Arte y Letras Filosofía

A favor de la extinción: filosofía del antinatalismo (y 2)

Mujer embarazada y la muerte, de Egon Schiele. po natalismo
Mujer embarazada y la muerte, de Egon Schiele.

Viene de «A favor de la extinción: filosofía del antinatalismo (1)»

No crea que no me doy cuenta: para no tener hijos, la ontología, la fenomenología existencial y la ética resultan argumentos más bien densos. Son palabras de diez dólares que se pinchan como un globo en cuanto tiene usted que decidir si pone mantequilla en la base del sándwich o si le gusta más Un simple accidente (Jafar Panahi, 2025) que No Other Choice (Park Chan-wook, 2025). De acuerdo: soplemos el polvo y pongamos el dedo en el mapa.

5. El argumento utilitario: el vacío existencial y que el niño lo baile

A partir de aquí, la cosa es más sencilla. No hacen falta grandes abstracciones ni disecciones quirúrgicas; basta con que mire usted a su alrededor. El tener hijos se ha considerado a lo largo de la historia de la humanidad una obligación, con distintos matices capaces de situarla en acepciones más o menos agresivas. En ciertos momentos, era un deber más que una obligación, pero ay de aquel o aquella (sobre todo de aquella) a quien se le ocurriera contravenirlo. En otros, incluido el presente, ha consistido más bien en el arraigo de un discurso social en virtud del cual la procreación se asienta en dos pilares: uno es, dicho mal y pronto, que es lo que toca (es decir, que igual que usted estudia, trabaja, se echa una pareja y se compra un piso [já, comprarse un piso, dice], tiene hijos porque es parte de la secuencia, y la ley es la ley); el otro es que tener hijos, ojo aquí, te realiza. Este último argumento es el que, a mi entender, resulta especialmente lesivo. Voy por partes.

De la misma manera en que la semana de cuarenta horas está concebida en un esquema de producción capitalista donde el rol de la inmensa mayoría de las mujeres estaba restringido a los confines del hogar, chupetes y sartenes de teflón, la procreación se asienta sobre un esquema específico de distribución de roles. Y con los roles vienen, por supuesto, las responsabilidades. Descargar al varón de determinadas responsabilidades le ha permitido, a lo largo de los siglos, percibir muchos de los beneficios de la paternidad y muy pocos de los perjuicios (e incluso esos pocos han bastado tradicionalmente para sacarlo de quicio). En lo referente a las mujeres, proveyéndolas de forma sistémica y deliberada de una vida con muy pocos accesos libres a otros estratos de la sociedad, se ha implantado en el discurso mayoritario que el tener un hijo fruto de tu vientre no es solo el colofón de la vida hogareña, sino el deseo al que aspirar. Por este motivo:

Dejando a un lado la psicología profunda y la metafísica, el principal argumento del sentido común contra el antinatalismo que aspira a la extinción es que la alternativa que este ofrece es impensable. La gente no está preparada para afrontar un mundo en el que no pueda tener hijos. (Szocik y Häyry, 2024, p. 24, traducción mía)

Cosa lógica, por otra parte, en la medida en que, si los chiquillos se han concebido como el sumun de la satisfacción vital, retirarlos de la ecuación genera un vértigo angustioso. Y fíjese en que importa poco que sea cierto o no que tener hijos conlleva la realización. Lo fundamental es que exista la noción de que tal realización es alcanzable mediante una ruta de la que, para bien o para mal, no podrá usted bajarse una vez escogida, salvo a costa de gran escarnio social. Irse a por tabaco fue una opción popular en ciertos sitios y lugares, pero poca gente sacaba pecho de ello.

La cuestión es que existe en nuestra sociedad una práctica de culto al niño. O, más bien, a la figura del niño, porque el niño, en sí, termina exasperando al más devoto, pero la simbología que le conferimos lo trasciende. En pos de ese culto a la maternidad y a la paternidad, la división de roles ha ido evolucionando de la mano de las luchas sociales por los derechos de la mujer, los derechos LGTBIQ+ y los derechos raciales. En consecuencia, la asimetría en las funciones de cada progenitor ha disminuido un poquito, lo bastante como para que los hombres cisgénero nos consideremos héroes. Pero, siguiendo con la idea de la realización, es hora de establecer sus peligros, ya que se basa casi por entero en la Naturaleza (con «n» mayúscula) el que debamos imitar a todo bicho con capacidad reproductiva. Se nos dice que, dado que la programación biológica de nuestros cuerpos nos lleva a reproducirnos, no hacerlo es negarle a la Madre Tierra el curso inherente a la vida que en ella habita. Es decir: que vamos contra nuestra propia deriva como animales si no cumplimos con esta función.

Este argumento siempre me hace gracia, porque no se concibe aplicarlo a ninguna otra cosa. Supongamos que, en efecto, existe algún tipo de reloj biológico del que, llegado cierto momento, sale un pájaro de madera en pañales y nos grita que es momento de traer más parados al mundo. Bien: que exista tal reloj no significa que tengamos que hacerle caso. No solo porque si la naturaleza fuera sabia no tendríamos dolores de espalda, sino porque toda la vida en civilización se basa en ir contra nuestros instintos naturales. Si me dice usted que debemos reproducirnos porque es el instinto natural de la especie, yo le digo que no se queje si lo mato a pedradas el día en que se me crucen los cables, porque el impulso de agresión es como mínimo tan natural como el reproductivo. Lo análogo con el tener múltiples parejas sexuales en función de la disponibilidad y la libido, y la inmensa mayoría de parejas con hijos a las que usted pregunte declararán adherirse a la más estricta monogamia (otra cosa es lo que hagan cuando creen que nadie los ve, pero esa es otra historia).

Total, que lo del argumento natural tiene poca cabida en el momento en el que, de existir, tenemos la posibilidad de negarlo, de la misma manera en que negamos otros tantos de análoga importancia. Sin embargo, las funciones «naturales» de la crianza, y sobre todo de la maternidad, es algo que nuestra sociedad no suelta ni a tiros.

Determinadas funciones de la maternidad se han tratado como facultades naturales y sagradas. A la sacralización de la maternidad le han seguido los argumentos del sentido común, sentido común al que atribuimos una carga de realidad mayor por emparentarlo con lo natural. Sacralización y naturalización curiosamente caminan siempre de la mano. El grado de realidad que le atribuimos a lo natural es el nivel más esperado para nuestra lógica. Parece como si lo natural se mereciese más sentido de realidad. La creencia de que lo natural no es construido, o al menos, no es maleable o no es cambiable, a pesar de que tengamos conciencia de que la naturaleza cambia y se permuta, resulta ser obvia a nuestra mentalidad occidental. (Jiménez Godoy, 2004, p. 4)

Sin embargo, el orden de prelación en el discurso antropológico de nuestra sociedad no admite discusión: primero, reprodúzcase usted, y luego ya veremos qué hacemos con su depresión posparto, con la angustia de la maternidad, con la pérdida casi total de libertades, con la ansiedad diaria por el devenir, con los desafíos anímicos que implicará cualquier adversidad que padezca el advenedizo, y un larguísimo etcétera que ya he cubierto en secciones anteriores. Porque no olvide que, si bien el nacido es el sujeto directo de las balas que hay en la ruleta rusa de la existencia, el amor, la empatía y la vinculación pueden jugarle a usted una pasada casi igual de terrible: cualquier discapacidad del niño, cualquier agresión que sufra, cualquier contrariedad que le marque, cualquier sufrimiento que padezca, cualquier enfermedad que lo asole, cualquier accidente que tenga, y todo lo demás, lo vivirá también usted. Pese a ello, «las actitudes y prácticas tradicionales a favor del natalismo dificultan la realización del potencial humano haciendo a las mujeres vulnerables frente a las adversidades de la maternidad cuando no tienen recursos para gestionarlas» (Szocik y Häyry, 2024, p. 26, traducción mía), aunque, dicho sea de paso, no se me ocurre quién tiene recursos para gestionar una vida además de la propia.

Visto todo esto, cabe preguntarse si, por tanto, la procreación es producto directo y unívoco de un discurso social inserto bajo nuestra piel de manera subrepticia. La respuesta es, por supuesto, que no. Los alegres procreadores creen ser amos de su destino y capitanes de su alma. Si esto se debe a que, como con tantas otras cosas (por ejemplo, el trabajo), no se plantea en el discurso social alternativa alguna salvo para los radicales y los temerarios, es buena materia de discusión. Pero sea cual sea la respuesta, muy frecuentemente los padres quieren activamente tener un chiquillo. Ante esto, debo concedernos, como especie, un mérito: cada vez veo surgir con mayor frontalidad la advertencia de que, si no lo tiene usted clarísimo, no tenga hijos. Esto ya es un avance. Normalmente, la idea era la contraria: tenga usted un hijo por la cuenta que le trae, y si no lo hace, más le vale tener una buena explicación que le inhabilite como sujeto deseable, como dedicarse al terrorismo o a tocar la guitarra en el parque. Por fortuna, ahora la prevención es mayor. Y yo tengo una explicación (sorpresa).

La explicación pasa por el posmodernismo. Ahí es nada. El posmodernismo viene a ser la corriente intelectual, artística, filosófica, política, etc., que desconfía de las narrativas que nos han nutrido como especie a lo largo de los siglos: los mitos del héroe que sale de lo que hoy llamaríamos «zona de confort» para enfrentarse a peligros y vuelve triunfante con un tesoro, los relatos sobre el bien común, la trascendencia del significado, el hallazgo de un sentido frente a la aparente aleatoriedad del universo, la historia según la cual nos enamoraríamos, tendríamos hijos y nuestra vida quedaría realizada en un vivieron felices y comieron perdices. En La condición postmoderna (1979), el filósofo francés Jean-François Lyotard (1924-1998) acuña el término y escribe:

[E]sos relatos populares cuentan lo que se puede llamar formaciones (Bildungen) positivas o negativas, es decir, los éxitos o fracasos que coronan las tentativas del héroe, y esos éxitos o fracasos, o bien dan su legitimidad a instituciones de la sociedad (función de los mitos) o bien representan modelos positivos o negativos (héroes felices o desgraciados) de integración en las instituciones establecidas (leyendas, cuentos). Estos relatos permiten, en consecuencia, por una parte definir los criterios de competencia que son los de la sociedad donde se cuentan, y por otra valorar gracias a esos criterios las actuaciones que se realizan o pueden realizarse con ellos. (Lyotard, 2021, p. 44)

El posmodernismo, caracterizado por la caída de los relatos sociales mayoritarios, ha tenido muchas causas, y, a día de hoy, se reflejan en las estadísticas que da gusto: se nos prometió que, si estudiábamos y nos esforzábamos, encontraríamos un trabajo, cosa que es hoy poco menos que risible; se nos aseguró que, si encontrábamos un trabajo, tendríamos una vivienda a la que llamar hogar, lo cual, yo qué sé, es que ni me meto ahí; se nos juró que el amor era lo más bonito del mundo y que su epítome era un chiquillo al que ver corretear por el jardín (¿qué jardín?) mientras usted y su pareja se dan la mano desde sendas mecedoras.

Se nos contó que un hijo era lo que necesitábamos para sentirnos completos, para darle sentido a nuestras vidas. Pero resultó que nuestras vidas planteaban un desafío mucho mayor, que el vacío de nuestro pecho no tenía la forma de un bebé, y que, de hecho, tener un hijo para cubrir un vacío existencial solo reporta sufrimiento, frustración y rechazo para usted y para el niño. El dolor estructural al que se refería Cabrera no se calla con un chupete.

En este marco, resulta razonable afirmar que la existencia humana conlleva la imposibilidad de escapar a ciertas incertidumbres y malestares fundamentales, cuya resolución total supondría, paradójicamente, la anulación de la propia existencia. El fundamento de esta discusión radica en resaltar la incidencia del sufrimiento humano como indicador de algo que ocurre fuera: en el mundo, y no dentro. Fuera, «en cómo vivimos». La persona no se comprende como alguien que alberga un problema en su interior, sino como alguien atravesado por una situación. Así como no decimos que alguien «contiene la tormenta», sino que está en medio de ella, del mismo modo el malestar psicológico se sitúa en la relación entre el individuo y su contexto, no en su esencia interna. (Macías et al., 2025, p. 144)

Tener un niño porque es lo que toca, porque es lo que a la «esencia interna» le falta, carece, como hemos visto, de fuerza social, y las múltiples disidencias en formas de vivir y de vincularse dan cuenta de ello. Tenerlo porque es lo que prescribe la naturaleza está, como poco, cogido con pinzas, y suponiendo que sea así, podemos negar esa prescripción de la misma forma en que negamos la de la agresión. Y tenerlo porque nos realizará es, simple y llanamente, falso. De existir, esa «realización» remitiría al sujeto que la vive o que acusa su ausencia. Si el vacío es propio, si la falta que usted nota pertenece a su interioridad como sujeto, no la cubrirá con nada que no provenga de sí mismo: ni dinero, ni éxito, ni fama, ni, desde luego, niños. Solo conseguirá que haya más personas padeciendo los males que le he retratado hasta ahora. Usted intentará llenar un vacío, pero ¿y el niño? Oh, el niño que juegue sus cartas. Usted lo trae a la existencia, y que él baile lo que le toque.

Suena a un trato poco amoroso, ¿no le parece?

6. El argumento planetario: si es que no cabemos, de verdad

Y el último argumento (aunque podría sacarle más, no se crea) es el planetario. Sí, el argumento verde, el del medio ambiente, la tala de árboles y todo eso. Pero hay más. Deme un momento. Este argumento es el que menos suele importarnos porque no percibimos que tenga mucho que ver con nosotros, y, sin embargo, es el más matemático. Matemático, digo, porque incluso los más escépticos respecto al impacto humano en el planeta se rinden ante determinados datos.

Este es de mis favoritos: a mediados del siglo XX, la población mundial estaba entre 2500 y 3000 millones de habitantes. Estamos hablando de la década de los cincuenta a los sesenta. Bien: hoy estamos en más de 8000 millones. Se me han puesto los pelos de punta. Repito en letra: ocho mil millones. Es decir, que la población mundial ha aumentado en más de 5000 millones en unos setenta años. No sé qué hacer para asegurarme de que entiende usted la envergadura de este número. Vaya a beber un vaso de agua. Pero no se preocupe: a la población excedente se la ha enviado de forma ordenada y paulatina a la Tierra II, que está a poco menos de tres meses en moto de agua.

Ya, ya lo sé. No hay Tierra II. Solo hay un planeta, y es más o menos el mismo que hace setenta años. Así que podría usted preguntarse: si el planeta es el mismo y los recursos naturales que ofrece son también los mismos (con las variaciones de regeneración natural y demás, pero en los términos en que estamos hablando, son números más bien despreciables), ¿cómo se come que la población vaya camino de triplicarse en setenta y cinco años? La respuesta es: no se come. Literalmente, porque para afrontar esta población con esta tasa de crecimiento y con estos niveles y estilos de vida, no le quepa duda de que la gente debe morir de hambre. Según Oxfam (2024), entre 7000 y 21 000 personas mueren de hambre cada día. No cada década: cada día.

Entre 2011 y 2023, la población humana aumentó en mil millones solo en esos doce años, comparado con los quince años que tardó en pasar de 3000 millones a 4000 millones entre 1960 y 1975. Las Naciones Unidas prevén que la población mundial continuará creciendo, pasando de los 8.2 mil millones en 2024 a los 10.2 mil millones para la década de 2080, y estabilizándose hacia el final del siglo XXI. (Tal, 2025, p. 2, traducción mía)

Si estaba buscando argumentos para hacerse la vasectomía o ligarse las trompas, no busque más. Porque sabe usted que los recursos de casi todo tipo han iniciado su descenso en producción y en distribución, ¿verdad? No le cuento nada nuevo si le digo, sin salirme siquiera del artículo anterior, que:

La escasez de agua está intrínsecamente asociada con el crecimiento de la población, puesto que las poblaciones humanas requieren más agua para beber, para la agricultura, la industria y el saneamiento. En términos globales, la demanda de agua surge debido a la expansión urbana, la industrialización y la producción agrícola intensificada con el objetivo de cubrir las necesidades alimenticias de las poblaciones más grandes. Con la cantidad de personas duplicándose sobre la Tierra entre 1970 y 2020, las demandas de agua dulce para uso doméstico incrementaron un 600% en todo el mundo. (Tal, 2025, p. 16, traducción mía)

Un 600%. La madre que me parió. Tengo genuino interés por ver qué haremos como especie cuando nos quedemos sin agua. O sin combustibles fósiles. O sin suelo cultivable. Compartiremos, ¿verdad? Al fin y al cabo, la Tierra es de todos. Las Naciones Unidas, la Unión Europea o quien corresponda pondrá de acuerdo a todos los países para racionar lo que tenemos y optar por un modelo de población y consumo sostenible. Ya lo estamos viendo con países y continentes enteros. Ninguno de nosotros podría vivir disponiendo libremente de recursos vitales de los que millones de personas carecen, ¿no cree?

¿No? De acuerdo, entonces, pregunto: ¿cómo es posible traer a más personas a este mundo? No ya porque no quepamos en términos numéricos ni porque sea imposible aparcar el coche o poner una sombrilla en la playa, sino porque ¿con qué cara traemos a la existencia a un chiquillo que, de nacer hoy, tendrá cincuenta y pocos años cuando la población mundial supere los 10 000 millones de habitantes? ¿De verdad estamos dispuestos a crear vidas humanas que tendrán que enfrentarse a lo que ya estamos viendo?

Pero no se crea que somos el centro del mundo, aunque a nosotros nos lo parezca. La actividad humana se está llevando por delante todo lo que pilla, además de a la propia humanidad. Según la ONU, este crecimiento en la cantidad de personas «genera un impacto en el tamaño, la estructura y la distribución poblacionales que tendrá profundas repercusiones en los esfuerzos por promover la Agenda 2030 a nivel global» (ONU, s. f.). Y si hablamos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que sepa que a los animales los estamos haciendo polvo. Según la BBC, desde 1970 se ha constatado una caída del 68% en más de 20 000 poblaciones de mamíferos, anfibios, reptiles y peces (Briggs, 2020). Aunque, si nada de esto le motiva, siempre puede pensarlo a nivel planetario:

La polución atmosférica se compone de gases de efecto invernadero que aumentan el calentamiento global, además de peligrosos contaminantes del aire como partículas en suspensión, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, y el ozono, que presentan graves riesgos para la salud humana. Estos contaminantes se originan principalmente de las emisiones industriales, gases de escape de vehículos, operaciones agrícolas y la calefacción residencial. Varios estudios subrayan que solo las contaminaciones del aire por nitrógeno fueron responsables de alrededor de 23 millones de muertes en 2013 […]. (Zhoy y Baojing, 2024, p. 5, traducción mía)

Igual ya le baila a usted la cabeza con tanto número. A mí también. Sobre todo porque, en último término, no debería hacer falta. El argumento de Benatar con el que abría este artículo ya lo deja todo dicho en términos lógico-formales; el resto es para los obstinados y los optimistas. Quizá las vías intuitivas sean, después de todo, más efectivas que ninguna otra noción, especialmente cuando se consideran escenarios medio abstractos, como el devenir del mundo o el de una persona que aún no ha nacido. Sobre esto, el propio Benatar me dijo:

Lo que a menudo ocurre es que cuando se confronta al optimista con todos los genocidios y la violencia masiva que han tenido lugar en el mundo, está al tanto de ello, pero lo que no es capaz de hacer es computar el peso relativo de esas cosas. Existen heurísticos que podemos usar para intentar empujarlos a ello. Un experimento mental que he empleado en el pasado es plantearle la siguiente pregunta a alguien que está considerando tener un hijo: «Imagina que este hijo será una niña, y que en algún punto de su vida, va a ser violada». Entonces le formulamos al potencial procreador la siguiente pregunta: ¿qué tipo de bien sería necesario en la vida de esa niña para compensar la violación? Si piensas la respuesta en términos muy concretos e imaginas a ese padre potencial diciendo que debería tener una carrera exitosa o un matrimonio feliz, y que eso compensaría la violación, suena grotesco y brutal el simple hecho de realizar esa ecuación. Así pues, considero que hay algunos heurísticos que podemos usar para darles algo de perspectiva a los optimistas. (D. Benatar, comunicación personal, 22 de diciembre de 2020, traducción mía)

¿Qué cantidad de «bien» podría compensar esos males que, sin duda, sean unos u otros, vivirá el recién nacido? ¿Quién de nosotros firmaría ese trato para un tercero que no tiene potestad para decidir si quiere enfrentarse o no a la vida que le espera? Para un servidor (ya se lo habrá imaginado usted) es con mucho preferible la contemplación de un planeta en el que el ser humano esté del todo extinto, si acaso dejando tras de sí unos fósiles que atestigüen la historia de una especie que decidió parar antes de que la obligaran, que escogió morir por su propia salud. Tal vez así se concluya que «la visión del pesimismo cósmico es un extraño misticismo del mundo-sin-nosotros, un hermetismo del abismo, un ocultismo noumenal. Es el difícil pensamiento del mundo como absolutamente no humano» (Thacker, 2015, p. 29), pero estoy convencido de que, si el mundo pudiera hablar, es la opción que preferiría.

Aunque ¿quién sabe?: tal vez lleve siglos hablando y nunca lo hayamos escuchado.

7. Conclusión: un brindis al sol poniente

No se crea que me hago ilusiones. Entre mis muchas faltas, no está esa. Ni siquiera me doy la indulgencia suficiente como para esperar que alguno de estos argumentos haga mella en alguna persona y que, en el momento de la decisión, opte por la dulce inexistencia de sus nonatos.

¿Por qué toda esta turra, entonces? Para dar testimonio, aunque sea como inscripción en las paredes de un baño. Incluso los antinatalistas podemos soñar, ¿sabe? Diría incluso que soñamos a lo grande. Solo que nuestro «grande» es, quizá, el más pequeño. No por corto de miras, sino por ambicioso. El mundo que imaginamos trasciende a la humanidad porque, a diferencia del de cualquier otra especie de persona, prescinde por completo de ella.

Es verdad que el tiempo se nos acabará como se les acaba a todas las criaturas, pero al menos podemos soñar que algún día podremos elegir nuestra fecha límite. Entonces quizá podremos todos morir de lo mismo: una hartura asesina de nuestra durabilidad en un mundo que es MALIGNAMENTE INÚTIL. (Ligotti, 2017, pp. 96-97)

Así que alzo mi copa (solo tengo cerca un vaso de agua, pero usted me entiende) por el ocaso de la humanidad, que, a falta de un consenso inaudito o de una sensatez sin precedentes, llegará con una implosión, más que con un lamento.


Bibliografía

Belshaw, C. (2012). «A New Argument for Anti-Natalism». South African Journal of Philosophy, 21(1), 117-127.

Benatar, D. (2006). Better Never to Have Been. The Harm of Coming into Existence. Oxford University Press.

Briggs, H. (10 de septiembre de 2020). «El “catastrófico descenso” de vida animal por culpa de los humanos: dos tercios en 50 años (y el 94% en América Latina)». BBC News Mundo.

Cabrera, J. (2014). Crítica de la moral afirmativa. Una reflexión sobre nacimiento, muerte y valor de la vida. Gedisa.

Cioran, E. M. (2014). Del inconveniente de haber nacido. Taurus.

Jiménez Godoy, A. B. (2004). «La paternidad en entredicho». Gazeta de Antropología, 20, 1-16.

Ligotti, T. (2017). La conspiración contra la especie humana. Valdemar.

Lyotard, J. F. (2021). La condición postmoderna. Cátedra.

Macías, J., G. J. Peña, A., y Naranjo, P. (2025). «Los problemas psicológicos como dilemas filosóficos: un viaje hacia la eudaimonía y la felicidad dentro de la infelicidad». Thémata. Revista de Filosofía, (71), 141-166. DOI: 10.12795/themata.2025.i71.07

Mantella, R. O. (2024). «El mal de dar vida. Un ensayo de antinatalismo español». [Reseña del libro El maldito regalo de nacer. Un ensayo antinatalista, de M. A. Castro Merino]. Análisis. Revista de Investigación Filosófica, 11(1), 121-125.

Organización de las Naciones Unidas. (s. f.). «El fuerte crecimiento poblacional supondrá un reto para lograr un desarrollo sostenible».

Organización Mundial de la Salud. (24 de octubre de 2024). «Contaminación del aire ambiente (exterior) y salud».

Organización Mundial de la Salud. (29 de agosto de 2025). «Depresión».

Oxfam. (16 de octubre de 2024). «El hambre que provocan los conflictos se cobra hasta 21 000 vidas diarias en todo el mundo».

Szocik, K., y Häyry, M. (2024). «Climate Change and Anti-Natalism: Between the Horrible and the Unthinkable». South African Journal of Philosophy, 43(1), 21-29.

Tal, A. (2025). «The Environmental Impacts of Overpopulation». Encyclopedia, 5(2), 1-37.

Thacker, E. (2015). En el polvo de este planeta. Materia Oscura.

Vinding, M. (2020). Suffering Focused-Ethics: Defense and Implications. Ratio Ethica.

Zhoy, Y. y Baojing, G. (2024). «The Impacts of Human Activities on Earth Critical Zone». Earth Critical Zone, 1(1), 1-9.

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

25 comentarios

  1. Sebastián

    De acuerdo totalmente con el autor, cuantos de nosotros sí nos dieran la opción de no existir, la elegiríamos; con solo pensar en dejar la lenta agonía de levantarse día tras día y estar obligado a trabajar para simplemente seguir existiendo un día más sin ninguna razón ni objetivo, la no existencia se antoja la mejor de las opciones.

    • Pedro Narcob

      Amén, Sebastián, aunque, como me señaló Ligotti, una cosa es el antinatalismo y otra el promortalismo. Para lo primero tenemos a Benatar; para lo segundo a Mainländer, aunque, a mi entender, ambas ideas son hermanas filosóficas. Vivir tiene mucho de resistencia y obcecación, sobre todo en el mundo que hemos creado.

  2. Xavier D. Garret

    «Usted intentará llenar un vacío, pero ¿y el niño? Oh, el niño que juegue sus cartas. Usted lo trae a la existencia, y que él baile lo que le toque.»
    Muy bien traido, me ha recordado aquello de Quevedo (?): «Yo no nací, me nacieron».

    Excelente ensayo, de verdad,

    • Pedro Narcob

      Uh, bien hilado Xavier; ni había caído.
      Muchas gracias por la lectura 🫡.

    • Me había llamado tambien la atención esta expresión de «llenar un vacío» . Como si esos vacios pudieran llenarse y si se pudiera desde luego que no sería con chupetes como dice el autor.
      La verdad es que las cifras marean y da miedo el futuro con este crecimiendo tan desmesurado de la población mundial.
      Creo que es un lujo el poder plantearse si se quiere o no tener hijos. Hasta hace muy poco esto era impensable. Pero de esto al exterminio autoinflingido de la única especie sapiens sapiens…
      Pedro Narcob, me ha dado usted mucho en qué pensar ¡¡

  3. Los datos en el argumento planetario poco se comentan y vaya que habría que tomarlos en cuenta. Excelentes artículos 👌🏻

  4. Pensamiento decadente. Toda esta gente se puede meter un tiro, cortarse las venas o tirarse por un puente y, tan amigos, oiga.

    • Pedro Narcob

      ;).
      «Algunos críticos del pesimista suelen pensar que le ponen contra la pared cuando se mofan alegremente de él diciendo: <>. La afirmación de que el pesimista debería matarse para hacer honor a sus ideas se puede rebatir diciendo que revela un intelecto tan burdo que no merece respuesta. Pero no resulta muy difícil dar una […]. Naturalmente, algunos pesimistas se suicidan, pero nada les obliga a suicidarse o a vivir con el estigma del hipócrita en la frente. La muerte voluntaria puede parecer una medida totalmente negativa, pero la cosa no es tan simple. Toda negación viene adulterada o formulada a hurtadillas por un espíritu positivo. No se puede proferir un <> inequívoco ni obrar en consecuencia con él. Puede que las últimas palabras de Lucifer en el cielo fueran <>, pero nadie ha servido tan sumisamente al Todopoderoso, porque Su atracción secundaria en las nubes nunca atraería a ningún cliente si no fuera por la principal del infierno del diablo en la tierra. Solo los catatónicos y los pacientes en coma puede perseverar en un digno retraimiento del trajín y el tumulto de la vida. Sin un <> en nuestros corazones no ser haría nada. Y acabar con nuestra existencia en masa sería la afirmación más ambiciosa de todas» (Ligotti, 2017, pp. 64-65).

      • Verborrea. Usted tiene más nivel, como observo habitualmente en sus artículos, joven. No hay bastedad ninguna en indicar la incoherencia. Ese discurso antinatalista no tiene otro horizonte que el nihilismo. Vale, sean coherentes, si no quieren seguir sufriendo porque se les replica, por ejemplo, y no miren por encima del hombro a nadie.

    • Lindopulgoso

      Vaya por delante que no tengo una posición clara y definida sobre este asunto y sobre el pesimismo filosófico en general. Lo único que tengo claro sobre este «mundillo» es que Ligotti es un escritor absolutamente magistral. Pero su comentario no son argumentos lógicos basados en hechos constatables, son sólo insultos y gilipolleces, al estilo de lo del «arte decadente» de los nazis, y además sin ningún ingenio. Puestos a despotricar, por lo menos hacerlo con algo de gracia, algo como lo que leí hace poco, en referencia nada menos que a Dovstoieski, que detrás de cada cenizo siempre había un histérico.

  5. Es uno de esos debates siempre interesantes. Gracias por las dos partes. Por otro lado, es una retórica muy exquisita la que despliega. Pero, creo que retórica después de todo. Tenemos que ir al presupuesto de fondo:

    El sufrimiento humano invalida moralmente la existencia humana

    Esa es la premisa que cabría discutir. Porque el antinatalista trata el sufrimiento como si fuera una objeción definitiva. Al contrario, todo bien alternativo siempre es presentado como insuficiente. Esa asimetría no es tan evidente como el autor quiere suponer, y desde luego está necesita de mucha mayor justificación (conceptual y emocional). Además, hay algo extraño en la apelación constante a la autonomía. Se dice que no debemos traer personas al mundo porque no pueden consentir nacer. Pero tampoco pueden consentir no nacer. La inexistencia no posee un sujeto perjudicado ni beneficiado. Por eso el argumento parece hablar en nombre de quienes nunca podrán confirmar esa preferencia por no existir.

    Observo últimamente muchos artículos en esta revista que siempre tiran de un mismo esqueleto argumental sobre el que se quiere moralizar: el ser humano es así, así y asá (lo dice «la ciencia» o «los datos»), y por tanto, (y aquí el autor de turno suelta una conclusión normativa que es un nonsequitur de su descripción pretendidamente científica). Falacias naturalistas, que pretenden opacar un debate normativo bajo una implicación de tipo biológica, científica, neurológica, etc. De este estilo son los últimos artículo del editor de esta revista Fernández Recuero («Nos queda un suspiro: súcubos, el apego, Platón y la ectogénesis») o de Emiliano Bruner («Humanos, poco humanos»).

    En todo caso enhorabuena y agradecido, como siempre grandes artículos de calidad para debatir (como los otros dos mencionados). Saludos cordiales.

    • Pedro Narcob

      Gracias por tu argumento razonado y calmado, A.M. Estoy seguro de que tanto yo como el resto de autores hacemos lo mejor que sabemos para exponer cuestiones tan complejas en tan poco espacio :).

    • Louis Buñuelo

      A.M., al Fernández Recuero este, le escribí un comentario sobre el artículo de los súcubos y Platón diciendo que eran un peñazo últimamente los artículos en Jot Down y el tío no me lo ha publicado, me ha censurado por el morro. Vamos bien…

  6. A riesgo de parecer tonto. Sin nacer, no hay debate. Por elo tanto, el silencio seria lo más coherente

  7. Sin duda, tema polémico donde los haya y magníficamente planteado. Personalmente pienso que el último argumento debería tener a toda la élite política y científica buscando una solución porque resulta del todo evidente que con este crecimiento exponencial de la población, más pronto que tarde no habrá recursos para todos.
    Enhorabuena y gracias por traer este debate de forma tan amena.

  8. MacNaughton

    No nos quedamos sin agua, Pedro, eh? Hoy en día hay plantas de desalineación, y hay mucho, mucho agua, lo que pasa es que es un proceso costoso y caro…

    Sobre todo: estamos hechos del mismo carbón que viene del Big Bang. Somos, literalmente, hechos del polvo de estrellas… y conscientes de ello, y del universo a nuestro alrededor…

    Y, por lo visto, interrelacionados entre nosotros mismos de forma ineluctable, pero también con el universo en si.

    La teoría cuántica ha demostrado que dos electrones separados en lados opuestos del universo «se bailan» juntos, no puede el uno cambiar sin que el otro cambie también… Parece por tanto que todo esta inter-relacionado, al nivel atómico… como lo del gato de Schrodinger…

    La gran pregunta es: ¿Qué es la conciencia, o que es el yo? ¿Y es o no es también cuántico? Los científicos no se ponen de acuerdo, no saben donde está el «yo»…

    Tiempos interesantes para vivir esto del «entanglement» o «entrelazamiento» de todo con todo…

    «Somos la conciencia del universo» como dice no me acuerdo si Brian Cox o Carl Sagan…

    No sabemos realmente todavía que exactamente es lo que somos (en todo caso, pequeños; para que un avión de los nuestros circulara el sol, según Brian Cox, tardaría, ¡un año entero!) ni que es nuestro papel en este misterio que nos sobrepasa tanto que ni lo hablamos…

    Muy de acuerdo que el capitalismo es una mierda y que habría que buscar alternativas (pacíficas) pero ya…

  9. Sr. Naranjo Cobo, UD. tuvo unos padres, no?
    Le deseo una numerosa descendencia, así podría hablar con conocimiento de causa.
    Fui padre a una edad avanzada, por diversas circunstancias. Implica un compromiso muy profundo, abnegación y dura toda la vida.
    Ciertamente, no todo el mundo puede cumplir con este mandato o responsabilidad. Debería haber un carné para padres.
    Actualmente muchos progenitores y familias no disponen de tiempo, otros de recursos para afrontar el reto. Pero el mundo se mueve gracias a los héroes que crían sin más recompensas que su actitud generosa.
    Si a cambio reciben cariño o apoyo en la tercera edad, mejor, aunque desgraciadamente no siempre ocurre.
    (Me rechina su alias o seudónimo, me suena a «narco»).
    Un saludo.

    • Su vecino Mohammed tiene 7 hijos y 1 más en camino.
      Mohammed no es mejor persona/padre que usted.
      Su hijo crecerá en un país arruinado económicamente y sociológicmante distáxico/conflicitivo.
      Suerte.
      ¡Allahu Akbar!

  10. Una pareja de artículos muy interesante y muy trabajada, muchas gracias. Aunque debo reconocer que yo ya venía convencido de casa. Eso de tener hijos para que literalmente acaben muriéndose (y no siempre de manera indolora, por supuesto) siempre me pareció entre raro y psicótico. Dar la vida a tus hijos es darles la muerte. ¿Por qué haría eso alguien que (supuestamente) ama a sus hijos? Yo nunca he entendido eso.

    Sólo un apunte. La sección 6, el argumento planetario, debería señalar el responsable último, que es el capitalismo. Es decir, el responsable de este desastre ecológico no es, en último término, la Humanidad en su conjunto sino sólo una parte muy pequeña de ésta, los plutócratas que dirigen el planeta y que, ellos y sólo ellos, sí tienen la posibilidad real de cambiar las cosas. No obstante, no parece que la situación vaya a cambiar (al menos no para bien). Da toda la impresión de que lo que sustituya al capitalismo será algo igual de malo o hasta peor, dado que, aunque hay mucho malestar político, la Revolución no se ve por ninguna parte (no una de izquierda más o menos humanista, al menos, porque no se puede excluir una revolución ultraderechista y reaccionaria, de la que ya comienzan a verse signos). Por lo demás, las cifras deprimentes citadas podrían ampliarse hasta la extenuación. Sólo un detalle. Un grupo de académicos, básicamente escandinavos, creó hace unos años el concepto de límites planetarios. Pues bien , de los 9 ya se han superado 7 https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html Y no, no está nada claro que la tecnología pueda ser la solución. El crecimiento económico capitalista, que es infinito por definición, requiere siempre consumo de recursos. Un crecimiento económico inmaterial es imposible. El capitalismo no tiene límites, pero este planeta sí.

  11. Estaba pensando, que el hecho de que a alguien no le guste la película, no le da derecho a impedir que otros la vean, no sé si me explico.

  12. Oveja negra

    Una célula, un pez, una planta, no se preguntan. Evolucionan. Si la vida fuera tan mala, todo estaria extinto.
    Otra cosa es preguntarse si somos muchos. Pero sacar ese argumento es tramposo. Mezclan churras con merinas.

  13. Lo leí y lo disfruté como pesimista informado. Y recordé que debo volver a leer a Álvaro de Laiglesia.

  14. Para proyectar el futuro de la humanidad a 10,000 años bajo la lógica del crecimiento actual, debemos aplicar un cálculo de interés compuesto. Aunque es un ejercicio puramente teórico —ya que los límites físicos del planeta intervendrían mucho antes— los números resultantes son asombrosos y nos invitan a reflexionar sobre la sostenibilidad.
    ### 1. El cálculo de la población
    Actualmente, la tasa de crecimiento poblacional mundial es de aproximadamente el **0.9% anual** (un descenso respecto al 2% de los años 60). Partiendo de una población base de **8,100 millones de personas** en 2024, la fórmula para el crecimiento exponencial es:
    Donde:
    * * * Al resolver 8.1 \times 10^9 \cdot (1.009)^{10,000}, el resultado es aproximadamente:

    Este número es inimaginable; supera por órdenes de magnitud la cantidad de átomos que hay en la Tierra.
    ### 2. Superficie disponible por habitante
    La superficie total de la Tierra (incluyendo océanos) es de unos **510 millones de km²**. Si consideramos solo la superficie terrestre (tierra firme), tenemos aproximadamente **149 millones de km²** (1.49 \times 10^{14} metros cuadrados).
    Para obtener la superficie por persona, dividimos el área total entre la población proyectada:
    El resultado es:

    Para poner esto en perspectiva:
    * Un átomo de hidrógeno tiene un radio de aproximadamente 5 \times 10^{-11} metros.
    * El espacio disponible para cada humano sería **infinitamente menor que el tamaño de un solo átomo**.
    ### 3. El límite de la biosfera
    Este ejercicio matemático demuestra que el crecimiento exponencial es incompatible con un sistema cerrado y finito.
    * **Punto de saturación física:** En menos de 600 años, al ritmo actual, habría un ser humano por cada metro cuadrado de tierra firme.
    * **Masa total:** En unos pocos miles de años, la masa total de los cuerpos humanos superaría la masa total de la Tierra misma.
    ### Reflexión
    Estos datos refuerzan la necesidad de una **Gobernanza de la Previsión**. El «crecimiento infinito» no es solo un reto logístico, sino una imposibilidad física. La supervivencia a largo plazo depende de alcanzar un estado de equilibrio dinámico o «homeostasis poblacional», donde el consumo de recursos y la densidad de habitantes se alineen con la capacidad regenerativa de nuestro entorno.
    Para proyectar el futuro de la humanidad a 10,000 años bajo la lógica del crecimiento actual, debemos aplicar un cálculo de interés compuesto. Aunque es un ejercicio puramente teórico —ya que los límites físicos del planeta intervendrían mucho antes— los números resultantes son asombrosos y nos invitan a reflexionar sobre la sostenibilidad.
    ### 1. El cálculo de la población
    Actualmente, la tasa de crecimiento poblacional mundial es de aproximadamente el **0.9% anual** (un descenso respecto al 2% de los años 60). Partiendo de una población base de **8,100 millones de personas** en 2024, la fórmula para el crecimiento exponencial es:
    Donde:
    * * * Al resolver 8.1 \times 10^9 \cdot (1.009)^{10,000}, el resultado es aproximadamente:

    Este número es inimaginable; supera por órdenes de magnitud la cantidad de átomos que hay en la Tierra.
    ### 2. Superficie disponible por habitante
    La superficie total de la Tierra (incluyendo océanos) es de unos **510 millones de km²**. Si consideramos solo la superficie terrestre (tierra firme), tenemos aproximadamente **149 millones de km²** (1.49 \times 10^{14} metros cuadrados).
    Para obtener la superficie por persona, dividimos el área total entre la población proyectada:
    El resultado es:

    Para poner esto en perspectiva:
    * Un átomo de hidrógeno tiene un radio de aproximadamente 5 \times 10^{-11} metros.
    * El espacio disponible para cada humano sería **infinitamente menor que el tamaño de un solo átomo**.
    ### 3. El límite de la biosfera
    Este ejercicio matemático demuestra que el crecimiento exponencial es incompatible con un sistema cerrado y finito.
    * **Punto de saturación física:** En menos de 600 años, al ritmo actual, habría un ser humano por cada metro cuadrado de tierra firme.
    * **Masa total:** En unos pocos miles de años, la masa total de los cuerpos humanos superaría la masa total de la Tierra misma.
    ### Reflexión
    Estos datos refuerzan la necesidad de una **Gobernanza de la Previsión**. El «crecimiento infinito» no es solo un reto logístico, sino una imposibilidad física. La supervivencia a largo plazo depende de alcanzar un estado de equilibrio dinámico o «homeostasis poblacional», donde el consumo de recursos y la densidad de habitantes se alineen con la capacidad regenerativa de nuestro entorno.
    Para proyectar el futuro de la humanidad a 10,000 años bajo la lógica del crecimiento actual, debemos aplicar un cálculo de interés compuesto. Aunque es un ejercicio puramente teórico —ya que los límites físicos del planeta intervendrían mucho antes— los números resultantes son asombrosos y nos invitan a reflexionar sobre la sostenibilidad.
    ### 1. El cálculo de la población
    Actualmente, la tasa de crecimiento poblacional mundial es de aproximadamente el **0.9% anual** (un descenso respecto al 2% de los años 60). Partiendo de una población base de **8,100 millones de personas** en 2024, la fórmula para el crecimiento exponencial es:
    Donde:
    * * * Al resolver 8.1 \times 10^9 \cdot (1.009)^{10,000}, el resultado es aproximadamente:

    Este número es inimaginable; supera por órdenes de magnitud la cantidad de átomos que hay en la Tierra.
    ### 2. Superficie disponible por habitante
    La superficie total de la Tierra (incluyendo océanos) es de unos **510 millones de km²**. Si consideramos solo la superficie terrestre (tierra firme), tenemos aproximadamente **149 millones de km²** (1.49 \times 10^{14} metros cuadrados).
    Para obtener la superficie por persona, dividimos el área total entre la población proyectada:
    El resultado es:

    Para poner esto en perspectiva:
    * Un átomo de hidrógeno tiene un radio de aproximadamente 5 \times 10^{-11} metros.
    * El espacio disponible para cada humano sería **infinitamente menor que el tamaño de un solo átomo**.
    ### 3. El límite de la biosfera
    Este ejercicio matemático demuestra que el crecimiento exponencial es incompatible con un sistema cerrado y finito.
    * **Punto de saturación física:** En menos de 600 años, al ritmo actual, habría un ser humano por cada metro cuadrado de tierra firme.
    * **Masa total:** En unos pocos miles de años, la masa total de los cuerpos humanos superaría la masa total de la Tierra misma.
    ### Reflexión
    Estos datos refuerzan la necesidad de una **Gobernanza de la Previsión**. El «crecimiento infinito» no es solo un reto logístico, sino una imposibilidad física. La supervivencia a largo plazo depende de alcanzar un estado de equilibrio dinámico o «homeostasis poblacional», donde el consumo de recursos y la densidad de habitantes se alineen con la capacidad regenerativa de nuestro entorno.
    Para proyectar el futuro de la humanidad a 10,000 años bajo la lógica del crecimiento actual, debemos aplicar un cálculo de interés compuesto. Aunque es un ejercicio puramente teórico —ya que los límites físicos del planeta intervendrían mucho antes— los números resultantes son asombrosos y nos invitan a reflexionar sobre la sostenibilidad.
    ### 1. El cálculo de la población
    Actualmente, la tasa de crecimiento poblacional mundial es de aproximadamente el **0.9% anual** (un descenso respecto al 2% de los años 60). Partiendo de una población base de **8,100 millones de personas** en 2024, la fórmula para el crecimiento exponencial es:
    Donde:
    * * * Al resolver 8.1 \times 10^9 \cdot (1.009)^{10,000}, el resultado es aproximadamente:

    Este número es inimaginable; supera por órdenes de magnitud la cantidad de átomos que hay en la Tierra.
    ### 2. Superficie disponible por habitante
    La superficie total de la Tierra (incluyendo océanos) es de unos **510 millones de km²**. Si consideramos solo la superficie terrestre (tierra firme), tenemos aproximadamente **149 millones de km²** (1.49 \times 10^{14} metros cuadrados).
    Para obtener la superficie por persona, dividimos el área total entre la población proyectada:
    El resultado es:

    Para poner esto en perspectiva:
    * Un átomo de hidrógeno tiene un radio de aproximadamente 5 \times 10^{-11} metros.
    * El espacio disponible para cada humano sería **infinitamente menor que el tamaño de un solo átomo**.
    ### 3. El límite de la biosfera
    Este ejercicio matemático demuestra que el crecimiento exponencial es incompatible con un sistema cerrado y finito.
    * **Punto de saturación física:** En menos de 600 años, al ritmo actual, habría un ser humano por cada metro cuadrado de tierra firme.
    * **Masa total:** En unos pocos miles de años, la masa total de los cuerpos humanos superaría la masa total de la Tierra misma.
    ### Reflexión
    Estos datos refuerzan la necesidad de una **Gobernanza de la Previsión**. El «crecimiento infinito» no es solo un reto logístico, sino una imposibilidad física. La supervivencia a largo plazo depende de alcanzar un estado de equilibrio dinámico o «homeostasis poblacional», donde el consumo de recursos y la densidad de habitantes se alineen con la capacidad regenerativa de nuestro entorno.
    Y sin embargo…. me inclino por la Vida y la Natalidad Humana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*