Sirte, Libia, 19 octubre de 2011

Últimos días de la batalla de Sirte. Penúltimo, en realidad. Tras rodear por el sur la ciudad buscando el frente este —donde se encontraban las milicias de Bengasi—, llegamos a uno de los puntos de reabastecimiento de los rebeldes.
Descendemos del coche y, hechas las presentaciones pertinentes (cigarro, té, cigarro, té), nos enganchamos a un grupo de muchachos que avanzan al frente.
El asfalto está lleno de casquillos de munición y las casas, chalets unifamiliares, lucen estucado de ametralladoras e impactos de granadas y cohetes. Algunas aún arden. Mientras avanzamos, numerosos rebeldes retroceden cargados de armamento del enemigo, que, comentan, esa mañana se ha replegado unas cuantas manzanas. El tableteo de las ametralladoras, los rugidos de los lanzagranadas y los gritos de combate se escuchan a lo lejos. Avanzamos pegados a los muros y corriendo en cada cruce, tratando de evitar a los francotiradores.
Una vez en el frente (ese cruce del que no puedes pasar por la intensidad del fuego, porque no tienes huevos) nos acoplamos. Permanecemos con los rebeldes que abren fuego y nos movemos —tomando fotos aquí y allá— por el interior de los edificios que tienen tomados.
Los rebeldes abren fuego desde las esquinas del cruce para cubrir el avance de los compañeros, pero seguir más allá de esa posición les está saliendo caro. Son varios los caídos —heridos o muertos— en esa esquina. Un grupo de muchachos comienza a tirar neumáticos ardiendo a lo largo del cruce para crear una barrera de fuego que impida la visión de los francotiradores y facilite el avance de los compañeros. Mientras, este rebelde que vemos en la imagen abre fuego de cobertura.
Confiado por la barrera de humo y por la intensidad del fuego, me coloco tras él, protejo mi cuerpo contra el muro y estiro el brazo buscando hacer un plano lo más subjetivo posible. Disparo por instinto y en ráfaga, rápido para exponerme el menor tiempo posible.
Instantes después, una contraofensiva gadafista con fuego de ametralladoras y morteros cae sobre nuestra posición; los tres periodistas que allí estábamos dejamos la zona. Al día siguiente, caía Sirte y Muamar al Gadafi era capturado y ejecutado.
La guerra había terminado. Esta al menos.
Alepo, Siria, 3 de octubre de 2011

Hace un mes aproximadamente estuvimos en el barrio de Saif al Dawla, en Alepo. Estamos en el primer piso de un edificio ocupado por una milicia de la ciudad de Al-Bab. Nos hemos integrado casi totalmente con los muchachos y la relación es amistosa, de camaradería.
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Ok
Lo mejor de los comentarios son los que, como este, aportan al contenido. Gracias, Irene.
Mi regalo para aquellos a los que les gusta chapotear en el mal es otro: Mizaru (見猿), Kikazaru (聞か猿), Iwazaru (言わ猿). «Ni ver, ni oír, ni hablar del mal». Porque uno se emputece fácilmente.
Muy buen laburo!