Música

We are family (3): canciones para madres y padres

Sufjan Stevens. Foto Joe Lencioni (CC) canciones madres y padres
Sufjan Stevens. Foto: Joe Lencioni (CC)

«De bien nacidos es ser agradecidos» es una frase, convertida en refrán, que acuñó Miguel de Cervantes en El Quijote. Si estamos en este mundo es por mérito —o por culpa— de nuestros padres. Y las estrellas del rock no van a ser menos. Como veréis en el siguiente texto, lo normal es agradecer a tus padres el haberte dado la vida, aunque también se da el caso de casi llegar al reproche y pedirle cuentas por haberte traído al mundo, o por tratarte como no deben, por no asumir su responsabilidad en un acto en el que uno, lógicamente, no tiene voz ni voto.

«Mi lucha contra la injusticia proviene de lo que le ocurrió a mi padre», dijo Graham Nash en el programa Desert Island Discs de la BBC. Cuando tenía diez años, el pequeño Nash fue obsequiado con una cámara de fotos por parte de su progenitor, quien deseaba transmitirle su pasión por la fotografía. Al parecer, la cámara se la había comprado a un compañero de trabajo. A los pocos días, la policía se presentó en su casa diciéndole que la cámara era robada, preguntando quién había sido el vendedor. Por no denunciar a su compañero, fiel a sus principios morales, el padre de Nash fue encarcelado. Esa injusticia y, a la vez, la necesidad de regirse por un código moral que transmitir entre generaciones actuó como desencadenante en 1968 para dar forma a una de sus mejores canciones, «Teach Your Children», que llegaría al número 16 en Billboard en 1970. Fue compuesta poco antes de cruzar el charco y dejar a los Hollies por la tumultuosa aventura de Buffalo Springfield en Los Ángeles. Finalmente, la canción se grabó en 1969 con vistas al primer álbum homónimo de Crosby, Stills & Nash, aunque la versión que trascendió fue la que salió publicada en el fabuloso Deja Vu, un año después. «Lo que siempre recuerdo es a mi padre hablándome antes de dormir y diciéndome que tendría que irse por un año. No me dijo por qué», declaró Nash. «Mi padre nunca dijo una palabra sobre su tiempo en prisión». El deber de enseñar bien a los hijos, de transmitirles los valores correctos, se hace patente en la letra de «Teach Your Children».

Enseña bien a tus hijos
El infierno de su padre pasó lentamente
Aliméntalos con tus sueños
El que ellos elijan es el que conocerás

Hacia el final de la canción, Nash le da la vuelta a la tortilla e incide en la posibilidad, y en la buena práctica también, de que los hijos enseñen a los padres en la medida de sus posibilidades, quizá rescatando de la memoria el infierno que supuso para él la ausencia y la injusticia cometida con William Nash, su padre (la canción «Prison Song», publicada en 1974 en el segundo disco en solitario del de Blackpool, también está dedicada a su padre).

Enseña bien a tus padres,
el infierno de sus hijos pasará lentamente
y aliméntalos con tus sueños.
Aquel que ellos elijan será el que conocerás.

Howard Joel fue un pianista judío alemán que huyó con su familia del nazismo a través de Suiza en 1939; tras un breve paso por Cuba, recaló en Estados Unidos. Rosalind Nyman nació en 1922 en Brooklyn y conoció a Howard Joel durante una producción musical estudiantil en el City College de Nueva York, tras lo cual comenzaron a salir. La Segunda Guerra Mundial interrumpiría su noviazgo, pero Howard volvió de la contienda y se casó con Rosalind en 1946. Fruto de esa unión nació William Martin Joel en 1949, y más tarde adoptaron a Judy, su sobrina. El matrimonio se disolvió en 1957, Howard volvió a Europa y Rosalind se encargó de sacar adelante a sus hijos, apoyando sin fisuras la vocación musical de William, costeando sus clases de piano y convirtiéndose en una piedra angular a lo largo de su vida. Rosalind fue una presencia habitual en los conciertos de Billy Joel hasta bien entrada la vejez, y a menudo se la veía radiante entre el público y entre bambalinas en el Madison Square Garden —su segunda casa, podríamos decir, ya que tiene el récord de actuaciones en el mítico recinto, con un total de 150 contabilizadas en julio de 2024—. En 1978, Joel compuso la canción «Rosalinda’s Eyes» para su álbum 52nd Street —el título hace referencia a la jazzística calle de Manhattan donde se encontraba el estudio A&R, donde se grabó el álbum—, uno de los primeros discos editados en compact disc. Si bien la letra evoca una versión idealizada de su padre anhelando a su madre, la canción es en realidad una carta de amor a su resiliencia y a su espíritu. Le agradece no solo las lecciones de piano, sino también su apoyo incondicional durante sus difíciles comienzos tocando en bares. La canción, de fuerte componente romántico, trata sobre un músico cubano que lucha por sobrevivir tocando en una banda puertorriqueña. Extraña su país natal y está cansado de tocar para quienes no aprecian su talento, pero encuentra consuelo en la mujer que ama —y aquí entra en juego Rosalinda— y anhela reencontrarse con ella. Todo suena bonito, pero no se ajustaba a la realidad que su madre vivió. En varias entrevistas, el neoyorquino declaró que la canción era su intento de escribir una carta que su padre debería haberle escrito a su madre.

Y aunque nunca estaré allí
Sé lo que vería allí
Siempre puedo encontrar mis cielos cubanos
En los ojos de Rosalinda

Cuando sonríe
Me lo da todo
Pero cuando está completamente sola, llora
Haría cualquier cosa por borrar sus lágrimas
Porque son los ojos de Rosalinda

En 1972 se produjo en Estados Unidos una reunión entre Bill y Howard Joel, gracias a que la distribuidora de su compañía de discos en Europa, Phonogram, le localizó en Viena, donde trabajaba para la General Electric. El cantante pudo cambiar así la percepción —monstruosa— que tenía acerca de su padre, a la vez que se enteró de que se había casado de nuevo y además tenía un hermanastro en Europa.

El caso de «My Father’s Eyes» es curioso, ya que es una canción que profundiza en la búsqueda, en el encuentro del padre a través de la mirada del hijo. En este caso, hablamos del padre y del hijo de Eric Patrick Clapton. En 1944, un soldado canadiense destinado en Inglaterra, llamado Edward Walter Fryer, dejó embarazada a una niña de quince años a la que abandonaría al finalizar la guerra para volver a su país natal con su mujer… Esa difícil y estigmatizante situación se solventó gracias a los abuelos del recién nacido Eric, quienes se convirtieron de facto en sus cuidadores, haciéndole creer a este durante su primera década de vida que su madre, Patricia, era su hermana. Ella, por su parte, conoció posteriormente a otro soldado canadiense con quien se casó y se trasladó a Alemania. En 1991, tras el devastador accidente que segó la vida de su hijo Conor, Clapton se retiró durante un año a la isla de Antigua con el mínimo contacto con el exterior, «tocando la guitarra y aplastando mosquitos», en sus propias palabras. Allí, como herramienta contra la locura, germinaron dos canciones desde lo más hondo, y en ambas el protagonista es Conor. De «Tears In Heaven» ya hablamos en el capítulo dedicado a los hijos, y la que nos trae aquí es «My Father’s Eyes», una canción en la que combina dos ausencias, dos generaciones y la posibilidad de revivir la imagen de su padre ausente, del padre que nunca tuvo. Según cuenta el guitarrista en Eric Clapton Solo: Every Album, Every Song (Andrew Wild, Sonicbond Publishing, 2021):

«Es una canción sobre Conor. Tuve una especie de revelación acerca de mi hijo. Es algo muy personal, pero yo nunca conocí a mi padre, y me di cuenta de que la vez que más cerca estuve de mirar a mi padre a los ojos fue cuando miré a mi hijo a los ojos. Así que escribí esta canción sobre esa sensación. Es una especie de ciclo extraño que se me ocurrió, y fue otra cosa que sentí que me gustaría compartir. Esta fue la canción más difícil de grabar en ese álbum. “My Father’s Eyes” pasó por cinco versiones diferentes, y yo la rechazaba cada vez porque, en ese momento, desde un punto de vista puramente artístico, decía: “Es demasiado rápida. Es demasiado alegre. O es demasiado triste”. Ahora en realidad creo que, subconscientemente, simplemente no estaba listo para dejarla ir, porque significaba —a cierto nivel— dejar ir a mi hijo».

Navegando tras el sol,
esperando a que mi príncipe llegue.
Rezo por una lluvia que sane
y devuelva la paz a mi alma.

Solo un pobre niño de la calle,
¿cómo terminé aquí?
¿Qué fue lo que hice?
¿Cuándo volverán a levantarse mis esperanzas?
¿Cómo sabré que es él
cuando mire a los ojos de mi padre?

La primera versión de «My Father’s Eyes» no se incluyó en Unplugged, a pesar de que se grabó dos veces durante las sesiones (estas tomas se incluyeron en 2013 en la edición Unplugged: Expanded & Remastered). Finalmente, aparecería en 2008 abriendo su decimotercer disco en solitario, Pilgrim, siendo lanzado también como single el mismo día de la publicación del álbum.

La siguiente protagonista, madre de Sufjan Stevens, no solo tiene una canción en su honor, sino todo un disco. Carrie Stevens (Marabeas de soltera) sufría de depresión, esquizofrenia y alcoholismo, y su contacto con sus cuatro hijos fue bastante intermitente. Ella los abandonó cuando Sufjan tenía un año, pero volvió a conectar con él cuatro años más tarde, cuando se casó con Lowell Brams. El matrimonio duró cinco años, y esa fue la etapa de más estabilidad en la infancia de Sufjan, en la que más contacto tuvo con su madre, gracias a la serenidad que aportó su padrastro, Lowell. Pero una vez que se acabó el matrimonio volvió la zozobra a la vida de Carrie, a la que veían ocasionalmente cuando visitaba a sus abuelos. Estuvo desaparecida un tiempo, acogida a veces en una vivienda tutelada cuando se veía sin hogar. Según cuenta el propio Sufjan, «siempre he tenido una relación extraña con la figura de Carrie, porque tengo muy pocos recuerdos de ella. Hay una gran discrepancia entre el tiempo que pasé con mi madre y mi relación con ella, y mi deseo de conocerla y estar con ella». La muerte de Carrie en 2012 a causa de un cáncer de estómago fue un golpe duro que supuso el detonante para la dolorosa y bella colección de canciones que Sufjan Stevens entregó tres años después, un disco para bajar un telón.

Arrastrado por las piedras,
un reino de hadas nos rodea.
Como un caballo muerto,
señal de la fiebre de tus hijos.

Carrie, vuelve a casa (amiga del Thorazine),
sostengo tus manos de ópalo.
Como un caballo muerto (¿ascenderemos?)
El vuelo de la efímera,
lo fugaz sobre mi espalda;
ella me quiebra el brazo.

Lowell Brams, pese a divorciarse de Carrie, nunca llegó a perder el contacto con los niños. Desde 1998, además, dirige el sello Asthmatic Kitty, donde graba Sufjan Stevens, así que, aparte de la relación sentimental, ambos mantienen una relación profesional. Carrie & Lowell fue grabado a lo largo de 2014 en diferentes estudios, incluso algunas canciones fueron grabadas en una habitación de hotel en Oregon. El disco se publicó el 31 de marzo de 2015 y la canción del mismo título le precedió como tercer single el 17 de marzo de ese año.

Julia Stanley creció siendo un espíritu libre y profesando una gran pasión por la música. Siendo adolescente conoció a Alfred Lennon en su Liverpool natal y se casaron en 1938, dando a luz a su primogénito, John Winston, en 1940. Sin embargo, el matrimonio hizo aguas a los pocos años y ella, viéndose incapaz de sacarlo adelante sola, entregó a su hijo de cinco años al cuidado de su hermana Mimi. Esa fue la primera vez que John perdió a Julia.

El origen de «Julia» se sitúa en las estribaciones del Himalaya en 1968, en el retiro espiritual de los Beatles. Poniendo en práctica las lecciones de fingerpicking (técnica para realizar arpegios en la guitarra usando los dedos) aprendidas de Donovan, Lennon armó el sutil esqueleto melódico de la canción. Al igual que hizo Clapton en la canción que acabamos de ver, aunando dos seres queridos en el mismo pack musical, en «Julia» Lennon rinde tributo a su madre fallecida, mientras alude al mismo tiempo a su liberación espiritual gracias a su recién descubierta alma gemela, la «niña del océano», Yoko Ono. Según declaró a David Sheff en la famosa entrevista publicada en Playboy en 1980, «Julia era mi madre. Pero era una especie de combinación entre Yoko y mi madre, mezcladas en una sola. Eso lo escribí en la India. Escribimos montones de canciones allí». Quizá el esfuerzo de mantener el fingerpicking le restó a Lennon capacidad para desarrollar el mensaje, ya que tomó prestadas dos frases del libro de aforismos de Khalil Gibran Sand and Foam, publicado en 1926:

«La mitad de lo que digo carece de sentido, pero lo digo para que la otra mitad pueda alcanzarte».

«Cuando la vida no encuentra a un cantante que cante su corazón, produce un filósofo que exprese su mente».

La mitad de lo que digo no tiene sentido,
pero lo digo solo para alcanzarte,
Julia.

Julia, Julia, niña del océano, me llamas,
y entonces canto una canción de amor, Julia.
Julia, ojos de concha marina, sonrisa de viento, me llamas,
y entonces canto una canción de amor, Julia.

«Julia» fue grabada en los estudios Abbey Road el 13 de octubre de 1968 por Lennon con su Gibson J-160E y publicada en el conocido como The White Album. Ni que decir tiene que otro clásico de Lennon, esta vez en solitario, como es «Mother» (1970), tiene también idéntica destinataria.

Hasta ahora todo han sido alabanzas y añoranzas hacia los progenitores, pero para finalizar vamos a romper la baraja y rebajar la glucosa del artículo. Loudon Wainwright y Kate McGarrigle, ambos cantautores, se divorciaron en 1976, cuando Martha Wainwright, la hija del matrimonio, solo llevaba tres meses en el mundo, y su hermano Rufus, tres años más. Catorce años después, ya en 1990, Martha deja el hogar materno en Montreal para pasar una temporada en casa de su padre:

«Papá se tomó un año libre y sugirió que viviéramos juntos. Así que me mudé con él a Nueva York y fue un desastre. Tenía catorce años, lo cual es un desastre para cualquiera, estaba empezando a fumar, beber y salir con chicos, y él tenía cuarenta y cinco años, por lo que probablemente estaba teniendo una crisis de mediana edad».

Dos años después, Loudon Wainwright III graba «I’d Rather Be Lonely» y la incluye en su álbum History (Charisma Records America Inc., 1992). Cuando Martha oye la frase «Cada vez que te veo llorar, eres solo un clon de todas las mujeres que he conocido» siente una pena terrible por la mujer de la canción, a la que también dedica otras píldoras como estas: «La soledad es felicidad, se necesitan menos de dos. Confieso que me estoy desviando de eso cuando estoy contigo». Pero un buen día, Martha asistió a un concierto de su padre, y este presentó la canción con estas palabras: «Escribí esta canción sobre mi hija». Golpe bajísimo en la línea de flotación de la adolescente, que rumió su respuesta y la difundió años más tarde:

«Durante la mayor parte de mi infancia, Loudon me hablaba en canciones, lo cual es un poco una mierda, especialmente porque él siempre se mostraba divertido y encantador, mientras que el resto parecíamos víctimas lloronas, y no podíamos contar nuestra versión de la historia. Como resultado, tiene una hija que fuma y bebe demasiado y escribe canciones con títulos como “Bloody Mother Fucking Asshole”».

La ascendencia familiar la guió hacia los escenarios, sin mucha fe en sí misma, pero animada por la proyección que empezaba a mostrar su hermano Rufus. En enero de 2005, Martha Wainwright lanzaba en la compañía independiente Zoë Records la canción «Bloody Mother Fucking Asshole», que abría el EP del mismo nombre, en la que ajustó cuentas sin ambages con Loudon:

Oh maldito imbécil hijo de puta
No voy a fingir
No voy a poner una sonrisa
No diré que estoy bien para ti
Para ti, quienquiera que seas

Durante tres minutos, Martha Wainwright se queja, patalea, llora, se desgarra en la canción, y finalmente se rinde y se libera cuando llega al insulto. Para tranquilidad de los lectores, apuntar que, con el paso del tiempo, la relación entre Loudon y Martha se ha reconducido hasta un nivel de cordialidad aceptable, así como la relación entre padre e hijo, ya que este tuvo también su dardo en forma de canción con «Dinner At Eight», incluida en su tercer disco, Want One (Dreamworks, 2003), en la que le acusa de abandono y le dice fríamente que le gustaría verlo llorar.

Así acabamos el artículo, eminentemente anglosajón, como la mayoría, lo que no quita para destacar algunas canciones patrias compuestas en honor a padres y madres, como pueden ser «Padre», de Patxi Andión, la almibarada «Amor de madre», de Gabinete Caligari, «Anita siempre», de Maleso o la recientemente publicada «Fiu», de Nacho Vegas, dedicada a su madre Cristina.


Bibliografía

Billy Joel: The Life and Times of an Angry Young Man, de Hank Bordowitz.

Eric Clapton FAQ: All That’s Left to Know About Slowhand, de David Bowling, Eric Clapton.

Eric Clapton Solo: Every Album, Every Song, de Andrew Wild.

Profiles in Popular Music, de Vinita.

Sufjan Stevens’ Carrie & Lowell, de Joel Mayward.

Death of a Dreamer: The Assassination of John Lennon, de Alison Behnke.

The Beatles Encyclopedia: Everything Fab Four, de Kenneth Womack.

Stories I Might Regret Telling You, de Martha Wainwright.

Liner Notes: On Parents & Children, Exes & Excess, Death & Decay, & a Few of Other Things, de Loudon Wainwright III.

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