El porno de los otros – XConfessions

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Erika Lust, Joel Tomás y Noel Hortas. Making of de Meet me in the stockroom (XConfessions). Foto: Erika Lust Films.
Erika Lust, Joel Tomás y Noel Hortas. Making of de Meet me in the stockroom (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films.

Uno se pasa la mitad de la vida delante de una pantalla y la otra mitad delante de otra pantalla. El tamaño aquí sí que no importa. Probablemente es el artefacto cotidiano más dado por hecho en estos tiempos y sociedades en las que vivimos. En el trabajo y en el ocio. En cualquier soporte. De ordenador, de móvil, de televisión, de lector de libros. Y si esto es así, por su pronta accesibilidad, entonces el porno podría ser el nuevo sexo. ¿Se ve más porno que se folla? Soy incapaz de decirlo. Pero sí que es cierto que la pornografía parece haber alcanzado las cotas de aceptación en la cultura de masas más altas de su propia historia. Hablamos de porno con los amigos con mucho menos rubor que antaño y seguimos en redes sociales a nuestra actriz o actor favorito de una forma ya no totalmente natural —equiparable a hacer lo propio con tu cantante o futbolista favorito— sino quizás incluso trendy. Así, el porno, un recurso de la autosexualidad habitualmente referenciado a la soledad y a lo raruno, va dando pasos hacia un fenómeno compartido, incluso de comunidad, fuera de oscuros foros de internet. Pierda o no algo de su potencial para el morbo en el proceso.

Consecuentemente, el feedback del público respecto de la producción pornográfica es cada vez mayor. ¿Tenemos el porno que queremos? ¿Basta solo con lo que nos ofrecen los pornógrafos habituales? ¿Queremos un acercamiento a la realidad? ¿Queremos una fantasía exacerbada que jamás seríamos capaces de llevar a nuestras camas? ¿Queremos quince minutos de plano fijo ginecológico? ¿Necesitamos realmente que un actor porno, además de follar, cante?

Un proyecto que se ha planteado tener en cuenta este nuevo paradigma de interconectividad y de cercanía entre espectador y pornógrafo es el que propuso Erika Lust con la serie de escenas cortas arropadas bajo el título XConfessions. Adalid del porno para mujeres, la directora sueca afincada en Barcelona se dirigió a su comunidad de seguidores —labrada durante años a base de compartir con el público su visión particular de la pornografía, dirigida especialmente a mujeres— y les pidió una confesión de su intimidad o de sus fantasías, en el formato de un breve texto publicado en una web con registro creada para el caso. Erika se comprometía a rodar cortometrajes a partir de esas escuetas ideas —a razón de uno o dos al mes— y dar salida así a las lúbricas ficciones —o realidades— ajenas. De esta forma, el espectador se convertía en la chispa inicial de la inspiración erótica y sexual, dejando luego en las manos y la mirada de la directora la materialización de la misma.

Misha Cross y Gai del Bello en Dude looks like a lady (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films.
Misha Cross y Gai del Bello en Dude looks like a lady (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films.

Lo que la pornografía de Lust es y lo que no es

Antes de profundizar un poco más en lo que se ha producido a partir de este proyecto, me parece imprescindible hacer una limpieza de preconceptos establecidos que he podido observar navegando entre comentarios y reacciones a la filmografía de la directora. Porque uno de los aspectos que más me llama la atención de la obra de Erika Lust son las reacciones que a veces provoca entre los espectadores de pornografía convencional. Mi suposición es que buena parte de ellas provienen de espectadores que han visto sus películas de forma parcial o en un día peculiarmente malo. Porque uno no entiende, por ejemplo, la especie de histeria que lleva a pensar que de la aparición de un porno idealmente dirigido a mujeres todo el porno rodado hasta ahora vaya a ser rodado así, como si de una moda totalizadora se tratara y fuera a dejar al público masculino sin sus pajas. Más absurda me parece esta reacción si además tenemos en cuenta que este tipo de producciones siguen siendo un pequeño islote comparado con el océano de porno pensado específicamente para un público masculino, que es lo que ha abundado en la historia del género.

No, Erika Lust hace su pornografía desde su punto de vista particular y difícilmente Brazzers, Reality Kings, Cumlouder o Torbe van a dejar de hacer lo suyo o irse a la ruina por ello. Lo que tenemos aquí es una forma diferente de hacer las cosas que atraerá —o que más correctamente se podría decir que ya ha atraído— a una parte concreta del público consumidor de pornografía. Cierto es que ha habido un surgimiento —quizás sería más correcto decir una visibilización del público femenino espectador de este género— que ha aumentado la demanda, pero difícilmente esto irá en detrimento de la pornografía mainstream que ya se venía haciendo.

Dicho lo cual, vale la pena señalar, a raíz de varios comentarios leídos en lo ancho y largo de internet, lo que la pornografía de Erika Lust —y en concreto la de este reciente XConfessions— es y lo que no es:

—No es X-Art o Hegré-Art o cualquier otra forma de porno o erotismo esteta rodado en camas, sofás o camillas de masaje, con luz matutina y música de intro estilo chill-out ibicenco. Y digo todo esto, aunque no lo parezca, con todo mi respeto para ese tipo de producciones. Lust busca crear piezas bellas y estéticas, sí, pero hay dos razones que lo diferencian de lo anterior. La primera es que nunca rueda dos veces en el mismo sitio. Evita, de esta forma, la repetición y el abuso de los mismos espacios que desvirtualizarían cualquier fantasía rodada, haciéndola largamente aburrida. Es más, quitando el hecho de que casi todo lo rueda en el formato de escenas cortas —no ha trabajado el largometraje todavía— ninguna de sus producciones se parecen entre ellas e incluso apenas repite actores (siendo la excepción, ahora sí, en estas últimas producciones). La segunda diferencia esencial con estas producciones «blancas» es que las escenas de Lust siempre llevan algún componente argumental, por mínimo que este sea. Y en XConfessions esto es más que evidente en tanto que parten de las historias de los espectadores. Es por ello que los comentarios o críticas que asemejan unas y otras producciones se me antojan provenientes de espectadores que confunden el ver toneladas de porno con no ya saber de porno, sino entender lo que tienen delante de sus narices, para poder sentenciar una similitud de estilos y sus técnicas cinematográficas. Es más elaborado y menos industrial hacer lo que hace Lust. Pero algunos, para saber verlo, deberían devolver las neuronas al cerebro un rato.

—No tardan horas en ponerse a follar. Porque precisamente, una de las grandes virtudes de Lust es dibujar la historia con unos cuantos planos. Con unas pocas acciones, en apenas un minuto o dos, nos marca quién son los personajes, donde están y lo que va a suceder. A veces incluso lo hace con la pareja de actores ya en faena. Por lo cual, ni la historia será completamente anónima y aséptica, ni tendremos que esperar mucho a que el sexo empiece.

Sexo desde el minuto cero entre Amarna Miller y Kristopher Kodjoe en Before the guests arrive (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films
Sexo desde el minuto cero entre Amarna Miller y Kristopher Kodjoe en Before the guests arrive (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films

—Es porno para mujeres, sí, pero también lo es para hombres. De hecho, aunque la perspectiva de Lust es feminista y su constante manifiesto lo es, yo señalaría que su punto de vista es un punto de anclaje que le sirve para arrastrar la pornografía convencional rodada para un público masculino hacia un punto más intermedio, más ecuánime, que dignifica un poco más tanto la figura actoral femenina, como la masculina. La actriz ya no es solo un objeto sobre un sofá que va a ser follada por uno o más agujeros y el actor ya no es un pene ambulante de cabeza cortada. De esta forma, vuelve Lust a los inicios «ingenuos» de la pornografía donde la voluntad, más que filmar solo a la fémina, era rodar «el sexo», el encuentro de la pareja en el momento de cama. En sus escenas tanto hombres como mujeres espectadores, podrán disfrutar de cuotas de cámara mejor repartidas para ambos sexos.

—Y, por favor, no es softcore. Toda la filmografía de Lust contiene escenas de sexo explícito. En XConfessions, además hay varios polvazos de los de quitar el sentido. Porque la oferta es variada: tanto a los que gustan del juego erótico suave como a los que buscan ver un buen empotramiento furtivo verán su necesidad satisfecha.

Con lo que fantaseamos

Los microrrelatos del público fueron la materia prima para estas escenas, pues. Una materia prima muy variada que acabó reflejándose en la selección hecha por la directora para los rodajes; también lo ha sido la selección de cortos que se usaron para editar los dos volúmenes en DVD hasta la fecha. Erika no parece haber tirado hacia lo fácil, si bien no ha descartado los fetiches más comunes que pueden funcionar de cara a un amplio público. Muchas de las escenas podrían etiquetarse, como se hace habitualmente con el porno al por mayor: couple, bondage, amateur, voyeur, footfetish, oral sex, milf, threesome, sex at work… Todas esas denominaciones ya frecuentes en el mercado común del porno podrían aplicarse a una u otras escenas que integran en estos volúmenes. Sin embargo, la traslación de estas fantasías del público al corto pornográfico están aquí tan limpias de los vicios y lugares comunes habituales del género —y de eso hay que atribuir una parte del mérito a su origen en los relatos ajenos— que realmente parece algo nuevo, casi ingenuo, como si la pornografía pudiera esquivar los años que estuvo discriminada y se rodaba en feos camastros, se compraba en oscuras tiendas y se visionaba en salas marcadas con una letra escarlata. Como si solo se tratara de rodar y mostrar un aspecto más de la vida, narrar una historia de corte sexual, sí con morbosidad y picardía, pero sin cortapisas y prejuicios. Lo que tendría que haber sido.

Los temas a los que se ha dado ventaja casan perfectamente con las mejores especialidades de Lust como el costumbrismo aplicado al sexo o la fantasía de tinte onírico. Por un lado, destaca la cotidianía erotizada: un polvo en el almacén del curro, una pareja montando muebles en casa a los que les entra una urgencia inesperada de follarse el uno al otro, unos vecinos que se espían mientras se lo montan… son historias con tal plausibilidad que permiten emplazarlas en tonos casi costumbristas: algo que nos podría haber pasado alguna vez o que nos han contado y que nos gustaría que pasara. El otro tema recurrente —algo menos usado que el anterior— es un cierto onirismo, donde los propios protagonistas, en algunas situaciones parecen imaginar o soñar con lo que desean, interviniendo aquí fantasías de rol donde se juega a la persecución, a la dominación, a la sumisión o al voyeurismo. Y el tercer tema que me parece propio a destacar es el de la inversión de roles. Lust juega la carta feminista dándole la vuelta a ciertas cuestiones habituales en la fantasía masculina heterosexual. Por ejemplo, si a un chico le puede resultar erótico una chica en ropa masculina —una camisa o incluso ropa interior—, ¿por qué no un chico al que su pareja lo viste con su ropa, mientras se enrollan?

Alexa Tomás y Joel Tomás jugándose el despido en Meet me at the stockroom (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films.
Alexa Tomás y Joel Tomás jugándose el despido en Meet me at the stockroom (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films.

Finalmente, cabe mencionar el casting de actores y actrices seleccionados. Puede decirse claramente, que Lust parece contar ya —como ha sucedido con anterioridad con otros pornógrafos célebres— con su propio casting de referencia. Así como hasta la fecha había rodado muy puntualmente con diversas actrices y actores, apenas sin repetir, aquí cuenta ya con un plantel que le ha funcionado tremendamente bien. Por la parte masculina, se diría que ha encontrado ese modelo de chico alternativo y bello que andaba buscando y que se distancia de los cánones más comunes del género, buena parte de ellos definidos por el exceso de musculación y tatuajes. Bien es cierto que seguramente los actores de esta serie de cortos se pasen alguna que otra hora en el gimnasio, pero Joel Tomas, Kristopher Kodjoe y Maximiliano Gamberro —por decir tres nombres— pasarían perfectamente por modelos de ropa interior masculina o por ese guapo camarero de discoteca. Igualmente, remarcar que no estamos hablando de «niños bonitos» cuando cumplen —y con creces— su función de actores porno. Para las actrices ha habido un tono variado, pero también alternativo. Y esto va a parecer un comentario altamente superficial, pero Erika ha evitado casi totalmente a las rubias, de bote o de cualquier otro tipo. Sí que ha recurrido a actrices ya estrellas del porno mainstream, como la española Carol Vega o la polaca Misha Cross, que han dejado grandes escenas, han entendido bien el tipo de pornografía de Lust y han demostrado tener tanto tablas sexuales como interpretativas, por escasa que sea la interpretación solicitada. Mención especial debo hacer a la pelirroja Amarna Miller que sorprenderá gratamente al público tanto por la forma en que la cámara la adora como por su entrega al sexo de una forma espontánea y bastante salvaje, con una naturalidad desmedida. Y nota también buena para la excelente química entre Joel Tomás y Alexa Tomás y su versatilidad como pareja porno artística. Lust los ha usado hasta en tres escenas con roles y entornos completamente diferentes, por lo que sus escenas difícilmente resultarán repetitivas al espectador.

Cortos recomendados

Para finalizar este artículo selecciono cuatro cortos que, en mi opinión, son excelentes; eso sí, sin querer quitarle mérito al resto.

I fucking love Ikea – Escena que abre el primer volumen, muy bien seleccionada para prender la mecha de la serie de forma divertida, desenfadada y un poco gamberra. El cóctel lo compone un amago de parodia de la pornografía mainstream, un saque de ingenio en la «pornificación» de los catálogos de la célebre marca de mobiliario doméstico —nótese el guiño a la popular relación de amor/odio del público hacia la misma en el título— y mucho mucho sexo sin freno. Carol Vega está en su salsa en esta pieza, precisamente al recordar a estas escenas de corte más convencional. Sin embargo hay que destacar también la versatilidad de la actriz para muy sutilmente interpretar distintos personajes, sin mediar apenas palabra, en otros cortos de XConfessions como We know you are watching o The art of spanking.

Before the guests arrive – En toda serie de cortos o de películas porno de escenas cortas, todo buen amante del porno acaba por señalar su escena favorita. Una a la que vuelve con frecuencia. Muchas de las escenas de XConfessions me han gustado bastante. Pero creo que mi favorita —por la de veces que he vuelto a ella— de toda la serie es esta brevísima pieza de apenas cinco minutos. La situación que ilustra es la de una pareja que empieza a follar en la cocina de su piso, con los fogones en marcha y los invitados llamando a la puerta. La escena empieza ya tórrida desde el primer segundo y el ritmo con el que se desarrolla es perfecto para la idea que busca. Los elementos de la cocina en marcha, la presión del reloj que va marcando los segundos, los súbitos cambios de postura de Kristopher Kodjoe y Amarna Miller, montándoselo por toda la encimera, la premura del timbre de la puerta que suena con los invitados esperando fuera… Es el proverbial «quiqui rápido» materializado en escena porno. La pieza parece sencilla pero entraña una calidad técnica y de montaje excelente. Servidor la ha visto varias veces en bucle. Desnudo de cintura para abajo; ¿o acaso los críticos de música escuchan los discos con tapones en los oídos? De nuevo, quiero distinguir a Amarna Miller : es fascinante cómo clava la mirada en su pareja de baile, todo el morbo que destila y su forma de dejarse llevar hacia auténticos orgasmos ante la cámara. Su talento, además, le ha valido un Premio Ninfa a la mejor actriz en la edición de este mismo año. Sin duda alguna seguiremos su carrera con gran interés.

Lets make a porno (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films.
Lets make a porno (XConfessions). Imagen: Erika Lust Films.

Lets make a porno – Escena que es una deliciosa contradicción. ¿Cómo le damos la vuelta a una escena amateur? ¿Cómo dotamos de calidad a algo amateur sin que se pierda su esencia? La directora se propuso grabar una escena con una pareja que no habían rodado jamás porno en su vida y cuya fantasía —confesión— era precisamente eso. Pero esta pieza no se queda solo en rodar una escena amateur, sino que Lust la aprovecha para jugar al metacine o más bien dicho en este caso, al metaporno. Porque crea dos universos simbólicos. Uno es el de la escena rodada donde invita a dos personas «reales» a follar en un entorno donde la única realidad existente es la pareja retozando en la cama. El otro universo es el de la misma escena, vista desde fuera donde —como en las escenas amateurs— se revela el acto de la filmación del coito casi a modo de documental behind the scenes, con todos sus integrantes, cámaras, ayudantes y la propia Erika alrededor —que parecen casi como silenciosos duendes escondidos en el set—. En el proceso se van recogiendo infinidad de detalles, de pequeñas bellas imperfecciones, casi como las que aparecen en los vídeos amateur, pero cuyos directores no destacan o no saben destacar. Lust lo hace y va alternando uno y otro universo en el montaje final de la escena dando como resultado una reverencia tanto al sexo en sí mismo —con todos sus besos, sudor y orgasmos— como a la pornografía bien hecha.

A blowjob is always a great last-minute gift idea! – Esta escena parece haber quedado fuera de la selección dirigida a las películas, pero puede contemplarse en la página web de XConfessions. La destaco aquí primero por su tremenda capacidad cómica —pude verla en una de las presentaciones de la serie en un cine en Barcelona y el público disfrutó ampliamente con ella— y por lo irreverente que resulta; también por ser una de las pocas piezas homoeróticas. Demuestra un conocimiento total de todos los vídeos de mamadas habidos y por haber y de sus respectivos clichés filmados en primer plano: el juego con la saliva, el lametón de arriba abajo, el agolpamiento del miembro en la cara interna de la mejilla, el deepthroat. La escena empieza casi de forma inocente y poco a poco va aumentando su tono para convertirse tanto en parodia de las escenas habituales de mamadas como en un gran vídeo de temática toy. Y todo ello en un espacio público. Independientemente de la orientación sexual de cada uno, esta escena hay que verla. A quien no le ponga cachondo, una sonrisa al menos le sacará.

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12 comentarios

  1. Pingback: El porno de los otros – XConfessions

  2. Rijoso

    ¿Joel Tomás y Alexa Tomás? ¿Incesto entre hermanos también? ¡Qué maravilla! Deprisa, ¿dónde puedo comprar estos dvd? ¿En las sex shops?

    • Darque

      A parte de puede ser una pura coincidencia, no deberías descartar, ya que en bastantes países se comparte apellido después de casarse, que sean un matrimonio.

  3. Hans Gabororden

    Gracias por la paja! Parece porno así fresquete y bien montado, se agredece el esfuerzo. Si esto es porno pa mujeres pues iré pidiendo cita al cirujano plástico.

  4. Miguelo

    Erika Lust es más de lo mismo. Junto con dos amigas vi «5 historias para ellas» y no pudo ser más decepcionante ni más mainstream… hasta Dinio protagonizaba una de las escenas! Habrá mujeres a quienes les guste su obra, por supuesto, pero me parece más márketing que otra cosa.

    Para conocer otro tipo de porno recomiendo el libro «El postporno era eso» de María Llopis.

    • Estoy de acuerdo en que esa película no es la mejor de su filmografía pero piensa que esa peli tiene como 7 u 8 años. lo que hace ahora no tiene nada que ver. ha mejorado mucho en cuanto a casting, producción y sobre todo dirección.

  5. Donde se pueden conseguir???

  6. Pingback: El porno de los otros – XConfessions | Diario de La Peste

  7. Atapuerko

    A mí, más que sus pelis, quien me pone burranco es Erika Lust.

    • Totalmente de acuerdo, Atapuerko. A ver si decide dejar de ponerse detrás de la cámara para hacer un numerito delante. Respecto a Amarna Miller… no he visto desde hace lustros en el porno cosa igual. Menuda clase.

  8. No deja de llamarme la atención que la mayoría de referencias al porno de Erika Lust son como «porno para mujeres». ¿Es que soy como el amante lesbiano de Sampedro? Porque yo soy tío, me gustan otras tías, y el porno de Lust me gusta mucho.

    Me gusta el cine, me gusta la fotografía cuidada, el sonido que acompaña y no molesta, disfruto de una buena edición en cualquier tipo de material audiovisual (un corto, un videoclip, una película), y además me gusta el porno. El porno de Erika Lust me parece de muy buen gusto, y personalmente me fascina su rollo naturalista.

    ¿Por qué porno y calidad visual deben ir reñidos?

    ¿es grave doctor?¿algún tío más en la sala?

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