
Aunque un español, condescendiente, pueda pensar que Portugal está más atrasada que su país (y ciertamente en cuanto a los husos horarios lo está, pero solo una hora), el país vecino, el resto de la península ibérica, gozó de una vanguardia literaria a principios del siglo XX que se adelantó a la española, sacudiéndose la melancolía, la saudade que se le atribuye a los portugueses más para comodidad del tópico que como refrendo de la realidad, que no es jamás unívoca.
La literatura comenzó el siglo XX con la llamada Renascença Portuguesa, una especie de revival que como el irlandés miró al pasado y a las esencias patrias, teñidas, sí, de saudade y de la memoria de cuando Portugal expandió sus fronteras mares adelante. Portavoz de este movimiento conservador o nostálgico, nacionalista a ultranza y sebastianista (del mitificado rey don Sebastián muerto en 1578 en la batalla de Alcazarquivir) fue la revista A Águia. De este saudosismo, como se le llamó, la figura más destacada fue Teixeira de Pascoaes, pero Pessoa, uno de los pessoas posibles, no estuvo lejos de sus postulados ideológicos y estéticos cuando publicó su libro Mensagem. Con todo, Pessoa fue también un poeta de vanguardia. De los tres principales heterónimos pessoanos, Alberto Caeiro tuvo algunas tentativas futuristas sustanciadas en cinco odas, pero el abiertamente vanguardista fue Álvaro de Campos, ingeniero naval que, lejos ya de los barcos de vela de épocas pretéritas, vibraba con las máquinas y trepidaciones en una línea similar a la del futurismo italiano pero más nerviosa y polvorilla si cabe, también más gamberra y rompedora. Y que hizo gala de no querer encajar en un grupo o cenáculo.
Su fenomenal «Oda triunfal» («¡Ser completo como una máquina! / ¡Poder ir por la vida triunfante como un automóvil último modelo!») se publicó en 1915 junto con «Opiário» en la revista Orpheu, que apostó por la vanguardia y la novedad. La «Oda marítima» apareció por su parte en el segundo número. Aunque solo alcanzó dos entregas, la publicación tuvo un notable impacto y armó tal revuelo que todo el mundo habló de ella, agotándose en solo tres semanas el primero de sus números. El segundo fue dirigido al alimón por Pessoa y Mário de Sá-Carneiro, que moriría al año siguiente en París. Otros componentes del grupo de Orpheu fueron José de Almada Negreiros y Santa-Rita Pintor, artistas plásticos, el segundo de ellos en la estela del futurismo y seguidor directo de Marinetti, a cuyas conferencias parisienses asistió. En 1917 publicó el único número de la revista Portugal Futurista, de la cual él fue el alma aunque oficialmente figurara director Carlos Filipe Porfirio.
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