Ramón González de Carvajal, actual vicerrector de la Universidad de Sevilla, es, por encima de todo, un hombre de Estado; uno de esos hombres cuya preocupación por el interés común está más allá de toda duda y muy por encima de cualquier otra consideración. Científico apasionado, vocacional, se muestra crítico a la par que esperanzado: detecta qué queda por hacer, dónde hay que incidir, y se pone manos a la obra. Nos hemos encontrado con un estadista de su tiempo, un hombre comprometido, dialogante, de una sensatez abrumadora, encantado de poder compartir sus —autorizados— puntos de vista; un hombre que conoce la Universidad española, que sabe presumir cuando toca, alardear y contar sobre lo que pasa en este país, así como señalar qué no estamos haciendo bien, qué podemos hacer aún mejor. La absoluta falta de soberbia de su discurso, aun siendo quien es, así como su disposición a recibirnos y a responder a todo sin remilgos —qué quieren— nos han conquistado.
Durante tu etapa como doctorando en la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Sevilla trabajaste y publicaste junto a Jon Tombs. ¿Qué aprendiste de él? ¿Qué recuerdos te quedan de esa época?
Jon fue una persona muy especial. Para imaginarse lo que significó nos tenemos que remontar a mediados de los años 90 en que el uso de correo electrónico no estaba extendido y casi nadie sabía qué era internet. En la Universidad de Sevilla no estaban dadas de alta más que unos cientos de direcciones de correo electrónico. En ese momento, cuando comencé como becario de un proyecto europeo, conocí a un chico inglés que también acababa de entrar a trabajar y que había realizado un doctorado en Oxford. Sus conocimientos de electrónica eran importantes, pero entre sus hobbies estaba el desarrollo de un sistema operativo que él llamaba Linux. Fue uno de los que comenzó en el grupo que creó Linus Torvalds para el desarrollo de un sistema operativo «no profesional». Años después se convirtió en un fenómeno imparable que ha inspirado otros proyectos como Android o Raspberry pi.
Nuestro grupo de investigación técnicamente estaba muy avanzado, pero en algunos aspectos estábamos en la prehistoria. Teníamos una buena reputación en diseño electrónico y estábamos iniciando la línea de diseño microelectrónico. Las herramientas necesarias para el diseño de chips estaban avanzando de forma muy rápida y eran necesarios conocimientos avanzados de Unix y de sistemas electrónicos para ponerlas a punto. Tener la oportunidad de trabajar con una persona que era tan buena en los dos campos (Unix y sistemas electrónicos) nos permitió hacer cosas para las cuales eran necesarios conocimientos que no eran habituales en un grupo de investigación de electrónica. Los grandes centros de investigación tienen a personas dedicadas a administrar los sistemas, el software… pero en cada departamento universitario no disponemos de esas facilidades. Con Jon nos encontramos con un grandísimo especialista en electrónica y a la vez con una persona que tenía una especialización en Unix muy importante. Ambas permitieron poner apunto las herramientas de diseño electrónico, entender cómo funcionaban para sacarles el máximo partido. En la parte de microelectrónica Jon supuso un avance total. Yo estoy seguro de que, al menos a mí, me habría costado muchísimo llegar al mismo nivel de resultados sin entender cómo funcionaban las herramientas por dentro.
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Hace no mucho estuve leyendo textos de autores españoles a caballo entre finales del XIX y principios del XX. Ya saben, los de la Escuela de enseñanza libre, o los posteriores novecentistas: Pidal, Unamuno, D´ors, Ramón y Cajal, y otros tantos intelectuales.
Lo que más les preocupaba era una cosa: instruir a la gente, que tuvieran acceso a la cultura humanística y científica, ampliar su inteligencia, volverles más libres gracias al saber, desprenderles de sus prejuicios, del odio, y así, a largo plazo, florecería el amor por la verdad y por el conocimiento.
Asusta comparar esos textos (nada ingenuos, a pesar de que aquí arriba suene un poco idílico) con cualquier entrevista con la gente que controla la universidad hoy, por muy buena intención que tengan: ahora la única preocupación es el dinero. Subvenciones, precios, tasas, pasta para investigar. El fin de la universidad es ser rentable para sus alumnos. O sea: que ellos logren trabajar en algo. ¿En qué? Da lo mismo, eso ya lo dirá el mercado de trabajo. Si lo suyo es ADE, pues ADE. ¿Que mañana prima Ingeniería de puertos? Pues a ello. O sea: el conocimiento es válido, no en función de sí mismo, sino de que genere pasta.
Además se desea «ser emprendedor», lo que significa «hacer ganar dinero». Porque un emprendedor que nunca gane ni un duro, o arruine a una empresa, ¿qué tipo de emprendedor es?
Pero todo se reviste con el halo objetivo de «triunfar», «pensar en el futuro» (¿Dónde estará el futuro? Que yo siempre lo busco y nunca dejo de estar en el presente. Me llevan vendiendo «futuro» desde hace más de 30 años), «ser competitivo» (písale la cabeza antes de que te la pise él).
Citando a este buen señor (cuya intención sana me consta):
«Cuando se unen conocimientos de disciplinas diferentes, existen muchísimas posibilidades de negocio o de aportar valor al sector productivo.»
El conocimiento sometido al negocio, en efecto.
«Es decir, una persona especializada en negocio tiene que ser capaz de materializar y gestionar un negocio. Por el contrario, una persona especializada en áreas muy concretas como la biotecnología, la biomedicina, la resistencia de materiales o la ingeniería química y ambiental, es capaz de generar un negocio nuevo.»
Esto es ahora la universidad. No el centro del saber que acumula los conocimientos sabiamente atesorados de la humanidad. Ni el centro que nos hará libres al otorgarnos una amplitud de miras vastísima. No.
La universidad hoy es la putita de las empresas y del Capital. Del matar por un trabajo y de formar un montón de gente ansiosa (y angustiada) por acumular másters y ampliar el currículum.
Nos han dado el cambiazo. Nos han convertido la Cultura y el saber en Economía. La entrevista va más de cómo mover dinero (con independencia del saber) que de otra cosa. No hay párrafo en donde no esté el Dinero bien citado y re-citado.
Ya sé que no se puede hacer nada, que las cosas son así, que es fácil criticar, que vaya chapa.
Pero qué quieren que les diga, me cabrea, me llena de rabia, me entristece profundamente. El saber ya no vale para hacernos libres: vale para que seamos unos esclavos mucho mejores y más cualificados. Y los que manejan las universidades ni siquiera se dan cuenta.
Muy acertado comentario y extrapolable a prácticamente todo en esta sociedad. Todo el mundo hace algo buscando rendimiento económico. Si no me sirve para ganar dinero ni me muevo.
Y así nos va, claro. Comparto tu rabia y tu tristeza.
Bravo Javier. Tan triste como acertado…
Estoy en parte de acuerdo contigo, en que parece que ahora sólo importa el dinero. Pero estoy en desacuerdo en la interpretación que haces, como si el autor no considerase la universidad como un centro de conocimiento, del saber.
Sinceramente, creo que una cosa no está reñida con la otra, de hecho lo que hoy día se propone es que ese conocimiento generado sea aprovechable en la sociedad y posiblemente la forma más directa sea la del aprovechamiento económico, al fin y al cabo, el dinero es la forma abstracta de las relaciones sociales. Tampoco hay que demonizar el dinero mientras este sea una herramienta y no un fin en sí mismo y la universidad debe buscar esa herramienta que le facilite la búsqueda de más conocimiento que beneficie a la sociedad. En ocasiones puede servir de cebo para atraer empresas e inversores por lo que puede dar la sensación de que la universidad busca el dinero como fín, pero no creo que esa sea la realidad. Esto es lo que yo le entiendo al entrevistado, o tal vez, lo que yo le quiero entender.
En cualquier caso, a mi me ha gustado mucho la entrevista y creo que hay muchos comentarios muy acertados.
La diferencia entre el pensamiento de los autores de principios del sXX y este hombre de principios del XXI se puede resumir en el libro «Conocimiento e interés» de Jurgen Habermas. No es que las ideas de D’Ors y demás hayan dejado de ser válidas, simplemente se hace incidencia en la estrecha relación existente entre avance científico, progreso social e interés económico – especialmente a la vista del progreso científico durante la segunda guerra mundial.
Vamos, que para vislumbrar qué clase de sociedad quieres has de mirar que ciencia haces y dónde pones (o de dónde sacas) la pasta.
Me ha gustado tu comentario. Pero pienso que hay una clara diferencia entre estas dos épocas:
A finales del XIX y principios del XX sólo las élites tenían acceso a la Universidad. Ellos, generalmente, tenían las necesidades básicas satisfechas y podían preocuparse prioritariamente del noble fin de cultivar la inteligencia y el conocimiento.
Ahora a la Universidad accede un porcentaje amplísimo de población.
¿Qué preferimos una Universidad de élites, o una Universidad de la que pueda disfrutar una parte mayoritaria de la población?. Si es lo segundo tiene que estar ligado necesariamente a la actividad productiva, es decir, a la generación de un rendimiento económico que permita a los estudiantes o al Estado capitalizar ese tiempo dedicado al conocimiento. No veo otra relación posible salvo en un mundo ideal en el que por ejemplo la comida, la casa, el ordenador, Internet y Jot Down caigan del cielo.
A mí tampoco me gusta el «Capital» y el «Negocio», así en abstracto, pero poder leer Jot Down sí por ejemplo, y para eso hace falta «Capital» y «Negocio».
Saludos.
Tu comentario es más interesante que el artículo, pero no olvides que muchos de los que citas cobraban a los alumnos, creaban escuelas libres sí, pero no eran libres de dinero, se cobraba, y el que no pagaba o no tenía ‘mecenas’ no entraba, la enseñanza libre parece que no estaba libre de clasismo.
Querían crear grandes mentes y les cobraban a sus padres por ello, la pregunta es puede disociarse dinero de calidad? cómo consiguieron los padres de esos alumnos el dinero para que estos tuvieran ‘grandes mentes’ si no fue trabajando y emprendiendo? (otros por herencia o por tener terrenos, ya lo sé).
Yo sí creo que necesitamos emprendedores, esto luego podrán hacer de mecenas para pensadores, pero lo malo es cuando el pensador se cree alejado de la realidad y superior a ella (esto se ve mucho en la universidad española en donde se enseña de todo menos lo que es útil, o incluso en esta pagina en donde ciertos autores han leido hasta la Biblia en verso pero no han comprendido nada).
La frase de las cuentas equilibradas es maravillosa. Claro, normalmente el debe y el haber coinciden, digo yo… sea de quien sea la culpa, tus cuentas no están saneadas si no tienes tesorería. Por lo demás, tipo curioso, se puede no estar de acuerdo con él pero es un placer leer lo que cuenta.
Vaya párrafo introductorio, en serio, ni que se hubiera muerto…
No puedo hacer más que aplaudir a Javier
No puedo opinar. Leo en el título la palabra «emprender» (transitivo, huérfano de complemento), y se me van las ganas de leer.
Yo estudié la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, y fue el peor error que he cometido en mi vida: aulas masificadas (hablamos de doscientos alumnos por clases), horarios demenciales, una carga lectiva imposible de acomodar en días de 24 horas (te obligaban a apuntarte a no menos de una docena de clases ‘optativas’ para cumplir con los créditos que imponía el plan de estudios), instalaciones tercermundistas, profesores que dejaban las clases en manos de interinos o becarios (y cuyo control de asistencia consistía en que nos comprásemos SU libro, y así nos ahorrábamos el ir a clase, porque todo lo que decían ya estaba allí), prácticas inexistentes (para que os hagáis una idea, el Practicum lo hizo mi clase en las oficinas del Defensor del Pueblo, y nos tenían toda la mañana leyendo el periódico porque no sabían qué hacer con nosotros, mientras los funcionarios con plaza fija se tomaban pausas de una hora para el café)… Mi consejo para los futuros padres es que enseñen a sus hijos a poner ladrillos o servir mesas, porque la Universidad, tal y como está ahora, es una fábrica de parados. Eso, o emigrar, que ya sabemos las tres salidas profesionales que hay en España: tierra, mar y aire.
Muy buena entrevista, Ramón. Ignoraba que tú leyeras JotDown, qué cosas se descubren en la red.
Rogelio tuteando a Ramón… humm ?a qué sospecho quién eres? Jejejeje.
Muy buena entrevista, Ramón, pero no tenía ni idea de que Ramón fuera Vicerrector de la US y al entrar en JotDown he flipado al verlo en portada. La última vez que nos vimos fue en mi presentación de proyecto, me temo. Como pasa el tiempo.
Un saludo para los dos de un teleco que emigró ya hace unos pocos de anyos a Múnich.
Pingback: González de Carvajal: "Tenemos que conseguir desde la Universidad que los alumnos sientan la necesidad de emprender"
El coste anual por universitario ronda los € 8000.-. Siempre que alguien dice que el dinero no es importante, es porque paga otro…
No señor, el dinero es importante y para eso se pagan impuestos, para cosas importantes, ¿la educación no lo es? El estudiante paga impuestos desde que nace, además de si trabaja, sus padres también, y pago de tasas. Y seguirá pagando más impuestos cuando sea trabajador, que para eso se forma en gran medida. ¿Qué quiere decir con esa cifra y con qué la compara? ¿Es mucho/poco, está justificado/injustificado, necesario/innecesario? Usted veo que apunta como chivo expiatorio al estudiante, porque igual hubiese dicho si pone la cifra global del gasto de la universidad sin apuntar solo al estudiante, porque la mayoría de los gastos se van en la infraestructura y en otras cosas, podría haber empezado por ahí, y muchas veces el estudiante ni recibe la calidad que espera: aulas en mal estado, aulas masificadas, becarios, malos profesores, etc.
Pingback: Faves comptades | 9 hours earlier
¿Emprender? Debemos meter el dogma en un centro -presuntamente- de conocimiento por medio de una asginaturita en chavales y chavalas de 20 años, lo suficiente para crear una necesidad, pero para llevar tan generosa idea de papá Estado, lo harán con dinero de papá y mamá, pero papá Estado se lavará las manos si fracasa en altos porcentajes, a ver qué esperaban estos lumbreras de chavales con un conocimiento limitado de la vida y del trabajo excepto lo que cuentan en los libros. Queda dicho, después del Grado y Posgrado vendrá la Empresita, porque para triunfar no vale estudiar sino tener pasta.
La universidad se ha convertido en centros de poder de burócratas y bancos, lo cual es lamentable. Deben estar muy contentos frotándose las manos, porque veían la gallina de los huevos de oro que pronto acabarán de exprimir, esto es, a los padres, alumnos y el Estado del que se aprovechan. No harían falta tantas políticas para que los profesores den sus materias y los alumnos se las apañen si quieren hacer una empresa, trabajar para otro o no trabajar.
Cargos inútiles, carreras inútiles, todo un sumidero para perder a la gente y el dinero. Que dejen de engañar
Ha ido a poner el ejemplo perfecto muchos geógrafos emprendedores debe haber en este país. Como no sea para medir el terreno para poner un bar y que funcione, pero para eso no hace falta geografía, ni universidad.
Que se dejen de mamadurrias, la estrategia es clara: los políticos legitiman su función si anticipan un problema y dan una solución. Aunque ninguna de las dos cosas consiguen. Con el paro tenían un problema pero podían desviar la solución apelando a la falta de formación. Ahora como hay mucha gente con estudios, entonces el problema también se desvían al individuo, «si no emprendes y no tienes trabajo el problema es tuyo, nosotros te lo enseñamos».
«La cultura anglosajona tiene grandísimos defectos, como por ejemplo la sanidad, que no protege a todo el mundo. Mientras que en España creo que tenemos el mejor sistema sanitario del mundo. Esto se debe a que la cultura anglosajona, protestante, tiende a hacer a las personas responsables de su futuro; mientras que nuestra cultura, más latina, ante grandes problemas, favorece que las personas se colectivicen para buscar a un líder que les resuelva los problemas o a un culpable si nadie es capaz de arreglar esos problemas.»
Esto suena a justificar el modelo paternalista. Lo de la responsabilidad individual es algo común a los países del norte de Europa, no solo de la cultura anglosajona. Eso incluye a países como Suecia o Dinamarca, que tienen una ética de la responsabilidad individual muy fuerte con un estado que ayuda ante las dificultades. Por eso la sanidad no es un buen ejemplo, porque es un servicio que se hace cargo del ciudadano cuando él no puede hacerse cargo de sí mismo.
No puedes asumir que la ciudadanía no se haga responsable de sí misma y esperar que el líder surgido de ésta tenga ese sentido de la responsabilidad que los demás carecen. Luego pasa lo que pasa, corporativismo, corrupción, información asimétrica, desconfianza generalizada, falta de meritocracia y de rendición de cuentas. Y eso no es producto de la cultura mediterránea sino más bien al revés, nuestra cultura es producto del devenir institucional. Cuanto antes nos quitemos este tipo de planteamientos mucho mejor. Mussolini, Salazar o Franco murieron hace tiempo pero su influencia perdura en nuestro modelo de organización social.
http://es.wikipedia.org/wiki/Índice_de_Percepción_de_Corrupción
No dudo de las buenas intenciones de Ramón González, pero dudo que un planteamiento conservador sea lo que necesitemos ahora.