Música

¡Bravo, Gillespie! (y 2)

Bravo Dizzy Gillespie
The Dizzy Gillespie Quintet en el programa Jazz 625 de la BBC, en 1966.

(Viene de la primera parte)

En su concepción de nuestro paso por este planeta, Dizzy Gillespie entiende que la seriedad no debe cubrirlo todo, que las risas siempre deben reclamar su espacio. Para Ted Gioia, compositor, crítico, historiador, profesor, pianista (llegó a tocar en compañía del saxofonista Stan Getz), productor musical y autor de once libros con la música como temática central (y en particular el jazz, en la mayoría) «el aspecto más profundo del jazz no tiene absolutamente nada que ver con la teoría musical». Sostiene, en cambio, que se trata de «la psicología o personalidad de cada músico individual. Las relaciones matemáticas que apuntalan la música son las mismas para todos los intérpretes, aunque cada uno aborde un solo de jazz de manera diferente». En un desarrollo más amplio de sus ideas, el experto californiano declara que en sus años de aprendizaje llegó a la conclusión de que «si conocía a los músicos antes de oírlos tocar, podía predecir con frecuencia cómo improvisarían». De esa forma, explica que cuando tuvo la oportunidad de pasar un tiempo cerca de algunas estrellas del género, «como Dizzy Gillespie o Dave Brubeck, la experiencia ha confirmado mi punto de vista. Estas personas demostraron ser exactamente la clase de individuos que esperaba encontrarme, basándome en su manera de tocar». 

Gillespie nunca se alejaba mucho de su apodo (dizzy significa «mareado» en español, pero a su vez «alocado» o «excéntrico» en argot) y terminado esa especie de sentido homenaje a Chano Pozo, da las gracias al auditorio y anuncia que harán una introducción de los músicos. Pero cuando James Moody se acerca al micrófono, Dizzy lo detiene y lo acompaña a presentarle a Kenny Barron, luego a Christopher Wesley White, y así cada uno también se saluda entre ellos. Las carcajadas llenan la sala. Los ojos infantiles del salón, entretanto, siguen la escena con esmero, y aunque dudo mucho que entienda algo de lo que sucede, ríe enseñando los dientitos. 

Después de introducir, esta vez en serio, a cada componente del quinteto, en la tercera pieza del repertorio Dizzy se retira, para ceder todo el protagonismo a Moody, quien se encargará de ofrecer una creación propia. El gesto de Diz tampoco es inusual para quien lo conoce. Considerado un grande por su talento, su generosidad no era menor, por no decir que sin duda hizo su parte para que alcanzase ese estatus. Cantidad de jazzistas relatan cómo conseguía puestos de trabajo para los músicos jóvenes y valoran la costumbre de sentarse con ellos para enseñarles o explicarles alguna cosa antes, durante y tras los conciertos, ya fuera en el mismo club o en su casa de Harlem. El propio Miles Davis, quien no se destacaba justamente por elogiar ni reconocer el ingenio de los demás (y menos de otros músicos) confesó a la hora de publicar su biografía que, además de ser el responsable de que aprendiera «de verdad cómo tocar el piano», de no haber sido por Dizzy él no ocuparía la posición que tenía en ese entonces. «Le gustaba, y no poco, hablar de música, de modo que en ese caso aprendí mucho charlando con él», reconocía el trompetista de habitual ceño fruncido. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

16 comentarios

  1. A mi entender Gillespie es uno de los sobredimensionados de la historia del jazz. Muchas acrobacias con la trompeta, pero musicalmente indiferentes. Mientras los jazzmen estuvieron de moda, la fiesta les fue bien. Para cuando llegaron los años 60 y la música pop, se acabó la borrachera. Los que estuvieron en la cresta de la ola continuaron grabando y teniendo hueco en festivales, pero sólo para un público minoritario nostálgico. Unos pocos se metieron a productores, como Frank Foster o Eddie “Lockjaw” Davies. Sin embargo, el jazz ya había muerto. Ocurre como con la música clásica contemporánea. ¿Quién escucha a Stockhausen? ¿Quién a Schönberg? ¿Quién recuerda a Webern? Más o menos, el mismo número de personas que a Gillespie. Queda su valor histórico (más bien el de Charlie Parker o John Coltrane), pero apenas tiene valor musical. En los años 60, aunque todavía se hablara de Gillespie o Davis, el más escuchado era Donald Byrd, que se amoldó a las modas y en los años 70 entró en el funky y la fusión. Tampoco es que ahora se le escuche ni a nadie le apetezca. He buscado un disco de Gillespie que me pudiera interesar volver a escuchar y no he encontrado ninguno. Quizás la música sea fruta perecedera. Una música en general basada en la estructura AABA y una sucesión aburrida de solos ha dado demasiado de sí. Agotó la fórmula. Quedamos hartos de oír saxofones y del quinteto de rigor. Cuando todo terminó nos dimos cuenta de que a fin de cuentas era solo entretenimiento y una excusa para el baile. Lo importante no era lo que se tocaba. No hablamos de Bach, ni de Beethoven. Ahí hay bastante más. Tampoco de Edurne, claro. Ahí hay todavía se encuentra mucho menos.
    En cualquier caso, gracias por tu aportación.

    • para intentar comprender su «enmienda a la totalidad» sería de agradecer que nos ilustrara sobre la música que a usted le conmueve lo suficiente para justificar una exposición con más sombras que luces… cuente, cuente, hacia dónde dirige sus gustos musicales?

    • GERARDO ORTIZ

      «Quedamos hartos»
      Ja ja ja
      Habla por ti Atari….

    • No puedo estar mas en desacuerdo, pero es tu opinión.

    • Una vision alarmantemente reduccionista de lo que es el Jazz..la gente, por lo general, no escucha a Gillespie, tampoco a Miles, ni a Coltrane..pero tampoco se lee a Shakespeare, ni a Cervantes..les resta eso valor alguno? Es la popularidad de un musico, escritor , pintor etc, o de una obra de arte ,(en cualquier ambito), directamente proporcional a su valor intrinseco? Cuanto menos, debatible.. no?

  2. gozo de buena salud, Atari, al menos en lo que se refiere a mi percepción musical… ahórrate presentarme a D. Francisco Sánchez, que lo conozco de sobra, sobre todo en su faceta de guitarrista para el cante, con los 9 monumentos secuenciados entre 1969 y 1977 que dejó para la historia del flamenco con su por entonces compañero del alma D. José Monge, bajo la inflexible férula de D. Antonio Sánchez Pecino… enfin, hablar de flamenco con usted me supone una pérdida de tiempo. De sus otras tres referencias, me quiere enviar al barroco más cortesano y previsible, una técnica apabullante para una música a mi juicio sin alma, reduccionista en el tiempo y el espacio… Atari, ábrase de orejas para superar sus enormes limitaciones musicales… y de paso, de vez en cuando, échese usted un bailecito!

    • Haces mal en no escuchar a Bach, pero es tu problema. Ahora, con Gillespie vas a bailar poco. El Minton’s Playhouse y demás clubs eran espacios atiborrados de mesas y largas barras en donde se comía y bebía mientras se escuchaba a las orquestas y combos de turno. En su origen fue una música ideada para las casas de tolerancia («to jass» era tener sexo), después para la restauración y, finalmente, para las salas de concierto. Eso sí, es preferible leer algo de jazz, aunque sea un estilo obsoleto, que dar una vez más la matraca con los Beatles y compañía.

    • Apliquese el cuento usted mismo, eso de «música sin alma» a lo mejor vale como argumento para un curso de Reiki o de Mindfulness pero aplicarlo a un período musical y artístico tan impresionante como el Barroco, pues no, qué quiere que le diga. Más de un jazzista se habrá removido en su tumba hablando así de algunas de sus influencias musicales evidentes.

  3. Atari habla (o, bueno, escribe) como lo hacían aquellos críticos blancos que, en los años veinte del siglo XX, consideraban al jazz música «pecaminosa», poco elaborada y simplemente un divertimento alejado del «verdadero arte», ese que es blanco, europeo y, por supuesto, de hace más de 200 años. De hecho, me sorprende que a estas alturas todavía haya gente que se refiera a un grandioso músico, como Dizzy Gillespie, así, pero, bueno, también me sorprende la popularidad creciente de la extrema derecha en el mundo y así estamos…

    • Muy bueno, lo de equiparar el White power con la música clásica, agradecerle que no haya mencionado a cierto compositor de óperas alemán y ganas de invadir Polonia, a estas alturas sería poco original.
      Atari tiene toda la razón cuando critica a Gillespie (y al jazz) como estructuralmente simple, yo añadiría que previsible (esos solos interminables intercalados entre compases y partes iguales pueden epatar al lego, pero al oyente avezado le pueden sonar siempre a lo mismo, ¿Qué paradoja en una música presuntamente basada en la improvisación, verdad?

    • Y por supuesto que no es necesario irse a 200 años atrás, la música clásica tiene en el s.XX el siglo más fecundo e interesante de todos,se lo aseguro. Para dar y tomar.

    • No sé qué pinta la extrema derecha en esta historia ni el rollo racial, aparte de si se trata de un intento para moralizar el debate centrándose en algo que no es musical.
      Por otro lado, que Dizzy es uno de los ejecutantes más aburridos de la música del jazz no es algo que diga yo, sino hasta el mercado del jazz. Por ejemplo, en una de tantas listas de los 100 mejores Lps de la historia del jazz (100 que no 10 ó 50), Dizzy aparece una única vez y como comparsa de Parker:
      https://www.audioplanet.biz/t54160-los-100-mejores-discos-de-jazz-segun-jazz-100-enlazados-a-spotify
      Y que el jazz está muerto no es una afirmación mía, sino de Miles Davis, que algo entendería de tal estilo musical.

  4. Sería prolijo y ocioso versar sobre las admiraciones mutuas entre la llamada música culta y el jazz, y a la inversa, a lo largo del siglo XX. Soy admirador del jazz, y de Stochausen, Berio, Bartok, Varese, Debussy o los Beatles, por mencionar sólo unos cuantos. Confieso, por el contrario, que una de las más horrísonas torturas que llego a imaginar sería verme atado a una silla en una estancia donde tuviera que comerme los Conciertos de Brandeburgo: gustos son y creo que Atari confunde predilecciones con valoraciones. Todos los autores a los que antes aludí compusieron música que, a mi entender, muertas son; también el jazz, que duró poco más allá de los sesenta como Ornette o el Art Ensemble of Chicago u otros se encargaron de difundir. ¿Y qué? Ahora bien, es inconcebible que, a día de hoy, se publicasen por vez primera las Novelas ejemplares o el Quijote. Cosa bien diferente es que Cervantes no haya influido en numerosos literatos y aun continúe haciéndolo. Soy de la opinión que toda forma artística goza de preeminencia temporal. La música es lenguaje, crear y seguir reglas y éstas varían a lo largo del tiempo. Una vez la reproducción industrial del sonido, quizás también anteriormente, las formas musicales pasan formar parte de un magma del que se es libre de tirar o no, y muchos lo hacen y lo hicieron, refiriéndome a compositores. Paco de Lucía, al que no admiro porque el flamenco no me parece música ni fácil ni difícil, revelaba, cuando adolescente una entrevista suya leí, que admiraba el trabajo de las Grecas y que bien haría el flamenco en atender a las bossa para salir de la monocromía armónica. Pues, eso, sólo y parafraseando a Duke Ellington, sólo hay música buena y mala y, por maniqueo que parezca, más razón que un santo llevaba.

    • Hay algo llamado «índice de impacto» que indican cuándo una obra es citada o, como en el caso de la música clásica, cuándo se programa un concierto a propósito de ella. Si pone en un lado de la balanza a sus odiados conciertos de Brandeburgo y en otro a todas la música clásica contemporánea, ¿adivina quién vence?
      Si no admira a Paco de Lucía, entonces usted no es el más listo de su pueblo. La bobada que larga acto seguido sobre el flamenco da pena.
      Es curioso que hasta escriba mal los nombres de los compositores que dice admirar: es Stockhausen, Bartók y Varèse. A mí me tocó interpretar al segundo no pocas veces en contra de mi voluntad en el conservatorio y me siguen resultando tan aburridos los tres como el primer día.

  5. En mi pueblo no es costumbre hacer alarde del conocimiento común, tampoco de la mala educación. En su megalópolis parece celebrarse a diario el Día del Niño. Hasta nunca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*