Arte y Letras Libros Literatura

Autorretrato bajo la luz de un libro de lugares comunes

libro de lugares comunes
Un commonplace book (libro de lugares comunes) del siglo XIX. (DP)

Ursula K. Le Guin mira su biblioteca y baja del estante un volumen con las obras completas de Jane Austen. Lo lleva al escritorio, o al sofá, o quién sabe exactamente adónde y «como en las suertes virgilianas o (en) una perezosa consulta del I Ching», deja que el libro se abra al azar. Copia el primer párrafo en el que se posan sus ojos. Primero con un libro, luego otro. 

***

Pienso de vez en cuando en esa imagen de Ursula K. Le Guin. No sé si por la impresión que me produce per se aceptar el azar como una forma idónea de consulta, sino, y especialmente, porque es un gesto que hago seguido, antes de leer a Le Guin leyendo a Austen, antes incluso de saber qué era el I Ching. 

Abro libros, busco respuestas, algún dato, guía, símbolos, sentido. Leo frases subrayadas con mano firme, líneas tachadas con pulso desviado, palabras al margen, flechas, asteriscos, estrellitas deformes, algún «ja» perdido. Hojeo libretas, cuadernos, papeles, lo reviso todo. Encuentro citas, citas por doquier. Es algo que he hecho desde que tenía unos trece años, y apenas vengo a descubrir que tiene nombre. Se lo debo a Charley Locke, a su artículo en The New York Times Magazine. Un nombre casual, un lugar común: commonplace book.

No cambia mucho, pienso, en realidad no cambia nada saber que eso que mi yo adolescente hacía con obsesión notarial tenía nombre, que mis cuadernos de rayas llenos de frases célebres, historias, analogías y pensamientos ajenos eran herederos millennials de un artefacto literario que existe hace siglos. No cambió nada, en teoría, pero, como todo en el lenguaje, algo sucede detrás, algo se transforma, cuando lo nombras. Hasta que no te nombras a ti mismo no eres libre: punto, dice la Membrana de Jorge Carrión. El poder del lenguaje: el electrón que se revela bajo la atención de un observador. El commonplace book suena a manido, casi a cliché. Pero como afirma Ricardo Silva Romero en su Historia oficial del amor, «solo en la ficción es posible esquivar los lugares comunes». 

Los commonplace books, o libros comunes, en español, son la recopilación de citas, de ideas, de metáforas, en general, de conocimiento ajeno. Una forma de dialogar de tú a tú con voces e ideas admiradas, subrayar las partes más convenientes, seleccionar lo esencial y extraerlo del todo (ya sea a mano, o en aplicaciones como Notion, Evernote, Pinterest o el bloc de notas). Los libros de lugares comunes, si se toman en su traducción literal, son la curaduría (aparentemente) azarosa de lo que dicen y piensan otros y que termina siendo, dice Locke, una forma de llevar un diario «sin el riesgo de fastidiarte a ti misma»:

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*