
Alerta: spoiler
Lo único que se mueve aquí es la luz, pero lo cambia todo. (Nicole Kidman como Grace en Los otros, de Alejandro Amenábar)
En su novela Tiempo desarticulado, Philip K. Dick describía la anodina vida de un tipo anodino cuyo único mérito es ganar de forma repetida un concurso llamado: ¿dónde está el hombrecito verde? Al parecer, al protagonista se le da particularmente bien acertar en sus predicciones. Al poco descubre que vive en una ficción. Sus amigos, su ciudad, su trabajo… todo forma parte de un montaje orquestado por el Gobierno y el juego en cuestión sirve para evitar los bombardeos de colonos lunares en guerra con la Tierra. Vale que Dick estaba como una puta regadera y que ese argumento —vivimos en una mentira, nada es lo que parece, hay un imperceptible mundo paralelo a nuestra vida…— se repetiría a lo largo de toda su obra. Sin embargo, la paranoia de Dick y la suspicacia con que concebía el mundo, quizá alimentadas por el abuso de anfetaminas, resultan ser de lo más actuales.
Sesenta años después, la realidad se ha convertido en una sucesión de plot twist, sobresaltos, titulares y hecatombes inesperadas. ¿Qué había antes en todo ese espacio que ahora ocupa el hype y el clickbait? Perdemos las huellas dactilares haciendo scroll, desbrozando a machetazos las redes sociales, adictos al no se vayan todavía que aún hay más porque siempre hay más. Es lo único seguro. Más goles, más sorpresas, acción trepidante. Treinta horas de programa especial. Actualización en directo. Increíble. El fin del mundo. Pero llega el lunes y todo vuelve a empezar. Nada termina nunca. ¿O sí? ¿Y si todo acabó hace tiempo y solo vemos las sombras de lo que fue y escuchamos el eco de nuestros gritos?
Imagina que eres Nicole Kidman y vives con tus hijos en una mansión victoriana; que ahí fuera solo hay una niebla muy densa, a todas horas, que no te deja ver más allá. Imagina que escuchas pasos y susurros por la noche, que la casa está habitada por fantasmas. Imagina que al final descubres que el fantasma eras tú y tus hijos, que estáis todos muertos y existís un plano etéreo e intangible que subyace a una realidad incognoscible. Ahora no lo imagines, es lo que eres. Y no es lo mismo ser que existir.
¿Existe tu vida? Si no lo tienes del todo claro, la vida es eso que pasa mientras estás con los pies en el suelo, trabajando para levantar la economía a cambio de una transferencia de un dinero que no llegas a ver y que sirve para comprar cosas, pocas, y que se esfuma demasiado pronto. También tienes vida interior. Eso tiene que existir en alguna parte. Tus recuerdos y sueños, planes de futuro, expectativas… tus fantasmas personales. ¿Nos vamos situando? Porque luego está el oasis del tiempo libre: horas muertas que entierras entre maratones de series, muros de Facebook, hilos de Twitter, novelas de autoficción, prensa digital, directos de Instagram y tertulianos a voces en La Sexta, da igual cuando leas esto. Y así siempre. De lunes a domingo. Veinticuatro siete. Este simulacro es la realidad de nuestro primer mundo. Nuestra mansión victoriana rodeada de niebla.
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Nosotros los metafísicos hemos santificado la realidad.
https://youtu.be/Tnfhv0Cja9E
Artículo, muy bien escrito y con mucha profundidad, aunque con bastante pesimismo y que en mi tierra se resumiría con un…..¡FOLLEU, FOLLEU, QUE EL MON S’ACABA!
Pero, sabiendo que el mundo se acaba… ¿quedan ganas de follar, como tú dices, Tocho?
A ti no?…
Gran artículo, gracias.
Vi hijos de los hombres con 25 años, acabé asqueado de este puto mundo, no me gusta el fútbol, llevo dos elecciones votando nulo, mis gustos musicales se estancaron en Wolfmother, no tengo tiempo ni interés en ver la tele, hace dos meses que no he encontrado un libro que me llame y mis creencias son que si no madrugo y voy a currar en un trabajo que me gusta pero una empresa a la que odio, no cobro. Joder es un error drogarse por diversión a partir de los 15, hay que hacerlo a partir de los 35 que es cuando descubres que te han timado, luego nuestros líderes políticos se preguntan por qué la gente no tiene hijos…opino que la muerte de Sol en Soilent Green la quiero para mí, un dulce final y a mimir. Es que ni eso me van a dejar.
Lo siento mucho por ti, has sido derrotado por el sistema. Nunca saldrás ya de Matrix, porque hasta Matrix te aburre… Cómo para salir de ella ;-)
Joder, que tristemente de acuerdo estoy -.-
Madre mía… que pedazo de artículo. Maravillosamente bien escrito, regado de extraordinarias referencias y profundo como el puto Abismo. Gracias!
La pastilla roja no es una pastilla, es un botón, el botón de apagado del móvil.
Esa piedra a la que nos dices que no le demos la patada no es real, pero la cerveza que tengo esperándome en el frigorífico sí lo es. También lo es mi corazón bombeando sangre.
El miedo que hincha los globos aerostáticos que son artículos como este no es otra cosa que eso, aire, aire que hace ruido, ruido que nos mata en vida, vida inconsciente y desconectada de su propio pulso.
Abandonad toda esperanza, todo control, moriremos hoy, o mañana, qué más da, recordad quienes sois y a embestir, a acariciar, a amar y a odiar, a matar y a morir. No hay puertos seguros, tampoco los hay inseguros, no hay tierra firme, pero tenemos corazón, cerebro y cojones, turnándose en el timón si estás despierto, asomados a la borda al gobierno de extraños si estás dormido en tus pensamientos, en tus lecturas, en tu ilusión de control.
https://www.youtube.com/watch?v=F094lVNoGT8
Muchas gracias por el artículo y tú reflexión, hay muy pocas cosas que no estoy de acuerdo, la principal casi al principio que Dick estaba como una puta regadera, aunque todo lo que pensaba e imaginaba casi respalda todo lo que dices luego en el artículo, menos mal que he seguido leyendo :-) ??
Menuda ensalada, no me queda claro si debo actuar y luchar por un mundo mas justo, o dejarme vencer porque no hay otra opción contra el sistema.
Te ayudaré a salir de la confusión, Guillem. Nadie entiende que el sistema no puede entenderse a sí mismo, es imposible, está demostrado. Esto me lleva a pensar que yo, al comprender esa paradoja del «entendimiento del no entendimiento», hállome en un plano diferente. Supongo que lo que me ocurre es lo mismo que le pasa a Grace al final de Los otros. Sin embargo, intuyo en la plena consciencia de la niebla que esta nueva estructura no es sino un escalón en el infinito. La muerte como suprema repetición del bucle, del salto entre los diversos planos, quizá aporte algo de luz sobre esa escalera que no parece tener fin.
Buen artículo, un poco idealizador del doblemente distopico comunismo y un poco sensacionalista pero entretenido, buena gasolina para la máquina.