Arte y Letras Literatura

El poeta médium

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Fernando Pessoa. Imagen: Ewa Klos / Corbis.

El 24 de junio de 1916, Fernando Pessoa le escribía una larga carta a su tía Anica contándole un «misterioso asunto» que le había ocurrido unos meses antes: «Hacia finales de marzo, he empezado a ser un médium (…) Estaba una vez en casa, de noche, recién llegado de la Brasileira, cuando sentí el deseo, literalmente, de coger una pluma y ponerla encima del papel». De golpe, tal y como relata Ángel Crespo en La vida plural de Fernando Pessoa, el poeta empezó a garabatear hasta que la escritura se convirtió en la firma de su tío Manuel Gualdino de Cunha. «De vez en cuando, unas veces voluntariamente, otras obligado, escribo. Algunas frases se entienden. Y hay sobre todo algo curiosísimo: una tendencia irritante a responder a mis preguntas con números; así como se da la tendencia a dibujar. No son dibujos de cosas, sino de signos cabalísticos y masónicos, símbolos del ocultismo y cosas por el estilo que me perturban un poco». A esta escritura misteriosa se añadía otro fenómeno igualmente singular: «Hay momentos, por ejemplo, en que tengo perfectamente alboradas de “visión etérica”, en que veo el “aura magnética” de algunas personas y, sobre todo, la mía en el espejo, y en la oscuridad, irradiándome de las manos». Incluso explica que, estando en la Brasileira del Rossio, vio las costillas de un individuo a través del traje y la piel.

La fascinación que sentía Pessoa por todo lo «misterioso», por las ciencias ocultas, el hermetismo, el misticismo, el gnosticismo, la alquimia, la magia, la astrología, la cábala, la teosofía o la masonería aumentó con el transcurso de los años. En Pessoa esotérico, José Manuel Anes explica que el poeta «atravesó no uno, sino varios mundos de esoterismo, vistiendo varios trajes de los que después se desnudaba e incluso rechazaba, pero dejando “la piel” en todos ellos, a veces dolorosamente. Él no era solo un esoterista intelectual (“de sofá” algunos dicen), pues se implicaba emocional, filosófica y espiritualmente, con mayor o menor intensidad, en todos esos caminos que recorrió —y fueron muchos—, muchos de los cuales eran contrarios e incompatibles. Esa incesante Búsqueda de la Verdad Oculta fue asumida de verdad y sin “fingir”».

Pessoa había participado en algunas sesiones espiritistas en casa de la tía Anica, aunque, en un principio, su interés por la materia no sobrepasaba los lindes de un curioso escepticismo. Sin embargo, esta mediumnidad sobrevenida encajaba perfectamente con la construcción de su universo poético, poblado de heterónimos, de voces diversas, personalidades distintas frente a las que el creador cede control y autoridad. Así resumía el nacimiento de los heterónimos en unas declaraciones publicadas en la revista Presença en 1928: «Las obras heterónimas de Fernando de Pessoa están hechas por, hasta ahora, tres nombres de personas: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos. Estas individualidades deben ser consideradas distintas del autor (…) Gradué las influencias, conocí las amistades [de los heterónimos], oí, dentro de mí, sus discusiones y sus divergencias de criterio, y en todo esto me parece que fui yo, creador de todo, lo que menos hubo allí. Parece que todo sucedió independientemente de mí. Y parece que así sigue pasando. Si algún día puedo publicar la discusión estética entre Ricardo Reis y Álvaro de Campos, verá qué diferentes son, y que yo no soy nada en la materia».

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5 comentarios

  1. Hola Jordi! Excelente tu redaccion y exquisito el contenido. Te mando un calido abrazo desde Cordoba, Argentina. ¡Arriba el gran Fernando Pessoa y sus heteronimos!

  2. Excelente divulgación, señor. Desconocía ese particular de la carta a su tía. Me ha causado un cierto efecto puesto que cuando lo leí me pareció ir de la mano de un fantasma, que con la precisión y encanto de su escritura lograba convencerme de lo fantasmagórico de las cosas y personas que narraba. Un mundo de fantasmas necesarios para el equilibrio del mundo, y para este menester nada mejor que los poetas o poetizas. (Y disculpe si recuerdo a otra)
    Negativo.
    En un cielo pardo una nube más parda todavía y el negro círculo del Sol. A la izquierda, es decir a la derecha, la blanca rama de un cerezo con sus negras flores. En tu oscuro rostro blancas sombras. Te sentaste a la mesa y pusiste en ella tus agrisadas manos. Pareces un espíritu que intenta invocar a los vivos. (Como aún me cuento entre ellos debería cobrar presencia y dar unos golpes: buenas noches, es decir, buenos días, adiós, mejor dicho, bienvenido. Y no escatimarle preguntas a ninguna respuesta si el sujeto es la vida o, lo que es lo mismo, la tormenta que precede a la calma)
    Wislawa Zsymborska
    Gracias por la lectura.

  3. Hace años descubrí en la red, de casualidad, una foto de Pessoa y Crowley jugando al ajedrez. Hasta ahora el origen de esa partida y esa relación eran un auténtico y maravilloso misterio para mí. Muchas gracias por el artículo y dar luz a esa fascinante e insospechable amistad.

  4. Luis Manteiga Pousa

    Muy buen artículo. Además de un gran escritor (o varios) todo un personaje (o personajes) este Pessoa. No cabe duda de que tenía una gran vida mental, en ese sentido supongo que no se aburría.

  5. Pingback: Apuntes sobre la vanguardia literaria en Portugal - Jot Down Cultural Magazine

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