Ciencias

Una pesadilla electoral: las elecciones al parlamento infinito

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Ilustración: Pablo Ruiz @MrMstislav

Te creías un buen ciudadano. Habías votado, aunque no te terminabas de creer a ninguno. Como siempre se te olvidaba empadronarte, te habías ido a tu pueblo cargando con los apuntes durante cinco horas de autobús. Hasta te habías leído los programas electorales la noche anterior y ya estabas convencido de que había que gobernar para los ciudadanos y pensar en los más desfavorecidos. Después de otras cinco horas habías llegado a tu casa para encontrarte con la nevera vacía y apenas habías cenado algo recalentado del chino. Si alguien creía en la democracia, leches, ese eras tú.

Entonces ¿por qué?

No podía ser que el colegio electoral fuese tan grande. ¿Y por qué había tanta gente? Si aquí somos cuatro gatos. Han montado el colegio en… ¿una terminal de aeropuerto?

Una marea humana se agolpa pesadamente frente a las paredes; al otro lado, se intuye, pueden estar las mesas con las papeletas. No eres de natural brusco, pero tienes que coger un autobús y antes de eso hay que votar. Con unos cuantos empujones te abres paso y poco a poco aparece la mesa más grande que has visto jamás, una tabla larga y recta que llega hasta donde alcanza la vista. Sobre ella no hay papeletas, sino rollos de papel; una multitud de ellos, como papiros de la maldita biblioteca de Alejandría. ¿Qué narices está pasando aquí?

Abordas a un hombre que camina solo —un apoderado, piensas— y le preguntas qué es este dislate. Tú solo quieres votar e irte…

«Para esta convocatoria las listas son abiertas, señor», responde con voz bovina. «Solo tiene que marcar los candidatos deseados de cada papeleta».

¿Listas abiertas? Esto está pasando de ser raro a ciencia ficción. Desenrollas el papel y escritos en letras diminutas ves decenas, quizá centenares de nombres. ¿Cuántos se supone que he de marcar?

«La nueva normativa, señor, indica que cada elector seleccione infinitos candidatos. Un número menor conllevaría la nulidad del voto».

Infinitos. Ya. Y un número menor, voto nulo. Ahora es cuando sale la cámara oculta.

Pero el hombre calla y te mira con curiosidad, como si no entendieras alguna cosa muy simple.

«Para ayudar en su tarea a los electores, señor, todos los partidos políticos han numerado a sus candidatos. No es necesario marcar cada candidatura individual, sino que basta con indicar el rango numérico correspondiente. En cualquier caso, la opción más sencilla es simplemente apoyar a una lista completa, ya que todos los partidos presentan infinitos candidatos. Es la ley».

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9 comentarios

  1. antonino pio

    Me ha gustado mucho el artículo, espero leer pronto ese de teoría de catástrofes

  2. Artículo escrito después de una cogorza de campeonato XDDDDDDDDD

  3. Podemos suponer que todos los candidatos son humanos (ni ectoplasmas, ni funciones de onda ni otros objetos exóticos que puedan interpenetrarse entre ellos) , que todos ellos viven en R3 y que todos ellos son conjuntos cerrados. De este modo es obvio que el total de los candidatos y, en particular, cada lista de cada candidatura es un conjunto numerable. Así es facil numerar cada lista y escoger por ejemplo al primer candidato de cada una, o al candidato n de la lista n-ésima, por ejemplo. Sin necesidad del axioma de elección.

    • Eso es estrictamente cierto :)

    • Suponer que el mundo de los sueños es R3, y que sus habitantes no son ectoplasmas, me parece demasiado suponer. De hecho, dado el carácter de la historia, los sorprendente sería que los candidatos no provinieran de una infinidad (no numerable) de universos paralelos diferentes.

  4. Cuando el protagonista intenta elegir un elemento de cada lista y le ponen pegas, las pegas no tendrían porque ser decisivas, pues a las infinitas listas quitarle algunas o muchas, o infinitas incluso, no significa q las q quedaran no siguieran siendo infinitas

  5. Este articulo es una obra de arte. Increible!

  6. «Si alguien creía en la democracia (…)»

    Las elecciones, por definición, no son democráticas sino aristocráticas. Pretenden elegir, aunque evidentemente no lo consiguen, un gobierno de los mejores (aristoi en griego). Véase La República de Platón o la Política de Aristóteles. La palabra democracia es un neologismo que inventaron los atenienses cuando se dieron cuenta de que las elecciones no elegían a los mejores sino a los más ambiciosos y decidieron introducir en su lugar el sorteo: igualdad política radical. Véase Castoriadis.

    Las élites nos robaron la palabra democracia. ¿Cuándo? Desde finales del siglo XVIII o principios del XIX, al poco de escribir las constituciones francesa y usana. Demócrata pasó de ser casi un insulto a ser la medida de toda virtud. Y así nos engañaron y nos siguen engañando y dándonos por saco pero bien.

  7. Magnífico artículo. Me encanta como la literatura se apropia de la matemática… o es al revés? Enhorabuena!

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