
Lo mejor de haber vivido en la época de Julio Verne es que estás muerto. O que puedes hacerte la ilusión de estarlo, ya que los habitantes del siglo XIX y los del XXI somos, al fin y al cabo, los mismos, de igual modo que la cucaracha que mata usted hoy de un zapatazo en el cuarto de baño de su casa es la misma que mató Verlaine hace siglo y medio en el cuarto de baño de la suya. Decimos Verlaine porque es el primer contemporáneo de Verne que se nos ha venido a la cabeza, pero podíamos haber nombrado a su amigo (es un decir) Rimbaud o a Flaubert, da igual, seguro que todos ellos mataron cucarachas, está en la condición humana perseguir a esos bichos que trabajan a turnos detrás del bidé, mientras nos lavamos los genitales externos y el culo, o hacemos baños de asiento para aliviar las hemorroides. ¿Cómo diferenciar por cierto las hemorroides de entonces de las de ahora, las de Maupassant, si las tuvo, de las de Paulo Coelho, que quizá? De ninguna manera, porque son las mismas, como las cucarachas. Ha cambiado la forma del zapato, han mejorado las cremas para las varices, pero no la actitud moral ni el gesto de asco con el que aplastamos a los insectos o desinflamos las venas.
Viene todo esto a cuento de las personas a las que les habría gustado vivir en el siglo XIX, ya sea en el ámbito francés, en el anglosajón o en cualquier otro. Hay gente que no está de acuerdo con la época que le ha tocado vivir como hay gente que no está de acuerdo con su sexo. A veces no están de acuerdo ni con su época ni con su sexo.
—A mí me habría gustado nacer en el siglo XIX y ser mujer, para acostarme con Victor Hugo —le escuché decir el otro día a un tipo en un programa cultural de la tele.
El XIX pasó ayer, como el que dice. De hecho, la gente de mi edad (nací en 1946), y si nos atenemos a lo meramente factual (signifique lo que signifique factual), viene casi sin excepción del XIX, desde donde ha dado misteriosamente el salto al XXI. Quiere decirse que hemos lavado las sábanas y los calzoncillos a mano, que los hemos tendido sobre la yerba, para que blanquearan, que hemos vareado la lana del colchón, que hemos ido andando a la escuela (seis quilómetros) con lluvia o con nieve, que hemos conocido el tifus, la difteria, la disentería, que hemos tenido más hermanos de los que cabían en casa, que los hemos visto morir con naturalidad de infecciones que hoy se curan con un par de pastillas, y que hemos trabajado en oficinas en las que había escupideras sacadas de las novelas rusas del siglo XIX. Además, se utilizaban.
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«Kilómetros», por Dios, ¡que me sangran los ojos!
Pues que no te sangren, que es tan correcta como con k ( y que conste que a mí también me chocó)….
Por otra parte, el texto es buenísimo.
http://lema.rae.es/dpd/srv/search?key=kil%F3metro
Efectivamente, aunque correcta, quilómetro está en desuso.
Brillante, digo brillante de verdad. Excelente y divertidisimo articulo.
Grande, Millás, grande… ¿Sabe que abordé su «Visión del ahogado» en un momento tristísimo de mi existencia y que su lectura, añadida a mi estado de ánimo me hicieron acariciar la posibilidad del suicidio? ¡Así de bueno era y es, ese libro! El artículo, magnífico y haga el favor de pasarse más por aquí, gracias.
Gracias Juanjo, siempre es un placer leerte.
Genial, divertido, ameno, interesante… ¡Enhorabuena!
Buen articulo, mi tío de 63 años tuvo que dejar la universidad (en Oviedo) ya que no tenía manera de pagar las X pesetas que costaba en autobús todos los días para hacer los 20 km de un pueblo de las afueras al centro… y habrá muchos ejemplos como ese
«¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad? (…).
Era una situación de extraordinaria placidez «.
Jaime Mayor Oreja
Magnífico!
Cuando se atisba una verdad no se puede hacer otra cosa que rendirse a la evidencia. Mi respeto.
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