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Del odio considerado como una de las Bellas Artes

Foto: Bifalcucci (CC)
Foto: Bifalcucci (CC)

El hombre de conocimiento debe ser capaz no solo de amar a sus enemigos, sino también de odiar a sus amigos. (Friedrich Nietzsche)

Ya sé que la apología del odio es delictiva, no sufran que no van por ahí los tiros.

Pero en una sociedad empapada de odio hasta el tuétano merece la pena hacerse preguntas sobre el origen del aborrecimiento, su cercanía o lejanía con el amor, su valor adaptativo si lo hubiera. Tengo más preguntas que respuestas… ¿Es lo mismo el odio que la ira? ¿Hay algún valor en la misantropía? ¿Es legítimo odiar a los malvados? ¿Decir «te odio» es una buena manera de empezar una conversación? ¿Qué significa «fóllame como si me odiaras»? Leemos en el Eclesiastés 3:8 que «hay un tiempo para amar y un tiempo para odiar». Lo dice la Biblia, no puede ser tan malo: sumerjámonos en una piscina de burbujeante antipatía.

¿Qué es el odio? Odio eres tú

Disfruto mi odio más de lo que he disfrutado nunca el amor. El amor es temperamental. Cansado. Exigente. Te usa y cambia de opinión. Pero ah, el odio lo puedes utilizar, esculpir, blandir. Es duro o suave, según lo que necesites. El amor te humilla, pero el odio te acuna. (White Oleander, Janet Fitch)

Una pregunta obsesiona desde hace décadas a millones de personas: ¿quién es más fuerte, Hulk o la Cosa? Otra cuestión le sigue muy de cerca: ¿qué es más fuerte, el amor o el odio? Robert Frost se hizo una pregunta similar en el poema que inspiró la Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin (aquí una traducción de Agustí Bartra):

Some say the world will end in fire,
Some say in ice.
From what I’ve tasted of desire
I hold with those who favor fire.
But if it had to perish twice,
I think I know enough of hate
To say that for destruction ice
Is also great
And would suffice.

Tanto el rencor helado como el deseo ardiente son apocalípticos, aunque no es tan evidente que el odio sea una emoción fría. En la teoría triangular de Sternberg y Sternberg se le asignan tres componentes: negación de intimidad (quita, bicho), pasión (rabia, pánico ante una amenaza) y compromiso (devaluación y desprecio). Combinando estos elementos tenemos siete tipos de odio a diferente temperatura de cocción, aquí los tienen junto a la frase que imaginaba al leerlos:

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11 comentarios

  1. Excelente artículo. Excelente.
    Puestos a mencionar odios y cómics (la mención de Spider Jerusalem es buena), yo no me habría olvidado de El Santo de los Asesinos de Ennis, con un odio de tal envergadura e intensidad que es capaz de congelar el infierno.
    En cualquier caso, repito, excelente artículo. Nos falta la rabia…

    http://expurgoscontraelolvido.blogspot.com.es/2014/12/oracion-del-acrata.html

  2. La Bruja Coruja

    «Ódiame, por piedad, yo te lo pido.
    Ódiame sin medida ni clemencia.
    Odio quiero mas que indiferencia
    porque el rencor hiere menos que el olvido…»

    https://youtu.be/Crd9zAol9f0

  3. Yo no odio a nadie y la prueba es que cuando tengo que apiolar a alguien, lo hago con alegría y buen humor, sin rencores de ningún tipo.

  4. Cao Wen Toh

    Josep, escribes tan bien que te odio.

  5. Mejoras rápidamente con el tiempo.
    En mi humilde parecer el artículo no es excelente sino lo siguiente, trasciende a un nivel superior, es literatura. Pero de la buena. Un placer*

    *(lo lamento, no te odio…y eres de los pocos, con la cantidad de orgulloso catetismo que ocupa las aceras y consume oxígeno..) :p

  6. Interesante.

  7. Pingback: Josep Lapidario: Del odio considerado como una de las Bellas Artes | Vita Brevis Ars Longa

  8. Interesante y divertido artículo. En mi opinión ha faltado alguna mención a Henry Chinaski pero gracias por este rato!

  9. Una basura de artículo, como no podía ser de otro modo trayendo a colación al imbécil de Descartes.

    Mi máxima es: odia a los demás como te odias a ti mismo, ambas pulsiones estarán siempre bien justificadas. Y si puedes extender ese odio no sólo a todo el género humano sino hacia cualquier forma de vida, consciente o inconsciente, animal, vegetal, fúngica, vírica o bacteriológica mejor aún.

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