
Sobre un fondo negro se va perfilando, primero borrosa, la silueta de un hombre que se acerca caminando, hasta que notamos que lleva un niño en brazos. Se escucha el inefable adagio del Concierto para piano nº 23, K. 488 de Mozart.
Cuando el actor y director francés, Marcel Bluwal, dirigió en 1982 una coproducción europea destinada a contar la vida de Mozart, creó unos de los más felices comienzos que recuerdo, una joya sin más adorno que la música de su protagonista; tan impactante, que la imagen de Mozart se me presenta desde entonces así, dormido, niño, en brazos de su padre, Leopold.
Esta serie, llena de logros, hoy está prácticamente olvidada. No merece ese olvido. Sus primeros capítulos, en particular, eran excelentes. Sobre todo por el inmenso acierto de su director al elegir al actor que interpretaría a Leopold Mozart, el gran Michel Bouquet, y por la fortuna de contar con dos Mozart, niño, enormemente convincentes. Uno de ellos, Karol Beffa, es hoy un conocido compositor.
(Un carruaje llega a una posada. Baja Leopold Mozart. Su hijo, de apenas cinco años, duerme, pero repentinamente se agita y dice «qué horror». El posadero pregunta si el niño está enfermo; Leopold contesta que no, que la trompeta que acaba de sonar a lo lejos desafina. Es fácil pensar que el autor exagera, pero en realidad es tímido. Cuando Mozart tiene cuatro años, Andreas Schachtner, un músico salzburgués amigo de la familia toca el violín con el pequeño; nada más comenzar Wolfgang le advierte de que su violín está afinado una mitad de un cuarto de tono por debajo del suyo).
No he vuelto a ver Mozart, la serie de Bluwal. Ha pasado más de un cuarto de siglo y tengo que fiarme de la memoria, pero no importa, porque no es la serie la materia de este artículo. Tampoco lo es Amadeus, la película de Milos Forman, a la que haré referencia a partir de ahora. Ni lo es, por ser sincero, el propio Mozart.
La que sí vi hace poco fue Amadeus de nuevo. En realidad, lo que vi fue la versión mercantil que llaman Director’s cut, que algunos han elevado a la categoría de filigrana y que sirve, básicamente, para que gastemos dinero y compremos lo que ya tenemos. Esto es especialmente evidente cuando localizamos las escenas añadidas en la versión extendida y que podían haber desaparecido para siempre por un sumidero: las que nos muestran a Amadeus dando clase a la hija de un patán con chuchos, y más tarde, borracho, suplicando porque no tiene ya alumnos, o a Constanze, la mujer de Mozart, ofreciéndose a Salieri a cambio de su ayuda. Tuvo Forman mucho ojo al suprimirlas, porque incidían precisamente en los defectos más sonoros de su película.
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Yo tocaba bastante bien. No era un virtuoso, pero estaba por encima de la media. La primera vez que interpreté el segundo movimiento de la sonata nº9 en Re Mayor K. 311 sentí tal emoción que estuve a punto de caerme de la silla. No conocía la partitura. A partir de cuarto compás comencé a recordar a una novia con la que tuve que romper por amor. Es una tragedia tener que romper con alguien porque quieres a ese alguien y sabes que hagas lo que hagas la relación no va a tener futuro. Todo lo que haces por impedir el final conduce más rápidamente hacia el final. Es como el círculo de la muerte de las hormigas. A media ejecución tuve que parar. Aquél día supe que no tenía nada que hacer como pianista.
Decía Baremboim que interpretaba siempre a los mismos compositores porque son como una droga que le permitían mantenerse en un estado emocional incomparable. Yo creo que los virtuosos lo son porque la emoción que buscan no les impide seguir tocando. Son pesos pesados del alma.
Gracias, el perfil de Mozart que ha descrito me es mas certeró que el de Amadeus, el cual nos il·lustra a un Mozart vulgar, una antitesis de su musica
Pues no conocía la serie, voy a ver si puedo hacerme con ella. Sí que conozco Mozart in the jungle, bueno, sólo ví la primera temporada.
Olvidaba indicar, por si alguien no lo sabe, que Mozart in the jungle no vá sobre la vida del salzburgués, sino que está inspirada en Gustavo Dudamel, el director de orquesta venezolano.