Política y Economía

De anticonceptivos, religión y jueces

Blister de píldoras anticonceptivas. Foto: Bryan Calabro (CC)
Blíster de píldoras anticonceptivas. Foto: Bryan Calabro (CC)

Todo empezó con el peyote. En 1983 Alfred Smith y Galen Black, dos trabajadores sociales de Oregón en programas de ayuda a la drogadicción, fueron despedidos de su trabajo. Ambos eran native-americans y miembros de la Iglesia de Americanos Nativos, un grupo religioso que incluye entre sus rituales sagrados tomar la droga alucinógena mezcalina. Sus jefes consideraron que tomar peyote de forma ocasional, aunque fuera por motivos espirituales, no era compatible con ayudar a otros adictos a superar sus traumas.

Los dos empleados, cabizbajos, fueron a pedir el subsidio de desempleo. El estado de Oregón, alegando que habían sido despedidos por conducta impropia en el trabajo, denegó la prestación, aunque gracias a una excepción legal (el consumo de peyote  para nativos americanos está permitido para rituales religiosos) no recibieron cargos criminales. A Smith y Black, sin embargo, les pareció injusto que el estado les denegara una prestación social debido a sus creencias espirituales, y llevaron el caso a los tribunales. Siete años después, en 1990, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos daba la razón a Oregón, afirmando que las creencias religiosas de un individuo no eran motivo suficiente para que el Gobierno dejara de aplicar leyes y prohibiciones sobre conductas socialmente dañinas.

Las mentes biempensantes americanas, siempre sensibles ante casos que afectan las creencias religiosas de sus ciudadanos, acogieron esta sentencia con bastante dudas. Para evitar que la autoridad arbitraria del Estado pudiera hacer que gente de buena voluntad fuera forzada a actuar contra sus principios y valores, el Congreso aprobó en 1993 la Religious Freedom Restoration Act (RFRA, ley de restauración de la libertad religiosa), creando salvaguardas legales para mantener abierta la objeción de conciencia religiosa. La ley declara que el Gobierno solo puede aprobar legislación que represente una carga para el ejercicio religioso de un individuo si esta ley sirve a un interés concreto y válido de la acción de gobierno.

Es la típica ley amable que los políticos americanos solían aprobar de forma rutinaria: suena bien, hace felices a cuatro grupos muy preocupados sobre el tema y sirve para que unos cuantos ciudadanos más o menos excéntricos puedan seguir haciendo lo que hacían hasta ahora sin que nadie les moleste. La RFRA permaneció olvidada en el cajón durante un par de décadas, una de esas curiosidades legales surgidas de un caso un poco especial del Tribunal Supremo. Todo cambió en 2009, cuando Obama firma la Affordable Care Act (ACA, la reforma de la sanidad) y Estados Unidos tiene, al fin, algo parecido a sanidad universal.

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12 comentarios

  1. Pingback: De anticonceptivos, religión y jueces

  2. Resumiendo: que mi jefe y el Estado no se metan en mi vida sexual, pero que me la paguen de su bolsillo.

    • De su bosillo? no hombre no. El seguro médico es parte del salario del trabajador. No es un regalo que le viene caído del cielo.
      Resumiendo: tu jefe te está diciendo qué medicinas puedes tomar basándose en su estúpidas creencias religiosas.

      Supongamos que tu jefe es Testigo de Jehová y necesitas una transfusión de sangre por un accidente que has tenido. Ahora está en todo su derecho de negarse a que tu seguro te la pague.

      • Entonces pídele más dinero, y no que te compre algo que no quiere comprarte. Tu jefe tiene derecho a no firmar contratos con los que no está de acuerdo. Y a que no le obliguen a hacer nada que no quiera hacer. Igual que tu.

        De hecho, en este caso son contratos que cuando se firmaron en el pasado no implicaban esa compra. Eso no era parte del salario cuando se firmó. La obligación es sobrevenida por un reglamento del gobierno.

        Y si el gobierno cree que es importante que tengas condones, o transfusiones, o abortos, o lo que sea, que te lo pague directamente. No hay por qué obligar a la gente religiosa a ser cómplice en cosas que no quiere hacer. Su objeción de conciencia es un derecho básico.

      • No, hombre, no. Si no te hacen la transfusion igual te mueres. Para lo otro, puedes darte una ducha fria. Vamos a intentar no usar analogias absurdas y asi el debate es mas rico

  3. ¿Desde cuándo cubre un seguro algo que es un gasto previsto y periódico en una persona sana? En España ni Adeslas ni la Seguridad Social me pagan los condones. Y los condones son una medicina, claramente. ¡Me están oprimiendo!

    • Cierto. Los anticonceptivos no tendrían por qué haber estado cubiertos por el ObamaCare… pero fíjate las ramificaciones tan curiosas a donde les ha llevado el tema.

    • Los anticonceptivos tienen más funciones que evitar el embarazo.

      • Fulgencio Barrado

        El gobierno USA, en su estrategia sanitaria, ha establecido unos minimis a cubrir por todos los seguros médicos de empresa, al igual que en España se establecen los servicios médicos cubiertos por nuestra SS. Es eso, estrategia sanitaria, y, por tanto, no sujeta a las creencias del empleador. Si aceptas que la estrategia sanitaria es competencia estatal, no puedes aceptar que esté al albur de las creencias de los empleadores. Si no aceptas dicha competencia estatal, nada que objetar a tu comentario.

  4. Tratar de anticonceptivo la píldora del día después es bastante discutible. Un pro-vida argumentaría que vale que lo consideremos anticonceptivo si el óvulo no ha sido fecundado, pero si sí lo ha sido sería un «aborto» (a ojos de los pro-vida). Sin duda ha sido un error introducir la píldora del día después en la ACA dando pie a esta insulsa polémica.

  5. Pingback: Libertad religiosa y la trampa de las primarias

  6. Pingback: Prioridades de la fe - Vozpópuli

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