
Rafael Chirbes, a poco más de cinco años de su muerte, convertido, a su pesar, en una cita oportuna, en la insignia que te coloca del lado —hoy, como siempre, mayoritario— de los buenos o, quizá, en el de los mezquinos que disimulan y confunden con mil razones y referencias, como aquel John Dowell que narraba El buen soldado. Rafael Chirbes reducido a escritor local —lo que pasó en Valencia, en el Levante, aquello fue un desastre—, o a acompañante de quienes, después de tantos años de soliloquio, coinciden con él en parte de su diagnóstico sobre España (sobre la Transición) pero le restan alcance —ignoran su posición— al evitar que dialogue con el presente (con los poderes recientes). Suele suceder a la muerte de un escritor reconocido: la prensa, durante los días que siguen al fallecimiento, lo congela y lo convierte en unos cuantos tópicos rescatados de las solapas de sus novelas. En el mejor de los casos, habrán logrado singularizar sus temas. Los lectores lo dan por amortizado y, si bien la academia seguirá produciendo estudios sobre él, sufrirá una especie de olvido que durará bastantes años y será especialmente injusto en casos como este. Rafael Chirbes —es lo que me propongo defender— fue un autor muy joven hasta sus últimos días y su obra no se limita a unos años o un paisaje concretos —aunque profundice en ellos—, sino que explora varias cuestiones universales (la codicia, la ambición, el gusto; en definitiva, la virtud y su reverso).
Estos paisanos míos no tienen alma, que es lo mejor que les puede pasar, solo piensan en comer, beber y follar. ¡Y yo, con mi frágil alma, por culpa de los carmelitas de Ávila, rompiéndome la crisma en los bares!
Huérfano temprano de un peón ferroviario, el niño Rafael Chirbes, nace en Tavernes de Valldigna (corazón de la huerta valenciana) en 1949 y estudia interno en colegios de Ávila, León y Salamanca. Desde allí, el joven Rafael se traslada a Madrid para matricularse en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense (especialidad en Historia Contemporánea). Son años de lecturas sistemáticas: Max Aub y Galdós, por un lado, Musil y Proust, por otro, y, finalmente, teoría literaria de los formalistas rusos. Son años también de compromiso político sin militancia, de recorridos por los barrios obreros del sur de Madrid (Vallecas, el Cerro del Tío Pío) participando en programas de alfabetización o en ateneos libertarios. Poco después llegan las colaboraciones en revistas contraculturales que arrancan (Ozono, o La Tarántula).
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Chirbes es el típico escritor jesuítico que detesta toda literatura que no sea un sermón. El vez de infalibilidad del Papa, se apunta a la infalibilidad de Marx, y todo su universo está limitado por ese axioma. Como buen marxista, ver ideología (lo que el articulista llama «orden moral») hasta en la postura para cagar, y no pierde ocasión de recriminar al lector por no aceptar sermones de cargantes como él.
Nunca fue muy apreciado salvo para la crítica militante (o sea, sectaria), y será olvidado con rapidez por ejercer de Savonarola de polígono. La serie «Crematorio» tuvo éxito porque se veía como una crónica de bastardos codiciosos. En el momento en que lees el libro y ves que te intenta meter con calzador su ideología, entiendes que solo tuviera éxito entre los intelectuales con ínfulas.
Descifrando el siglo XXI: la gente no quiere que le den sermones, ni los curas ni los marxistas. Dilo de manera mucho más sutil y lograrás que alguno te escuche.
Leí «Crematorio» y «En la Orilla». La primera me pareció excelente, y la segunda, aunque buena, no llega a la altura de la otra puesto que deja la sensación de déjà vu por volver colateralmente sobre el mismo tema que la primera. Respecto a la ideología o sermón, si descartásemos a los artistas en función de su ideología solo leeríamos a los de nuestra cuerda, y yo, por ejemplo, me habría perdido una obra maestra como «Viaje al fin de la Noche».
¿Y qué escritor, cantante, director de cine no tiene ideología? Lo importante es la calidad (siempre subjetiva, claro está) ,si esta es lo suficientemente aceptable como para que disfrutemos de la obra, ¿qué más dará la ideología? Disfruto igual de Chirbes como de Vargas Llosa, de Marsé como de Cela. Y no soporto al Barça ni todo lo que representa, pero disfruto viendo jugar a Messi.
Yo hubiese terminado con lo de la fundación y su sobrino. Una celebridad criticando el dinero, la injusticia, la vulgaridad y el nepotismo… Presentado por la Fundación que dirige su sobrino. Magnífico!
«la buena letra» y «crematorio» me parecen dos de los mejores libros que he leído en mi vida. el dolor de los personajes y sobre todo la familiaridad de sus circunstancias reflejada en la vida de mis padres y su círculo me lo han hecho muy cercano.
he leído alguno más, La Caída de Madrid y algún otro, pero no me han gustado tanto. no obstante, los arriba mencionados los habré releído innumerables veces.
me cuesta entender el sentido de los comentarios anteriores: el segundo habla de Chirbes como «una celebridad» cuando vivia retirado en un pueblecito y ni siquiera era reconocido por sus parroquianos. El segundo lanza un ataque político vulgar a la inteligencia con el sonsonete de la acusación de pretenciosidad y el marxismo. como si tener unas ideas políticas determinadas pudiera influir en la calidad de la literatura o si la aspiración a la complejidad formal fuera una ofensa a la simplicidad del público. no tienen nada mejor que hacer?
j
Solo ha hecho falta la alusión a la homosexualidad…
Si es que somos unos clásicos, «rojos y maricones» es algo con lo que puedes criticar cualquier cosa.
Hombre, célebre en el circuito intelectual de España sí que era… Y tiene su pieza en JotDown.
Lo del nepotismo ya es buen final. Solo espero que el sobrino se gaste la herencia y salario en los puticlubs de la zona para que quede todo redondo.
bueno, célebre no, celebérrimo… vamos, Vargas Llosa, Pérez-Reverte y luego Rafael Chirbes. de hecho se dice en los cenáculos literarios de las principales capitales europeas que Isabel Preysler acabó con Vargas Llosa por puro despecho ante el rechazo de Chirbes.
j
Pues con los que has citado,Chirbes forever!!!
Un escritor de la talla de Chirbes (quien haya leído sus novelas, sus ensayos literarios y textos de viajes sabe a qué me refiero), orgullo no solo de la literatura española sino de la lengua castellana, y tener que leer comentarios tan rastreros y frívolos como varios de los que anteceden a este.
Cada día extraño más a Chirbes. Por suerte, lo tengo en mi biblioteca, bien pegadito a Cervantes. Donde merece estar.
Excelente articulo! Muchas gracias