Las divas muertas: Dolores O’Riordan

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Dolores O'Riordan en 2010.
Dolores O’Riordan en 2010. Foto: Cordon.

Los acordes de «Dreams», de The Cranberries, reverberan y sus ecos se expanden desde Grafton Street hasta Saint Stephen’s Green y el Trinity College. Allie Sherlock, conocida en YouTube, donde acumula millones de visualizaciones por hacer covers en las calles de Dublín, homenajea al grupo acompañada de su descomunal voz y su guitarra. La gente, como siempre que Allie sale a cantar a Grafton, se agolpa alrededor, frente a los grandes almacenes de Brown Thomas. 

Ahí está, una voz prodigiosa versionando a otra voz prodigiosa, la de Dolores O’Riordan, la frontwoman del grupo irlandés. Debe ser que el agua de la pequeña isla, en muchas ocasiones eclipsada por su hermana mayor Gran Bretaña, tiene algo (o quizá sea el brebaje mágico de la cerveza negra) que hace que los músicos proliferen en cada esquina, como setas que crecen en las condiciones propicias de humedad. 

Junto a otras bandas como U2 o los hermanos de The Corrs, The Cranberries se alzó con el éxito internacional. Algunas de sus canciones se han convertido en himnos dentro y fuera de las fronteras de su país y son perfectamente reconocibles por casi todo oído. 

Pese a sus logros en los primeros años de andadura, The Cranberries no pasaba por uno de sus mejores momentos cuando el 15 de enero de 2018 saltó la noticia de que Dolores O’Riordan había sido hallada muerta en la bañera de un hotel de Londres, donde se encontraba para grabar una versión de «Zombie», su composición más conocida. 

Su muerte conmocionó al panorama musical y supuso el definitivo final de los Cranberries, que lanzaron su último trabajo inédito en 2019. 

Reminiscencias católicas de Ballybricken

A unos veinticinco minutos en coche al sur de Limerick está la pequeña población de Ballybricken. El 6 de septiembre de 1971 nacía la persona que iba a poner a esta townland en el mapa. Dolores O’Riordan se crio en el seno de una familia religiosa. Su madre, Eileen, le puso su nombre por su ferviente sentimiento católico y adoración por la Virgen de los Dolores. Caía así, sobre su hija, una suerte de profecía, ya que la vida de O’Riordan estaría atada al dolor hasta su mismo final. 

Su casa, una pequeña construcción de dos habitaciones, estaba en una zona agraria y acogía a los nueve miembros de la familia O’Riordan, los padres y los seis hermanos de Dolores. La infancia de la cantante estuvo ligada a la música, pues estaba en el coro de la iglesia, y empezó a escribir sus primeras canciones siendo una adolescente. En una entrevista declaró: «Mis padres son muy religiosos y yo tenía que ir a misa cinco o seis veces por semana. Los himnos son muy intensos cuando cantas a Dios». La música sacra tendría un peso fundamental en la carrera de The Cranberries, ya que O’Riordan integraría muchos conceptos asociados a ella en el rock que hacía el grupo. Más adelante en la entrevista añadía: «Los grupos irlandeses suelen incorporar música irlandesa, por eso decidí incluir otras cosas, como el baile tradicional, que también forma parte de la cultura». 

«Electric Blue», perteneciente al álbum To The Faithful Departed de 1996, empieza con el sonido grave de un órgano y los lamentos de la voz de Dolores. La música crea un ambiente de iglesia, quizá de misa fúnebre. Poco a poco, se van añadiendo elementos, por supuesto las guitarras eléctricas, pero también una flauta irlandesa. Este tema sintetiza la infancia de la de Ballybricken, sumando sus influencias religiosas y sus raíces. La mezcla, que puede chirriar a algunos, resulta en una melodía melancólica, triste y en llamada de auxilio a Dios. No obstante, lo que más destaca, de esta canción y todas las del grupo, es la voz de mezzosoprano de O’Riordan. 

The Cranberry Saw Us 

En 1989 surgió en Limerick el grupo The Cranberry Saw Us, formado por cuatro jóvenes que se ganaban la vida haciendo pan y lavando cabezas en una peluquería. Noel Hogan, a la guitarra eléctrica, su hermano Mike Hogan, al bajo, Fergal Lawler en la batería y Niall Quinn, como voz y compositor, no eran muy originales con la música que hacían. Estaban integrados en la época, esa en la que unos melenudos de Seattle, que se hacían llamar Nirvana, inauguraban un nuevo género musical. 

The Cranberry Saw Us no tuvo tiempo de prosperar en la industria. En 1990 Quinn se fue dejando al resto huérfanos de voz y de unas letras cuestionables. Fue entonces cuando una joven delgaducha de diecinueve años, que venía de una pequeña localidad, apareció y dio un vuelco al futuro de la agrupación. Con su traje rosa y un teclado debajo del brazo, Dolores se presentó a la audición que The Cranberry Saw Us hizo para encontrar a su nuevo vocalista. Los hermanos Hogan y Lawler pensaron que una voz femenina sería mejor que un tío meneando la cabeza al son de un riff de guitarra. 

En una entrevista del 96 para un documental de la MTV, O’Riordan habló sobre esta primera actuación improvisada delante de diez amigos de los chicos: «Me miraron de arriba abajo, pero yo sabía que en cuanto comenzara a cantar se iban a quedar…». 

«La primera vez que la oí cantar no me lo podía creer. Tocamos algo instrumental y le gustó mucho. Así que el miércoles siguiente volvió y grabamos “Linger”», aseguró Fergal también para MTV. 

1991 sería el comienzo, pero estuvo a punto de ser el final. La banda sacó un EP que pasó sin pena ni gloria por los escaparates más pequeños. No sería hasta 1993, ya como The Cranberries, cuando «Linger» los alzaría hasta el éxito. El álbum por el que se hicieron conocidos fue Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?, que incluye temas como el mencionado «Linger» u otra canción icónica como «Dreams». Pero esto tampoco llegó de la noche a la mañana. El disco se lanzó en marzo de 1993 y hasta finales de año los jóvenes no tenían su recompensa: empezar a sonar en Estados Unidos y procurarse una gira de cinco meses por la gran nación. 

«Zombie» contra el IRA

En 1994 dieron otro pelotazo con No Need To Argue, que los afianzó dentro del panorama musical de la época. Se comenzaba a comparar a O’Riordan con Sinéad O’Connor, uno de sus referentes. Su estética, pelo corto, de colores y ropa asociada al género masculino, la convertiría en un icono con el paso del tiempo. «No tienes que llevar el pelo rubio y largo o llevar taconazos para estar bien. Puedes ser pequeña y ser sexi igualmente», declaró en alguna ocasión. 

En este nuevo recopilatorio de canciones de 1994 había composiciones como «So Cold In Ireland», «Ode To My Family», «No Need To Argue» y el mayor éxito de The Cranberries, la canción con la que entraron en la historia de la música: «Zombie»

«Esta canción denuncia la crueldad del hombre para con el hombre, es un grito contra la injusticia, la guerra y los niños que mueren en Belfast, Bosnia y Ruanda», dijo la intérprete en el Woodstock de Nueva York el 13 de agosto de 1994, justo antes de que las guitarras comenzaran a ronronear los acordes de «Zombie»

La letra, escrita por ella, es un manifiesto de protesta contra la violencia de la banda armada IRA y, concretamente, contra un atentado perpetrado en Warrington, un año antes, en el que murieron dos niños. 

«Zombie» lo tiene todo: un fondo profundo y crítico, un sonido que acompaña a la violencia de la que habla la canción, la voz lamentosa de O’Riordan y un videoclip que se ha convertido en una pieza audiovisual artística con independencia de la propia música a la que acompaña. 

En el vídeo se puede ver a Dolores pintada de color dorado frente a una cruz (de nuevo múltiples referencias religiosas) y rodeada por niños plateados que lanzan sus gritos ahogados al aire. Esta poética se intercala con imágenes, en blanco y negro, más típicas de videoclips de rock, como el grupo interpretando la canción, pero también con frames de niños jugando en la calle, rodeados de escombros, soldados armados y violencia. 

Es curiosa la progresión de este tema en las distintas listas de éxitos. En el Irish Singles Chart de Irlanda llegó a la posición número 3, en Reino Unido se quedó en la 14 y en Estados Unidos alcanzó el número 1 en la Modern Rock Tracks, pero se quedó en el 22 en la Hot 100 Airplay. Sin embargo, en países como Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Austria o España llegó al número 1. 

A día de hoy, «Zombie» es un himno contra la injusticia y, tras su muerte, una forma de recordar la mejor etapa de Dolores O’Riordan. 

El principio del fin 

También en 1994 Dolores se casó con el que fue su marido durante veinte años, hasta su divorcio en 2014, el canadiense Don Burton, exmánager de Duran Duran, y con el que tuvo tres hijos. 

Con una vida personal plena, la profesional no paraba de girar hacia el estrellato. Uno de los momentos cumbre de la carrera de la artista fue su interpretación del «Ave María» junto a Pavarotti en un concierto de este último. El motivo era una causa benéfica, un disco del tenor llamado Pavarotti and Friends for the Children of Bosnia (Pavarotti y amigos, por los niños de Bosnia). 

Esta inusual actuación en directo, entre una integrante de un grupo de rock y un cantante de ópera, tuvo lugar en Módena en septiembre de 1995. Con el pelo rojo y la mirada baja, Dolores comienza a cantar la pieza, mostrándose tímida ante un Pavarotti siempre mayúsculo. Hay que tener valor para subirse a un escenario con alguien como él, pero la irlandesa sabía que había algo que la protegía ante cualquier peligro en ese concierto: su voz. 

En los siguientes años The Cranberries lanzó al mercado tres álbumes más, To The Faithful Departed (1996), Bury The Hatchet (1999) y Wake Me Up And Smell The Coffee (2001). Y después nada durante años. La banda dejó de estar presente, no solo no sacando nueva música, sino también parando las giras. 

En 2007, O’Riordan intentaría lanzar su carrera en solitario con el disco Are You Listening?, sin mucho éxito. Tampoco pasaba por un buen momento personal, como si la entrada en el nuevo milenio no le hubiera sentado bien, tuvo que cancelar unas cuantas presentaciones de este trabajo en solitario por enfermedad. 

Pasó el tiempo y hasta 2012 The Cranberries no lanzó un nuevo recopilatorio de canciones como grupo. Pese a las desavenencias con algunos de sus compañeros, Dolores volvió y con ella el álbum Roses

A pesar de ello, su vida parecía seguir siendo un caos. En 2014, en plena separación de Don Burton, la irlandesa tuvo un altercado en un avión al ponerse violenta con la tripulación y gritarles «soy un icono, soy la reina de Limerick». El juez que llevó el caso afirmó que la enfermedad mental de Dolores inhibió totalmente su juicio en ese momento y la cosa se saldó con una multa de unos pocos miles. 

Además de los rumores divulgados sobre su anorexia en los noventa, en 2017 O’Riordan reconocería haber sido diagnosticada con trastorno bipolar dos años atrás. Y es que, aunque parecía que no, el éxito a una edad tan temprana, el hecho de venir de un ambiente cerrado, pequeño y marcado por la religión, quizá hizo que la cantante no soportara la presión y a partir de los dos mil su vida fue cuesta abajo y sin frenos hasta su irremediable final. 

Mucho champán y nada que celebrar

En el hotel Hilton de Londres, varias botellas de champán estaban esparcidas por el suelo, no había signos de violencia ni una nota de suicidio, pero el cuerpo de Dolores O’Riordan yacía ahogado en la bañera. 

Tras meses de investigación policial se concluyó que la vocalista había muerto de forma accidental, por una intoxicación etílica. Las cantidades de alcohol en sangre eran desproporcionadas y, sin querer, Dolores se había dejado ir. Fue enterrada en Ballybricken y el mundo de la música se volcó en hacer homenajes y recordarla. Su banda sacó el último disco en 2021, Remembering Dolores, como recordatorio póstumo de una vida anterior y cierre de oro a su carrera conjunta. 

El final de Dolores fue trágico, inesperado, solo tenía cuarenta y seis años. Dejó tras de sí una carrera llena de altibajos, un grupo con el que creció y cuyos miembros la apreciaban verdaderamente, el cariño de millones de personas por todo el mundo y, especialmente, a tres niños huérfanos de madre. 

Podría decirse que esta es una manera un tanto estúpida de morir. Pero el patrón de Dolores se repite cada cierto tiempo dejando un cadáver a su paso. Murió de manera muy similar a Whitney Houston, en 2012, que también fue encontrada ahogada en la bañera de un hotel tras haber consumido drogas. Su fallecimiento comparte retazos con el de Amy Winehouse en 2011, debido a que las dos sufrieron una intoxicación etílica. Esta última entró en el Club de los 27 donde la gran Janis Joplin preside por haber muerto por una sobredosis de heroína. Todos estos fallecimientos están rodeados de un halo de misterio, sorpresa e inquietud. Todos ellos arrancaron de cuajo vidas jóvenes con carreras exitosas y prometedoras. El único consuelo es seguir escuchando su música, su voz, y pensar que no está sola, ahora pertenece a la selecta lista de divas muertas. 

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6 Comentarios

  1. Un viaje a Madrid un viernes del otoño de 1999, cruzando la sierra por la nacional seis con una tormenta eléctrica del copón y sonando Animal instintc en la radio….
    Dolores sigue viva.

  2. Una de las bandas que más me hubiera gustado oir y ver en directo, pero no llegué a tiempo. Sus dos primeros álbumes, dos joyas.

    Aparte de Dreams, que fue sintonía de una campaña de la oficina de turismo de Irlanda y cada dos por tres salía en la tele (gran acierto), o Linger, dos de sus canciones más conocidas, How es posiblemente mi canción favorita de la banda. De su primer album.

    Por cierto, en mi copia de No Need to Argue no está So Cold in Ireland, que al parecer se añadió en una reedición posterior…

  3. Extraordinaria intérprete con una voz fuera de serie y una personalidad arrolladora. Junto a su grupo The Cranberries, firmó varias de las mejores composiciones en una década que no brilló especialmente, al menos para mí, por su magnificencia. Hay que escucharla en la versión que hace de la sensacional “Go your own way” de Fleetwood Mac, acompañada solo por su guitarra acústica y las de otros dos de su grupo, en una emisora de radio francesa. (You Tube). Además, está la versión oficial con todos dándole duro a las guitarras eléctricas y la batería. ¡Qué pena no poder disfrutar más de Dolores O’Riordan!

  4. Nunca entendí cómo en este medio no le hicieron un obituario a su muerte, una de las mejores voces femeninas que he tenido la ocasión de escuchar en directo

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