Quique Setién: «Ahora mismo no me veo entrenando otra vez, he perdido todo el interés»

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Quique Setién

Quique Setién vive desde hace casi treinta años en Liencres, un pueblo costero entre Torrelavega y Santander. En su momento, compró un prado que ahora está rodeado de urbanizaciones al lado del mar. Si no es el paraíso, se le parece. Tranquilo, en una excelente forma física a sus sesenta y dos años, Quique nos lleva al bar del hijo de su querido Manolo Preciado, donde nos sentamos en una terraza esperando una tormenta que no llega nunca porque el norte es imprevisible. Exfutbolista de élite, internacional en el Mundial de México 86, estrella del fútbol playa y entrenador de Lugo, Las Palmas, Betis y Barcelona entre otros equipos, a Quique se le nota cansado de estar en el foco de los medios. Huye de la polémica todo lo que puede y pretende vivir en paz, eso es todo. Apenas concede entrevistas, pero con Jot Down ha hecho una excepción. Se fía. 

Más de un año desde tu último partido como entrenador, ¿falta de ofertas o falta de ganas?

Ofertas ha habido y oportunidades ha habido, aunque no aquí en España. Lo que pasa es que he decidido no aceptarlas porque los equipos no me estimulaban lo suficiente y económicamente no eran interesantes. 

Son casi cuarenta y cinco años en la élite del profesionalismo, habrás disfrutado viendo los toros desde la barrera…

Pues he estado deseando que no me llamaran, así que imagínate. He tenido un momento de reflexión profunda en cuanto a las últimas experiencias que he vivido, tanto futbolísticas como personales, que me han hecho ver la vida de otra manera. Ya tengo sesenta y dos años, y son demasiados viviendo del fútbol. Además, el fútbol que yo he estado viviendo en los últimos años no es el fútbol que a mí me gustaba. A mí lo que me ha gustado siempre ha sido jugar al fútbol, estar en contacto con el balón… De hecho, jamás pensé que fuera a ser entrenador cuando jugaba, pero se ha convertido en mi manera de mantenerme cerca del balón y de los futbolistas, transmitirles mis conocimientos y hacerles entender el juego que a mí tanto me costó entender.

Hace veinticinco años, un Betis podía fichar a Denilson. Este verano, todos los equipos han estado deshaciéndose de jugadores para cuadrar sus balances.

Hay un problema de base que se lleva arrastrando desde hace tiempo y que ahora, debido a la pandemia y la situación económica de los clubes, se ha agudizado más. Aquí se ha cuidado muy poco el futuro. Siempre se ha pensado en el presente y a mí es algo que siempre me ha costado mucho llevar. Le da mucha inmediatez a todo y al final solo existe el resultado, es muy difícil crear algo pensando en que va a durar en el tiempo.

Incluso equipos que consiguen «resultados», y se me viene a la cabeza el Sevilla de Lopetegui, que lleva dos años brillantes, se ven obligados a deshacerse de jugadores.

El Sevilla en concreto es un equipo que hace las cosas bien, que consigue resultados y tiene gente que decide bien qué opciones tomar, sobre todo Monchi. Pero allí la exigencia es muy alta: si pierden dos partidos, la presión es tremenda. Yo no sé si eso es lo que hace que el Sevilla vaya bien, no creo. Quizá si hubiera más tranquilidad, les iría mejor. Aparte, una vez que consigues esos buenos resultados con un grupo de futbolistas, esos mismos futbolistas acaban pidiendo más porque se van revalorizando, llegan ofertas por ellos y para quedártelos tienes que gastar más dinero. Lo que pasa es que los ingresos son limitados, con lo que el fútbol se acaba desfasando y llega un momento en el que los desajustes son tremendos. Esto que le pasa al Sevilla, le está pasando al Barcelona y le está pasando al Real Madrid. La diferencia es que el Sevilla puede fichar barato, pero el Barcelona o el Madrid no tienen opciones: cualquier chaval de diecisiete años que quieran firmar les vale una barbaridad de dinero sin saber ni si va a jugar en el primer equipo. Pero le tienes que pagar esa barbaridad o si no se te va al Chelsea.

¿Qué equipo o qué jugador te llamaron más la atención de la temporada pasada?

Sin duda, el jugador que más me llamó la atención, aunque ya lo había visto en Las Palmas, fue Pedri. Me parece un chaval extraordinario, en todos los sentidos.

Cuando tú entrenaste allí, ¿ya se hablaba de él?

No, no… yo no le vi jugar nunca. Tendría trece años o así. 

¿No había expectación en torno a él, en plan, «mira a este chaval que promete mucho»?

Bueno, es que eso te lo encuentras todo el rato en todos lados. «Este va a ser un fenómeno», te dicen, nada más llegar. Pero hay que esperar. Pedri es un jugador muy completo y me encanta su manera de ser, está muy centrado en lo que tiene que estar. Me da la impresión de que no es nada divo, que lo que quiere es jugar al fútbol y divertirse jugando.

Italia, campeona de Europa. ¿Un pequeño triunfo de la construcción desde el balón?

A ver, Alemania tuvo también una época de cambio radical. Empezaron de cero y tuvieron la capacidad de mirar hacia adelante y ver hacia dónde iba el fútbol, qué era lo que divertía al público y a los futbolistas y a la vez te conseguía resultados. Italia ha sido una Italia diferente. Esto lo hablé un día con Gattuso cuando jugamos contra el Nápoles. Me dijo que había venido a vernos a los entrenamientos cuando estábamos en Las Palmas y yo le pregunté cómo era posible que un hombre que había sido un futbolista más bien duro se interesara por nuestra propuesta, porque para mí el mérito de lo que ha hecho en el Nápoles es enorme, no ya jugar bien sino salirse de un estereotipo que arrastraba como jugador, una cierta sensibilidad, y cambiarla.

¿Y qué te dijo?

Bueno, él me decía que empezó a vernos jugar y que le gustó mucho y que a partir de ahí vio que él era capaz de transmitir a sus jugadores el entusiasmo, las ganas… cosas que por ejemplo me faltan a mí, pero que además necesitaba aprender a comprender el juego y entender qué es lo que hace que un equipo juegue bien. Me pareció un tipo muy majo, muy abierto.

¿Cómo viste a la selección de Luis Enrique?

Muy bien. Muy, muy bien.

¿Tiene algo que ver en el buen resultado de la selección el tener un técnico intervencionista tanto en la elección de jugadores como en las variantes tácticas?

A Luis Enrique le han dado muchos palos porque es un chaval que nunca se ha llevado bien con la prensa. No ha sido un pusilánime de esos que va diciendo sí a todo. Tiene su personalidad y habla con criterio y eso a una gran parte de la prensa le sienta mal. El concepto de juego, quizá, no lleva la esencia del Barcelona de Cruyff o de Guardiola, pero sí ha seguido una serie de pautas que un poco seguimos todos: tratar de conservar el balón, tratar de recuperarlo lo antes posible, ser un equipo valiente y asegurarse de que los jugadores entiendan el juego. El asunto es tener el balón el mayor tiempo posible, tanto para atacar como para defender. Conservarlo hasta que encontremos los espacios. Además, a los jugadores hay que explicarles por qué se hacen las cosas: si tú mandas a un futbolista a un sitio, tienes que explicarle por qué va a ese sitio, porque luego le resultará mucho más fácil adaptarse a las variantes que vayas introduciendo y te da la posibilidad de cambiar el juego en medio de un partido.

¿El triunfo de Messi en la Copa América cambia en algo su valoración histórica?

Para mí, no. Yo no creo que un jugador sea mejor porque haya ganado más títulos o menos. Yo veo a los jugadores en el campo y decido si un jugador me gusta y quiero volver a verlo o si un jugador es bueno pero quizá no tenga el nivel. Ya he dicho muchas veces que Messi es el mejor jugador de todos los tiempos o al menos de los tiempos que yo he visto, porque a Pelé no le pude seguir en su esplendor. A Messi he tenido la suerte de verle catorce o quince años durante los cuales estaba deseando que jugara el Barcelona para encender la televisión y verle jugar. Yo no soy de equipos, soy de jugadores. Me dan igual los equipos, me da igual que ganen o que pierdan. A ver, el Racing siempre me va a apetecer que gane (risas) pero los demás me dan igual… y, ojo, que también soy crítico con el Racing. Yo no quiero que el Racing gane, quiero que juegue bien, porque eso te da más expectativas, más alegría.

Quique Setién

Hablando del Racing, debutaste con diecinuieve años en Primera División, ¿qué recuerdos tienes de aquella primera temporada?

Buf, aquella temporada para mí fue un cambio radical. No te voy a decir que era lo que más había soñado porque realmente tampoco había soñado con ser futbolista. No estaba obsesionado con eso, a mí me valía con jugar todos los días un partido. Yo era feliz yendo a jugar al fútbol, me daba igual dónde. Cuando ya empecé a ser profesional, a tener el reconocimiento de mucha gente y a jugar en campos como El Sardinero o el Nou Camp o el Bernabéu… Pues, claro, la dimensión aquella fue espectacular y la experiencia, indescriptible.

En ese equipo coincidiste con Manolo Preciado, Arteche o Marcos Alonso como compañeros.

Sí, Arteche llevaba ya un año más porque era un año mayor que yo. Marcos subió seis meses después. En esa época, en el Racing, había muchos jugadores de Cantabria. 

Y el entrenador era el mítico Nando Yosu.

Nando Yosu era muy buena persona y su mayor virtud era la relación que mantenía con los jugadores. Era capaz de sacar el máximo rendimiento de todos. Lo que pasa es que aquellos entrenadores no eran como los de ahora: entonces, los partidos se preparaban poco, se tiraba mucho de «la casta», «la furia»… No recuerdo ver vídeos porque no había posibilidades ni recuerdo que se utilizara la pizarra más que para cuatro cosas puntuales. De esa época, antes de marcharme al Atlético de Madrid, el único que recuerdo que nos daba algo de pizarra era Laureano Ruiz.

Uno de los estandartes del fútbol de posición que se implantó en La Masía…

En cuanto a conceptos, yo aprendí mucho con él. Técnicamente, ya era un jugador muy bien dotado, pero él me ayudó a matizar algunas cosas que, si no te las dicen, no vas a poder corregirlas. Lo que pasa es que, en aquella época, yo jugaba de delantero centro, y él tenía una serie de movimientos que me llevaban casi siempre a la banda, donde si me la daban, partía en desventaja porque yo no soy un jugador veloz, así que me pasaba los partidos tocando cuatro veces el balón y perdiéndolo.

El año de tu debut fue el último año de Cruyff en el Barcelona, ¿llegaste a jugar contra él?

Con el Barcelona, no estoy seguro; de hecho, él vuelve a jugar un par de años después con el Levante y hay un partido en el que nos jugamos el ascenso contra ellos en El Sardinero, pero él no va. Creo que tuvo un conflicto con la directiva porque no le habían pagado… Él se iba a quedar con el cincuenta por ciento de las recaudaciones y el caso es que al final hubo un lío y decidió no jugar.

¿Había algún jugador que te impresionara, en el que te miraras como una referencia…?

Pues a mí me impresionaron mucho algunos compañeros de los que tuve. Por ejemplo, Damas, un portero portugués, que jugaba en el Os Belenenses. Vinieron a jugar un torneo Ciudad de Santander y el Racing le acabó fichando a él y a Quinito. Eran dos jugadores espectaculares. De hecho, Damas llegó a jugar con treinta y ocho años el Mundial del 86, y tuvo un detalle precioso porque me hizo llegar una camiseta suya dedicada. Murió de cáncer hace siete u ocho años y me dio una pena horrible. Jugaba en las pachangas arriba y era un espectáculo lo bien que lo hacía.

Volvamos a ese partido contra el Levante. Acaba 1-0 y el gol lo marcas tú. ¿Es uno de los mejores recuerdos de tu carrera?

Pues sí, es uno de los grandes recuerdos que tengo del fútbol. Me acuerdo del centro de Herrero y de que yo me tiré en plancha para rematar de cabeza. El balón entró al lado del palo, fue un gol muy bonito por todo lo que suponía por el ascenso. Saltó todo el mundo al campo, llegó un primo mío el primero, que me arrancó la camiseta y se la llevó, y luego me acabé cabreando con el público porque no dejaban de darme palmadas y ya no podía más (risas).

Marcaste diez goles esa temporada con solo veintidós años, era inevitable que los grandes se fijaran en ti, sin embargo el Racing no te quería vender.

El problema es que después de esto del Levante yo me paso casi dos años lesionado: primero me lesiono en Alicante, bueno, me lesiona un tal Albaladejo con una hostia salvaje, que me rompe la rodilla justo antes de una convocatoria con la selección. Me pasé cuatro-cinco meses sin jugar, volví para el final de esa temporada y el 6 de agosto, en un amistoso para la siguiente temporada, me rompen la tibia y el peroné en Vitoria. Fue un año y medio sin jugar y otros seis meses para ponerme en forma. Es verdad que, años después, hablando con Ramón Mendoza, sí que me dijo que me habían querido firmar pero que no había querido el Racing. Y, claro, después de las lesiones ya era todo más arriesgado.

El equipo se va a segunda sin ti y llega una temporada 1983/84 un poco rara: empieza la era Maguregui, marcas once goles… y el Racing sube pese a quedar cuartos porque los dos primeros son Castilla y Bilbao Ath., empatados a puntos.

Ese año no lo jugué entero, o no me suena…

Fue una temporada en la que Julio Salinas marcó veintitrés goles, Butragueño veintiuno y Míchel treces. ¿Qué recuerdas de aquellos chavales?

Recuerdo a Míchel porque siempre fue un jugador que me llamó la atención. De Julio Salinas fui compañero después, pero no lo recuerdo del Bilbao Athletic, tampoco a Butragueño.

Los dos siguientes años son tranquilos, en Primera, con Maguregui… el hombre del famoso «autobús»

Sí, estuve dos años y al tercero me fui. No sentía que me estuvieran enseñando nada, pero es que era el contexto de los entrenadores de esa época. Seguramente, de haber tenido gente que me hubiera ayudado en temas de alimentación o de preparación física, me habría ido mejor, pero no tuve nada de eso. Cuando llegué a Madrid, el cambio fue radical, fue entrar en una dimensión totalmente diferente. De repente, tienes un preparador físico, empiezas a competir de verdad, tienes unos compañeros con una calidad enorme. A los ocho años que pasé en el Racing no les saqué todo el rendimiento que tendría que haberles sacado. Fue un lastre porque cuando empecé a jugar en serio tenía ya veintiséis años. Y es verdad que luego lo aproveché bien porque estuve hasta los treinta y siete o treinta y ocho, pero llegar a Madrid me cambió la forma de entender todo.

¿Por qué el Atleti?

Porque fue el que me llamó. Me llamaron directamente a mí y yo les dije que sí, que me iba a marchar, pero que el Racing tenía que recibir una compensación económica. Si no, yo no me iba. Me dijeron que presionara y tal, pero les dejé claro que yo eso no lo iba a hacer, que tenían que negociar con el Racing y que tenían que llegar a un acuerdo.

El entrenador era Luis Aragonés.

Sí, y fue muy duro conmigo, pero aprendí muchísimo con él; me cambió muchas cosas, me ayudó mucho con el punto de agresividad y de tensión que me faltaba. Aquí, en el Racing, me acabé acomodando porque metía dos goles o daba dos pases y ya la gente estaba feliz. Lo triste es que yo no me daba cuenta de que podía haber metido cuatro. Aparte, la condición física. Yo me cuidaba muchísimo, pero aun así me notaba muchas veces cansado en el campo y se lo decía a los entrenadores: que me costaba dar dos carreras largas seguidas. Lo que pasa es que no le daban importancia mientras luego metiera un gol o hiciera una buena jugada. Recuerdo que un entrenador me recomendó que hiciera el amor dos veces por semana, pero siempre separado de los partidos (risas). Ese fue todo su consejo. Y que contratara a una profesional si lo necesitaba. Yo no entendía nada.

Empezaste jugando de titular en el Atleti, pero luego vino otra lesión y los partidos importantes de la Recopa te los pierdes, incluida la final contra el Dinamo Kiev, en la que solo juegas unos minutos de suplente.

Sí, me volví a lesionar en el campo del Estrella Roja y al principio pensé que era otra vez tibia y peroné y que me perdía la final y el Mundial, pero conseguí volver en tres meses. Me dio mucha rabia salir de suplente, pero es que había llegado muy justo y tenía mucha competencia en ese puesto.

En ese Dinamo de Kiev, al que no conocíamos demasiado, estaban ni más ni menos que Belanov, Zavarov o Blokhin, casi nada…

Era un equipazo impresionante. El día antes del partido fuimos al campo y estaban ellos acabando su entrenamiento. No veas qué diagonales se metían, qué nivel físico tenían. Nos pasaron por encima en los primeros veinte minutos, pero por encima, no había manera ni de verlos y todos esos jugadores que tú dices eran élite mundial.

¿Pero vosotros sabíais que eran élite mundial o de alguna manera os pilló de sorpresa?

Sí, sí, lo sabíamos… Habíamos seguido su camino en aquella Recopa y le habían metido cuatro al Rapid de Viena en su casa. En total, nueve goles les metieron. Tenían a un lateral buenísimo también, Demianenko, no pudimos hacer nada, eran demasiado buenos.

Ese fue el primer año sin Hugo Sánchez, ¿cómo afectó eso anímicamente al vestuario, además de la coincidencia con el glamuroso Madrid de Mendoza?

No recuerdo que afectara en nada. El equipo venía de ganar la Copa el año anterior y ese año jugamos muy bien. En el Atlético de Madrid siempre hay grandes jugadores y si se van unos, fichan a otros. 

Quique Setién

Aún renqueante de la lesión, Miguel Muñoz te convoca para el Mundial de México 86, aunque no llegas a debutar. He leído que estuviste mucho tiempo muy cabreado con él por ni siquiera convocarte a los partidos.

A ver, una cosa fue la vivencia ahí y otra fue la vivencia cuando volvimos. Ahí, estaba cabreadísimo, no entendía nada. Es que yo estaba convencido de que iba a ser titular, pero convencido hasta el punto de que cuando Miguel Muñoz da el once inicial contra Brasil, mi primera reacción es pensar «este se ha equivocado». Y luego es que ni me convocó a ningún partido, que no es como ahora que se pueden sentar todos en el banquillo. Por entonces solo había seis suplentes. Muñoz era también de la vieja escuela que te decía antes, muy de motivar al jugador, pero en general todo fue un poco desastre: estuvimos demasiado tiempo concentrados, no le gustaba nada que los jugadores coincidieran con sus mujeres. A mí me dio igual porque iba solo, pero recuerdo un día que veníamos de jugar en Querétaro y fuimos a México D. F. y en vez de quedarnos a dormir allí, que estábamos agotados, nos hizo coger un autobús dos horas a un hotel perdido.

Para que los jugadores no coincidieran con sus mujeres…

Supongo. Quería que estuviéramos completamente aislados y se le ocurrió esto. Cuando llegamos al hotel, resulta que aquello era un espanto. Las habitaciones parecían cuevas, las camas estaban sucias… Estábamos muertos de hambre, que veníamos de jugar un partido y nos habían preparado unas rodajas de melón para comer. Imagínate la que se armó. Nos plantamos todos de madrugada y exigimos que nos fuéramos de ahí. Eso sí, tuvimos que repescar a dos que estaban tan cansados que se habían quedado ya dormidos (risas).

Muchos piensan que España podría haber ganado ese Mundial.

Bueno, estaba Diego, ¿eh?

Ya, pero una vez en semifinales… Al menos habría sido algo histórico. Luego se puso muy de moda lo de hablar de «la maldición de cuartos», pero no era nada habitual llegar a cuartos.

En el partido contra Bélgica, nos marcó un gol Ceulemans y nos descolocó por completo. Luego empató Señor, pero perdimos en los penaltis. No estuvimos cómodos nunca. No sé si hubiéramos ganado aquel Mundial, pero igual, si hubiéramos perdido en semifinales, a lo mejor yo habría tenido la opción de jugar el tercer y cuarto puesto… No sé, en cualquier caso, es lo que te decía, que ahí lo ves de una manera y cuando vuelves, lo ves de otra. No fue fácil, ¿eh? Me acuerdo de que nada más volver, me fui a los Picos de Europa con mi mujer para perderme ahí diez días. No quería saber nada de nadie. Y me sirvió para darme cuenta de que, bueno, había sido mundialista, que eso me lo iba a llevar para siempre, y aprender así a relativizarlo.

¿No crees que habrías podido tener alguna opción en Italia 90 o incluso en Estados Unidos 94 tras ese año maravilloso en el Racing?

No volví a jugar un partido. Antes del Mundial del 94, hubo un amistoso en Santander y pensé que igual me llamaban porque yo estaba a un nivel muy alto, pero no me llamaron y fue una pena, aunque lo entendí perfectamente. El seleccionador necesitaba ir haciendo su equipo y no estaba para homenajes.

Al año siguiente, en la 86/87, otra lesión.

Sí, y me pierdo casi todo el final de temporada, incluyendo la final de Copa, que apenas jugué.

Es un año de locos, preludio de lo que vendrá después: muere Vicente Calderón, empieza la temporada Vicente Miera, pero la acaba de nuevo Luis Aragonés, llegáis a la final de Copa, pero la perdéis por penaltis ante la Real Sociedad de López Ufarte, Bakero, Begiristain…

La clave fue lo de Vicente Calderón. Su muerte lo cambió todo. El equipo estuvo bien ese año o al menos acabó bien la temporada, pero todo era muy inestable y lo de la muerte de Calderón ya fue demasiado.

El día anterior a esa final, se celebran las elecciones a la presidencia y las gana Jesús Gil, que se planta en el estadio. ¿Qué os dijo aquel día?

No, a ver, Gil ya estaba. Yo lo que recuerdo es que Gil ya empieza a hacerse con el club mucho antes de las elecciones, como si fuera suyo, y ya se empieza a respirar el mal ambiente desde entonces. 

No os tragáis desde el principio.

No, pero tampoco tuvimos grandes problemas hasta que echan a Ufarte. Habíamos empezado el año con Menotti, que era muy peculiar, le gustaba entrenar por la tarde y no encajó bien con Gil tampoco. En su lugar puso a José Armando Ufarte, pero nada más empezar a entrenar le da una lista con los que tienen que jugar y los que no. Ufarte le dice que no lo acepta y Gil le despide en el mismo despacho. En esa lista, estaba yo, por cierto, y cuando baja Ufarte al vestuario a decir que no va a seguir entrenando, nos pillamos todos un cabreo importante. El caso es que los periodistas estaban en la puerta y nos iban preguntando según íbamos saliendo. Yo di por hecho que alguien habría dicho algo ya antes, así que, cuando salí y me preguntaron, dije que me parecía una «cacicada»… y resultó que fui el único en protestar en voz alta. Cuando le fueron con el cuento a Gil, dijo que me iba a despedir a mí también. 

Y ahí es cuando el equipo se pone de tu parte.

Sí, nos quería echar sin más a Ramos, a Arteche y a mí, y el vestuario sacó un comunicado diciendo que no lo iban a aceptar, así que me tuvo que readmitir, pero en plan «mejor que se quede en casa porque no va a jugar». Así me tuvo hasta entrado el año siguiente, cuando ya me dejó ir al Logroñés.

¿Viste en su momento la serie de El pionero?

No, no la vi.

Pues mejor que no la veas.

¿Por qué, habla mal de mí?

No, pero el blanqueo que se hace del personaje es curioso.

Es que siempre se le rieron las gracias. Incluso cuando se murió, parecía que se había muerto otra persona distinta de la que yo conocí. Gil estaba siempre con mil pleitos a la vez porque era su manera de funcionar. Me acuerdo de una vez que me llamaron de Telemadrid, cuando yo ya no estaba en el Atleti y, de repente, me dicen «está aquí Jesús Gil, seguro que le quieres decir algo». El tipo había ido con el cocodrilo ese pequeño que llevaba a los platós.

Furia.

No me acuerdo del nombre. Era como un caimán. El caso es que le dije al locutor: «Sí, sí, tengo algo que decirle, claro: que a ver si el cocodrilo se hace grande y se lo come». Luego, con los años, coincidí con el hijo. Fui un día al Calderón a ver a Carlos Peña, el delegado, que seguía siendo un buen amigo y estábamos en su despacho cuando entró Miguel Ángel y nos quedamos los dos un poco sorprendidos, pero reaccionó rápido. Me dijo: «Me alegra verte por aquí». El Atlético de Madrid cuida muy bien a sus exjugadores, es una cosa que tiene muy a gala y es verdad.

En el Atleti, coincides con Paulo Futre, el gran fichaje de Gil.

Sí, era un jugador impresionante. Muy rápido, a veces no pensaba demasiado bien la jugada que tenía que hacer, pero buenísimo. No coincidimos mucho porque yo ya no jugaba. Lo que hizo Gil para dividirnos fue, al final de temporada, echar a los que le molestaban y doblarles el sueldo a unos cuantos para que estuvieran de su lado. Le salió bien.

Del Atleti, te vas al Logroñés, con otro presidente carismático, Marcos Eguizábal, un magnate del vino.

Sí, otro tipo tremendo, pero muy distinto de Gil. Llego a los seis meses o así, cuando ya se había ido Irureta y estaba de entrenador Carlos Aimar.

Entre tus compañeros están Manu Sarabia, que por entonces no era titular, y Ruggeri, ya campeón del mundo, antes de fichar por el Madrid. ¿Era tan hablador como ahora?

Ruggeri me llamó hace poco, cuando salí del Barcelona, para hacer una entrevista en Argentina, me dijo que estaba en no sé qué medio… pero le dije que no porque supuse que iban a buscar carnaza con Messi.

El caso es que a partir de la 89/90, vienen tres años fantásticos para el Logroñés, los mejores de su historia.

Teníamos muy buen equipo y jugábamos muy bien. Santi Aragón, que venía del Madrid, nos daba mucho equilibrio en el medio del campo, nos ayudó mucho, igual que Vílchez, que también venía del Castilla. Si no llegamos a tener algunas lesiones, estoy convencido de que al final hacemos los puntos necesarios para entrar en Europa, que nos quedamos a solo dos.

Sarabia estaba a punto de retirarse, pero la conexión fue inmediata.

Sí, conectamos desde el principio. Él jugaba un poco más adelante y yo detrás, pero nos buscábamos todo el rato. Vivíamos muy cerca y ahí fue donde conocí a su familia, incluido a su hijo, Eder, que era un niño.

Los otros dos años son menos espectaculares, ya con David Vidal en el banco.

David Vidal me tenía un enorme respeto. Siempre le decía a los más jóvenes: «Miren a Setién, así se tienen que hacer las cosas», hasta el punto de que ya una vez tuve que cortarle y pedirle por favor que no siguiera poniéndome de ejemplo para todo porque iba a parecer el protegido del grupo. Vidal la tomaba mucho con los porteros. A Lopetegui, por ejemplo, le hacía la vida imposible, y antes a Lung, que era un portero rumano que teníamos, muy bueno, pero que le tenía horas y horas entrenando, tirándole todo el rato a puerta y gritándole. 

Vidal solía decir que lo que hacía diferentes a los jugadores era su inteligencia, que los equipos grandes ganaban porque tenían jugadores más listos.

Bueno, a mí me cuesta mucho hablar mal de David Vidal porque sigue siendo muy generoso conmigo y cada vez que le preguntan dice que yo soy el mejor entrenador del mundo y tal, pero era un tipo peculiar. Daba muy bien en los medios y llamaba mucho la atención, pero en la parte táctica se perdía un poco.

Quique Setién

En la 91/92 se va Sarabia, pero llega un delantero de época como Anton Polster.

Un delantero maravilloso. Venía del Sevilla y era fantástico tenerle de compañero porque cuando jugabas contra él te dabas cuenta de lo bueno que era y lo mucho que te hacía sufrir. Nos aportó muchísimo.

Un gol de Polster esa temporada contra el Madrid sirvió casi de preludio de lo que pasaría luego en Tenerife.

Puede, pero esas son cosas que a lo mejor interesan desde fuera. A mí me daban igual. Yo no estaba pensando si jugábamos contra el Madrid o contra el Barcelona o si ellos se jugaban algo. Yo miraba lo que me jugaba yo y punto. 

¿No notabas especial algarabía mediática esas semanas?

Sí, por eso, que era cosa de los medios, pero a nosotros —o a mí, al menos— nos daba bastante igual.

Mencionabas antes a Julen Lopetegui, un apasionado del ajedrez, como tú.

Sí, comíamos juntos muchas veces, con otros compañeros, en mi casa, y antes del entrenamiento de la tarde, les jugaba simultáneas, yo contra todos los demás (risas)

Guardiola también es un loco del ajedrez, ¿en qué ayuda a entender mejor el fútbol?

Pues ni siquiera lo sabía, la verdad. ¿Le gusta mucho el ajedrez a Pep?

Eso dice Martí Perarnau, que es fanático de Carlsen, y si él lo dice…

Pues no lo sabía, de verdad. A mí siempre me ha gustado el ajedrez, pero no acabo de verle una relación directa con el fútbol. Me lo preguntan mucho, pero es que no acabo de verlo. Como mucho, alguna cuestión básica, como la importancia de dominar el centro del tablero, que es similar a la de dominar el centro del campo. La importancia de que todas las fichas estén protegidas, de atacar como un conjunto y no individualmente… pero poco más.

En el verano de 1992, vuelves a Santander, con treinta y tres años, pese a que el equipo está en Segunda, ¿qué pasó para tomar esa decisión?

Yo ya quise volver antes, pero el presidente de entonces no me quiso. Cuando cambió la directiva en el 92, a mí me quedaba un año de contrato en el Logroñés, pero me llamaron para ascender y les dije que sí, que me iba. De hecho, tenía una cláusula con el Logroñés por la cual me tenían que liberar si venía otro equipo a ficharme, así que me pagaron el equivalente a ese año firmándome por varias temporadas y me volví.

¿Y cómo fue la vuelta a casa?

Genial. Muy, muy bien. Yo me encontraba muy bien por entonces, me llamaron con el único objetivo de ascender… y al primer año ascendimos.

Un poco sin esperarlo, en el Racing te encuentras con otros dos años en la élite, jugando muy bien al fútbol y con buenos resultados. En la 93/94, con Irureta de entrenador, volvéis a rozar entrar en Europa…

Era un equipo muy sólido, con gente joven como Esteban Torre, por ejemplo, pero también veteranos como Pablo Alfaro. Irureta tenía una cosa muy buena: ponía siempre a los mejores, no se complicaba. Era todo muy simple y muy fácil.

Era el equipo «de los rusos», con Radchenko, Zygmantovich y Popov.

Tres jugadores buenísimos. Nos aportaron una barbaridad. Radchenko, con sus goles, claro, y Popov ayudando en el medio del campo. Luego estaba Zygmantovich, que era un defensa central con una calidad enorme. Marcaron una época aquí.

El año siguiente no es tan brillante, pero es el del 5-0 al Barcelona.

Sí, pero aquello fue una casualidad. El Barcelona llegaba muy mal, muy tocado, era el último año de Cruyff, les expulsan a uno muy pronto… Son cosas que no pasan normalmente y tampoco le di demasiada importancia porque fue un accidente más que otra cosa.

El entrenador es Vicente Miera y mucha química con él no hay…

No. Me ponía siempre, pero no estaba muy convencido. Me acuerdo de una pretemporada, que nos puso a correr y yo iba un poco retrasado del grupo porque ya no estaba para excesos de resistencia. Yo necesitaba entrenar otras cosas a esa edad, como la flexibilidad, pero conocía muy bien a mi cuerpo y no necesitaba palizas porque luego acababa fundido los partidos. El caso es que Miera se quedó esperando a que llegara yo y cuando ya estaba ahí, me dijo: «¿Qué pasa?» y yo le contesté «Nada, no pasa nada, es que me estoy dosificando» y me soltó: «Pues igual habría que plantearse cambiar de profesión», así, sin más. Yo me enfadé muchísimo y le dejé claro que esa decisión solo podía tomarla yo, que él podía ponerme o no ponerme, pero la decisión de retirarme solo la podía tomar yo.

Al año siguiente, sucede lo de Tomás.

Sí, este chico venía del Oviedo y yo ya había visto cosas raras en el entrenamiento. Era demasiado agresivo, de esto que notas que las entradas van un poco más duras de lo necesario. Se supone que estábamos compitiendo por el mismo puesto en el once y Miera le dejaba hacer. En una de estas, se pasó de la raya y yo reaccioné porque estaba ya harto de toda esa situación, así que me fui a por él y la tuvimos. Me tuvieron que mandar al vestuario porque no había manera de controlarme… y nada más llegar al vestuario, salí otra vez al campo y me fui directo a Miera. Yo creo que se pensaba que le iba a pegar a él también pero solo me puse delante y le dije: «Todo esto es culpa suya, usted sabía que esto iba a pasar y ha dejado que pasara».

A Miera lo echan, pero a ti también.

Sí, a Miera lo echan porque hace unas declaraciones sobre si los cántabros tienen mucho tiempo libre o algo así. Unas declaraciones muy raras, y el caso es que por entonces el máximo accionista era el gobierno de Cantabria, así que no podían tolerar algo así. Le echan y de paso me echan a mí, que ya estaba apartado del equipo. Yo no entendía nada. Lo del entrenamiento no justificaba algo así. Sé que Nando Yosu, que fue el que sustituyó a Miera, luchó porque me quedara, quería contar conmigo, pero no hubo manera.

Quique Setién

No sé si esto lo sabe mucha gente, pero tú te retiras en el Levante.

Sí, es algo parecido a lo del Racing del 92, me llaman porque quieren ascender. Estaban en Segunda B y querían subir a Segunda. Para mí era una motivación y lo conseguimos.

Te retiras ese 1996 y empiezas a entrenar solo cinco años después, en 2001, pero aun así te da tiempo a ser estrella del fútbol playa.

Bueno, es que esa época fue muy divertida. Pero muy divertida. Yo me entero de esto porque me llama Joaquín, el del Sporting, que está buscando gente para jugar partidos de fútbol playa y me dice que si me quiero apuntar. Yo, al principio, no entendía nada: «Pero, partidos, ¿como los que jugamos en El Sardinero?», le pregunté y me dijo que no, que con la arena sin alisar. Aquello era un fútbol totalmente distinto y una vida totalmente distinta. Fíjate que yo pensé que era gratis o que incluso tendríamos que poner algo de dinero, pero nos pagaban y bien. A mí se me daba de maravilla, fui máximo goleador con España en varias competiciones, estuve varios años viajando por todo el mundo… Incluso llegué a ser seleccionador de Rusia y a jugar contra España en un Mundial. Jugamos a catorce grados bajo cero en un pabellón, en Copacabana varias veces, era una maravilla.

Se te ilumina la cara cuando hablas de esa época.

A ver, es que jugabas con amigos, viajabas por todo el mundo. Te ibas a Brasil, por ejemplo, a un buen hotel, te levantabas a las diez, te tomabas un buen desayuno y luego tranquilamente ibas a la playa, un poquito de calentamiento, jugabas el partido de una media hora… y a disfrutar de la ciudad el resto del día y de la noche. Fueron unos años muy divertidos.

Y aun así te da tiempo a sacarte el carnet de entrenador.

Sí, pero sin ninguna intención de entrenar. Me saqué los cursos por si acaso, porque me interesaba e hice las prácticas con un equipo infantil de aquí de Cantabria. No tenía ninguna vocación profesional.

En esas, te llega la oferta del Racing, que había descendido el año anterior a Segunda y al que asciendes a Primera.

No fue tan inmediato. A mí me llama el presidente y me propone ser el secretario técnico. El equipo acababa de descender y yo creía que iba por mal camino, así que le digo: «¿Y qué va a pasar con el entrenador?» y él me dice que va a seguir. Era Gustavo Benítez, un paraguayo con el que el equipo jugaba muy mal. Le dije que se equivocaba manteniéndole y que yo prefería mantenerme al margen, que ya se daría cuenta. Y así, llega un partido contra el Eibar en casa, que empatamos con un paradón al final de Ceballos y, viendo la reacción de la grada, me di cuenta de que no iban a aguantar más y me preparé para que me llamaran.

Y te llamaron.

Sí, me llamaron, tuvimos una reunión con un montón de gente y me preguntaron qué podían hacer y a quién llamaban y al final pues decidimos que me hiciera yo con el equipo, pero de manera interina, dos o tres jornadas para después seguir de director deportivo y estructurar el club. Llego ahí y el ambiente del vestuario era muy malo, horrible. Los primeros partidos los perdemos, pero no encuentran a nadie y sigo… y de repente empezamos a ganar, de manera que cuando soy yo el que me quiero ir, me dicen que no, que imposible, que me tengo que quedar. Fueron unos meses muy duros porque había mucho lío en ese vestuario, pero lo enderezamos y se consiguió el ascenso.

Sin embargo, una vez ascendido el equipo, colocas a tu excompañero Preciado en el banquillo y te echas a un lado en la dirección deportiva.

A Manolo no lo querían porque había estado antes con Yosu y les habían echado una especie de pulso y lo habían ganado porque tenían el apoyo de la opinión pública… pero eso la directiva no lo había olvidado. A mí me parecía la mejor opción. Yo me pude dedicar al proyecto del Racing y durante unos meses dio la sensación de que todo funcionaba. Tenía todo planeado, de arriba abajo. Estoy convencido de que, de haber seguido ese proyecto, hoy seríamos como la Real Sociedad, por ejemplo.

Pero se cruzó Dimitri Piterman en el camino.

A ver, la culpa no fue de Piterman. La culpa fue de quien le vendió el club a Piterman. El presidente me dice que hay un empresario que va a comprar el club, que viene del Palamós, y que por favor me reúna con él. Nos reunimos al día siguiente, en una mesa enorme con toda la directiva y él se sienta delante de mí. Todo muy amable, muy normal, hasta que me pregunta cómo va el equipo. Por entonces, estábamos como siempre, luchando por no descender, pero con cierta holgura, así que le digo que todo bien. «¿Y no podría ir mejor?», me dice. Bueno, yo ahí me pongo a explicarle que es complicado porque hay equipos muy buenos con jugadores muy buenos… y él me interrumpe y suelta: «Es que mi objetivo es jugar Champions». Yo ahí me quedo en una posición un poco incómoda, miro a mi alrededor y veo que están todos mirando al suelo. Seguimos hablando y le pregunto: «Pero, usted, ¿cuánto dinero está dispuesto a invertir aquí?» y me dice que tiene a cuatro jugadores del Palamós que son muy buenos.

Cuatro jugadores del Palamós para jugar la Champions…

Sí, que él había conseguido en Cataluña dominar a todos los demás equipos y que iba a repetir lo mismo ahora en la liga española y que, claro, él decidiría las alineaciones y el sistema y bajaría al vestuario con los jugadores. Yo le dije que eso no lo iba a tolerar ningún entrenador, pero pareció no entenderlo. Nos dimos la mano y en ese momento me desvinculé del Racing.

¿No es un poco raro que desde entonces no hayas vuelto a entrenar al equipo?

No ha surgido. Hace poco, volvimos a hablar del tema y parecía que la cosa iba a salir adelante pero tampoco salió.

Es curioso que tu carrera como entrenador no se estabilice hasta 2009. Pasas una temporada en el Poli Ejido, otra temporada en el Logroñés, pero la cosa no arranca hasta que no llegas a Lugo, que estaba por entonces en 2ª B.

Es que yo seguía sin querer ser entrenador. Cuando se acaba lo del Racing, lo que hago es volver al fútbol playa, pero ya la cosa había cambiado. Para empezar, de los veteranos ya solo quedaba yo, los demás eran jovencitos recién retirados. Y, aparte, Joaquín se había puesto muy pejiguero, no quería que saliéramos por las noches ni nada (risas). Me llamaron de El Ejido y de Logroño pero para cosas muy concretas y sin mucha vocación de continuidad. Así, hasta que me llama el presidente del Lugo, y me hace una oferta que, en realidad, era muy baja. Me acuerdo de que le dije: «Joder, voy a tener que poner el dinero yo para vivir ahí con la familia», y me dijo: «Pues es lo que te puedo pagar», pero al final acepté.

¿Es la época de Lugo a la que más cariño guardas? Fueron tres temporadas en 2ª B y otras tres temporadas en 2ª.

Probablemente. Me llevaba muy bien con el presidente y había muy buena conexión con la gente de ahí. Y eso que nos costó subir porque siempre nos quedábamos a las puertas, pero jugamos muy bien al fútbol, nos divertimos mucho. Me acuerdo de una vez que queríamos fichar a un jugador muy bueno y me dijo el presidente que no podía por diez mil euros. Yo me llevaba las manos a la cabeza porque era un jugador muy importante para nosotros y le pedí que, por ese dinero, hiciera el esfuerzo. Él me dijo: «Vale, pero te lo quito a ti» (risas).

Quique Setién

En 2016, te llega la opción de irte al Las Palmas en Primera, cuando echan a Herrera, y debutas como entrenador en esa categoría a los cincuenta y siete años.

En Las Palmas estuve muy a gusto. Al principio, me costó un poco porque llegué con la temporada empezada y había muchas cosas que no se identificaban con mi manera de ser y con mi manera de hacer las cosas, así que costó, pero, bueno, lo conseguimos enseguida: el equipo empezó a jugar bien, empezaron a tomar protagonismo muchos jugadores que eran muy buenos pero estaban un poco deprimidos y la verdad es que estuve muy contento.

Salvas al equipo ese año y lo asientas al siguiente, ya con Eder Sarabia como ayudante. ¿Qué viste en Eder para convertirlo en tu ayudante inseparable?

Pues yo le conocía de cuando estaba con su padre en Logroño, y, cuando estuve en Lugo, me mandaba comentarios por correo sobre aspectos tácticos muy interesantes. Al final, un día que se vino a ver un entrenamiento, le dije que a lo mejor un día le llevaba conmigo de segundo. Le encantaba el fútbol, tenía mucho entusiasmo y mucha intuición. Cuando me fui al Las Palmas no me podía llevar al segundo del Lugo porque era un chaval de allí, que tenía allí su familia, sus cosas… así que llamé a Eder.

Siempre se te echaba en cara que tus equipos empezaban muy bien las temporadas pero se iban desfondando poco a poco. El caso es que el año que te fuiste, el Las Palmas descendió… a veintiún puntos de la salvación.

Bueno, es que, según las estadísticas, lo de acabar mal las temporadas era sistemático en el equipo. No era cosa mía, sino de todos los entrenadores. Yo intentaba mantener el rigor, la disciplina, hacer las mismas cosas…Lo que pasa es que la mentalidad del jugador canario hay que entenderla y no es fácil, hay que aceptar un montón de cosas para sacarles rendimiento porque no son chavales que, apretándoles, vayas a conseguir que te den lo mejor de sí mismos. Los canarios son especiales, llevan otro ritmo, juegan para divertirse, les encanta el fútbol y hay que entenderlos. Quieren ganar, claro que quieren ganar, pero hay otras cosas más importantes en la vida.

Canarias es un lugar maravilloso.

Lo es, yo fui muy feliz ahí, pero otro problema grave que tenían ahí era el presidente. El presidente es un hombre complicado. De hecho, yo me marcho por él, y ahora me ha llamado para volver, hace cuatro o cinco meses. Me llamaron los satélites que tiene ahí, para decirme que había cambiado, que estaba dispuesto a dejarme llevarlo todo… Yo les dije: «Lo primero que tiene que hacer es llamarme él y decirme todo esto a la cara». Y cuando llamó, le dije que no (risas). Los últimos tres meses allí con él fueron muy duros y menos mal que la gente ya le tiene calado, asumen que es lo que les ha tocado y hay que vivir con ello. Por eso me marché, si no, me hubiera quedado encantado porque a mí el jugador canario me gusta mucho, tiene mucha calidad. Físicamente, también tienen una capacidad tremenda. Son gente muy fuerte. Es que estuve muy bien, me dio mucha pena marcharme.

Coges al Betis y el primer año lo metes en UEFA, recuperas a Joaquín, llenas el equipo de canteranos, haces un fútbol muy vistoso, ganas en el Bernabéu y los chicos le meten cinco al Sevilla en el Pizjuán.

Teníamos un equipo muy bueno, aunque en algún momento tuvimos que recurrir a chavales de abajo, sí, básicamente porque eran aún mejores. El primer año entramos en UEFA, que fue un éxito rotundo, y el segundo íbamos bastante bien pero el problema en Sevilla es que hay un sector de la prensa muy complicado.

¿Por qué se ponen tan visceralmente en tu contra?

Pues creo que todo empezó con unas tertulias que hacen como a mitad de año, que yo fui y hablé demasiado directo. Había un periodista que me ponía a caldo, que me criticaba todo el rato porque dábamos demasiados pases y ya le dije: «Mira, es que el fútbol hay que entenderlo» y se puso a la defensiva: «¿Qué insinúas, que llevo treinta años haciendo las crónicas y no entiendo de fútbol?». Me recordó a una cosa que decía Javi Clemente cuando estaba en Lezama: en la parte de atrás, tras una valla, había un prado con unas vacas pastando. Cuando Clemente quería demostrarle a alguien que no tenía ni idea de fútbol, le decía: «Mira, esas vacas llevan cuarenta años viendo cómo los jugadores de Lezama tiran el balón al otro lado de la valla, y en cuarenta años ninguna ha sido capaz de devolver un balón para acá» (risas). Se lo dije así, que el fútbol parece muy sencillo, pero es muy complejo. Yo llevo cuarenta años jugándolo y estudiándolo y hay muchísimas cosas que se me escapan. Lo que pasa es que igual me equivoco menos que tú, que crees que sabes y no. A partir de ahí, empezaron a tirarme a degüello.

En tu segunda temporada, dejas al Betis a tres puntos de la UEFA otra vez y ganas en el Bernabéu y en el Camp Nou (3-4 con un excelente Lo Celso), ¿crees que no se valoró lo suficiente el mérito de todo aquello?

Mira, por todo eso estoy tan encantado de estar aquí retirado, porque ya acabas un poco harto de estar defendiendo todo el rato lo que estás haciendo. No ya por los resultados, sino por la sensación de tener que estar defendiendo lo que estás haciendo TODOS LOS DÍAS. Si es que yo he hecho lo mismo cuando he ganado y cuando he perdido. No te pienses que es que yo cambio según el rival. Es posible que en muchos partidos me haya equivocado en el planteamiento. Lo reconoces y no pasa nada. Lo asumes, te lo comes y ya está. Pero no puede ser que esté defendiendo todos los días lo que estoy haciendo cuando siempre es lo mismo.

Te acaba agotando.

Claro, y es que, además, la prensa tampoco se enfrenta a ti directamente. Me acuerdo de que iba a las ruedas de prensa los días que perdía y había veinte personas. Me ponían a uno ahí enfrente y a lo mejor te decía: «¿No sientes que has hecho el ridículo hoy con el equipo y que deberías dimitir?» y nada más decirte eso, se daba la vuelta y empezaba a hablar por teléfono tan tranquilamente. Están deseando que pierdas los nervios para que se monte el Cristo, así que tienes que hilar muy fino a ver qué dices para que luego no hagan una montaña de una chorrada. Y cuando pasan los años y ves que esto te pasa un montón de veces, pues al final dices: «No». Que es verdad que hay otros periodistas que da gusto hablar con ellos, gente respetuosa como la de antes y no la «salsa rosa» de ahora, pero en general acabas bastante harto.

Empiezas la siguiente temporada sin equipo, pero en navidades echan a Valverde del Barça y te llaman. A veces, pienso que aquello fue una trampa: que te cogieron por tu cruyffismo reconocido y en realidad había una cierta voluntad de que te estrellaras y, contigo, el propio cruyffismo. 

A ver, yo era perfectamente consciente de que llegaba al Barcelona en un momento muy complicado… pero era la única oportunidad que iba a tener en mi vida. Por tendencia, siempre soy optimista y pienso que me voy a quedar toda la vida en los sitios en los que estoy, porque si piensas que te van a echar ya empiezas a preocuparte y a pensar «tengo que poner a este, tengo que hacer tal cosa…», y no haces lo que crees que debes hacer. Yo soy perfectamente consciente cuando voy a Barcelona de que voy porque no tienen a nadie más, pero lo que no puedes es renunciar a ir al Barcelona y entrenar a los mejores jugadores del mundo, entre ellos, al mejor. A ver, si me había ido bien en Lugo, en Las Palmas, en el Betis… ¿por qué no voy a cambiar la dinámica también allí? Siempre he ido a equipos que estaban en una mala racha, es que es lo normal. Nadie te llama cuando un equipo va bien. Si cambian, es porque las cosas les van mal.

El Barça venía de perder la Supercopa y del famoso 4-0 en Liverpool del año anterior.

Claro, entonces llegas ahí y te encuentras con lo que te encuentras. Un montón de cosas que realmente te llaman la atención porque, primero, desconoces ese nivel y, segundo, porque nunca he vivido un vestuario así, ni en la selección ni en el Atlético de Madrid. Era otra cosa. Y eso sí que me ha provocado un shock.

¿En qué sentido?

Pues que hay muchas cosas que tú no puedes controlar, que es imposible que puedas controlar. Te encuentras un vestuario que no es feliz, no sé si era por la trayectoria, pero no veía un vestuario como el que yo he vivido en la mayor parte de mi trayectoria deportiva. En Sevilla, había una tensión de la hostia fuera, pero en el trabajo diario nos lo pasábamos de maravilla. Disfrutábamos yendo a trabajar cada mañana. Daba gusto. Y me dio muchísima pena marcharme de Sevilla, y al presidente y el vicepresidente, ni te cuento. Lo que pasa es que no tuvieron valor de renovarme. Que lo entiendo, ¿eh? Yo aguanto; si tengo que aguantar, aguanto, pero ellos eran de allí, tenían que plantar cara a mucha gente.

En el Barcelona no hay conexión interna ni externa.

Es que lo que yo me encuentro ahí, ya te digo, no me lo he encontrado en cuarenta años que llevo metido en el fútbol.

Siempre me dio la sensación de que los jugadores estaban más pendientes de no equivocarse, de hacer todo lo que se suponía que había que hacer, que de sacar partido de su calidad… y no lo digo como un reproche.

Si es que, en teoría, al menos cuando llegamos, todo lo hacíamos bien: allí hay un departamento de estadística y, con respecto a otros cuerpos técnicos, nosotros recuperábamos más balones, creábamos más oportunidades, teníamos más tiempo la pelota… lo que pasa es que al final, después del confinamiento, no lo pudimos mantener.

Los entrenadores están acostumbrados a la presión de los resultados, pero ¿cómo se puede soportar el escrutinio cada quince minutos de cada partido?

Es que hay mucha gente que cree que en el fútbol lo puede controlar todo, pero no, es imposible, hay demasiadas variables. A ver, en el momento en el que eliges ser entrenador, ya asumes que, si no ganas o no haces bien las cosas, vas a marcharte, eso está claro y lo aceptas. Pero es que en un partido suceden tantas cosas que muchas veces depende única y exclusivamente de la suerte. Es verdad que si haces las cosas bien y metes cinco goles no te hace falta suerte, pero para eso te hace falta un delantero que ese día esté inspirado… y, a lo mejor, al siguiente partido, ese mismo jugador falla cinco goles debajo de la portería. Es lo que tiene cuando dependes de individualidades. Muchas veces, me planteo: ¿merece la pena tener un jugador diez que te resuelve dos partidos con genialidades, pero el resto del tiempo desaparece?

Como Romario…

Por ejemplo. ¿Prefieres eso y que luego no corra o no defienda y que te metan un gol porque ese jugador no ha bajado? Porque eso te genera un problema grave. A ver, si te mete treinta o cuarenta goles por temporada, no… pero hay tantas cosas que no puedes controlar. El estado anímico, el estado físico de los jugadores. Tú puedes decidir cómo juega el equipo y repetirlo cada partido. Decirles que vamos a defender arriba para recuperar pronto el balón y cosas así. Lo que pasa es que, si el contrario pasa esa línea de presión, en cuanto haya uno o dos que repliegan mal, ya te has metido en un lío. Es un momento en el que tienes que estar concentradísimo. Noventa minutos. Si tienes jugadores que se despistan fácilmente ya te tienes que plantear si defiendes arriba o no, porque a mí la opción de esperar atrás no me gusta, pero a lo mejor no te queda otra. ¿Cómo arreglas esto? ¿Quitando a esos jugadores? Pero no tienes más, o son peores en otras cosas. Es difícil acertar. Hay muchas cosas que yo no puedo controlar y en las que no influyo. Trato de adecuar el sistema de juego para que todos se diviertan porque creo que todos rinden más si se divierten… pero luego hay cosas que se me escapan.

Por eso es un juego.

Claro, que un jugador ponga bien un centro o que el delantero remate bien ese centro ya no depende de mí. No me puedes echar porque el centro sea malo o porque el delantero falle un gol. Si el equipo ha llegado a posición de peligro veinte veces y no ha metido ninguna y le han generado solo dos ocasiones de gol, pero una va adentro. ¿Yo qué puedo hacer ahí como entrenador?

Quique Setién

La pandemia os pilla de líderes.

Con dos puntos de ventaja, sí.

Pero ya antes hay un aviso contra el Valencia y perdéis en el Bernabéu.

Sí, pero lo del Bernabéu, a ver… Me puedes echar porque perdemos 2-0 en el Bernabéu, pero es que tenemos tres manos a mano con el portero y los fallamos. Y el Madrid va y mete un gol que le pega Vinicius con no sé qué, rebota en la pierna de Piqué y le pasa por encima al portero, que la tenía parada. Ante eso, no hay nada que hacer. Y perdemos la liga porque al Madrid le pitan seis penaltis y nosotros entramos en una fase jodida porque hay muchos problemas allí dentro.

Creo que ese es el partido de la polémica con Eder Sarabia por, básicamente, con mayor o menor empeño, hacer su trabajo. 

Sí, sí, pero si te acuerdas bien, yo me cabreo mucho con él ese día porque ya le tenía advertido de que tenía que controlar los modales. Es un chaval muy, muy, muy impulsivo, ya le había advertido varias veces. Lo que pasa es que es un chaval al que quiero mucho y que aporta muchas cosas que son muy válidas y se lo aguantas. Es muy buen chaval y lo único que le decía es que estaba dando una imagen pública y que, si yo estaba alejándome de la crispación y todo esto, él no podía estar dando este ejemplo. Es que a mí no me gusta. Le dije: «Cuando seas entrenador, haz lo que te dé la gana, pero mientras esté mi nombre aquí puesto, que sepas que a mí esto no me gusta». Me cabreé con él muchas veces por este tema. Y ese día le pillaron, pero hubo otros días que no le pillaron y que también lo hacía. De hecho, ese día en concreto, fui al vestuario, reuní a los capitanes y les pedí disculpas por las formas. La verdad es que ellos no le dieron ninguna importancia, pero el que tuvo que ir a rueda de prensa a dar la cara fui yo.

¿Para qué sirvió el parón? ¿Lo aprovechaste en algún sentido, te perjudicó…?

Yo no quería volver. La verdad es que no quería volver, tenía mucho miedo. No quería exponerme a ir ahí cuando estaban muriendo mil personas al día. Es que no hay nada más importante que la vida y yo ya estoy en una edad de riesgo, y hasta que no me garantizaron que no iba a haber ningún problema, no me quedé tranquilo. De hecho, lo consulté con ocho o diez entrenadores, llamé a Zidane, a Julen, a un montón de gente, para ver qué pensaban ellos. Tebas tenía muchas ganas de empezar cuanto antes y yo entendía que había mucho en juego, pero era una situación muy compleja, no me parecía el momento de volver. Luego, me encuentro con una situación muy complicada dentro del club, con muchas reuniones entre jugadores y directiva… y eso repercutió mucho, claro.

¿El equipo que volvió era otro equipo?

Bueno, al principio vinieron con muchas ganas y entrenaron muy bien, incluso en los entrenamientos individuales. Todos vinieron bastante bien, lo que pasa es que luego empiezan los partidos y la cosa cambia. 

Para cuando vais a Lisboa, ¿tú eres consciente de que no vas a seguir?

Cuando fui a Lisboa yo tenía contrato en vigor.

Ya, pero ¿de verdad pensabas que ibas a seguir?

Sí, sí, claro. Es verdad que en lo del tema de la liga puedes pensar que la culpa es del entrenador… pero allí todo el mundo sabía que la culpa no era mía. Puedo tener un porcentaje de culpa, como todos, pero ahí habría fracasado cualquiera.

¿Cómo se explica lo del Bayern? ¿Qué pasó ahí?

Los primeros veinte o veinticinco minutos de partido el equipo está bien ante un equipazo, y hay incluso una oportunidad de ponernos por delante, pero a partir del cuarto gol, el equipo se viene abajo, se derrumba. Se dan cuenta de las limitaciones que tienen, porque nosotros ya sabíamos que el equipo estaba cogido con alfileres. No para ganar al Mallorca, pero para ese nivel… Ya lleva muchos años el Barcelona sufriendo, no hay más que verlo. Ya se sabía que se necesitaba una regeneración tremenda en el club, si es que ahí lo sabía todo el mundo, pero no había capacidad, ni siquiera económica, de hacer nada.

Que esa es otra, no hay un duro.

No, y había renovaciones ahí por medio, promesas incumplidas, y un estado de cabreo en el equipo tremendo… y eso es lo que nos llevó por delante.

¿En qué momento te dijeron que no seguías?

A mí no me dijeron nunca que no seguía. Le escuché al presidente por la televisión hacer un comunicado y el director deportivo, Abidal, quedó para comer conmigo al día siguiente y me quiso convencer para que les perdonara el dinero. Nos llevábamos muy bien y habíamos tenido mucho trato, era un tío cojonudo, y le dije: «Mira, mejor que en esto no te metas, yo tampoco voy a entrar, van a ser los abogados…», así que nadie me llamó nunca, nadie oficialmente me dijo que estaba despedido, a los cuarenta días recibí una carta de despido porque se cumplían los plazos y ahí ya puse una denuncia que está en el juzgado a la espera de que comience el juicio.

¿No ha cambiado nada con la nueva directiva?

Pues, después de las elecciones, les di un mes y llamé por teléfono a Carlos Naval para que le dijera al presidente que quería hablar con él. Al día siguiente, me llamó el vicepresidente y le dije que, si querían entrar en una negociación antes del juicio, yo estaba dispuesto a negociar no ya el dinero sino los plazos. Me estuvo intentando volver a convencer de que les perdonara el dinero y volví a decir que no. Estuvo muy simpático conmigo y tal, y después de tres o cuatro conversaciones en un mes, me dijo: «Bueno, mañana te paso una oferta». Y hasta hoy. Han pasado dos meses.

¿Y cómo estás viviendo tú todo esto?

Con muchísima tranquilidad. Con muchísima tranquilidad. A la espera. La justicia tardará lo que tenga que tardar, pero al final saldrá el juicio y me tendrán que pagar lo que me tengan que pagar.

¿Qué sentiste cuando Messi dio aquella entrevista diciendo que se quería ir cuanto antes?

Nada. Absolutamente nada. Yo he seguido viendo los partidos y trato de ver al Messi futbolista, ya está. Lo demás no me preocupa. Prefiero que vayan bien, porque entiendo que, si van bien con estos nuevos, me van a pagar, pero yo no soy una persona rencorosa para nada y no les deseo nada mal en absoluto. Ahí hay muchos chavales que me cayeron fenomenal y que estoy deseando que les vaya bien y que triunfen. Chavales geniales, extraordinarios, que se portaron muy bien, muy bien…

¿Notas que te ha dado cierto prestigio internacional el haber entrenado al Barcelona?

Sí, sí, he tenido varias ofertas de equipos de fuera, pero no me quiero ir. Salvo que me ofrezcan tal cantidad de dinero que sea imposible decir que no, prefiero quedarme aquí. Bueno, a Estados Unidos sí que me iría, aunque esté la cosa ahí regular con el covid. Si hubiera sido todo normal y me hubiera llegado una oferta de algún equipo de allí, aunque fuera por poco dinero, sí que me habría ido.

Última pregunta: repasando la charla que hemos tenido, ¿tú te ves entrenando otra vez a nivel profesional?

Ahora mismo, no. Es que, además, ni me apetece. Nada. Además, tengo muchas cosas que hacer aquí. Voy a ir a entrenar a un equipo de juvenil de segundo año, de liga nacional, voy a hacer de ayudante de un chaval que está ahí de entrenador, para echarle una mano. 

¿Te apetece?

Sí, eso sí. Con niños, sí. Por lo demás, ahora mismo no me veo entrenando otra vez, he perdido todo el interés.

Quique Setién

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24 Comentarios

  1. Gran entrevista. Los que apreciamos a Setién entrenador, estamos pendientes de sus pocas apariciones para saber cómo está después de lo del Barca, y sobretodo, cuáles son sus razones para no estar entrenando.
    Se sigue mordiendo la lengua sobre lo que vió en el Barca – le faltó tomarse un café con Valverde antes de empezar nada.
    Lo del Betis, creo que los que estamos fuera, nunca entenderemos lo que pasó allí viendo el nivel que alcanzó ese equipo.
    Los aficionados de Las Palmas lo echamos muchísimo de menos – su fútbol todavía más.
    Personalmente me encantaría que pasase página, y volviese a entrenar.
    Sus seguidores queremos más de él; en él algún proyecto que le den tiempo para ver cómo florece un equipo en juego y en gente joven. Conseguir títulos importantes con la filosofía que él transmite (y no hablo del tiki taka) no lo ha hecho nadie, él tampoco todavía. Ahí tiene un reto para volver a motivarse. Gracias por este entrevista, y un abrazo fuerte a Setién. Pío Pío!

  2. Setién analiza siempre bien el fútbol. Pero es un pelín soberbio. Algunas declaraciones en el pasado (por ejemplo, hacia el Leganés) le delatan. Yo creo que él mismo sabe que el Barcelona le vino grande. Algunos jugadores no le respetaban.

  3. Perdieron la liga porque al Madrid le pitaron seis penaltys a favor, dice. Me recuerda a alguien. Pero cuando habla de los ocho goles que les endoso el Bayern, tambien fue mala suerte al principio y que luego no salieron las cosas bien. En resumen, tambien mala suerte. No, hombre, reconoce que el Bayern os paso por encima y el entrenador del Barcelona estaba contando los goles sin saber reacionar porque el puesto le quedaba grande desde el principio, cosa que se vio al final que era asi. Un pelin subido para sus logros. Porque que te metan ocho en la Champions cuando a esa altura los equipos estan a la par, es como para hacer un lustro sabatico.

  4. La entrevista, muy muy interesante. Me da la sensación de que es una persona de segundo nivel en general. Que le faltaba ambición como jugador, como entrenador y en general como persona para ocupar un puesto destacado en nada. Sin grandeza en ningún sentido. Supongo que un físico portentoso, le dio lo que él no estaba por la labor de poner. Cuidado! Como persona, totalmente respetable su enfoque epicúreo y hedonista de la vida. Pero no le da para estar arriba. Por eso al final, todo son excusas para explicar la poca consistencia y los recurrentes fracasos.

    • Pero, a ver, dice una cosa muy cierta: el entrenador no puede controlarlo todo. Quienes juegan son los futbolistas. Si un jugaddor falla, el entrenador puede recordárselo y pedir al futbolista que entrene la jugada en que falló para intentar no repetir el error; pero, al final, no puede jugar por el futbolista y, por eso, hay una parte de su trabajo que es incontrolable. Incluso con los mejores jugadores existe la posibilidad de hacer malas temporadas; se castiga muy injustamente a los entrenadores con mala suerte como Setién. Que probablemente no sea el mejor de España, de acuerdo; pero por los comentarios que hace y por un vídeo suyo en cierta página de entrenadores, no parece un manta. Debió seguir en el Barcelona.

  5. Creo que Setién con un equipo de segunda o hasta media tabla en Primera lo haría bien. Con un proyecto a medio/largo plazo.
    Tuvo una gran parte de culpa en esos 8 goles del Bayern, pero sin duda que fue la gota que colmó el vaso y que eso venía de mucho más atrás.
    El ambiente que tuvo que ver en el Barsa y la magnitud de sus egos en el vestuario seguro que debe ser indescriptible. Generan muchísimo dinero, les idolatran, adulan, son casi Dioses en la sociedad, ganan más que nadie y exigen más que nadie. Pero al final del día es dar patadas a un balón y todos,todos,atención spoiler para ellos : son mortales.

  6. […] Да, мы знали, что это футболисты мирового уровня. Но, повторюсь, мы ничего не смогли сделать против них. Хоть и в тот год мы играли очень хорошо”, — сказал Сетьен в интервью Jot Down. […]

  7. Al Madrid le pitan 6 penaltis (justos, eso no lo dice)pero le roban en el Camp Nou (es tradición), y le escatiman penaltis en Mallorca y Villareal. Y vaya atraco fue el Betis-Barsa. Vinicius le pega dónde? Qué mal perdedor. No,el Barsa no tuvo tres mano a mano, mientras que el Madrid tuvo ocasiones de sobra para ganar. El personaje no cambia.

  8. En mi opinión estáis siendo muy injustos con Setien. Para empezar como jugador en absoluto se valió de un físico portentoso ( como sugiere Joan vallvè) sino por todo lo contrario. Era un jugador lento con una clase tremenda y mucho gol.

    Como entrenador ha destacado en todos los equipo que entrenó ( excepto Barcelona) haciendo que equipos como el Lugo,Betis o las palmas jugasen de maravilla.

    Como persona, siempre lo he visto como una persona inteligente,con mucha personalidad y mucha educación.

    En el barsa tuvo mal suerte pq entró en una época convulsa y al entrar con excesiva humildad se lo comieron, pero eso es culpa de los jugadores no de él,a ver si ahora vamos a penalizar ser peesona. A mí me parece uno de los mejores entrenadores de España.

  9. No sigo el fútbol. En la adolescencia me enganché al equipo de mi ciudad, el Racing de Santander, y allí estaba como capitán Quique, ya de vuelta del fútbol lideró al equipo en primera. Más que racinguista yo fui setienista, con el tiempo me di cuenta. Mi difunto padre le conocía, de crío recuerdo una breve charla con él un verano, nos lo encontramos en la playa del Sardinero mientras peloteaba con otro jugador del Logroñés. Años más tarde me lo presentó, ya era el capitán del Racing y yo estaba tan nervioso que apenas pude decir hola.
    Quique es un “rara avis”, un tipo de una pieza, no se calla, no pretende quedar bien, pero nunca falla al compromiso, es honesto y claro. Donde ha estado ha logrado generar un enorme carisma, también muchos detractores, no todo el mundo comparte su forma de ser y hacer.
    Y me alegro por él, a los 62, vivir en un sitio como Liencres y poder hacer lo que te apetece es un lujo. Se lo merece. Tal vez algún día pueda volver al Racing e ilusionar a los aficionados, ese día volveré a ser racinguista y esperaré que Quique vuelva a hacer su magia. En un equipo como el Racing podría lograrlo, aquí ya lo hizo dos veces como jugador y otra como entrenador.

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