
Miércoles
Todo el día con los pies fríos. Me pongo doble calcetín. Largos paseos meditabundos. Me fumaría un buen cigarro. Uno de aquellos Lucky Strike sin filtro. Lo acariciaría lentamente, como si para fumarlo hubiese antes que domesticar su coraza. Tal vez dejaría que fuesen las dos de la madrugada, y saldría al balcón de San Pedro. A veces en la vida solo necesitas silencio, oscuridad, frío y un buen cigarro. Thomas Marshall, el vicepresidente con Woodrow Wilson, después de escuchar en el Senado un discurso larguísimo, soporífero, sobre lo que necesitaba el país, dijo que «lo que necesita América es un buen cigarro de cinco centavos».
…
¿Y si lo vendo todo y me voy?
…
Escucho Transformer de Lou Reed en el viejo tocadiscos de Juan Pablo II. Hurgando en la discoteca de Wojtyla encuentras errores tan lamentables como Rafaella Carrá. No es lo peor, con todo. Hay discos de Demis Russo. Abba. Nana Mouskouri. Toto Cotugno. Rafaella Carrá al menos tiene buenas piernas.
…
Por la noche, película de kung-fu.
Viernes
Leo a Juan Carlos Onetti, para recordar qué clase de hombres criminales somos por dentro. No albergo esperanzas durante algunas horas. Cuando se me pasa el efecto de Onetti, vuelvo a creer en Dios.
…
Mala digestión. Esos espaguetis a la amatriciana me persiguen toda la tarde. Me siento al borde de la muerte, como si leyese a Cioran.
…
Nicola, el electricista, me cuenta que hay dos vecinos nuevos en su comunidad. Un matrimonio de mediana edad. Ocupan un piso pegado al suyo, que lleva dos años vacío. Esa clase de vacío, añade, del que a veces llegan extraños ruidos, como si bullesen fantasmas. Cada vez que coincide con la pareja en el ascensor el hombre se muestra dicharachero y ella reservada. En realidad, nunca habla. Saluda asintiendo con la cabeza. Hace una semana, para su desconcierto y el de su mujer, Anetta, les propusieron cenar juntos. No especificaron un día en concreto, sino «un día de estos». El electricista no mostró ningún entusiasmo. No quiere tener que sacarle las palabras a su vecina con unas tenazas. «Además, yo no puedo comer con una persona que no me da los buenos días», dice. Nicola me recuerda a Karl Kraus, cuando confesaba que él no se trataba con gente que decía «efectivamente». El caso es que hace tres días volvieron a encontrarse en el ascensor. Se habló de esa cena dichosa de nuevo. Pero esta vez como algo inminente. Tanto, que cenaron al día siguiente. «¿Sabe qué?», pregunta. Me encojo de hombros. Se me está haciendo tarde. «En el salón había un retrato familiar, en el que aparecía un matrimonio y una joven, y que me resultó particularmente familiar. Pero no sé por qué. Es como si hubiese coincidido con alguna de aquellas personas en un momento del pasado. Pero soy incapaz de recordar. No hago otra cosa en todo el día que buscar ese momento. A todas horas. Es un pensamiento molesto, que casi hace ruido».
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Me ha gustado mucho.
Se nota que acabas de ver the young pope… Pillin pensaste que nadie lo hiba a notar no…
Saludos desde Argentina, la verdad que me encantaron los diarios. Imaginar al Papa en tales actos es hilarante.