Rompecorazones (I)

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rompecorazones
Frank Langella y Cameron Diaz en The Box (2009), de Richard Kelly. Imagen: Warner Bros.

Si denominamos «rompecabezas» a esos acertijos lógicos o matemáticos que nos obligan a estrujarnos las meninges y que cuando no logramos resolverlos pueden hacernos sufrir un auténtico quebranto mental, por la misma regla de tres podríamos denominar «rompecorazones» a los problemas éticos fabulados, un género poco cultivado, pero no menos interesante que la matemática recreativa.

Al igual que los chistes, las adivinanzas o los rompecabezas, muchos rompecorazones forman parte de la cultura oral, son de origen desconocido y pueden aparecer en cualquier momento y lugar. Algunos nos persiguen desde la infancia, como el clásico «¿A quién quieres más, a tu papá o a tu mamá?», del que parece fácil librarse con la consabida respuesta salomónica: «A los dos igual»; pero que, como muchos chistes y rompecabezas, cuando creías haber entendido la historia o hallado la solución te sorprende con una brusca vuelta de tuerca: «Pero si los dos estuvieran ahogándose y solo pudieras salvar a uno, ¿a quién salvarías?».

Lo normal es que los rompecabezas tengan una solución concreta y única, y a menudo cuantitativa, aunque a veces admiten varias soluciones o conducen a paradojas sin salida; pero en los rompecorazones la tendencia se invierte: no suelen tener una solución cuantificable o tan siquiera clara, o no nos atrevemos a decirla en voz alta (a estas alturas, no tengo inconveniente en admitir que yo habría salvado a mi madre; pero en mi infancia no me atrevía a decirlo). 

Uno de los rompecorazones más famosos está estrechamente relacionado con El mandarín, una novela corta de Eça de Queirós publicada en 1880; aunque, como ocurre a menudo entre la cultura popular y la supuesta «alta cultura», la relación no está clara (¿se basa el rompecorazones popular en la novela de Queirós, o ambos toman la idea de una fuente común?).  

En El mandarín, a un modesto escribiente lisboeta se le aparece el diablo y le dice que, si toca una campanilla, en China morirá un rico mandarín y él heredará su fortuna. El planteamiento del rompecorazones popular es más simple y aséptico: si aprietas un botón conectado a un mecanismo que provocará la muerte de un chino anónimo, obtendrás un millón de euros.

Ya en este siglo, Richard Matheson retomaría el tema en su relato «Button, Button», llevado al cine por Richard Kelly en 2009 con el título The Box. Un matrimonio con problemas económicos recibe la visita de un extraño personaje que les deja en depósito una caja de madera en cuya parte superior hay un pulsador; si lo presionan, un desconocido morirá en algún lugar remoto y ellos recibirán un millón de dólares, y si no lo hacen antes de 24 horas, el misterioso desconocido se llevará la caja y se la ofrecerá a otra persona. En la versión de Matheson, la situación se complica por el hecho de que el dueño de la caja irá ofreciéndosela a una persona tras otra hasta que alguien acabe pulsando el botón, por lo que la negativa a hacerlo por parte del matrimonio que recibe la oferta no salvaría a la víctima anónima: perderían un millón de dólares que necesitan desesperadamente y alguien moriría de todas formas.

Del mismo modo que los rompecabezas solo se diferencian de otros problemas de lógica o matemáticas por su revestimiento narrativo más o menos ingenioso, los rompecorazones son, en última instancia, dilemas morales disfrazados de microrrelatos. Además de su uso «recreativo» (no exento de un punto de sadismo, de ahí las comillas), han sido utilizados profusamente en psicología experimental, y, en este sentido, son especialmente relevantes los trabajos de Lawrence Kohlberg (1927-1987), discípulo de Piaget y continuador de sus investigaciones sobre el desarrollo moral.

Uno de los experimentos mentales más utilizados por Kohlberg en sus encuestas fue el conocido como «dilema de Heinz»: 

Una mujer está a punto de morir debido a un tipo raro de cáncer. Hay un fármaco que según los médicos puede salvarla: un compuesto de radio que ha descubierto un farmacéutico de la misma ciudad. El medicamento es muy caro, pues el farmacéutico cobra diez veces más de lo que le cuesta producirlo. El marido de la enferma, Heinz, acude a todos sus conocidos para pedir prestado el dinero, pero solo consigue reunir la mitad del precio del medicamento. Le pide al farmacéutico que se lo venda más barato o que le permita pagarlo más adelante, pero este se niega. Al no ver otra solución, Heinz piensa asaltar la farmacia y robar el medicamento.

A partir de las respuestas obtenidas al plantear este y otros dilemas morales a un gran número de sujetos, Kohlberg llegó a la conclusión de que en el desarrollo moral del individuo hay tres niveles y seis etapas. Tras una «etapa cero» anterior a la moral, en la que el individuo considera bueno todo lo que le gusta o desea, se suceden, en orden cronológico, las siguientes etapas:

1. El punto de vista dominante es el egocentrismo, pues no se ven los intereses de los demás como distintos de los propios. Solo se consideran los hechos, no las intenciones. Es una etapa heterónoma, en la que otros deciden lo que hay que hacer y lo que no, y en la que se obedece por miedo al castigo.

2. Se aceptan las normas en la medida en que favorecen los propios intereses, y se admite que los demás hagan lo mismo. La vida es como un juego en el que el individuo intenta ganar, pero sabiendo que ha de respetar las reglas del juego si no quiere quedar excluido.

3. El miedo al castigo cede terreno ante el deseo de ser valorado y querido. En esta etapa son muy importantes las expectativas de las personas que rodean al individuo.

4. La conducta se adapta a las normas sociales, que se acatan no solo por miedo al castigo o por agradar a los demás, sino por responsabilidad personal y por el bien común.

5. Se reconoce que hay derechos humanos universales y que están por encima de las normas sociales y de las leyes.

6. Se obra de acuerdo con principios éticos básicos, aunque ello conlleve enfrentarse a las normas establecidas y las leyes vigentes. Según los datos recopilados por Kohlberg, solo el 5 % de la población alcanza la sexta etapa del desarrollo moral.

Las dos primeras etapas constituyen el Nivel Preconvencional, en el cual las normas sociales son una imposición externa que se acepta por miedo al castigo.

Las etapas 3 y 4 constituyen el Nivel Convencional, caracterizado por la identificación con el grupo del que se forma parte y cuya aprobación se desea conseguir. Se aceptan las normas porque son las convenciones sociales consensuadas por la colectividad.

Las etapas 5 y 6 constituyen el Nivel Posconvencional, en el que se comprenden y aceptan los principios éticos que inspiran las normas sociales y las leyes. Es el nivel superior del desarrollo moral, en el cual la conducta se rige más por los principios conscientemente elegidos que por las normas vigentes.

Las conclusiones de Kohlberg, aunque ampliamente aceptadas, han sido objeto de algunas controversias. Una de sus antiguas colaboradoras, Carol Gilligan, autora del influyente libro In a different voice: psychological theory and women’s development (1982), argumenta que Kohlberg no tiene en cuenta, o malinterpreta, las diferencias entre hombres y mujeres en lo que a los supuestos morales se refiere. Pero ese es otro artículo.

(Continúa aquí)

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33 Comentarios

  1. Hay un cuento célebre en “Las Mil y una Noches” que se titula “Cita en Samarra” y da que pensar, aunque no en sentido moral, sino metafísico. Lo cito por si viniera al caso.
    Un servidor del Califa fue una mañana al mercado de Bagdad y se topó allí con la Muerte, quien le miró con sorpresa. Muy asustado, el criado corrió a Palacio y le dijo al Califa el encuentro que había tenido y le rogó que le dejase marchar a Samarra a ocultarse en la casa de sus padres. El Califa se lo autorizó. Un poco mosqueado con lo sucedido (que los criados son unos pícaros), el Califa ordenó a otro servidor que fuera al mercado y le trajera a la persona que asustó tanto al primero. La Muerte compareció ante el Califa, quien le preguntó por qué asustó a su servidor. La Muerte se excusó. No quiso asustarlo. Simplemente se sorprendió por encontrarlo en Bagdad, porque tenían una cita esa noche en Samarra.

  2. Al dilema de Heinz no lo considero dilema. Lo tengo clarísimo, si Heinz ofrece cinco veces más de lo que vale el medicamento para poder salvar a su mujer y el farmacéutico se niega, se tiene bien merecido que lo roben. Es que lo está pidiendo a gritos. No me cabe en la cabeza que haya gente que piense que Heinz esté actuando mal.

    • Pues las encuestas realizadas por Kolhberg y sus colaboradores mostraron que un significativo número de personas consideran que el respeto a la ley es lo más importante. De hecho, tu argumentación (que comparto plenamente) se puede extrapolar hasta sus últimas consecuencias y afirmar que, en general, los ricos están pidiendo a gritos que les roben.

      • Es un dilema a partir de cierta cantidad de dinero en la cuenta bancaria. Ocurre como el sufrimiento para los cristianos de clase media. Es un valor… porque ellos no sufren. Si sufrieran, se darían cuenta de que no es un valor, sino una porquería. Es el problema de los discursos del papa Francisco, pues sólo tienen sentido para un estilo de vida de clase media. En cuanto sales de esa franja, adiós al significado.

        • Efectivamente. Y lo mismo ocurre con las leyes y su aplicación. En cuanto sales de la franja, adiós al significado y adiós a la vida.

      • La mayoría se queda en el nivel 4. Me gano la vida con estos rompecorazones, como dice Frabetti.
        La inmensa mayoría, tanto moral como políticamente, son socialdemócratas/social-liberales.
        La moral es para la clase media. A los ricos no les hace falta y para los pobres es un lujo, tienen que sobrevivir. (Shameless)

          • Más bien primero el premio Stalin de la paz y después la moral. El talento se atasca cuando se ha besado el anillo del tirano. Toda la obra de Brecht en Berlín Este es buena para papel higiénico. De la literatura de entre guerras al besamanos y poner el culo. De dramaturgo a payaso. Citar a algunos personajes mancha.

            • Según esa regla de tres no podríamos citar ni a Séneca ni a Newton ni a Dalí.

              Una simple reductio ad Stalinum. Una cita de alguien es inválida porque apoyaba algo que no me gusta. Ehhh, y además mancha.

              • Es irrelevante si el mierda de Brecht dijo verdad o no. Consiguió que la verdad no importase. Es parte del problema. Es mierda y habla de ella como si no lo fuera. Flaco favor le hace a la verdad. Como Inda. Siempre mancha.

            • El talento es complejo y tiranos hay muchos. Cela fue censor durante el franquismo, Borges le dio la mano a Pinochet, Marilyn Monroe era amiga de Kennedy… Mal que les pese a algunos, el teatro del siglo XX no se entiende sin Brecht.

              • ¿Vargas Llosa? ¿El que la ha venido alabando en público a Ayuso siempre que ha podido?
                https://www.abc.es/espana/madrid/abci-vargas-llosa-alaba-politicas-ayuso-votamos-no-arrepentimos-202011301755_noticia.html
                No sé si ha llegado al extremo de Savater, ese otro hipócrita, de pedir el voto para la citada Ayuso. Lo cierto es que le quedan dos telediarios para abrazar a VOX. Menudas columnas las de ese par de personajes. Más retro, imposible. Después dicen los de “El País” que no comprenden la fuga de lectores. Lo mismo que el ABC quede a veces a su izquierda tendrá algo que ver.
                Coincido en que “el teatro del siglo XX no se entiende sin Brecht”. Por eso la gente dejó de ir al teatro.

                • Insisto en que la relación entre talento artístico y talla moral es compleja y a veces desconcertante. En mi opinión, Vargas Llosa es un indeseable, y sin embargo ha escrito páginas de gran calidad literaria. Picasso, Woody Allen, Polansky… La lista de indeseables creativos es larga y variada.
                  Y, afortunadamente, la gente no ha dejado de ir al teatro.

                • Por supuesto, Vargas Llosa. Si escribió La ciudad y los perros, Conversación en la catedral o La casa verde, qué coño tendrá que ver qué vote a Vox o a Bildu.
                  Dios mío, cuánto ceporro. A derecha, a izquierda y en el centro.

  3. Sí que viene al caso, creo: la muerte es como la conciencia; no puedes eludirla porque va contigo, la llevas dentro.

  4. Solución al tema Heinz: pones una farmacia, vendes el medicamento a precio de coste, te llevas de calle la clientela del hijoputa, lo arruinas y le das una limosna cuando lo veas algún día pidiendo en una esquina.
    Conozco una farmacia (mitad farmacia y mitad droguería) que ha levantado la clientela tradicional de farmacias y una cadena de droguerías de mi zona, aplicando esa política de ventas. Una farmacia y un par de droguerías cercanas ya han echado el cierre (aunque alegando que por el tema de la pandemia).

    • Lo malo es que el problema no son las farmacias, sino las farmacéuticas, y a esas es más difícil darles su merecido.

  5. Lo de la farmacia es un poco como la legítima defensa. Cometes una mal menor para lograr un bien mayor, salvar tu vida o la de tus seres queridos. Luego te entregas y afrontas las consecuencias.

    • O no te entregas y te sustraes a la acción de una “justicia” cuya principal función es defender la propiedad privada. La de los ricos, obviamente, puesto que los pobres tienen poco que defender.

      • Falta matiz. Lo digo desde el punto de vista comunista. Todos tenemos derecho a la propiedad privada personal. Otra cosa es la propiedad privada de los medios de producción, que debe ser (para nosotros) socialista (del estado o cooperativa).
        Ya sé que lo sabes, pero creo que es importante recalcarlo.

        Art 10 de Const soviética del 36
        La ley protege el derecho de los ciudadanos a la propiedad personal de los ingresos y ahorros procedentes de su trabajo, la vivienda y la hacienda doméstica auxiliar, los objetos de uso doméstico, de consumo y de comodidad personal, así como el derecho de herencia de la propiedad personal de los ciudadanos.

      • Primero :La justicia defiende la propiedad privada de todos, a una persona que solo vive de un pobre puesto en un mercado , no le hará gracia que alguien se lo robe y querrá que se castigue al delincuente para que no lo vuelva a hacer.
        Segundo: volviendo al tema de la farmacia,si te entregas, la justicia te aplicara el atenuante de estado de necesidad y posiblemente apenas pises la cárcel, si la pisas.
        Tercero : cuidado con ese tipo de regímenes que , en aras de la igualdad, sacrifican la libertad y la propiedad privada, ya que al final ni hay igualdad , ni propiedad privada , ni libertad. La la gente al mando de este tipo de regímenes acaba imponiéndote su visión de la igualdad y la libertad y no te atrevas a disentir de ellos, posiblemente acabes en algún ” campo de reeducación”
        Lo bueno que tiene los regímenes de libertad y propiedad privada es que si alguien quiere fundar empresas, asociaciones , fundaciones… regidos por principios comunistas , nadie se va a oponer ni reprimir. En los regímenes comunistas y anti propiedad privada no se pueden fundar nada que no se rija por principios comunistas. La opción moral está clara, siempre regímenes “pro libertate”,

        • Dice
          “Lo bueno que tiene los regímenes de libertad y propiedad privada es que si alguien quiere fundar empresas, asociaciones , fundaciones… regidos por principios comunistas , nadie se va a oponer ni reprimir. En los regímenes comunistas y anti propiedad privada no se pueden fundar nada que no se rija por principios comunistas. La opción moral está clara, siempre regímenes “pro libertate”,”

          No es tan sencillo. El capitalismo es un sistema socio económico y el socialismo es otro distinto.
          Hasta el día de hoy, como indicaba Fernández Liria, hay una ley de hierro de la democracia que impide que esta transite pacíficamente a formas socialistas. Ejemplos, muchos. Estamos hablando de la propiedad de los medios de producción de la nación, no de la churrería de la esquina.
          Y libertad existe en muchos sitios donde haya un marco fijado.
          Unos son libres en EEUU, otros lo son en la UE, Mayor Oreja era libre en el franquismo y muchos eran libres en la US. Depende de qué quieres hacer. Cuando lo puedes hacer, aunque no puedas hacer otras cosas, eres y te sientes libre.
          Su opción política ha desmontado la propiedad pública en Occidente en general en los últimos cuarenta años (y no me refiero al bloque soviético) y no creo que ello se haya traducido en una mejora moral en absoluto.

            • Pasado mañana China va a ser el líder del mundo. Cientos de millones de chinos en un puñado de años han transitado de la pobreza a la clase media. Conozco a personas que viven estupendamente en China.
              Yo no me voy a China por la misma razón que no me voy a París o Londres o Burgos.
              Bájese del globo y no suelte lugares comunes de baja calidad.
              Hablar de política es hablar de política, no de moral.
              Si hablar de política fuera hablar de moral, todos los franquistas que en España fueron y aún estén vivos y todos los post-franquistas deberían estar en la cárcel, ¿no?
              No se vayan a pensar que yo estoy de acuerdo con esto, pero si cada vez que se habla de política se moraliza, habrá que ser coherentes. Vete a Cuba, vete a China, vete a Bronx, vete a Detroit, vete a las favelas y si no te vas, cállate. No, hombre, no.

              • Creyente no practicante = idiota con pretensiones.
                La praxis marxista es incompatible con el comunismo de salón.

                • Falta de comprensión lectora igual a imbécil opinador.
                  Cada uno practica donde está, no tiene que irse a ningún lado.
                  Por favor, vayan subiendo el nivel que se está formando una cadena de bisutería fea con tanta falacia.

                  • Al final demuestras lo obvio, que tu desarrollo moral está a nivel preconvencional. Cuando no hay salida, como de costumbre, a insultar a los demás. Jotdown mejoraría si te fueras a forocoches o la burbuja. Allí encontrarás a gente más en tu línea.

        • Los “regímenes comunistas” no existen. El comunismo, hoy por hoy, es un desiderátum, en cuyo nombre se han cometido tremendos abusos, como en el nombre del cristianismo y de la democracia (otro desiderátum del que estamos muy lejos). Y que la justicia no es igual para todos deberíamos tenerlo claro, sobre todo en países como Italia o España.

          • Mi padre siempre citaba a alguien que no sé quien era, -francés muy probablemente, cómo se verá- que decía: “tanto el pobre como el rico tienen prohibido dormir bajo los puentes del Sena”, refiriéndose a la falsa igualdad, o igualdad formal, aquello de que la ley es igual para todos, cuando está muy claro que los ricos no tienen necesidad de dormir bajo los puentes.

            • La cita es de Anatole France, magnífico escritor poco conocido en España (a pesar de su premio Nobel), que fue uno de los primeros en apoyar a Zola cuando publicó su famoso “Yo acuso”. Qué suerte, Rafa, tener un padre que citaba a France.

            • Entre el rico y el pobre, la libertad oprime y la ley emancipa.
              Del también francés Lacordaire, en este caso cristiano.
              La gran confrontación de la política actual se da entre los que siguen viendo que su raíz está en la cuestión de la riqueza y la igualdad (y ahí entran izquierdas no posmodernas y derechas no liberales) y el liberalismo que todo lo reduce a derechos individuales (y ahí entra el neoliberalismo progresista, ojo).

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