
Si hay unos valores que definen a las sociedades capitalistas actuales, son sin duda alguna la eficiencia y la productividad. Extraño es el día en que no nos llega algún mensaje —institucional o no— recordándonos la importancia de cultivar estas artes, artículos y consejos sobre cómo ser más eficiente utilizando todo tipo de planificadores, metodologías y apps para el móvil, de cómo crear impacto inmediato o alertando de los peligros de una baja productividad. Debemos plantearnos una carrera profesional aspirando a «aportar valor» dando lo mejor de nosotros mismos y a la vez prepararnos para una formación que durará toda la vida. Y un largo etcétera de ideas razonables y sanas —mantenernos en forma, comer bien, reproducirnos— que uno no puede evitar pensar si no habrá algún tipo de motivación más utilitaria detrás, como podría ser mantenernos laboralmente aptos hasta edades avanzadas.
Este clima social tiene su reflejo en la consulta del psicólogo, donde es bastante habitual encontrarse con personas que a cada rato comentan que «no pueden perder el tiempo». Personas que tienen que «hacer algo con su vida» o necesitan una fórmula mágica en pocas sesiones que les aleje de la terrible posibilidad de verse sin nada que hacer. Personas en estado de estrés crónico que confiesan «no saber parar», arrastrando cuadros de ansiedad o depresión, a las que su cuerpo está mandando avisos serios y que, cuando se menciona el descanso, te miran con cara de «no puedo permitirme eso». Personas, en definitiva, cuya mayor preocupación es caer en la improductividad, antesala de males mayores como el aburrimiento. Tan peligroso enemigo es este estado de ánimo que hemos desarrollado una floreciente industria del ocio destinada a cubrir cualquier franja temporal con la más variada oferta de entretenimiento.
Sin embargo, ¿qué sería en realidad tiempo improductivo? Una de las dificultades más curiosas aparece a la hora de diferenciar el tiempo de descanso del aburrimiento, frontera que parece más bien borrosa cuando se trata de estados completamente distintos. Alguien realmente eficiente y productivo sabe que el correcto descanso es imprescindible para rendir de manera óptima, y es capaz de permitírselo. Probablemente, tendrá una visión realista de lo que puede dar de sí un cuerpo humano en un día y será capaz de administrar sus periodos de esfuerzo máximo. Lo que es seguro es que no catalogará sus ratos de ocio y relax como «tiempo improductivo», ni tampoco como una pérdida irreparable de horas que podría dedicar a otros menesteres. Es por reconocimiento de esta necesidad de descansar que las vacaciones, los fines de semana y los turnos laborales son obligatorios en las empresas. Las consecuencias para la salud de la falta de descanso son graves para el organismo, y si además se toman estimulantes para forzar al cuerpo a continuar más allá de sus fuerzas, mucho peor. Más que nada porque se corre el riesgo de añadir algún tipo de adicción de la que después pueda ser difícil salir.
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Excelente artículo, y gracias por las fuentes modernas tan bien detalladas como para tratar de entender nuestro sacrosanto derecho a no hacer nada. Estas informaciones me han retraído a viejas lecturas referentes al ocio, comenzando con el Elogio del ocio y terminando con una de las explicaciones más divertidas sobre el origen de las palabras. Los romanos llamaban “Otium” al ocio, pero no se rompieron tanto la cabeza para encontrar el opuesto. Le antepusieron la raíz del verbo “negare”, nego. De ahí el nuestro actual amado y vilipendiado Negocio.
Yo, para no aburrirme no hago nada,
al máximo acaricio el lomo de mi gato
que, dicho sea de paso, también se aburre
como un cabal aristocrático holgazán.
Para no hacer nada y ser felices él es
un maestro. Se enrosca blandamente
entrecerrando sus ojos perspicaces
y estoy seguro de que no se mete
a barruntar sobre la extrañeza de la vida,
sino en las lauchas grises y escurridizas
de su alegría que vendrán. Por supuesto
que cambiando roedores por fantasías
es más o menos igual que yo.
Excelente artículo, tanto miedo al ocio de nuestra sociedad actual, da miedo, por decirlo menos.
Artículo certero y sugerente. Enhorabuena al autor.
Pd: Podría enlazarse con el concepto de tiempo:
Cronos vs Kairós.
1 saludo.
El articulo está bien, pero creo que poco claro. Quizás ha querido abarcar demasiado. Hay un tema que no ha tenido en cuenta el articulo: ¿Y si nos pagan por aburrirnos? ¿Y si nos pagan por la actividad procrastinadora por la que relegamos el trabajo también renumerado? ¿cambiarían las cosas?.
Hay un aspecto fundamental: El disponer del nivel econónimo suficiente o una presión de trabajo no muy intensa que nos permita tener la elección de a que dedicar nuestro tiempo. Ese estado cambia radicalmente la forma en que nos relacionamos con todo lo que hacemos.
O la de… descubrirte en el silencio
https://dametresminutos.wordpress.com/2018/04/15/descubrirte-en-el-silencio/