
Este artículo ha obtenido el segundo premio del concurso de divulgación científica de Ciencia Jot Down 2015
Al Editor.
SEÑOR:
Todos hemos oído hablar de una Sociedad para la Promoción de lo Feo y creo que fue en Londres donde ya se formó una Sociedad para la Supresión de la Belleza. Debo decir que existe en Salamanca otra de carácter más horrendo. Parece tratarse de una asociación para fomentar el Desprecio, aunque ellas dicen ser, y así se denominan a sí mismas, Connoisseurs del Desprecio. Afirman ser investigadoras del escarnio; amateurs y diletantes en lo que concierne al menosprecio; en breve, amantes del desdén. Cada nuevo caso que encuentran en sus lecturas y experiencias cotidianas, o que les llega por cualquier otra vía, se analiza y critica como lo sería una fábula moral. Pero no necesito ocuparme en describir el espíritu de sus deliberaciones, pues usted mismo lo captará mucho mejor a partir del inicio de una de sus conferencias.
CABALLEROS:
Es un honor haber sido elegida como ponente de la conferencia anual sobre el desprecio, considerado como una de las emociones morales. Mi tarea habría resultado sencilla cuando el desprecio apenas se estudiaba fuera de los seminarios académicos y no contábamos con modelos de prestigio; pero en este momento, cuando tantas obras maestras han sido ejecutadas por los profesionales del desdén…
A hombros de gigantes
5 de febrero de 1675: Isaac Newton escribe a Robert Hooke y deja caer aquello de «If I have seen further it is by standing on the shoulders of giants». Un homenaje a sus predecesores, qué edificante. Pero, ¿y si el contexto de la frase hiciera cambiar su significado de tal forma que se tratase de una expresión de desprecio, de sorna, de profundo desdén? Hooke era jorobado y muy bajito, por lo que habría sido, en el mejor de los casos, una grave falta de delicadeza por parte de Newton utilizar una analogía tal.
La expresión del desprecio es más sutil que la del resto de las denominadas emociones universales, por lo que siempre cabe la posibilidad de malinterpretar las intenciones del emisor. Precisamente por ello, es también posible atribuir al receptor una suspicacia indebida, un carácter paranoide, con lo que se multiplica el efecto del escarnio. Mostrarse como receptor del desprecio cuando este no es obvio carga de culpa a la víctima y libera al emisor. El menospreciado padece así un doble castigo: el desdén y el sufrirlo a solas.
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Cabe añadir que el desprecio y el menosprecio pueden conducir a que un individuo se sienta excluido de su grupo social cuando es víctima de ellos. Sentirse apartado del grupo produce reacciones en el cerebro (creo que en la amígdala) que generan neuropéptidos claramente asociados al dolor físico. Estamos, pues, ante un poderoso mecanismo evolutivo necesario para la vida en manada de los mamíferos, mediante el cual es posible castigar a los infractores de manera que modifiquen o abandonen comportamientos indeseados e indeseables para la vida grupal.
¿Y qué pasa cuando el desprecio, menosprecio, incluso el asco es vivido por el «maverick» hacia la manada? ¡Qué absoluta asquerosidad tener que vivir como indivíduo, pendiente de la aprobación de esa manada de mamones -perdón, mamíferos- que están tan obsesionados por la vida grupal…
Los seres humanos somos individuos comunitarios, necesitamos conectar y relacionarnos. Otra cosa es que hablemos de rebaños en vez de comunidades, entonces sí, que ascazo sufrir dolor físico debido al agudo balar de algunas ovejas. Un arma de doble filo, que según mi experiencia, tiende a decantarse en favor de chusma que se empodera mediante la apliación de este sufrimiento sobre determinadas gentes.