Arte y Letras Arquitectura

El alma de las cosas

alma de las cosas
Fotografía: Lupe de la Vallina.

Para Juan Francisco de la Torre y Antonio Ruiz Hernando. 

Sin su ayuda y magisterio habría sido imposible escribir este artículo.

Querido lector, para lo que propongo necesita contar con una llave maestra de la que casi no existen copias, y para acceder a ella tendrá que hacer algo más que pagar una entrada o trastear.

Yo estuve en la casa de Bosu en Flandes medio día, y yo prometo a V. Magd. que es un pedaço de edificio el mejor labrado y tratado que yo acaa ni allaa hasta agora he visto.cosas

Esto escribió el maestro de obra Gaspar de Vega a Felipe II el 16 de mayo de 1556. Debía ser el castillo de Boussu una obra magnífica, ya que la opinión no la da cualquiera. Gaspar había sido enviado por el entonces príncipe heredero a Inglaterra, Flandes y Francia, a examinar las construcciones que tanto le habían impresionado años atrás. Vio muchas, pero de la que mejor habla es de esta edificación por desgracia desaparecida. También desaparecieron, víctimas del fuego o de la guerra, el palacio de Binche y el pabellón de caza de Mariemont. Todos son obra de Jacques de Broeucq, el arquitecto favorito de María de Hungría, estadista, hermana de emperadores y esposa de un rey muerto en la guerra contra el turco. Puede que se pregunte usted el porqué de que le hable de castillos y palacios arruinados por el fuego o la demolición. Voy a ello.

Los fantasmas de esos y otros edificios muertos, antaño esplendorosos y a menudo sustituidos por algo gris y trivial, habitan entre nosotros. Hubo un Real Alcázar en Madrid, destruido por el fuego en la Nochebuena de 1737, y del que ahora solo nos quedan planos y dibujos. También hubo un alcázar en Toledo, que tuvo que ser completamente reedificado tras la guerra civil. Y hubo una Casa del Bosque, en Valsaín, pabellón de caza de los Trastámara y luego palacio, del que solo quedan restos.

Entre todos estos «hubo» podríamos incluir el que más me interesa, el del restaurado Alcázar de Segovia, si no fuera porque el tiempo verbal no sirve. No hubo, sino que hay, un Alcázar de Segovia, y eso se lo debemos a un milagro, considerando lo cerca que estuvo de ser también una nota en los libros de historia.

El 13 de noviembre de 1873, la Dirección General de Propiedades y Derechos del Estado ordena a su delegado en la provincia de Segovia: «Dado el abandono en que se encuentra el Alcázar y el contiguo parque, ambos propiedad del Estado, (se) le autoriza para su enajenación en pública subasta». Si no hubiera sido por la resistencia de una serie de personas, como Ezequiel González, administrador de los condes de Chinchón (descendientes de los alcaides del Alcázar), de los tres hombres designados para la valoración del terreno, Manuel González del Valle, maestro de obras, Marcelo Laínez, perito agrícola, y el arquitecto municipal, Joaquín Odriozola, que renunciaron a sus cargos para dinamitar el proceso de enajenación, y de la Comisión de Monumentos del Ayuntamiento segoviano, que tuvo que llegar incluso al propio Alfonso XII, el Alcázar también estaría en la nómina de joyas desaparecidas. Sin embargo, lo que pudo convertirse en un desastre dio lugar a una de las reconstrucciones más afortunadas de las realizadas en España.

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2 comentarios

  1. ¿Dónde está Frabetti que no se le ve?

  2. Casas vis en Santa Marta Colombia

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