
A los guionistas de Hollywood no se les suele exigir estar versados en la disciplina de la guerra. De hecho, no se les suele requerir ni haberse documentado en profundidad, ni haber leído sobre estrategias bélicas, ni tan siquiera haber echado una partidilla al Command & Conquer en el ordenador o al Risk durante alguna fiesta de pijamas. A los escritores de blockbusters normalmente solo se les demanda saltear el metraje con espectáculo, que no se corten al chapotear en los clichés y que se tapen los oídos y canturreen en voz alta si los asesores históricos contratados por el estudio se ponen a refunfuñar. Porque, por lo general, la única aproximación de los guionistas de Hollywood a la estrategia bélica pasa por frotarse el perineo con las páginas de El arte de la guerra de Sun Tzu, algo nada sorprendente por parte de un colectivo que todavía cree que en España lo tradicional es combinar el poncho con el sombrero mexicano.
Pogo of war
En la pantalla, dos ejércitos enfrentados se encaran en los extremos de un extenso campo de batalla calentando motores antes de iniciar la escaramuza. Lo gracioso es que el plan de ambos bandos para afrontar el combate consiste en lanzarse a correr contra el enemigo chillando como desquiciados para darse de todo menos abrazos, como si aquello fuese un concierto de Exodus. Esa es la brillante estrategia de los orcos en El Señor de los Anillos y Warcraft: el origen, de las criaturas fantásticas de Las crónicas de Narnia y El retorno de la momia, de los culturistas espléndidos que trotan por el 300 de Zack Snyder y de las huestes de varias decenas de películas protagonizadas por gente muy arraigada en lo medieval.
Pero lo cierto es que a lo largo de la historia de la humanidad dicha maniobra ha demostrado ser escasamente efectiva y demasiado suicida. Porque, incluso cuando los fusiles y las armas de fuego aún no habían sido inventados, solo a los mandos militares más cafres y con menos luces se les habría ocurrido que era buena idea enviar a sus tropas amontonadas (el cine suele combinar en el mismo pack a la infantería con la caballería y los soldados equipados con armas de largo alcance) a corretear por el prado para acabar estrellándose contra un oponente que, de ser ligeramente listo, sería capaz de componer una barrera defensiva con la que triturar al enemigo sin excesivas dificultades.
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Faltaron las batallas y carreras a caballo a través de bosques en plena noche sin luna, desde que se inventó la luz eléctrica ningúna persona tiene la más remota idea de lo oscuro que es un bosque en la noche, y las batallas en invierno como se ve en Gladiator cosa que era imposible por la falta de suministros… y en el espacio no se escucha ninguna explosión, ni ruido de cohetes ni nada de eso… salvo Gravity y 2001 A Space Odisey, no recuerdo otra que tome en cuenta eso… en fin…
Curiosamente, en Los Últimos Jedi sí respetan ese silencio espacial en la escena clave de la película, cosa rara de ver en Star Wars, jeje. Aunque yo creo que es más por efecto dramático que por rigor científico.
Aunque no es una película, añadiría la laureada batalla de los bastardos en GOT, todo un monumento al despropósito en el campo de batalla.
El bloqueo al que la Federación de Comercio somete al planeta Naboo en La Amenaza Fantasma (Si es a eso a lo que se refiere el artículo con lo de «barreras en el espacio») a mí no me chirría. Se entiende que el perímetro de naves tiene como función detectar intrusos o fugas y mandar cazas a derribarlos, no pretende ser una muralla de naves en plan literal.
A mí de Star Wars, lo que más me ha llamado siempre la atención es que no dispongan de un sistema de comunicación a larga distancia. Todo lo que no esté al alcance de radio necesita de un mensajero que vaya al encuentro del destinatario en persona.
Bueno, habiendo hiperespacio tiene todo el sentido del mundo porque una nave llega antes que cualquier señal de radio interestelar. Otra cosa sería usar Jedi/Sith a modo de repetidores telepáticos, rollo los astrópatas de WH40k
Ha tocado un tema en el cual hay más preguntas que certezas, en especial modo sobre las batallas antiguas. Dejando de lado la necesidad de espectáculo de Hollywood, me he siempre preguntado cómo hacían para escuchar las órdenes dentro del descomunal fragor de gritos de incitación, ayes de dolor y golpes de armas y escudos dentro de una multitud de hombres, si su jefe quería cambiar de estrategia. Tal vez las únicas órdenes eran aquellas más cercanas, dadas por suboficiales para un grupo no mayor de diez o veinte personas, con el fin de mantener la posición y dando el ejemplo exponiéndose además de incitar a sus subalternos, o sea que la única estrategia de los ejércitos era avanzar en orden (y no con furores hollywoodianos) y llegados a las manos, esperar a ver quien se cansaba primero de dar palos. Bastante pedestre, poco épico y heroico. Quizás por esto no se ven las formaciones de honderos en las pelis de romanos y griegos, grupo temible por sus punterías, pero de baja extracción social. Les bastaban una cuerda y un pedazo de cuero, y a romper cascos y cabezas de lejos según los historiadores antiguos, de quienes tampoco hay que confiar demasiado, ya que, en fantasía, nada podían envidiar a Hollywood: según Tácito (o Plinio) las legiones de Cayo Mario, que trataban de frenar la bajada de miles de teutones y ambrones con familias y enseres en el 3ro.AC, sin perder la formación y evitando el combate, tuvieron que escuchar indignados cómo esos gigantescos bárbaros se burlaban mientras desfilaban frente a ellos, preguntándoles qué tenían que decirles a sus mujeres cuando llegarían y conquistarían Roma, y así, mientras se alejaban tan orondos, les daban las espaldas, siempre mofándose en… latín, una lengua que solo los romanos conocían. Gracias por la lectura.
El ya mentado Sun Tzu explicaba en el Arte de la Guerra que los ejércitos se comunicaba con tambores y banderas. De ahí que el abanderado siempre haya sido una posición especialmente honorífica y bien tenida: si el de la bandera salía corriendo, sus soldados perdían la capacidad de emitir a y recibir señales del resto del ejército y, en consecuencia, solían hacer lo mismo.
“Ante ese curioso patinazo, los responsables de mantener la coherencia de esa saga donde la peña se pelea con espadas láser se cubrieron las espaldas aclarando en el libro Star Wars: Los últimos Jedi. Diccionario visual que aquellas bombas estaban equipadas con imanes capaces de arrastrarlas hacia la nave enemiga, sin necesidad de implicar a la gravedad en todo el proceso”
Y esos imanes no sentían atracción hacia el metal de la nave desde donde eran lanzadas las bombas…vaya.
Es curioso que ante una incoherencia argumental la solución para los genios que confeccionan el diccionario sea dar una explicación aún más irracional.
Una de las escenas más absurdas que recuerdo en los últimos años es en Batman, el caballero oscuro 2, al final hay una pelea entre buenos y malos, están todos perfectamente armados hasta los dientes, se encuentran y no se les ocurre otra que liarse a mamporro limpio. Lo más lógio, por supuesto.
Creo que detrás de ello estaban los guionistas del pressing catch…
Me gustó mucho el artículo. Añadiría lo de los combates aéreos de aviones. No se ven muchos en películas, pero cuando salen se parecen a los que deberían ser cuando se inventaron los primeros aviones: persecuciones por el aire y disparos casi a quemarropa. Cuando los actuales cazas disparan unos contra otros sin siquiera verse (con munición dirigida), desde distancias tan grandes, que, entiendo, visualmente no es atractivo.