
Viene de «Guía monstruosa del videojuego en Zx Spectrum (3)»
Nota: (casi) todos los videojuegos mencionados en este artículo incluyen en su nombre un enlace a una partida completa de la propia aventura en YouTube. Para que los más nostálgicos aviven recuerdos y la gente más joven se espante observando estos divertimentos prehistóricos.
1990- 1992: decadencia en ocho bits
La década de los noventa, el punto de inflexión universalmente aceptado como el inicio del declive de la sociedad moderna. La época en la que Telecinco inicia su programación regular, Alejandro Sanz lanza su primer disco sin un Magno en el apellido, Jesús Gil decide que poner una cámara de televisión frente al jacuzzi será una buena idea y alguien escucha a Paz Padilla contando un chiste y piensa «Esta tía tiene gracia». La década en la que nacieron los futuros streamers que considerarían que la etiqueta «creador de contenido» era la definición adecuada para englobar el jugar al Minecraft, pedir compulsivamente a Glovo, guardar la basura en el congelador, ser viejóvenes que huelen a rancio y tributar en otro país porque creen que aquí su educación la han pagado las hadas de Fantasía. Años oscuros.
En el mundo de los videojuegos de ocho bits la decadencia era evidente. La mayoría de jugadores se habían desplazado hacia otras plataformas más modernas como las consolas de Sega y Nintendo, o los flamantes pecés de ruidosas entrañas. Y los ordenadores domésticos más vetustos ya comenzaban a oler a reliquia y objeto de museo. En enero de 1992, el número 217 de la revista Microhobby titulaba con un «Hasta pronto» su columna editorial de la primera página. En aquel texto, la redacción se despedía de los lectores explicando que, a pesar de vender veinticinco mil ejemplares mensuales (cifra importante, pero muy alejada de lo que despachaban sus hermanas Hobby Consolas y Micromanía), la escasez de lanzamientos y la dificultad para encontrar nuevas noticias y material sobre el ZX Spectrum suponían el fin de la publicación. La etapa ocho bits bajaba la persiana, pero aquello tampoco pillaba de sorpresa a nadie.
En Dinamic a estas alturas no andaban para muchas hostias. La que fuera una de las grandes del Spectrum un par de años atrás, dedicó los noventa a tratar de mantenerse a flote de cualquier manera. Publicaron un competente Simulador profesional de tenis (1990) que a pesar de dárselas de complejo con el título era bastante accesible y estaba muy simplificado. Y distribuyeron dos títulos de los uruguayos Iron Byte: el desangeladísimo Buggy ranger (1990), donde un carro de torreta desmontable circulaba entre bostezos por un postapocalipsis monocromático, y Narcopolice (1990) un juego de acción a través de corredores que acogían a varios ejércitos cuya perspectiva pseudo tridimensional tenía bastante gracia a pesar de ir seca de colores. Megaphoenix (1991) y Hammer boy (1991) fueron directamente bromas de mal gusto para despedirse del Speccy. El primero era una revisión por la cara del arcade Phoenix que uno se podía ventilar en diez minutos, y el segundo fue un juego muy limitado al estilo Game & Watch que se finiquitaba en más o menos el mismo tiempo. En Dinamic, el plumero era evidente desde el espacio exterior: los Ruiz andaban acariciando la quiebra y se dedicaban a producir lo que fuese más barato, rápido y fácil.
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Esto…, puede alguien sentirse en deuda permanente por ¿¿¿un ordenador???
Ostras yo me acabé el Bart VS. Space Mutants en NES y es exactamente lo que dice el artículo: en la primera fase lo dan todo, referencias continuas a la serie, localizaciones reconocibles, personajes, acciones a realizar… era la monda. Y las otras cuatro fases no tenían nada que ver y eran absolutamente prescindibles… lo único bueno el final, que molaba bastante.
El Where Time Stood Still era una maravilla.