Editar en tiempos revueltos: Sloper

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¿Qué personaje de ficción fue Sloper? ¿Y por qué ha dado nombre a una editorial? Cuando entramos en el sitio web de Sloper, la empresa que dirige Román Piña Valls (Palma de Mallorca, 1966) encontramos un catálogo interesante que, además, parece que cuenta con títulos muy divertidos. Suficiente para querer entrevistar a Román, que además de editor es novelista, poeta, y lo más importante, una especie protegida (ojalá no en extinción): profesor de lenguas clásicas. 

Entre sus novelas se encuentran Gólgota (Premio Camilo José Cela Ciudad de Palma 2005, en Lengua de Trapo), Stradivarius rex (2009) y El general y la musa (2013). Obtuvo el V Premio Desnivel con Viaje por las ramas, divagando por la Stiria austriaca (2004). Publicó en 2014, junto a Miguel DalmauLa mala puta. Réquiem por la literatura española (Sloper), y en 2015 Las novelas Sacrificio (Editorial Salto de Página) e Y Dios irrumpió de buen rollo. Ha escrito para El Cultural, suplemento de El Mundo, en Marca, y en El Mundo-El Día de Baleares. Entre 2007 y 2016 tuvo un blog en El Mundo, Archipiélago Gulasch.

Cuando publicasteis Cómo apedrear a un escritor de éxito, de Octavio Cortés, ¿estabais invitando a escritores noveles a que os enviaran manuscritos? 

Un poco sí. Inconscientemente. Para eso está nuestra editorial, para ese perfil de autores.

Explícanos, Román, cómo surge Sloper, ¿Qué te impulsó a crear un proyecto tan ambicioso como una editorial?

Sloper es la hija aventajada de una revista literaria. En 1994 nace una revista llamada La bolsa de pipas, una publicación muy alternativa y modesta (dentro de unas carpetillas aparecían unos trípticos, que ni siquiera iban grapados), que en realidad no era una revista, sino unos monográficos de ediciones alternativas, y que al cabo de unos años se reinventó como revista periódica donde participaban una serie de poetas y escritores de ficción (relatos, fragmentos de novelas)… En esta revista la gente enseñaba su obra en marcha e inédita, lo que propició que pensáramos en la posibilidad de publicar libros de una manera más ambiciosa, en el peor sentido de la palabra. Es decir, la revista nunca se planteó con ánimo de lucro, pero nos dimos cuenta de que para crecer había que tener un aliciente económico. Esa idea loca fue culpa del éxito de Agustín Fernández Mallo, porque nosotros en esta revista habíamos publicado un libro de Agustín, que luego triunfó, además de manera fulminante, y pensamos que reeditando ese libro nos haríamos ricos. Lo reeditamos, no nos hicimos nada ricos, ni un poco siquiera, pero ya habíamos empezado la aventura.

Y respecto al nombre Sloper, ¿lo tuviste claro desde un principio? Hay más de un personaje de ficción llamado Sloper.

Antes que la idea de hacer la editorial ya tenía el nombre de Sloper. Fue leyendo El mundo según Garp, de John Irving, en el que aparece un personaje llamado Jillsy Sloper, que es la mujer de la limpieza de una editorial y protagoniza una escena que me pareció tan graciosa que pensé: esta mujer merece dar su nombre a una editorial.

En aquel momento, el año 2007, ¿qué os diferenciaba de otras editoriales?  ¿Y ahora?

De las editoriales de primera línea nos diferencia el hecho de ser pequeños, de ser pobres y de no poder pagar grandes anticipos a autores consagrados, pero eso nos asemeja a montones de editoriales que no están en Madrid ni en Barcelona y que no se conforman con sacar autores de su entorno, sino de todo el ámbito nacional.

¿Cuántos títulos tiene vuestro catálogo?

Estamos preparando los primeros de 2022 y veo que para mayo saldrá el 116 de la colección principal, así que el año 2022 lo acabaremos con 120, seguro.

¿Cuántos títulos sacáis al año?

Hasta ahora una media de ocho, pero estamos pensando en un crecimiento importante: sacar el doble de libros.

¿Y cuántos trabajáis en la editorial?

Los socios y algunos colaboradores externos. Somos tres socios. Al principio éramos dos. ¿Doy nombres?

Sí.

Rosa Álvarez y Ben Clark. Ben tiene un recorrido como gestor cultural y mucho reconocimiento como poeta, y ahora está planificando la creación de una colección de poesía joven, «radicalmente joven», dice él (esto es una primicia). Rosa Álvarez es de formación filóloga y es una editora en la sombra que ha estado conmigo desde el principio de la aventura.

¿Y tú qué formación tienes?

Yo también soy de Filología, estudié Clásicas y soy profesor de Latín y Griego. Es maravilloso, tienes esa sensación de especie en extinción y protegida, un lujo.

Os dedicáis más a descubrir autores que a los rescates.

Los rescates en nuestra editorial son rarezas. Yo no hago estadísticas, pero es seguro que hay más nombres nuevos en el catálogo de Sloper que gente que republica. Hemos rescatado ahora un Pedro Ugarte, que es un escritor vasco, un clásico vivo, que a finales de los 90, próxima a su conocida premio finalista Herralde Los cuerpos de las nadadoras, sacó una novela larga llamada Una ciudad del norte, y es una de nuestras novedades este otoño. Otro rescate es un Mark Twain, Un bosquejo de familia, un libro que nunca se había publicado en castellano.

¿Cómo diste con él?

Leyendo a Vonnegut. Incluso la edición en inglés también era un rescate, un libro raro.

¿Y la traducción es nueva?

Sí, la hizo Borja Aguiló, un profesor de inglés y músico, amigo y colaborador.

¿Aceptáis manuscritos?

Sí.

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¿Estás seguro de que quieres que aparezca esto en la entrevista?

Sí. Claro. Los aceptamos intermitentemente. Sé que en la web puso que no durante un año, pero lo cierto es que es intermitente: abro unos meses y cierro. Cuando hay una acumulación, cerramos, para poder hacer limpieza y responder a todo el mundo.

¿Cómo decidís los títulos que se van a publicar?

Por flechazo. No tenemos una plantilla, una rúbrica, que nos diga que el manuscrito es válido. Si se lee con gusto, con mucho gusto, lo quiero. Y ya está. Decido yo solo, porque siempre he sido muy malo para trabajar en equipo, o este equipo funciona así.

Vuestras líneas editoriales, o colecciones, ¿las tenías claras desde un principio? ¿O se crean esas colecciones a medida que se va construyendo el catálogo?

Estaba bastante claro desde el principio que iba a haber una colección buque insignia en la que iban a caber muchos géneros, siempre que fuesen literatura. Han aparecido algunas colecciones de vida corta. Actualmente solo contemplo la colección La noche polar, en la que entran diarios, memoria, novela, poesía, relatos… todo lo que consideramos literatura tradicionalmente; y otra llamada Hápax, que es un poco lujosa, de tapa dura, en la que se publica uno al año. Ha aparecido alguna que otra colección: de libros de arte, de rescates de artículos periodísticos… que ya acabaron.

¿Cómo conseguís que os envíen manuscritos tan divertidos?

Déjame que hablemos de uno que responde a ese perfil de libro divertido, que es el de Paco Tamarit. De Tamarit nadie sabe que escriba, porque es conocido como músico. Está en Valencia: es guitarrista y teclista de La casa azul, guitarrista de Señor Mostaza, una banda mítica valenciana de pop, y profesor de música. Tamarit en Facebook escribía cosas muy locas, muy graciosas, y hace un tiempo nos pusimos a trabajar para hacer un libro suyo que me acaba de llegar hoy a Mallorca y que se presentará a finales de mes en Valencia. Se titula Disfruten las molestias y es muy del estilo de los primeros de Octavio Cortés, son sueños, pesadillas, ocurrencias, juegos de palabras…

Como de colección de humor.

Sí. ¿Por qué nos llegan bastantes? Supongo que corrió la voz hace tiempo, y no es un error, de que Sloper tiene mucha querencia por el humor, es más, en nuestra presentación en la web se comentaba nuestro interés por una literatura lúdica y traviesa, y supongo que por eso conseguimos libros de ese tipo.

Como decíamos antes, publicasteis el primer libro de Agustín Fernández Mallo, Creta: Lateral Travelling, que ya había salido en Bolsa de pipas. ¿Habéis seguido sacando obras que aborden la relación entre ciencias y letras?

Sí, Artefactos, de Carlos Gámez, por ejemplo. Fue un Premio Cafè Món, hace ya ocho o nueve años. Era una novela futurista, en la que aparecía la tecnología, y tiene bastante de ciencia, el propio autor es de formación científica.

¿Tienen que tener formación científica los autores para hacer cosas de letras? Parece que si son de letras no hablan nunca de ciencias.

Qué pregunta más gamberra, ¿no?

Se me acaba de ocurrir.

Es una burla del tópico, porque lo que te suelen preguntar es ¿hay que ser profesor para saber escribir? Sea de la disciplina que sea, cada escritor viene con un bagaje y le saca jugo a eso.

Aparte del de Fernández Mallo, en vuestro primer año sacasteis libros bastante atractivos, como La casa del poeta, que es una antología de poetas que han hecho poemas sobre sus casas. ¿Cómo se os ocurre esta genial idea?  

Todo es por casualidad. Hoy he contactado con una artista italiana residente en Sevilla, llamada Alexandra del Bene. ¿Cómo he dado con ella? Pues porque para un autor italiano que vive en Sevilla, llamado Alessandro Gianetti, que le voy a publicar el año que viene una novela que ya se ha publicado en Italia, buscaba imágenes de muchachas andaluzas en frescos romanos de este siglo y así encuentro a esta artista italiana.

Todo es muy por casualidad.

Hace muchos años, antes de nacer Sloper, leí un poema de un escritor de Madrid, Fernando López de Artieta, sobre su casa. Fue leer ese poema y pensar: ¡una antología de casas de poetas! Y ahora en 2021 hay una nueva antología de este tipo, también llamada La casa del poeta, de la editorial Trampa, de Barcelona. Me llamaron y me dijeron: «vamos a hacer nosotros La casa del poeta», y les respondí: «Pues me encanta que me copiéis». Buscaron a otros poetas, solo repite uno de nuestra edición, y es porque me pidieron que yo les enviara un poema mío y les dije que no, que publicaran a Juan Payeras, que salía en la antología de Sloper, pero con el nombre mal, me equivoqué y le cambié el nombre.

¿Esto os puede ayudar a vender el vuestro?

A lo mejor vendemos uno o dos. Lo bueno es que hace muchos años que salió la nuestra, que estaba totalmente parada, y que ahora salga otra antología con ese concepto me parece fenomenal. Además, ¿cuántos poetas hay en España?

¿Cuántos poetas hay en España?

Nosotros sacamos a unos ochenta, y estos de ahora han sacado como a cien. Por supuesto, hay más poetas que novelistas. Hay mucha más gente que ha empezado a escribir un poema y lo ha acabado que gente que ha acabado una novela.

¿Los de la poesía de Instagram o «poetuits» cuentan como poeta?

Me temo que no.

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Rodrigo Cortés se hartó de vender. Pero no sé si es interesante para una editorial sacar poetuits. 

Para una editorial como Sloper… Poesía de tuits, o de Instagram, lo veo mal. A la poesía le damos poca cancha, porque yo soy muy malo de convencer en este género. Aunque para febrero tenemos un gran fichaje para Sloper, uno de los intelectuales más queridos y valorados de España, editor de Lumen, Andreu Jaume, a quien publicamos un libro tremendo que se va a titular Tormenta todavía. Se trata de un poema largo, unas doscientas páginas de libro, y es una especie de continuación de un libro titulado Camp de mar, que salió en Malpaso.

Habéis sacado varios primeros títulos de autores cuya trayectoria se había desarrollado en otros ámbitos, como El desertor profesional, de Pere Bardagí, o El espíritu de cristal, primera novela de Carlos Jover. ¿Publicar a autores nuevos que ya tienen una trayectoria en otro ámbito es una manera de arriesgar menos?

Realmente no. Ni siquiera lo hemos pensado. Si lo pensamos, en principio sí puede cubrir unas expectativas de éxito, pero hay que haber tenido mucho éxito en ese terreno del que vienen. No es una condición para que nos interese el autor.

¿Un aliciente?

Sí, supongo que sí. A ese perfil responden Paco Tamarit, o Pere Bardagí. En realidad no me importa publicar libros de gente que no va a escribir más. No son apuestas de futuro. Si el libro es bueno, entra. Es más, hay autores, a los que he publicado una primera obra, que luego no les he publicado la segunda, cosa que me duele un montón. No voy a publicar a autores porque ya les he cogido cariño si no me gusta lo que me envían. Como yo también escribo, y sé que es imposible que todo lo que yo escriba sea bueno, y por eso tengo cosas en el cajón, me resulta menos difícil ser duro.

¿Se enfadan contigo?

No.

¿Quizá no te lo dicen?

Son muy majos. Se fían de mí, vuelven a probar con otro libro, y se ha dado el caso de que sí me guste esa nueva propuesta.

¿Qué te parece que haya editoriales que elijan títulos dependiendo de la presencia y alcance del autor o autora en redes sociales y medios tradicionales?

Eso es la muerte de la literatura. Es negocio. Así es como el mundo del libro, de la literatura y de la cultura se convierte en un barro con el que hacer negocio. Es terrible, hace daño, crea confusión en el ambiente, en los consumidores, en los propios escritores, que pueden caer en la tentación de pensar que si no tienen miles de seguidores en alguna red no van a llegar a ningún lado, cosa que los distrae de su trabajo, que es escribir. Me recuerda a aquel famoso capítulo de Black Mirror, el más conocido, en el que la gente tiene que conseguir unas puntuaciones online para conseguir otros objetivos. Es la hipocresía máxima.

Tenéis bastantes libros de relatos, de autores como Macky Chuca, Jesús Zomeño, Carlos Jover, Carlos Meneses Nebot, Carlos Torrero, Gonzalo Calcedo… ¿Tienen vuestros libros de relatos la misma acogida que los de novela?

Se venden peor. Pero lo suficiente como para que valga la pena publicarlos.

¿Qué tienen de especial los relatos?

Los relatos tienen de especial lo mismo que las novelas, deben tener la capacidad de seducir al editor. Al final, los relatos tienen mucho de novela, todo es narrativa. Y en una novela puede haber muchos relatos. Por ejemplo, hay una novela deliciosa, de Irene Gracia, Ondina o la ira del fuego, en el que los personajes, que salen actuar en una ópera, en el Berlín de principios del XIX y con el teatro devorado por el fuego, cuentan, cada uno, un cuento. Es un recurso más: eso es una novela contenedora de cuentos, de relatos.

Como en los Cuentos de Canterbury, de Chaucer.

Soy un poco ácrata, así que no te voy a decir eso de que el relato es la esencia de la narrativa… no voy a caer en esa milonga.

¿No se dice que es más difícil escribir un relato?  

No. Por supuesto que es un género importantísimo, un género en sí mismo, no un entrenamiento para escribir novelas. En definitiva, habría que ver qué dicen los que se han convertido en una autoridad del género del relato en España.

¿Quiénes son?

Eloy Tizón, Gonzalo Calcedo, Hipólito G. Navarro, Jon Bilbao, el superpremiado Antonio Tocornal… Hay muchísimos cuentistas. El mismo Pedro Ugarte, sobre el que te he comentado antes, lo último que ha publico es un libro de relatos en Páginas de espuma, con muy buenas críticas.

Publicáis tanto en castellano como en catalán, ¿se venden igual los títulos en ambas lenguas? ¿Hacéis traducciones del catalán al castellano, y del castellano al catalán?

Más bien igual. Aunque en Sloper está muy parada la lengua catalana, y ya no envían nada escritores que escriben en catalán. Traducciones no hemos hecho.

Os habéis atrevido a meteros en la cuestión de la lengua con el ensayo La perversión pedagógica de la inmersión lingüística, de Juan Jiménez Castillo, en un momento en que los colegios bilingües estaban de moda. ¿Os criticaron mucho?

Hay que matizar. En Mallorca los colegios bilingües, si los hubiera, nunca han estado de moda. La ley dice que las clases son en catalán: tenemos inmersión. Cuando salió este libro, los que se sentían víctimas de la educación en catalán encontraron argumentos a favor, claro. Pero este libro, escrito por un inspector de educación, no dice que la inmersión sea mala, sino que tiene que ser elegida. Que yo recuerde no hubo polémica con este libro.

¿Ahora el tiempo os ha dado la razón?

No creo que nadie haya abierto los ojos o haya cambiado de opinión.

La UNESCO. Está visto, por ejemplo en Haití, que la inmersión conduce al fracaso porque han tenido las clases en francés, que no es la lengua materna de los niños. 

Aquí la intelectualidad que dirige y las autoridades académicas o políticas no se han enterado de nada de la UNESCO, que yo sepa. En general mucha gente piensa que el bilingüismo, o el plurilingüismo, es algo deseable, pero en Mallorca los políticos han apoyado la opción de la inmersión en catalán, o los que no han apoyado esa opción tampoco la han cambiado, porque hoy seguimos con el mismo modelo. Tuvimos una vez un enfoque TIL, Tratamiento integrado de lenguas, que incluía el inglés; así que para no dar tanto catalán su idea fue dar más inglés, no dar más castellano. Aquí se montó una… no se aplicó nunca, sacaba el Gran Wyoming las manifestaciones de manera que tuvo un gran eco nacional, hubo huelga y el trilingüismo no se aplicó.

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Otro ensayo peliagudo fue Disecciones, de Johannes A. von Horrach, título que según vosotros tiene «vocación polemista». ¿Por qué es interesante la polémica?

Siempre hay que intentar vender. La polémica ayuda a vender, para qué negarlo. Si tienes argumentos para presentar un libro como polémico, pues lo haces. Ahora hemos sacado un libro delicioso, de Octavio Cortés, que se llama Días en Cala Escorpí, un libro delicadísimo, muy poético, un canto a los tesoros de Mallorca, a la tierra, a la mujer… y fue acusado, torpemente en una crítica, de misógino, ¡pues nos ha hecho un favor! Hemos vendido algunos más. No hemos agotado la edición con esto, pero sin duda hemos vendido más.

La cuestión es que hablen, aunque sea mal.

Sí, porque si no hablan, no existes, y no te compran.

Según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros en España las mujeres leen más que los hombres. Una pregunta obligada es por qué hay tan pocas mujeres en vuestro catálogo: Francesca M. Pujol Figuera, Macky Chuca, Bea Cantero, Aura Tazón… ¿Por qué cuesta tanto publicar escritoras?

Porque cuesta recibir manuscritos de escritoras.

Qué pasa, ¿tienen menos ego que los hombres?

Yo creo que sí, que tienen menos ego. Y recibir menos manuscritos de mujeres es un problema.

Es más humilde. Porque eso es humildad, ¿no?

La humildad es malísima para la creatividad. En Sloper hay muchísimas menos mujeres. En 2022 tenemos una autora para abril.

¿Y el género no binario?

Espantoso. En Sloper no aparecerá nada escrito así. No publicaremos plurales para ellos, ellas y elles. Me niego. Cuando a gente inteligente que conozco se le escapa ese tipo de plural en redes sociales pienso, «vale, confío en que en un libro no seas capaz de escribirlo». Espero que este tipo de plural no sobreviva.

¿Eres como Acantilado, que todavía pone el solo con tilde?

No. Pero no me molesta.

La primera vez que publicáis a un autor extranjero fue al serbio Srdjan Valjarevic, cuyo Lago de Como, que según las reseñas trata sobre el nacionalismo serbio en los 1990, fue traducida a varios idiomas y seguido por los críticos. Pero el autor dejó de publicar. ¿Se os quitaron entonces las ganas de descubrir autores extranjeros?

Hay reseñas mal hechas, no es ese el tema. Es una novela preciosa sobre un hombre algo misántropo y la soledad y la naturaleza y el desprecio del éxito. ¿No ha escrito más? Al autor no le he seguido la pista… La verdad es que bebía mucho.

¿Estabas buscando un autor extranjero? A este lo estaban traduciendo.

No. Su novela tuvo éxito en su tierra, en ese momento, tiene tanto éxito que se publica en otras lenguas europeas, pero en España nadie lo buscó. A Sloper no le costó mucho, y no recuerdo si la traductora, una chica de allá que conocía a Vilar Bou, poeta valenciano, que le ayudó a pulir la traducción, cobró sobre derechos de ventas. En definitiva, esa publicación en Sloper no responde a una inquietud por buscar autores extranjeros.

No te lo propones como estrategia comercial.

No. No puedo. Es verdad que ahora puede salir alguna cosa, pero va a ser una excepción siempre. Vamos a sacar a un griego, pero actual, vivo, Isidoros Surgos, que fue propuesto para el Premio Formentor en 2020. No lo puedo traducir yo, porque yo no sé griego moderno, pero hay un vínculo ahí. Y hemos conseguido una subvención del gobierno griego y la traductora es Laura Salas.

¿Le pagáis a royalties la traducción o cómo?

Hay un presupuesto cerrado. Una tarifa muy clarita por páginas y palabras.

¿Cuál diríais que es vuestro autor más conocido? ¿Y el que más ha vendido?

Ben Clark, seguramente. Vende mucho y fue premio Loewe, yo le he publicado tres libros, y ahora es socio de Sloper. Hay también una autora de Palma, Sabina Pons, de la que solo hay un libro publicado, Madre alemana, padre mallorquín, que también se ha vendido mucho, porque tiene mucha gracia y el libro está además muy bien escrito. Es un perfil muy goloso y corrió la voz. También Nadal Suau, que tiene proyección.

De todo el catálogo, ¿con qué obras has disfrutado más el trabajo? 

¿Qué trabajo?

Pues el tuyo, el de editor. Todo el proceso que implica.

Es un proceso siempre distinto. ¿Qué hace el editor? Maquetar, hacer la ficha comercial… El proceso de disfrutar es cuando lees el manuscrito por primera vez y te gusta. Con todos he disfrutado muy parecido, porque para que me convenzan para publicar tiene que gustarme mucho, no vale solo con que esté bien escrito.

¿A partir de cuántos ejemplares vendidos consideráis que un título ha funcionado?

De cien.

¿Y cubres costes?

Sí. Preparo tiradas de doscientos o trescientos y luego reimprimo. Depende del libro, por ejemplo, un Pedro Ugarte, claro, tiene que lanzarse con una tirada mucho más ambiciosa.

Bastantes editoriales de las llamadas independientes se caracterizan por el cuidado que ponen en la edición y en detalles como el tipo de papel, la cubierta, etc. ¿Cuánto de importante es para vosotros el diseño de los libros?

De 1 a 10, un 7,5. Un 75 %. Yo busqué un diseño inspirado en la colección Destinolibro de los años 1970.

Antes no teníais este diseño. Es en 2013 cuando hacéis el cambio a esa S geométrica que divide el espacio.

La S de Sloper en aquel momento coincidía con la S de Salto, pero no me percaté. Luego Salto eliminó su S. Para mí el diseño debe ser mínimo, que no canse y que no entorpezca la lectura de la información, con fondo blanco, también para no complicarme. La parte que me preocupa más es encontrar una imagen decente para la caja. El resto es sencillez, la sencillez funciona, mira Anagrama y Tusquets, y la tipografía de Destino. Yo es que he visto muchos desastres en nombre del diseño.

Por ejemplo.

Mi primer libro. En una editorial que ya no existe, Calima. La cubierta es horrible. El diseñador, presuntamente profesional, se esforzó por dar con algo a la última, que fue fallido. Publicaron a Muñoz Molina y no vendieron nada con ese diseño.

Qué pena. Para finalizar, ¿qué títulos recomendaríais a los lectores de Jot Down?

Días en Cala Escorpí de Octavio Cortés, Disfruten las molestias de Paco Tamarit, Una ciudad del norte de Pedro Ugarte, y Con los pies por delante de Carles Canals. Y los de Ben Clark siempre, donde estés y a la hora que estés.

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2 Comentarios

  1. Jolines, una de las mejores entrevistas que he leído por aquí, y creo que las leo todas desde hace al menos un par de años.

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