alcanzó los 66 de valoración (32 puntos y 27 rebotes), pero la cabeza de todo el equipo, ya con Zeljko Obradovic en el banquillo, estaba en la defensa. Una defensa encabezada por Santos y García Coll, dos jornaleros, más Antúnez, otro portento físico, y Jose Lasa, un base cerebral. El ataque quedaba en manos de Joe y Arvydas y con eso bastaba. El Madrid no ganó la ACB pero Sabonis consiguió sus mejores números de su carrera en España: 22,9 puntos y 13,2 rebotes para una media de 34,2 puntos de valoración por partido.

Nadie ha vuelto a hacer una animalada semejante.

En Europa, como ha quedado dicho, Obradovic volvió a llevar al equipo a la Final Four, esta vez en Zaragoza. El rival, como dos años antes, el Limoges, al que batió fácilmente, dejándolo en apenas 49 puntos. La final le enfrentaba al multimillonario Olympiakos de Volkov, Tarlac, Sigalas y el anotador compulsivo Eddie Johnson. No fue un partido brillante, pero tampoco fue necesario: el Madrid dominó de principio a fin y se impuso 73-61. Arlauckas anotó 16 puntos, Sabonis, 23 con 7 rebotes y una gran defensa sobre Fassoulas y Tarlac. El “Zar” había ganado un Mundial con 17 años, un Europeo con 20 y unos Juegos Olímpicos con 23. Ahora tenía en su palmarés, por fin, la Euroliga, la que el fallecido Petrovic le quitara en 1986. ¿Qué reto le quedaba en Europa? Ninguno.

Tras un Eurobasket 1995 espectacular, en el que Marciulionis y él plantaron cara hasta el final a la todopoderosa Yugoslavia de Djordjevic, con 20 puntos, 8 rebotes y amargas lágrimas en la cara tras su expulsión por una técnica dolorosísima que a punto estuvo de provocar la retirada de los lituanos del partido, Sabonis, a punto de cumplir los 31 años, se decidía por fin a dar el salto a la NBA.

La NBA, o cómo dejar claro que habría podido ser el mejor pívot de su época

Era extraño ver a un rookie treintañero y con tantos títulos a sus espaldas. Un rookie que provocara tanto respeto en todos lados. Sabonis había derrotado a los Estados Unidos en Seúl y los había puesto contra las cuerdas en España. Su nombre sonaba para los Blazers desde el verano de 1986, diez temporadas esperando la llegada del hijo pródigo, quien, por inseguridades, lesiones o simple comodidad se negaba a dar el salto. Ahora, después de la mejor temporada de su vida, sí se sentía preparado y en Portland le esperaban con los brazos abiertos.

Aquellos Blazers seguían la estela del equipo que fue dos veces finalista en 1990 y 1992 y contaba con excelentes jugadores como Rod Strickland o Cliff Robinson pero tenía grandes problemas en la pintura y sobre todo en la lectura del juego. Sabonis complementaba las exuberancias físicas de sus compañeros con sentido común y trabajo en equipo. Había pasado por todo eso antes: a diferencia de Petrovic, que necesitaba el protagonismo continuamente, la lesión obligó a Sabonis a confiar menos en sí mismo y más en sus compañeros.

Pese al respeto, da la sensación de que en la NBA no eran conscientes de lo bueno que seguía siendo Sabonis. Probablemente lo habrían visto en los Juegos Olímpicos durante su época de espigado y fibroso y se sorprenderían al verlo más lento y fondón, pero Sabas dejó las cosas claras desde el principio: como rookie, promedió 14,5 puntos y 8,1 rebotes… ¡en 23 minutos! PJ Carlesimo, su entrenador por entonces, le regulaba lo máximo posible porque era imposible que un hombre de 220 centímetros, 125 kilos y los pies destrozados aguantara el ritmo de toda una temporada si se le forzaba como le forzaron en sus años de juventud en la URSS, que tanto lamentaría después. Si no fuera por esa limitación de minutos, a nadie le cabe duda de que Sabonis habría conseguido el galardón de novato del año por delante de Damon Stoudemire. Pese a todo, sí entró en el quinteto ideal.

Sabonis siguió creciendo como creció su equipo. A la juventud imperante se le fueron añadiendo talentos puros como Rasheed Wallace, Steve Smith, Brian Grant, Bonzi Wells, Scottie Pippen… El lituano era la referencia de orden en un equipo que llegó a ser conocido como los Jail Blazers por los continuos problemas de sus jugadores con la justicia. Su mejor temporada sería la 1997/98, con 17 puntos, 10 rebotes y 3 asistencias de media. La única en la que superó los 30 minutos de juego. ¿Se imaginan dónde habría llegado este jugador con 24 años, los pies sanos y 40 minutos por partido? Esa será siempre la gran pregunta.

Aquella temporada fue la última a altísimo nivel. La siguiente tuvo que lidiar con algunas molestias y la inevitable competencia de talentos más explosivos bajo los tableros. Sabonis tenía ya 35 años pero nadie se atrevía a quitarle su posición en el quinteto inicial. Ganador de todo en Europa, nunca estuvo más cerca del anillo que en 2000, cuando los Blazers estaban a un solo cuarto de eliminar a los Lakers en su propia cancha y acceder a la final contra los Pacers cuando se vinieron estrepitosamente abajo y desperdiciaron definitivamente su talento. A partir de entonces, el entusiasmo se acabó. Sabonis parecía un abuelo resignado entre tanto tiroteo y posesión ilegal de drogas, entre tanto gangsta rap, individualismo y técnicas de niñatos. Sus códigos eran otros. Sus códigos eran los soviéticos de 1982. En 2001 dijo basta y se retiró durante un año. Firmó con el Zalgiris pero no llegó a jugar ni un partido. Ese era el final de Sabonis para todos, merecido… Sin embargo, cuando los Blazers le llamaron en 2002, el lituano volvió a Portland para un último baile.

Blazers y Zalgiris, un adiós por todo lo alto

Los Blazers no conseguían encontrar un pívot mejor que Sabonis en ningún lado. Pese a sus lesiones, pese a su ya evidente lentitud en defensa, nadie podía dar 20-25 minutos de mayor intensidad que aquel veteranísimo de 38 años. En la mente de Paul Allen, el multimillonario propietario de la franquicia, estaba acabar por fin con la racha de los Lakers de Shaq, Kobe y Phil Jackson. Seguía teniendo a los Wells, Wallace, Davis, Stoudamire… y había añadido a dos jóvenes refuerzos: Zach Randolph y Ruben Patterson.

No funcionó.

Se fueron a las 50 victorias de nuevo pero cayeron en primera ronda de play-offs ante los Mavericks. Sabonis tampoco estuvo a la altura de las expectativas. Solo fue titular en un partido, su media de minutos bajó a 15, con unos promedios de 6 puntos y 4 rebotes. Fue una despedida amarga, un poco innecesaria, algo parecido a lo que hiciera Jordan con los Wizards. En total, como treintañero lesionadísimo, Sabonis jugó 521 partidos en la NBA. Sus promedios: 12 puntos y 7 rebotes en uno de los mejores equipos de la competición.

Volvió a Kaunas y se apuntó de nuevo al Zalgiris, sin saber si esta vez jugaría o no. Como hemos visto al principio, jugó y vaya si jugó. Se esperaba un Sabonis como el de su última temporada en la NBA: torpón, lento, desmotivado… pero no, Sabonis en Europa era Sabonis en Europa. MVP de la primera fase, MVP de la segunda, si no hubiera sido por aquel triple imposible de Sharp, ¿quién sabe si no hubiera ganado su segunda Euroliga justo el año de su retirada? Casi 17 puntos y 11 rebotes por partido justo antes de cumplir los 40, es decir, 22 años después de su imponente aparición en Cali.

Estuvo un año más deshojando la margarita. Te tiene que gustar mucho el baloncesto para soportar tanto dolor partido tras partido, año tras año. Te tiene que encantar. Lo que uno echa de menos en algunos de los jugadores actuales es ese divertimento, esa pasión. Para Sabonis el baloncesto lo era todo. Ganar lo era todo, o al menos competir hasta el final. Se planteó un nuevo regreso con 40 años. Sus estancias en Málaga, donde sus hijos crecían, levantaron rumores de un posible fichaje por el Unicaja, pero nunca se materializó.

Sabonis, sin hacer ruido, como casi toda su carrera, anunció su retirada, se otorgó a sí mismo un puesto más o menos testimonial en la directiva del Zalgiris y se dedicó a la buena vida. En septiembre de 2011, la vida le dio un nuevo susto en forma de infarto. Se recuperó rápidamente. El mundo del baloncesto respiró aliviado. Sabonis fue primero una bestia física, después fue un competidor brutal, pero siempre se distinguió como un jugador noble, respetuoso, admirado por todos. Una de esas figuras que trasciende su equipo y su deporte. La camiseta roja de la CCCP volando por encima del aro en busca de otro tablero que estallar, melena al aire, bigote poblado, el 11 ó el 15 a la espalda y por debajo de la camiseta roja otra camiseta roja, por si había dudas.

46 comentarios

  1. Pingback: Arvydas Sabonis, el hombre que pudo reinar

  2. Maravilloso artículo!

  3. El mejor baloncentista europeo de la historia. (sí, incluso más que el diablo de Sibenik).

    • No se si el mejor pero desde luego el mas determinante. Creo que como en la NBA un 5 de 2,20 que se mueve con esa velicidad y agilidad, esa vision de juego es casi imposible de parar, ejemplo Shaq. Pero Petrovic era otra cosa, era el talento puro, la sobervia, el control del juego desde fuera y manejar los tiempos de los partidos a su antojo, al igual que Jordan en la NBA Drazen en Europa.

  4. En el 84 pese al boikot si pudimos ver su progresión ya que disputo el preolimpico arrasando con todo. El articulo esta muy bien, aunque quizás se eche de menos algo más de información de su primera etapa en el Zalgiris…en ese sentido, son muy recomendables “Las cronicas lituanas” de Juan Carlos Gallego

    • Completamente de acuerdo. Tanto el baloncesto soviético como el lituano como el propio Sabonis merecen un libro. Este artículo, desgraciadamente, solo puede dar una visión general del jugador y su momento. Un saludo y gracias por la recomendación, me la apunto ahora mismo!

  5. Glorioso, el jugador, y el artículo…

    Cuando has comentado lo de los dos o tres jugadores colgandose encima, he recordado que aún así, se levantaba y !los rugidos que soltaba!, retumbaban por todo el pabellón como si fuese un oso herido…
    Como le echamos de menos en en Madrid, joder

  6. Pingback: Escarpias como pelos // metaviendo

  7. Con unas prestaciones físicas muy limitadas, cojo y a veces con pinta de estar perdido rodeado de tipos a los que se iba la olla impartía docencia cada vez que pisaba el parquet. Nunca sabremos lo que pudo haber sido de estar completamente sano.
    Aunque para mí está claro. El más grande.

  8. Estupendo artículo. Gracias.

  9. Pingback: Arvydas Sabonis, el hombre que pudo reinar | Cuéntamelo España

  10. Maravilloso el articulo, a la altura del personaje. Me ha hecho recordar toda esa época en la que me enamoré del baloncesto. Por gente como Sabas. Gracias.

  11. Excelente
    Magnífico
    Son las 5 de la mañana del Miércoles de Feria de Sevilla, y teniendo que currar mañana, me ha enganchado hasta el final
    Plas, plas, plas al redactor
    Eres el responsable de 15 minutos menos de sueño :)

  12. Gran artículo. Recuerdo ver el Torneo de Navidad del Madrid y como destrozó el tablero.

    El mejor jugador de la historia del baloncesto Europeo, por encima de Drazem.

    Como dijo Radja cuando jugaba en los Celtics, si no hubiese sido por las lesiones uno de los dos o tres mejores pívots de la historia del baloncesto. Una maravilla.

  13. Sabonis en el Europeo del 83 ya tiene un papel destacado en la URSS.

    • Sí, es cierto. En semifinales contra España, por ejemplo, mete 26 puntos, pero su selección pierde. Hablar de un papel “discreto” de Sabonis en ese campeonato -aunque fue algo irregular- es injusto, lo suyo sería hablar de un papel “discreto” de la URSS en conjunto, incapaz de llegar a la final después de ganar en 1979 y 1981 y alcanzar después finales en 1985 y 1987. Gracias por la matización.

  14. Yo creía que sí había sido rookie del año.

  15. No puedo evitar quitarme el sombrero siempre con este tipo de artículos. Enhorabuena, Guillermo. Espero el próximo con ganas.

    Y qué decir de Sabonis, todo un portento físico, con una calidad impresionante… Qué podría haber sido de él en la NBA desde joven…

  16. ¡Qué tiempos aquellos los de los ochenta para el baloncesto europeo!

  17. Gracias a todos por la cariñosa acogida del artículo. El tema da para muchísimo más y estoy convencido de que alguno de los libros o artículos que se han mencionado en los comentarios son más exhaustivos en algunas cuestiones. Esto no deja de ser una “presentación” del personaje con sus lógicas carencias. Los enamorados del baloncesto y el deporte en general siempre guardamos buen recuerdo de estas figuras. Un saludo!

  18. Una anotación. Desde cuándo, y según quién Tel Aviv es la “capital administrativa del Estado de Israel”?. Israel solo tiene una capital, donde residen todos sus órganos administrativos y de gobierno: Jerusalem. Tel Aviv puede ser la ciudad más poblada o la que concentra la mayor actividad económica y financiera. Gracias

  19. Magnifico articulo, muchas gracias.

  20. Extraordinario. Como añoramos ese baloncesto…incluso yo, que lo viví siendo muy pequeño…ay.

  21. La sombra del deiablo está muy presente en el artículo. Petrovic se merece un homenaje semejante.
    Gran artículo y grande Sabonis.

  22. Pingback: El Huffington Post y Jot Down: dos caras de dos monedas distintas | Incognitosis | Incognitosis

  23. Como de costumbre un gran artículo que engancha desde la primera hasta la última palabra, enhorabuena!

    Con respecto al infarto que sufrió, tuvo luego unas declaraciones en las que decía que le habían prohibido comer muchas cosas, beber y jugar al baloncesto… menos mal que no le habían prohibido el sexo porque entonces le quitaban todo lo que le gustaba.

    Genio y figura…

  24. Pingback: ARVIDAS SABONIS

  25. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Petrovic y Divac: Once brothers

  26. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Chechu Biriukov: “La NBA me parece un coñazo, siempre lo mismo”

  27. El mejor pivot europeo de la historia junto a Pau Gasol

  28. Excelente artículo en lo deportivo, pero vulgar y tendencioso al mezclarlo con hecho políticos sobre los que habría mucho que discutir.

  29. Pingback: Chechu Biriukov: “La NBA me parece un coñazo, siempre lo mismo” : The Magazine

  30. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Extranjeros en la NBA

  31. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Karina Kvasniova: “Los lapsus muchas veces son culpa de quien está detrás del pinganillo, que suele ser un hombre”

  32. EL MEJOR JUGADOR EUROPEO, medio paso por delante de Drazen aunque por momentos Drazen le batiera.

    GRANDE,VELOZ,ENORME,TÉCNICO,DOMINADOR,REBOTERADOR,ANOTADOR,TIRADOR,TAPONEADOR ,PASADOR,…..Como se reinvento tras las lesiones y paso de un casi alero de 2,20 aun gran pivot pasador.

    Y un gran deportista. Se le echa mucho de menos en el Madrid, el último grande de verdad que ha vestido nuestra camiseta.

  33. ¿ y què fue de sus hijos? no juegan al basket?

    • Dos de los tres hijos siguen jugando. El mayor, Zigymantas, lo dejó pronto. Tautvydas juega en el Clínicas Rincón, equipo vinculado del Unicaja, y Domas juega esta temporada en el Unicaja a sus 17 años, y la temporada próxima jugará en la Universidad de Gonzaga, en Estados Unidos. También tiene una hija, Ausrine, que va para modelo como su madre, ya que es una rubiaca de 16 años y 1,96m de estatura. Por físico podría haber probado también en el baloncesto.

  34. Pingback: Sabonis (21 puntos 20 rebotes) vs Jordan 1.998 | Camisetas de leyenda

  35. Gran articulo . A pesar de todo para mi ha sido el mejor de europa en toda la historia con una deferencia abismal sobre el perseguidor . De haber ido a la NBA con 22-23 años y hubiera desarrollado su carrera alli no dudo que hubiera sido uno de los 5 mejores jugadores de la historia de la NBA . Jamas he visto un pivot como el ni en Europa ni en la NBA .

  36. Muy buen articulo, enhorabuena. En cuanto a Sabonis, que decir, la estadistica, aun siendo de record, no le hace total justicia porque no era un jugador egoista ni con vocacion de estrellita. Afortunados los que pudimos verle en esa ultima temporada en españa.

  37. Un verdadero fenómeno al que se echa mucho de menos en las pistas la verdad.

  38. Además de gran jugador, un tío (que parece) simpático. Pagaría por haber presenciado la melopea que le impidió asistir a la entrega de medallas en los JJOO 1992.

  39. Pues el Barça le ganó una final de Recopa al mejor Sabonis acompañado de unos tipos que no jugaban mal a esto del basket(Zalguiris de Kurtinaitis,Iovaisha etc en Grenoble creo con Davis,Howard,Epi,Sibilio,Nacho etc..)

  40. Pingback: Una estrella en Pucela – Aro pasado

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Store Libros

Jot Down 100:Series juveniles
24.00
Jot Down 100:SCI-FI
24.00
Jot Down 100:CÓMICS
24.00
A Marte
13.50

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR