
Esta entrevista fue publicada originalmente en nuestra revista Jot Down Smart número 2
Richard J. Bernstein es un filósofo neoyorkino de 83 años. Nació en Brooklyn y morirá en Manhattan con las botas puestas. A poder ser en su despacho de la New School for Social Research, donde todavía trabaja. Su trayectoria recorre la historia de la izquierda norteamericana, de los derechos civiles a Bernie Sanders. Su obra es una síntesis única de dos enemigos acérrimos: la mejor tradición europea y las sutilezas de la filosofía analítica anglo-americana. Estudió en Chicago, en Columbia y en Yale, donde trató con la élite cultural del país. Hannah Arendt, Richard Rorty y Derrida fueron amigos suyos; Habermas, cuando pisa la ciudad, cena en su apartamento de la calle 52. Está en la frontera entre Midtown y el Upper East Side, es decir, entre la masa que trabaja en Naciones Unidas sin muchos resultados y la burguesía más influyente del mundo. El apartamento, en el séptimo piso de un edificio lujoso, es tan grande y espacioso que nada más entrar avisa de que es herencia de la familia de su esposa, Carol, también académica. Es su mitad indisoluble, llevan 60 años casados.
La República de Platón comienza con una conversación entre Sócrates y el Viejo Céfalo, en la que Sócrates le pregunta si la vejez es una maldición, y Céfalo le responde que más bien lo contrario, porque uno se libra de la esclavitud de Eros. Usted tiene ochenta y tres años, y es filósofo. ¿Está de acuerdo con Céfalo? ¿La vejez es una maldición o una bendición?
Es una bendición, pero no por las razones que Céfalo da. Soy afortunado porque tengo buena salud y no siento que mi mente haya perdido facultades. Es una bendición estar en esta etapa por lo que he conseguido, y porque puedo pensar y hacer lo que quiero. No tengo que esforzarme más para progresar, no tengo que hacer nada para complacer a nadie. Intelectualmente hablando.
¿En el pasado lo hizo?
No. He tenido mucha suerte en mi carrera. No he tenido que enfrentarme a lo que mucha, muchísima gente tiene que enfrentarse hoy día en la vida académica. No lo entiendas como que presumo, pero nunca he tenido que buscar trabajo. Me pidieron que diera clases en la Universidad de Yale, y luego, cuando no me dieron la plaza fija allí, tenía esperándome treinta ofertas de diferentes universidades. Desde 1965 soy profesor a tiempo completo. En aquel momento era muy feliz dando clase en Haverford College, durante veinte años, y entonces me pidieron que reformara el Departamento de Filosofía de The New School for Social Research en Nueva York. Aquí estoy desde entonces.
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Menos mal que no le ha preguntado por el «procès», «, como me temía, dado el activismo del entrevistador.
Me gusta leer asi, en o con retrospectiva… 83 años, nacido en Brooklyn, analista, estudio en Columbia, Chicago Yale, un grande, con otros aun mas grandes… habla del mundo en general y tiene sus teorias y bla bla bla y no lo vio venir… no vio venir a su presidente.
Las etiquetas del articulo son demoledoras… un sabio, un sabio!! Otro que no lo vio venir.
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Maravilloso!!!. .Años que no leo pensamientos y reflexiones tan profundas y esclarecedoras de lo humano y su actuar actual al son de palabras tan frescas, amenas y cotidianas. Reflexiones desde lo hogareño a lo apocsliptico de los tiempos en en tono de un dialogo sencillamente inocente y sabio. Asi es la esencia de un filosifar. Gracias, verdaderamente!!!.