Error 503 (servicio no disponible, el sueño está realizando un mantenimiento)

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error 503 sueño
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Casi todos los padres al cuidado de un pequeño ser de siete años han tenido que enfrentarse, en algún momento de sus vidas, a la aventura de que se nieguen a ir a la cama para dormir. Y la verdad es que la criatura tiene un buen argumento: por qué querría uno irse a dormir, cuando hay tantas actividades divertidas por hacer fuera, cuando hay juguetes abandonados y solitos en el suelo, cuando hay mucho que disfrutar simplemente riendo junto a su mamá y su papá cuando le hacen unas cuantas cosquillas. A menos que seamos un poeta o un miembro del grupo musical Siniestro Total, a medida que nos hacemos mayores nos hastiamos cada vez más de nuestro dormir diario y, sin embargo, es curioso que al mismo tiempo seamos capaces de tratarlo con tanta despreocupación. Todos tenemos un número limitado de años en esta Tierra. Muchos pensarán que lo ideal sería intentar llenar esos años con tantas experiencias como puedan. ¿No es acaso un desperdicio quemar cada día casi un tercio de nuestro limitado tiempo en las prácticamente desapercibidas horas de sueño? Si de algún modo pudiéramos evitar dormir, viviríamos, con experiencias, un 50% más de tiempo.

Por supuesto, sabemos que dejar de dormir no es una opción. Incluso saltarse unas pocas horas de sueño una noche hace que uno se sienta aturdido por la mañana. Ese tiempo robado al sueño se paga con creces con la pérdida de productividad debida a la dificultad para concentrarnos al día siguiente. Las personas que han intentado llevar esto más lejos descubren una verdad aún más inquietante. A medida que se reducen las horas de sueño, la actividad mental comienza a deteriorarse aún más. De la mera falta de concentración se pasa a los pensamientos totalmente desordenados y a las alucinaciones. El punto de inflexión absoluto parece llegar a los cinco días de vigilia sostenida, más allá de los cuales no solo la actividad mental, sino también el metabolismo corporal, comienzan a deteriorarse y pronto son seguidos por la muerte del insomne.

Todo esto es una buena prueba de que el sueño es una «actividad» esencial, pero no arroja mucha luz sobre por qué el sueño es tan importante y qué función o funciones cumple. El sueño es un proceso muy organizado que dista bastante del simple descanso. En los seres humanos, suele estar sincronizado con los ritmos diarios de la noche y el día y se caracteriza por cambios simultáneos en muchos sistemas diferentes: el patrón eléctrico de la actividad dentro de nuestro cerebro cambia, nos volvemos mucho menos receptivos a la mayoría de los estímulos externos, nuestro metabolismo se reconfigura e incluso nuestra respiración y temperatura corporal cambian. Todo el proceso es mucho más estructurado y exhaustivo que el simple hecho de sentarse a descansar las piernas después de un paseo, o tomarse un descanso del estudio cerrando los ojos.

La mejor metáfora que se me ha ocurrido para explicar el sueño es pensar que es como la limpieza de la casa. En un mundo ideal, a mí me gustaría utilizar mi casa solo para las cosas divertidas: cocinar, cenar con amigos, ver una serie, hacer algo de ejercicio, jugar a un juego de mesa. Pero, como todos sabemos, llega un momento en el que hay que parar y hacer las cosas aburridas: sacar la basura, quitar el polvo, limpiar el suelo, poner los objetos en su sitio. Intentar ir por la vida sin dormir sería como vivir en tu casa sin ordenarla nunca. Pronto pasarías por delante de la comida podrida y tropezarías con la ropa sucia desperdigada por el suelo.

La metáfora de la limpieza de la casa también ayuda a explicar por qué el sueño implica la coordinación de muchos sistemas corporales al mismo tiempo. La limpieza coordinada suele ser más eficaz que abordar cada problema de uno en uno. Por eso la mayoría de nosotros tenemos un día de limpieza durante la semana en el que ejecutamos las tareas más demandantes y limpiamos muchas habitaciones. Se ahorra trabajo si en vez de sacar la aspiradora tres veces, para el salón, la cocina y el dormitorio, se saca una sola vez y se limpian las tres habitaciones secuencialmente. Lo mismo ocurre con sacar la basura, reorganizar los objetos mal colocados o ventilar las habitaciones abriendo todas las ventanas.

Durante el sueño, la actividad coordinada de hacer descansar muchos sistemas a la vez probablemente dé un dividendo de eficiencia similar. Sin embargo, es posible descansar el resto del cuerpo sin descansar el sistema nervioso central, o incluso descansar diferentes partes del cerebro en momentos distintos. Todos nos hemos acostado alguna vez sin quedarnos dormidos, o nos hemos tomado un descanso de trabajo mental mientras salimos a correr. El caso es que no todos los animales duermen igual que nosotros. Algunos, como los delfines y las ballenas, o las aves, llevan esto aún más lejos, ya que duermen por partes, con un hemisferio del cerebro cada vez. Así que, en cierto sentido, un delfín está despierto durante toda su vida. Pero esto tiene sus costes. Como hemos mencionado, el descanso coordinado de todos los sistemas parece ser lo más eficiente para nuestra vida diaria y probablemente también para nuestro cuerpo. Así que dormir la siesta de medio cerebro durante ocho horas seguidas probablemente no sea tan «bueno» como dormir una siesta de cuatro horas, pero con el cerebro al completo. De ahí que en la mayoría de las especies hayan evolucionado patrones de descanso coordinados.

¿Por qué entonces, a pesar de la menor eficiencia que parece tener no dormir coordinadamente, algunas especies de animales como las ballenas, no hacen lo mismo? Pues es una buena pregunta, y está relacionada con las presiones de selección que han moldeado su historia evolutiva. Los mamíferos acuáticos deben salir a respirar periódicamente a la superficie y para muchos la solución a este problema reside en mantener un hemisferio siempre despierto. De forma que pueden desacoplar los dos hemisferios y hacerlos funcionar de manera independiente. Imaginen la ingeniería neuronal para lograr tal hazaña. Y aun así, el sueño sigue sin ser eliminado por la selección natural; sigue siendo, en mayor o menor medida, imprescindible.

¿Y qué pasa con las aves? Aunque parezca que el ambiente en el que han evolucionado es completamente distinto, en realidad las presiones evolutivas no lo son tanto. Los hábitos migratorios obligan a muchas aves a volar durante largos periodos de tiempo, durante los cuales dormir con medio cerebro es una clara ventaja para mantener el viaje sin necesidad de parar, perdiendo tiempo y asumiendo un gran riesgo de depredación. Esto último, de por sí, puede haber sido el origen de que también haya evolucionado en su linaje la capacidad de dormir por partes, para así mantenerse siempre alerta. Aunque cuando están en grupo pueden «hacer relevos» y permitir que algunas descansen con los dos hemisferios, mientras otras mantienen la guardia descansando solo con un hemisferio. Es decir, el sueño es un comportamiento que, aunque ineludible, permite que evolucione cierta flexibilidad en su desempeño. ¿No les parece interesante pensar en cómo esta flexibilidad puede haber jugado un papel en la base misma de la construcción de nuestras sociedades? Pero cómo la ecología de las especies afecta a la evolución de su forma de dormir es algo que tendremos que dejar para otra ocasión. 

Volviendo a nuestro cauce, lo cierto es que una cosa es suponer que se produce algún tipo de mantenimiento corporal mientras dormimos, y otra muy distinta demostrarlo con evidencias. Pero podemos señalar varios indicios. Visto desde dentro, el sueño no parece tan pasivo como desde fuera. El cerebro dormido lleva a cabo una serie de actividades significativas. Y una de las más importantes es un tipo de «eliminación de basura». Sin embargo, aunque parece un mecanismo clave, su funcionamiento no se ha descubierto hasta recientemente. Los científicos habían sospechado durante mucho tiempo que debía haber un sistema para la eliminación de los residuos cerebrales, pero la vía en sí seguía siendo una conjetura. Hasta que, en 2012, unos científicos daneses lograron finalmente observar tal vía (ahora conocida como sistema glinfático) en acción. Al marcar con moléculas brillantes distintas partes del líquido que existe entre las células y observar su flujo, pudieron demostrar que el espacio acuoso entre las células donde se acumulan los productos de desecho está acoplado a otro depósito de fluido llamado líquido cefalorraquídeo. De hecho, existe una especie de patrón de drenaje por el que el fluido intercelular circula activamente hacia el líquido cefalorraquídeo, de forma similar a como las aguas residuales lo hacen hacia el sistema de alcantarillado.

Volviendo a nuestra historia, resulta que los espacios intercelulares se expanden drásticamente durante el sueño, lo que acelera el flujo de residuos fuera del tejido cerebral. En la actualidad, se suele afirmar que una de las principales funciones del sueño, al menos en los mamíferos, es dar un buen lavado al cerebro. Sin embargo, no es lo único que ocurre en el cerebro mientras dormimos. Además de eliminar metabolitos tóxicos (como las especies de oxígeno reactivo y residuos proteicos) a través del sistema glinfático, también hace acopio de combustible (síntesis de glucógeno) y promueve los procesos de crecimiento mediante la secreción de hormonas de crecimiento. En el resto del cuerpo, el sueño también coincide con una reducción de la tasa metabólica y la secreción de hormonas que alteran el equilibrio entre varias cascadas de reciclaje químico. Esta puede ser la razón por la que los médicos han observado una curiosa coincidencia entre trastornos del sueño, como el insomnio crónico, y trastornos metabólicos como la diabetes (aunque las conexiones causales, en este caso, todavía se están debatiendo).

La limpieza no es un proceso exclusivo del ámbito físico. Cualquiera que haya tenido que borrar correos electrónicos, fotos o documentos antiguos de su ordenador sabe que la basura también existe en el ámbito de la información. Y una función importante del cerebro es precisamente la gestión de la información. Curiosamente, el sueño también parece estar implicado en el mantenimiento y limpieza de esa información. En términos generales, el sueño regula qué experiencias cotidianas debemos almacenar para su uso a largo plazo y qué experiencias es mejor eliminar de la memoria. Lo hace a través de un proceso llamado plasticidad sináptica, un nombre utilizado para describir la automodificación de la fuerza de las conexiones neuronales dentro del cerebro. Las mediciones eléctricas en el hipocampo, una zona implicada en la memoria, han establecido correspondencias muy estrechas entre los patrones de actividad experimentados por el cerebro durante la vigilia y los que el cerebro reproduce para sí mismo durante el sueño. Es más, los patrones de actividad correspondientes a los acontecimientos que se repiten con mayor frecuencia durante el sueño tienden a ser precisamente los acontecimientos que el individuo recordará con mayor fiabilidad a largo plazo. Por supuesto, también hay una serie de trabajos experimentales que muestran la relación causal entre la interrupción de estos episodios de repetición y la inhibición, precisamente, de la formación de recuerdos a largo plazo. Por lo tanto, la asociación entre memoria y sueño parece ser clara y probablemente mediada por la interacción entre la actividad eléctrica y la mencionada plasticidad sináptica.

Además de las mencionadas funciones primarias de «limpieza», hay una serie de fenómenos subsidiarios asociados al sueño que encajan perfectamente en la imagen del mismo como el gran proceso de mantenimiento del cuerpo. Uno de ellos podría describirse mejor como «sueño dependiente del uso local». Quizá resulte sorprendente, pero el sueño no tiene por qué ser siempre un proceso globalmente orquestado. Desde hace poco sabemos que algunas partes del cerebro pueden hacer «microsiestas», mientras el resto del cerebro sigue despierto. Estas microsiestas, que incluso se han conseguido reproducir en el laboratorio, con preparaciones de partes del cerebro en una placa petri, suelen desencadenarse en respuesta a un uso excesivo (niveles de actividad elevados y prolongados) dentro de una región localizada del cerebro. En este sentido, decimos que el sueño es emergente de zonas locales del cerebro, aunque lo más típico es que se produzca como parte de un patrón globalmente orquestado. Se podría decir que el sueño es un proceso de descanso coordinado jerárquicamente, en el que la coordinación puede darse, dependiendo de las circunstancias, a muchos niveles, desde algunos muy localizados, hasta el general, de todo el cuerpo. Todo esto, por supuesto, encaja muy bien con nuestra metáfora del mantenimiento y limpieza. Si has provocado un gran lío en la cocina, puede que tengas que hacer una rápida limpieza local en la misma antes de que llegue el momento de hacer la limpieza general del fin de semana.

Hay otra divertida propiedad del sueño que se adapta muy bien a nuestra metáfora. El sueño está sujeto a un proceso de regulación conocido como homeostasis del sueño. En términos generales, alude a la observación de que a periodos de sueño interrumpido suelen sucederlos periodos de sueño prolongado. En otras palabras, si a alguien le despiertan antes de que duerma sus ocho horas completas, al día siguiente es probable que duerma más tiempo o más profundamente para recuperar parte del tiempo perdido. De hecho, cuanto más grave sea la interrupción del sueño, más tiempo tendrá que dormir al día siguiente para intentar recuperar esas horas perdidas. La homeostasis del sueño se observa y es patente en muchas especies diferentes, desde los humanos hasta las moscas de la fruta. Y aunque en un principio era solo un fenómeno curioso asociado al sueño, ahora se sabe que es tan universal que en los tratados modernos se la considera una condición definitoria del propio fenómeno. Es decir, un proceso no puede calificarse como verdadero sueño a menos que muestre algún indicio experimental de homeostasis. Una vez más, cuando se ve a la luz de nuestra metáfora, todo esto tiene mucho sentido. Si alguien interrumpe tu limpieza semanal antes de que termines, tendrás que hacer más limpieza la próxima vez que tengas que volver a limpiar. No hablamos de homeostasis de la limpieza, pero ciertamente podríamos hacerlo, ya que todo el proceso sigue en gran medida la misma lógica que muchos otros tipos de homeostasis que ocurren en el cuerpo.

Esta historia dista mucho de terminar aquí. Entre otras cosas, porque cómo dormimos no solo varía entre especies, sino que también depende de la casa en la que vivamos, de la estructura del barrio en el que nos hayamos instalado, en qué parte del mundo nos encontremos, o qué vecinos nos hayan tocado. Aunque el fenómeno del sueño da mucho más de sí, al menos hemos recorrido algunas razones bastante convincentes sobre por qué a todo el mundo le beneficia dormir sus ocho horas cada noche, o por qué no es una buena idea intentar vivir un 50% más de tiempo a costa de reducir el descanso nocturno. Tampoco podemos intentar descansar por partes sin ser un bonito delfín. Se requiere una maquinaria y una estrategia para mantener el cuerpo en plena forma contra todas las fuerzas entrópicas que intentan continuamente arrastrarnos hacia el desorden desestructurado. Dormir parece ser una buena manera de hacerlo. Quizá hay un punto medio entre Siniestro Total —que dice que solo estar durmiendo es mejor que estar dormido—y los ritmos que nos hace seguir el modelo social actual —que tiene poco en cuenta las implicaciones del entorno en la salud de los individuos, y, por ende, de la sociedad—. Pero, en cualquier caso, siempre es buena idea tratar la «limpieza de la casa» con toda la atención que se merece.

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One Comment

  1. Muy buena divulgación, señora. Excelente. Y disculpe si me voy un poco fuera del tema, pero esta “actividad” necesaria con sus resultados más inmediatos, los sueños, pesadillas y posibles estados de sensibilidad derivados del mismo me ha siempre fascinado, especialmente en un largo período en el que trabajé de noche. La percepción “nocturna”, o sea cuando estaba despierto y ocupado era otra, y no sabría cómo explicarlo, pero me parecía que estaba más despierto en esos momentos en los cuales tendría que estar durmiendo. Fue en aquel perído que tuve la única experiencia, bastante traumática por cierto de poder “sentir” la pregunta de un compañero de trabajo que estaba en otro lado. Con él, animadamente y antes de iniciar nuestras respectivas tareas, habíamos hablado de cómo construir un mueble. Luego cada cual se fue a ocupar su puesto. Yo estaba completamente sólo a las tres de la mañana cuando “escuché” su pregunta. No tuve dudas en pensar que me estaba haciendo una broma, pero no había nadie a mi alrededor. Volvi a mis tareas desconcertado y luego de algunos segundos lo veo que abre la puerta, entonces lo detuve y le pregunté si venía para saber qué medidas precisas tenía que tener un tornillo para construir una parte de aquel mueble. Era esa me contestó asombrado, y lo había decidido momentos antes para salir de la duda. Él lo tomó como una diversión. A mí se me erizó la piel porque jamás creí en esos “poderes sobrenaturales”, pero me quedó siempre la duda. No hace tanto me llegó un mensaje de parte de un grupo de neuropsicólogos que ofrecían ayuda para superar el trauma del luto, y en la encuesta que llevaban a cabo preguntaban si había soñado con la muerte de algún ser querido, entonces recordé la experiencia anterior que no tenía nada que ver, pero sí sobre otras pesadillas en las cuales si que había sufrimientos por la muerte, y pregunté por email. Me contestaron que bajo ciertas condiciones de fuertes emociones era muy probable que otro pudiera recibirlas. Me resulta difícil de aceptar, pero las experiencias que tuve me dicen lo contrario. Puedo entender que alguien perciba el miedo de otro, y hasta diría que sería casi normal, pero qué tensión emocional podría haber tenido aquel compañero de trabajo al realizar mentalmente un pregunta. Gracias por la lectura, y espero no haberla aburrida.

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