
Esto es un fraude para el pueblo americano… Estamos preparados para ganar estas elecciones. Honestamente, hemos ganado estas elecciones. (Donald Trump, 3 noviembre de 2020)
Donald Trump ha ganado. Como candidato republicano suma 5 millones de votos más que en 2016, y cuando finalice el recuento puede que sea el más votado, históricamente, de su partido. Joe Biden es el candidato más votado de la historia, con 3.8 millones de votos más que su oponente. Pero Trump ha logrado agrupar en torno a su figura a una gran parte de la sociedad estadounidense. Contrariamente a la extendida afirmación de que los estadounidenses están divididos, es la primera vez que se agrupan clases medias y bajas blancas, hispanas y negras junto con amantes de las armas, y evangelistas profundamente religiosos. Entender esta realidad, y cómo repercute en nuestro mundo, supone aceptar que las formas y modo de gobernar de Trump han venido para quedarse. Y él también.
Las encuestas se equivocaron en quién votaba qué
Cuatro estados iban a dar la victoria a Joe Biden, y en los que sí se cumplió la predicción fue por porcentajes de medio punto o menos. Florida falló estrepitosamente, y ello porque los demócratas estaban convencidos de que los hispanos apoyarían a Biden. Un buen ejemplo de lo que ha pasado lo aporta el condado de Miami-Dade, donde un 46% de su población son cubanos nacidos en Cuba, y donde el 46% del electorado ha votado por Trump.
Lo que más preocupaba al votante hispano en estas elecciones era la pandemia del coronavirus; el coste de la atención médica; y el empleo y la economía. Trump ha impedido que se tomaran medidas duras contra la COVID-19 y reducido el número de personas con menos recursos que acceden a la sanidad, destruyendo el Obamacare. Por tanto, deberían votar por Biden. Pero en los cubanos pesó el recuerdo de Fidel Castro y el miedo al socialismo (sinónimo de comunismo según parámetros de Estados Unidos).
Solo en Arizona los latinos dieron la victoria a Biden. Tanta insistencia en este colectivo no es casual, ahora son la primera minoría en Estados Unidos por número de habitantes y votantes, ahora por delante de los ciudadanos negros. La segunda gran minoría que también ha votado masivamente por Donald Trump.
Esto también va contra la lógica, pensaron los demócratas. El movimiento Black Lives Matter ha surgido con enorme fuerza, sobre todo porque el exceso de fuerza de la policía contra los negros se cobra víctimas diariamente. Estados Unidos es un país donde los padres afroamericanos tienen con sus hijos «the conversation» (la charla) para explicarles que deben comportarse dócilmente con la policía si quieren sobrevivir al interactuar con la fuerza del orden. ¿Qué opinan, vistos sus votos? Que el decreto de reforma de la policía hecho por Trump es una buena medida, aunque los de Biden la acusaran de ser insuficiente.
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Un análisis un tanto sombrío para un día que se resuelve con positividad. La clave de estas elecciones no era que ganase Biden, sino que perdiese Trump. No creo que fuese una elección entre esos dos señores; esto iba más lejos. Era una elección entre el bien y el mal, entre seguir caminado por una senda demócrata o abandonar el país a una dictadura. Solo queda esperar que los demócratas espabilen.
Parece que nuestra extinción, una posibilidad fantasiosa en otros tiempos, comienza a tomar forma con tanta búsqueda de bienestar mal entendido, una religión sectaria, unas razas miopes y una moral fosilizada.