Guía para una maratón de cine en Halloween

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Halloween, esa festividad de calabazas con bocas dentadas y entrañas relucientes, esqueletos de corchopan, telas de araña, trucos y tratos. Ese día tan especial donde un puñados de listos se pasarán toda la tarde señalado lo tontorrón de celebrar tradiciones americanas, mientras otros individuos no menos listos les recordarán sin parar que en realidad la festividad tiene origen celta.

O la jornada perfecta para desempolvar el vídeo, apalancarse en el sillón orejero y marcarse una maratón del cine más visceral posible.

Halloween legendario

La matanza de Texas (1974), Halloween (1978), Viernes 13 (1980), Pesadilla en Elm Street (1984), Hellraiser (1987), Muñeco diabólico (1988).

El puñado de películas que plantaron la semilla de los miedos modernos, terrores que a su vez bebían del giallo italiano y la veneración por los monstruos heredada de los films de la Hammer. Las cintas que vieron nacer a Leatherface (La matanza de Texas), Michael Myers (Halloween), Jason Voorhees (Viernes 13), Freddy Krueger (Pesadilla en Elm Street), Pinhead (Hellraiser) o esa muñeca chochona pasada de vueltas que es Chucky (Muñeco diabólico). Los cimientos del terror pop actual, las leyendas del arte de trinchar a terceros, la versión más pura de unos iconos que a partir de estas seis películas generaron más de medio centenar de secuelas, remakes, continuaciones destinadas a rellenar las estanterías de los videoclubs, líneas temporales alternativas, reboots y reimaginaciones de sus monstruos.

Halloween stop-motion

Pesadilla antes de navidad (1993), La novia cadáver (2005), Los mundos de Coraline (2009), Frankenweenie (2012), El alucinante mundo de Norman (2012).

El único problema de la genial Pesadilla antes de Navidad es externo a la propia película: en un momento dado todos los adolescentes incomprendidos y los emos con ganas de que alguien los comprendiese adoptaron las efigies de Jack Skellington y Sally como forros para carpetas, avatares virtuales o patrones para tatuajes. Una moda comandada por unos fans tan tremendamente cansinos como para convertir la película en algo antipático. Hoy en día, aprovechando que aquella marejada de góticos pop está dispersada y que los nuevos adolescentes andan demasiado ocupados contemplando como sus youtubers favoritos hacen el ridículo al pisar el mundo real, es un buen momento para redescubrir la cinta y rendirle honores.

Porque Pesadilla antes de Navidad sigue siendo una joya de premisa fantástica: el secuestro de Santa Claus por parte de una banda de monstruos que pretenden comandar la Navidad. Visualmente es acojonante, está rellena de canciones pegajosas y tiene una galería de secundarios tan brillante como para que todos y cada uno de ellos parezcan protagonistas en potencia de una película propia. Además, siempre es bonito recordar el momento en el que Disney financió una película donde un tierno infante recibe como regalo de Papá Noel una cabeza decapitada (una escena que aterró a los padres al rematar el tráiler oficial). Y la oportunidad perfecta para hacerse el interesante durante las sobremesas revelando que, en contra de la creencia popular, la película no la dirigió Tim Burton sino el virtuoso Henry Selick basándose en unos personajes imaginados por el primero. En realidad Selick creó una película que parecía burtonesta. Y Burton se limitó a visitar el set de rodaje en cinco ocasiones a lo largo de dos años.

El papá de Eduardo Manostijeras agarraría un poco más fuerte el timón de una producción animada una docena de años más tarde, al parir La novia cadáver. O la adaptación de un cuento ruso codirigida a medias entre el propio Burton y Mike Johnson. Aunque por las entrevistas de la época se intuye que Burton se dedicó a mover la batuta mientras Johnson se comía el curro diario de filmar la acción. Es cierto que La novia cadáver aparenta ser una versión light de Pesadilla antes de Navidad (el protagonista parece un Jack Skellington con algo más de carne en el cuerpo y tanto la novia como el perro tienen equivalentes similares en la cinta del 93), pero por su cuenta resulta bastante competente y, a pesar de no llegar al nivel de Pesadilla, ofrece ocurrencias curiosas como esa representación del mundo de los vivos a modo de territorio gris y antipático frente al colorido y alegre universo que habitan los muertos.

Unos años más tarde, Los mundos de Coraline se presentaron utilizando una aproximación similar a la hora de dibujar los dos universos paralelos entre los que saltaba su protagonista: el apagado mundo real y su reverso pesadillesco barnizado en colores vivos. Los mundos de Coraline llegó comandada por el mismo Selick que firmó Pesadilla antes de Navidad, basada en un relato de Neil Gaiman (fan declarado de Pesadilla) y con el virtuoso ilustrador japonés Tadahiro Uesugi diseñando el personajes y escenarios. La fábula de Coraline arrancaba con tono fantástico y se colaba a través de la puerta hacia una aventura sobrenatural con niños fantasma, personas con botones cosidos en lugar de ojos y una villana de escalofriante aspecto arácnido.

Frankenweenie y El alucinante mundo de Norman llegaron casi de la mano durante 2012. En la primera de ellas Burton por fin se aventuró a dirigir la stop-motion en solitario, convirtiendo un corto ochentero propio en un largometraje protagonizado por el cadáver resucitado de un perrete que se parecía demasiado al chucho de la serie Family Dog, otro personaje abocetado por el director. La nueva Frankenweenie es toda una rareza en el mundo del cine infantil actual: llegó en blanco y negro, reverencia iconos como El doctor Frankenstein o Vincent Price y está repleta de monstruos espantosos y cementerios que no pasarían el corte en cualquier otro tipo de producción para un target de escasa altura. Algo similar ocurría con El alucinante mundo de Norman, una aventura de Sam Fell y Chris Butler donde un chico con el sexto sentido activado (era capaz de ver y hablar con los muertos) se metía en medio de un follón descomunal con fantasmas, zombis y maldiciones de brujas rencorosas. Técnicamente espectacular, tan atrevida como para jugar al splastick con los cadáveres y con un título original delirante (ParaNorman). Una maravilla.

Halloween [Rec]

[Rec] (2007), [Rec] 2 (2009), [Rec] 3 (2012).

Rec se presentó con una de las promociones más efectivas posibles: las grabaciones del público pegando botes durante una proyección en el festival de Sitges.

Este es uno de los mejores tráilers de la historia. Y sin mostrar una sola una imagen de la película.

Jauma Balagueró y Paco Plaza firmaron a cuatro manos la primera Rec fusionando para siempre Aquí no hay quién viva con 28 días después durante la reunión de vecinos del número 34 de Rambla de Catalunya en la ciudad condal. Un found footage de cámara al hombro y muchas sacudidas al corretear por las escaleras, repleto de los infectados que cumplen como zombis modernos y con alma de tren de la bruja. Una experiencia que funcionó de maravilla dentro del ecosistema de una sala de cine repleta de gente dispuesta a activar el muelle del culete. Rec 2 llegó con valentía: pasándose por el forro lo establecido en la primera parte y jugando incluso a saltarse el género. Porque Rec 2 es a Rec lo que Aliens a Alien: el octavo pasajero, un volantazo que partiendo del mismo punto hace algo diferente y más redondo. Más personajes, más cámaras dando bandazos, más imaginación en la puesta en escena y un cambio en la naturaleza de la epidemia de infectados que hizo rabiar a todos los fans del cine zombi. Una vez tocado techo, a Rec 3: Génesis (perpetrada por Plaza en solitario) solo le quedaba apostar por la autoparodia y se lo jugó todo a la comedia sangrienta. Le salió bastante bien, porque no solo tiene a Leticia Dolera con una motosierra y un Bob Esponja Hacendado, sino que confirma algo que toda la humanidad sospechaba de antemano: que matar zombis es mil veces más satisfactorio cuando suena de fondo Tino Casal. La franquicia tiene también una cuarta entrega (Rec 4: Apocalipsis) tan formularia como para resultar olvidable y un remake americano (Quarantine) a modo de fotocopia con secuela propia embarcada en un avión.

Halloween remix

El terror llama a su puerta (1986), Mi novia es un zombie (1994), Abierto hasta el amanecer (1996), La cabaña en el bosque (2012).

A mediados de los ochenta El terror llama a su puerta mezcló invasiones alienígenas con el slasher y con el cine de zombis en una comedia ideada para rendirle tributo a la serie B en general. La hostia en taquilla fue sonora, pero lo divertido de su propuesta la convirtió en cinta de culto. A mediados de los noventa, Michele Soavi convirtió a Rupert Everett en el protagonista de la fantástica Dellamorte Dellamore (titulada Mi novia es un zombie por estas desgraciadas tierras), una cinta inclasificable que combinaba el espíritu de los tebeos de Dylan Dog (Tiziano Sclavi, creador de Dylan Dog, ejercía de guionista de la película) con el género zombi, el giallo italiano, los cuadros de René Magritte o el cine de Terry Gilliam. Y también se ganó la etiqueta «de culto» al poco de presentarse en sociedad.

Abierto hasta el amanecer es el ejemplo más extremo de película bipolar y probablemente lo mejor que ha hecho y hará Robert Rodríguez en vida. Una historia sobre un par de hermanos psicópatas que arranca como una salvaje comedia negrísima y Tarantinesca (Quentin coprotagoniza el film, junto a George Clooney, pero también firma el guion) para, a mitad de su metraje, decidir de golpe derrapar hacia la serie Z de vampiros más pasada de vueltas. O una locura tan disparatada como para alcanzar el estatus de genialidad. Su primera parte está repleta de escenas y diálogos memorables mientras su segunda mitad llega rellena de chifladuras fantásticas: Salma Hayek bailando con una serpiente por bufanda, pistolas de agua bendita a modo de efectivo arsenal, torrentes de sangre vampira de color verdoso, Danny Trejo currando de camarero, Tito & Tarántula animando el ambiente, one-liners estúpidos, gore despreocupado y Tom Savini con un revolver incrustado en las pelotas.

Con La cabaña en el bosque el guionista Joss Whedon (responsable de Buffy, la cazavampiros, Firefly, Dollhouse o Los Vengadores) se emocionó tanto como para anunciar durante la producción del film que estaban a punto de revolucionar el mundo del cine de terror. Pero aunque se flipase demasiado no quita que su cabaña entre lo frondoso sea una simpatiquísima revisión de los tropos de un género, una gamberrada que decide desmelenarse de manera demencial durante su recta final. Si el espectador llega a la película sin tener ni idea de la trama o sus secretos es muy probable que los últimos veinte minutos le dejen el culo convertido en un puzle de mil piezas.

Halloween moderno

Véase Los nuevos horrores.

Halloween para valientes

Nekromantik (1987), Nekromantik 2 (1991), Audition (1999), Ichi the killer (2001), Martyrs (2008), Secuestrados (2010).

Jesús Palacios apuntaba en el libro Goremanía 2 (una enciclopedia del cine gore) que sentarse ante las dos entregas de las Nekromantik hacía que el espectador se preguntase en qué momento iba a irrumpir la policía en su casa para detenerle. Porque eso era lo menos que alguien podía esperar de un par de cintas que consideraban normal construir un triángulo amoroso en donde uno de los implicados es un cadáver. Sexo, necrofilia, látex podrido y tomate a chorros para dos cintas alemanas famosas por haberse dejado a propósito el buen gusto por el camino.

En Audition, el absurdamente prolífico Takashi Miike (un hombre que ha dirigido más de un centenar de películas y lo mismo te adapta un videojuego que te fabrica un clásico del cine de terror durante el rato libre que tiene entre la comida y la merienda) toma como punto de partida una idea muy interesante, el casting realizado por un hombre viudo en busca de una futura esposa, y gradualmente convierte la historia en un torture porn con escenas capaces de estremecer a las almas más imperturbables. Un par de años después el mismo Miike adaptó a la gran pantalla el manga Ichi the killer de Hideo Yamamoto, desatando un desmadre charcutero repleto de tajos afilados, hectolitros de sangre y yakuzas masoquistas.

La francesa Martyrs llegó cuando la ola del extremismo francés, una moda de cine salvajemente violento y pasado de rosca que abrazaron nuestros vecinos a principios de los dos mil, ya parecía estar en las últimas. Pero se las ingenió para liarla a lo grande: Martyrs se ensañaba tanto con sus protagonistas como para provocar mareos y deserciones a su paso por Cannes. La revista Total Film la calificó como «una de las películas más extremas jamás hechas y uno de los mejores films de horror de la última década» mientras los más empáticos lo pasaban realmente mal para aguantar hasta el final. Los americanos la remakearon en 2015 en un producto aguado que perdía toda la gracia y gran parte de la mala hostia original por el camino.

En 2010, Miguel Ángel Vivas estrenó su segunda película como director: Secuestrados. Y los espectadores salieron de la sala donde se proyectaba con el aliento desterrado y el corazón en una bolsa de plástico. Porque Secuestrados es una paliza, una home invasion brutal de factura técnica impecable, está compuesta únicamente por doce planos secuencia salpicados con unos cuantos momentos de «¿Cómo coño han hecho eso?». Un film que en ningún momento concede oportunidades al público, a sus personajes o a la fantasía del cine: la violencia va desbocada pero lo que aterra realmente es que su premisa (unos extraños invaden la casa de una familia acomodada y todo sale de la peor manera posible) está asentada en unos miedos reales y cercanos. Repleta de actuaciones agónicas (Manuela Vellés está espectacular y eso lo hace todo mucho más jodido si tenemos en cuenta que su personaje se pasa medio metraje en un estado de shock extremo). Tan salvaje como para ser la película que con más razón no recomendarías jamás a las almas sensibles para no joderles lo que queda de semana.

Halloween para traumatizar infancias

La leyenda de Sleepy Hollow y el Señor Sapo (1949), Un mundo de fantasía (1971), Gremlins (1984), Oz, un mundo fantástico (1985), La maldición de las brujas (1990).

Disney se la coló a todos con La leyenda de Sleepy Hollow y el Señor Sapo, un producto que funcionaba a modo de remiendo para salir del paso de una crisis, acontecida tras la Segunda Guerra Mundial, y que vendía como largometraje lo que en realidad eran dos cortos sin conexión entre sí. El segundo de ellos era bastante inofensivo y estaba basado en las desventuras de aquellos animales que protagonizaron el cuento clásico El viento en los sauces de Kenneth Grahame. Pero el verdadero problema se encontraba en el primer cortometraje, aquel que se atrevía a adaptar al mundo animado La leyenda de Sleepy hollow. Porque no hay una manera más elegante de adobar las pesadillas de los más pequeños que utilizar un auténtico cuento gótico de Washington Irving, aquel donde un espeluznante jinete sin cabeza se dedicaba a aterrar al personal.

Un mundo de fantasía (la versión original de Willy Wonka y la fábrica de chocolate) también jugaba a clavarla sin previo aviso: la película chapoteaba todo el rato entre el azúcar para todos los públicos, pero de golpe se marcaba un paseo en barca inusualmente psicópata e infernal que desvelaría a la mayor parte de los críos de los setenta. Marilyn Manson fotocopió sin vergüenza la secuencia para comenzar a dar mal rollo con su «Dope Hat», y la sección parents guide de Imdb señala que de ser estrenada hoy en día no recibiría ni de coña el certificado «Para todos los públicos» por culpa de la excursión en barca.

Con Gremlins más de un despistado intuyó entretenimiento para toda la familia (pagaba el Steven Spielberg que había ideado al encantador E.T.) y acabó sentando a sus hijos ante un auténtico cuento de terror navideño. La secuela también merecía la pena, aunque aquello ya era otra historia completamente diferente.

Oz, un mundo fantástico fue otra de las cintas nacidas al amparo de la cartera de una Disney que no sabía muy bien qué coño estaba haciendo. Una secuela no oficial de El mago de Oz que al arrimarse más a la naturaleza de las novelas de L. Frank Baum oscurecía el encanto del mundo por el que trotó Judy Garland hasta convertirlo en un mal sueño vistoso con princesas de testas intercambiables. Los niños encontraron aquella película terrorífica, los críticos señalaron que los coprotagonistas daban tanto miedo como los antagonistas y en general todo el mundo recuerda el retorno a Oz como un mal viaje, algo que convierte la cinta en un pequeño prodigio.

La maldición de las brujas adaptó una historia de Roald Dahl, colocó a Anjelica Huston a la cabeza de un ejército de brujas y fichó a la compañía de Jim Henson para encargarse de los FX. El resultado de aquel cóctel fue una concurrida reunión de brujas terroríficas, criaturas capaces de convertir a niños en ratones con conjuros espantosos, y una escena que acojonaría de por vida a toda una generación de niños inocentes.

Dadle las gracias a The Jim Henson Company por estas verrugas.

Halloween noventero

En la boca del miedo (1994), Scream (1996), Jóvenes y brujas (1996), El diablo metió la mano (1999), Destino final (2000).

Los noventa en realidad no molaron tanto. De hecho, cualquier época en la que el mono y el peto hayan conformado una parte importante de la moda lo tiene realmente jodido para molar tan siquiera un poco. Pero al menos nos dejaron en su legado al John Carpenter de la fabulosa En la boca del miedo, aquella película capaz de colar un susto dentro de un susto. También supuso el regreso al ruedo de un Wes Craven con la inspiradísima y metareferencial Scream escrita por Kevin Williamson. Una película que se atrevía a convertir los tópicos de los slasher en parte de la trama y cuyo éxito generó una tormenta de nuevas producciones a rebufo (Sé lo que hicisteis el último verano, Leyenda urbana, Cherry Falls, Carrie 2) entre las que se encontraba una Jóvenes y brujas más reverenciada por nostalgia o por su carácter de icono pop que por sus virtudes fílmicas.

El actor Dewon Sava remató a lo grande el final de los noventa al protagonizar (antes de tirar una bomba de humo y desaparecer por completo de la escena mainstream) dos de las películas más entretenidas del terror teen de la epóca: por un lado, la desmadrada y divertidísima El diablo metió la mano. Una cinta con gore despreocupado, payasadas sin complejos, zombis con botellines de cerveza incrustados en la cabeza, una Jessica Alba adolescente y una mano poseída por Satán que descorchaba la cabeza del cantante de The Offspring. Y por otra parte, la genial Destino final. Un slasher muy ingenioso de negrísimo sentido del humor donde el antagonista era la propia Muerte y el arma homicida unas disparatadas máquinas de Rube Goldberg que degeneraban en accidentes grotescos. Al lado de las ocurrencias asesinas que se marcaba la saga Destino final (una serie que hasta la fecha goza de cinco entregas, más flojas que la original pero entretenidas a su manera) los artefactos de la, mucho más popular, franquicia Saw eran trabajos de pretecnología.

Halloween oriental

The ring (1998), Uzukami (2000), The host (2006), I am a hero (2015), Train to Busan (2016).

La japonesa The Ring hizo acto de presencia cuando los noventa agonizaban, un cuento de terror moderno que convertía una cinta de vídeo en la residencia de una vengativa chavala fantasmal que nunca tenía un peine a mano. Se trataba de la segunda adaptación al largometraje (la primera fue una película para la televisión japonesa) de una novela de Kôji Suzuki. Y su éxito no solo invocó un chaparrón en forma de una docena de secuelas, sino que también fascinó tanto en occidente como para permitir la entrada libre de más terrores japos: Pulse (Kairo), La maldición (The Grudge), Dark Water o la retorcida Uzumaki, una locura basada en un manga de idéntico título firmado por Junji Ito y salpicado de maléficas espirales.

De Corea del Sur llegó Joon-ho Bong cabalgando una The Host que daba lecciones a los americanos sobre cómo había que rodar una película con monstruo. Una década después, el japonés Shinsuke Sato trasladó un manga con antihéroe frikazo (I Am a Hero de Kengo Hanazawa) a la gran pantalla rodando un apocalipsis zombi plagado de escenas memorables (el momento en el que se desata la epidemia o el tiroteo en el túnel contra decenas de infectados). La surcoreana Train to Busan fue la gran sorpresa de 2016, otra historia de zombis ambientada en esta ocasión en el interior de un tren en marcha y facturada con tanta eficacia como para mantener durante la mayor parte del metraje a toda la audiencia masticándose las uñas en el límite de las butacas.

Halloween viva la fiesta

El ejército de las tinieblas (1992), Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (1992), Slither: la plaga (2006), Zombis nazis 2: rojos vs muertos (2014), Mandy (2018).

Sam Raimi rebajó el tono para El ejército de las tinieblas, la entrega más aguada de la trilogía Evil Dead. Pero incluso así las peripecias de Ash Williams batallando contra los demonios con un brazo-motosierra suponían un pasatiempo fabuloso repleto de momentos tan impagables como aquella escena del Necronomicon que, por algún motivo inexplicable, todavía no está considerada como una de las secuencias más notables de la historia del cine.

Braindead: tu madre se ha comido a mi perro era la clase de cosas que se dedicaba a hacer Peter Jackson en Nueva Zelanda antes de aficionarse al trekking junto a los enanos de pies gordos: una comedia gore y desbocada con rata-mono mutante, un bebé zombi entrañable, un ejército de no-muertos agresivos y/o lujuriosos, una señora que gusta de merendar chuchos, gente meando sobre la tumba de otra gente, fluidos corporales desparramados por todos lados, y nuestra Diana Peñalver coprotagonizando la fiesta junto a un caballero (Timothy Balme) que en cierto momento decide que un cortacésped es el arma más eficaz para triturar carne zombificada.

Braindead. Party hard. Imagen: Trimark pictures.

Por otro lado, Slither: la plaga era lo que hacía James Gunn (un tío que venía de colaborar con Troma) antes de ponerse al mando de las dos entregas de Guardianes de la Galaxia y antes de ser despedido de dicha franquicia por puñado de tuits idiotas sacados de contexto. Una película que con la excusa de un parásito extraterrestre se desata babosa, gamberra, repleta de homenajes (que apuntan a El terror llama a su puerta, Slugs, Firefly, Pesadilla en Elm Street, El resplandor o Videodrome entre muchas otras) y salpicada de casquería guarra.

Zombis Nazis 2 es un caso curioso de secuela que supera al original hasta el punto de que resulta incluso recomendable no molestarse en ver la primera parte (que en el fondo es un coñazo) y saltar directamente hasta esta entrega. Una comedia sangrienta descacharrante a la que se la sopla hacer rehenes o concesiones (durante sus primeros minutos un niño inocente es destripado como consecuencia de un gag cómico) con dos bandos de zombis partiéndose los morros, un comando anti no-muertos de frikis wannabes y el «Total Eclipse of the Heart» de Bonnie Tyler atronado durante uno de los polvetes más insólitos del cine fantástico. Mandy (pendiente de estreno en España, llegará a las salas oficialmente el nueve de noviembre según Surtsey Films) es la última chifladura que ha salido de la cabeza de Panos Cosmatos, o el ser humano que creó Beyond the Black Rainbow inspirado únicamente por las portadas ochenteras de videoclub. En Mandy, Nicolas Cage interpreta a un leñador que arrasa con lo que se le pone por delante para rescatar a su pareja (Andrea Riseborough) de una secta de tarados. Y lo mejor de todo es que la cinta permite por fin al propio Cage hacer aquello para lo que ha nacido: despendolarse totalmente y abrazar sin complejos su nueva existencia como meme popular.

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3 comentarios

  1. Lareon Falken

    Yo vi de crio “La leyenda de Sleepy Hollow” y me pase ese fin de semana con unas pesadillas bien chungas. Curiosamente no me paso edo con “Taron y el caldero mágico” (o como una película para niños contiene uno de los finales más terroríficos posibles, ejercito de muertos vivientes incluido).
    Y si bien hay dos estupendas pelis de John Carpenter, para mí la que más miedo da sigue siendo “Asalto a la comisaría del distrito 13”. Eso sí, la elección de “Jóvenes y brujas” como peli recomendable deja mucho que desear. Ni punto de comparación y del año 2000 también es “Ginger Snaps” y es muchísimo mejor (y altamente recomendable).

  2. Similitoff

    Tim Roth+Peter Stormare:
    Michael Smiley

  3. FerGer

    Me ha gustado mucho, me apunto varias para ver y otras para revisionar. He echado de menos alguna referencia a Re-animator :-)

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