Música

Los Warlock de Madrid, la escuela de Black Sabbath en la España de los 70

Warlock 1
Warlock, en una imagen cedida.

Nunca han sido muy reivindicados los grupos de hard rock españoles. Con la excepción de Smash o Lone Star, nombres como Storm, de Sevilla, Tapiman, catalanes como Época, o Cerebrum, madrileños, solo suelen estar en boca de puristas y melómanos. Peor aún es el caso de grupos como Eva-Rock, que no llegaron a grabar ningún disco y de ellos solo quedan los testimonios, los recuerdos de los que los vieron y la tremenda biografía de Flores narrada en primera persona. El caso que nos ocupa, Warlock, tampoco consiguieron entrar en el estudio en los setenta, pero hay una reedición de Guerssen que reúne algunas de sus maquetas con el título de 40 años antes. Una colección de canciones presentada como la de primer grupo que empleó en España la temática satánica en sus canciones con letras que decían, por ejemplo, «cada noche, celebráis la orgía en los barrios bajos, donde nadie pregunta» de su tema «Misa Negra».

En ellas se puede escuchar a un grupo totalmente de la escuela Black Sabbath. Aunque Víctor Ramos, su guitarrista, según me cuenta por teléfono, tenía especial predilección por el hard europeo: «Black Sabbath fueron los que más me impactaron, pero escuchaba todo lo que tuviese que ver con el rock duro. También me gustaba mucho la música progresiva, King Crimson o Yes. Escuchábamos de todo siempre que no fuera comercial, como Fórmula V o Los Diablos». 

El single que le hizo iniciarse en la música fue Yellow River de Christie, la respuesta británica a Creedence Clearwater Revival, de 1970. Vivía en Ciudad de Los Ángeles, en Madrid. Una barriada que no tenía que ver con zonas más conflictivas como Orcasitas o La Elipa, pero que también era un barrio de trabajadores. Bloques de obra nueva que se alzaban en mitad de la nada rodeados por descampados. 

No había entretenimientos muy espectaculares en aquella época para los chavales. «Estudiábamos bachillerato, nos reuníamos los fines de semana para ir al centro de Madrid a alguna cafetería y hablar, no hacíamos más que hablar, hablábamos mucho», cuenta. Como mucho, hacían alguna fiesta para bailar y poner la música que les gustaba, aunque no le entusiasmase mucho a las chicas. 

Víctor empezó a tocar la guitarra en el 75. Toda su pandilla puso dinero para regalarle una. Otro se compró un bajo, encontraron un batería y, gracias a movimiento vecinal de la época, consiguieron un local parar ensayar. Se lo facilitó la asociación de vecinos de su barrio. El nombre de este primer proyecto, Necrofagus. Con esa carta de presentación hicieron su primer concierto en un colegio de frailes y les cortaron la luz para que se marcharan al poco de empezar. 

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