
Cuando el escritor más famoso de la historia dijo aquello de «El mundo es un escenario, y simples comediantes los hombres y mujeres», no era consciente de que con sus treinta y ocho piezas teatrales y su obra poética llegaría a configurar una imagen del mundo que cuatro siglos después sigue vigente. Hoy en día no somos plenamente conscientes de la omnipresencia de Shakespeare en Occidente: la cultura anglosajona se ha expandido tanto desde el siglo XIX que hemos asimilado como propia una infinidad de influencias, tramas, tonos, perspectivas y estructuras del autor inglés. Donde menos nos lo esperamos subyace algo que ya fue representado en la Inglaterra isabelina. Del mismo modo que a los actores les gusta ojear tras el telón al público que aguarda el comienzo de la representación, lo que viene a continuación es un mero levantar la cortina para desenmascarar la maquinaria teatral shakesperiana en la que se basa buena parte de la cultura posterior. Es por eso que dejaremos a un lado las adaptaciones más o menos literales y nos centraremos en otras obras que, ¡oh, sorpresa!, beben de él de manera más indirecta. Recordemos, pues, al gran dramaturgo al igual que los viejos soldados mostraban sus cicatrices recibidas el día de san Crispín para que nadie olvidara la gran batalla de Agincourt.
El rey león
Comenzaremos por su obra más conocida. Un joven príncipe no sabe qué hacer con su vida tras quedar huérfano. Su tío, ahora el nuevo rey, es el asesino del padre del protagonista. No, no es Hamlet sino Simba. La idea de llevar a Shakespeare a la sabana africana les funcionó tan bien que en la segunda parte (El orgullo de Simba) la trama gira en torno a dos familias enfrentadas (¡Oh, Romeo, Romeo!). Existe incluso El rey león 3: Hakuna Matata, una adaptación libre de la obra Rosencrantz y Guilderstern han muerto, de Tom Stoppard, gran experto shakesperiano y guionista de Shakespeare in love.
Sons of Anarchy
Visto el éxito al adaptar Hamlet con animalitos de Disney, ¿por qué no cambiar la corte de Dinamarca por una banda de moteros californianos? La serie funcionó, claro, dejando siete temporadas de traiciones, soledades e hijos que no encuentran su lugar.
La broma infinita
No nos atreveremos a decir que la novela de Foster Wallace es una adaptación de Shakespeare, pero no está de más recordar que el título es una cita del monólogo de Hamlet ante los restos de Yorick («I knew him, Horatio; a fellow of infinite jest») y que los guiños al príncipe de Dinamarca son recurrentes, como la aparición del fantasma de James Incadenza a Gately.
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