Arte y Letras Literatura

Lecciones de William Saroyán 

William Saroyan, Venecia, 1949. Fotografía: Getty.
William Saroyan, Venecia, 1949. Foto: Getty.

No sé qué esperaba encontrar en Un día en el atardecer del mundo (Acantilado, 2017; traducción de Stella Mastrangelo) ni sabría explicar por qué escogí este título entre todos los demás del escritor William Saroyán (Fresno, 1908-1981). Sí puedo decir la razón por la que me llevé conmigo, además, El tigre de Tracy; en parte, por la insistencia del librero, en parte porque es un libro finito, pero, sobre todo, por la pantera de la portada que me miraba fijamente y quería saber qué había tras ella. 

El tigre de Tracy es una fábula, una historia de amor y también un relato sobre el amor: cómo llega, cómo se pierde, ¿se puede recuperar? Me gusta especialmente el sentido del humor y también del disparate, me cautiva sin reservas ese tono que atribuyo a la fábula y que se plasma sobre todo en que las cosas suceden por extrañas que nos parezcan y, como esto es un cuento, lo aceptamos sin hacernos más preguntas. El tigre de Tracy es en realidad una pantera y su amigo imaginario y a veces habla por él, y un día, de repente, todo el mundo puede verlo y entonces creen que Tracy está loco. Pasan más cosas y hay más diversión y niveles de lectura, esto es solo el anzuelo. 

***

William Saroyán se murió con setenta y dos años, las necrológicas que leo en The New York Times y en Los Angeles Times recogen la misma anécdota: «Cinco días antes del colapso, Saroyán llamó a Associated Press para hacer una declaración que se publicaría tras su muerte: “Todo el mundo tiene que morir, pero siempre creí que en mi caso se haría una excepción. ¿Ahora qué?”».

William Saroyán, escritor de temprano éxito y temprana caída, casado y divorciado dos veces con la misma mujer, la actriz Carol Marcus, padre de dos hijos, Aram, escritor no traducido en España —¡ni siquiera tiene Wikipedia en español!— y Lucy, actriz, el cuarto hijo de dos inmigrantes armenios, había muerto sin que la excepción se hubiera hecho. Ni siquiera por preservar unos años más ese bigote imposible que lucía. Saroyán estuvo en la Segunda Guerra Mundial, en Londres, y consiguió un permiso para escribir en el Hotel Savoy Las aventuras de Westley Jackson. Lo hizo en treinta y ocho días. Para entonces, ya era William Saroyán, el escritor. Después sería William Saroyán, el escritor que debía cincuenta mil dólares a Hacienda y por eso se fue a París (1958). Pero de momento había tenido éxito con sus obras de teatro, sus cuentos y sus novelas, La comedia humana se había llevado al cine (acababa de estrenarse) y él se había casado. 

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Un comentario

  1. Me encantó la novela (novelita). La leí hace algunos meses y no de por qué me gustó. Objetivamente no cuenta nada. No pasa nada y, sin embargo, pasa todo. La vida.
    Una novela que es como los últimos rayos de sol en invierno, ligeramente cálidos pero deliciosos.
    Gracias por sacar a Soroyan a la luz.
    Buen articulo.

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