Antes de comenzar la entrevista, Hamid Triki despliega sobre la mesa de su despacho un montón de fotografías. En una de ellas se le ve de jovencito en Granada, hacia 1955, posando de manera desenfadada junto a su familia con atuendos andalusíes, con un decorado de fondo que imita motivos de la Alhambra. En otra aparece un tío de su abuelo, natural de Safi, villa atlántica que acogió a muchos musulmanes españoles en tiempos de la Inquisición. «Aquel hombre desapareció un buen día y apareció quince o veinte años después en el convento real de Tarragona [ríe]. Se había convertido al catolicismo y ordenado sacerdote. Llegó a ser el asistente mayor del arzobispo de Tarragona, y durante la guerra civil defendió al bando republicano…».
Las anécdotas sobre España y Marruecos se agolpan en la memoria de este historiador de Al-Ándalus, autor de títulos de referencia como Itinerarios culturales de almohades y almorávides y autoridad internacionalmente reconocida en la materia. En su casa de Marrakech, Triki se expresa en francés para conversar con Jot Down sobre esa historia compartida entre las dos orillas del estrecho de Gibraltar, sus mitos y sus realidades.
Cuando piensa en Al-Ándalus, ¿cuál es la primera palabra que viene a su cabeza?
La primera palabra que acude a mi pensamiento es cultura, civilización. Y sobre todo, el arte de vivir. Andalucía es la primera cosa que tengo siempre en mi cabeza, porque es algo de lo que se habla mucho en mi familia. Hasta en el momento de comerse un pastelito: «¡Un mazapán, es de origen andaluz!». El primer contacto concreto con lo andaluz viene de mi familia. Así empezó, y luego continué aprendiendo a través de los libros, de las crónicas, de la biblioteca de mi tío y al mismo tiempo la de mi suegro, que tenía libros sobre la Andalucía en la época de los árabes. Fue así como me enganché. A la edad de dieciséis o diecisiete años yo había leído casi todas las crónicas en estas bibliotecas. El padre de ese tío mío era cadí y escribió que nosotros éramos originarios de la región de Valencia. Les gustaba mucho hablar de esto. Yo estaba en el colegio interno de Safi, y me puse a leer sobre todo la poesía andalusí, en concreto sobre el zéjel. Con eso, yo me enganché y a los dieciséis o diecisiete años, como digo, estaba lleno de Al-Ándalus y tuve ganas de escribir una pieza de teatro sobre ello. Tengo aún el manuscrito, redactado hacia 1967 o 1970. Es un texto sobre la idea de escribir sobre Al-Ándalus y particularmente sobre Sevilla, que he visitado mucho, además de Granada. Me encantaba la personalidad del rey poeta de Sevilla, Al Mutamid, muy conocido por los españoles.
¿Hablamos de un periodo idealizado, o nos quedamos cortos en admirarlo?
Idealizado después, a través del tiempo, de los recuerdos. Cuando se estudia, se aprende o se lee la historia de Al-Ándalus árabe a través de la producción literaria, poética, histórica, etcétera, uno se queda atrapado por esta cultura y civilización y esta se integra en nuestras vidas. Se dice que fueron los almorávides y almohades quienes unieron los territorios al sur y al norte del estrecho de Gibraltar, pero no, los almorávides y almohades llegaron cuando esos contactos ya estaban muy establecidos, y eso continúa. Hay un sentimiento de orgullo —un concepto muy español [ríe]— de ser originario de Andalucía o al menos de conocerlo. Es así como he aprendido muchas cosas, completadas por viajes. Desde 1955, cada año íbamos de viaje a Andalucía, también a Madrid alguna vez, pero sobre todo a Sevilla, Granada… A partir de ahí, ya estaba atrapado por Al-Ándalus. Dominaba el sentimiento de que hay ciudades con una historia que está necesariamente conectada desde el principio a Al-Ándalus. Cuando uno se siente marroquí, también se siente un poco andaluz
¿Cómo lograron combinar desarrollo económico y cultural en la Al-Ándalus histórica?
De entrada, el Al-Ándalus de la época árabe era un país muy avanzado a todos los niveles, en absoluto analfabeta, con un gran interés por la cultura, tanto entre mujeres como entre hombres. Era un país sin diferencias entre hombres y mujeres. Claro que había cierta separación, pero era un país mucho más avanzado que numerosos países europeos de la época. En segundo lugar, había una población cristiana y musulmana… No digo que hubiera convivencia, porque lo que importa es que en el día a día, la gente se llevaba muy bien, sin que tuviera importancia el factor religioso ni racial, hay convivencia. Porque los judíos estaban también muy integrados. Yo encontré un poema de amor de un gran poeta judío que escribía en árabe. Vivía en Sevilla en el siglo XII. Hay ciertos aspectos que nos enganchan a nosotros, los del sur, a la otra orilla del estrecho de Gibraltar porque nos hacen sentirnos bien, sin que tenga nada que ver la consideración religiosa.
¿Dice entonces que no había discriminación religiosa en la época?
Lo que está claro es que la importancia de la religión era mucho menor que hoy día. Había fanáticos, como en todas partes, pero en Andalucía no había tantos, no todo el tiempo. Había mucho entendimiento cordial en la vida cotidiana. Al-Ándalus se expresa de manera libre respecto a todos los asuntos, incluidos los religiosos. Había fanáticos, como digo, pero para nada era algo de las masas; estas vivían su vida a la manera cristiana o de cualquier otra manera.
¿Puede poner algún ejemplo?
Un ejemplo: muchas fiestas religiosas se celebraban conjuntamente entre las dos comunidades, o entre las tres, porque también participaban los judíos, pero sobre todo era algo conjunto entre cristianos y musulmanes en el siglo XII y XIII. El nacimiento de Cristo se festejaba también entre los musulmanes, e incluso se hacía a la manera cristiana. Había de verdad un espíritu de tolerancia, a pesar incluso de la guerra. La guerra fue un momento de la historia, no más importante que otros. Esto es algo que hay que recordar de la historia de Al-Ándalus medieval: la gente se llevaba bien, incluso cuando se hacía una guerra. Había una Andalucía, única en la historia del mundo, con una verdadera convivencia entre las tres comunidades, la judía, la cristiana y la musulmana. Eso es indudable.
¿Deberíamos hablar de tres culturas, o de tres religiones en una misma cultura, la cultura mediterránea?
Por supuesto: todo lo que venía de diferentes culturas se ha fundido en la cultura mediterránea. Quizá a un nivel superior hay una aportación de cultura grecolatina, sobre todo griega; se ve en el pensador Averroes, y en Avempace (o Ibn Bayya) que también es andaluz, quizás visigodo. Sus padres quizás fueran cristianos o politeístas… pero él era musulmán y era capaz de hablar de las religiones no musulmanas con gran tolerancia.
Frente a las visiones más idílicas de aquel periodo, hay historiadores que han señalado que en Al-Ándalus existía también la corrupción, la esclavitud… ¿Lo comparte?
La corrupción existe en efecto en el mundo entero, ¿por qué se iba a detener ahí? Y en cuanto a la esclavitud, no salió, desde luego, de Al-Ándalus, estaba por todas partes en la época. Pero muchos de estos argumentos vienen de los intolerantes católicos.
Estamos acostumbrados a la historia en masculino. ¿Cómo era la mujer en Al-Ándalus?
Tengo un dosier entero sobre la mujer de la época andalusí y era muy diferente de lo que hay entre los árabes de hoy. Aunque siempre hay excepciones. He estudiado mucho la poesía en árabe escrita por las mujeres en Al-Ándalus. Hay una traducción de una señora española que solo recoge poemas de mujeres. La mujer andalusí se expresa a través de la poesía. Son cultas, saben leer y escribir, no son analfabetas. Y no hablamos solo de la alta sociedad o de la corte califal; las hay en todas partes. En el pueblo sabían escribir poesía en árabe clásico y en el árabe andalusí hablado. Eso es algo muy importante para conocer el lugar de la mujer en la sociedad andalusí. A través de esto vemos que las mujeres eran mucho más libres para expresarse que las mujeres de hoy. Esto ha cambiado. Entonces podían hablar del amor, también del amor físico, citando incluso versos coránicos. Introdujeron el Corán en la vida profana. Aquí tienes un poema de una de las poetas más importantes andalusíes: Hafsa. Es la más famosa, pero hay otras. Hay un libro que recorre la vida de doce mujeres de Granada, y dice que si Granada no hubiera tenido más que estas doce mujeres en su historia, ya merecería su fama. Lo dice un andaluz. Ellas eran libres. En la poesía árabe del siglo XII, en Sevilla y sobre todo en Granada, hay mujeres lesbianas que cuentan su amor por otras mujeres. De forma clara, nítida, sin esconderse. Como había hombres, eso era habitual; entre las mujeres no era tan frecuente, pero existía. Hay mujeres poetas, cultas, suficientemente cultas para ser libres, que eran mucho más independientes. Mujeres famosas por su capacidad de responder al instante con una ocurrencia brillante. Hay una que dice a un poeta árabe muy famoso, que escribe un poema contra ella: «Quizás haya nacido según Dios quiera, pero si he nacido mujer, sepa que mi poesía es masculina». No hay ninguna razón para clasificar a estas mujeres como parte de un harén. Fuera del harén eran libres, muy libres. Tanto en su expresión como en la vida cotidiana.
¿Qué más puede contarme de Hafsa?
Te contaré la historia de esa mujer del siglo XII. Era conocida por su amor por un príncipe de Granada, de una gran familia de intelectuales, que también era poeta. Ella escribía sobre su amor por él; él escribía sobre su amor por ella. No estaban casados. Algo declarado y repetido en los libros de poesía de la época, escritos por los más grandes. Nadie decía que era una guarra por declarar su amor por un hombre. Nunca. Su amante se llamaba Ibn Said y era el visir del sultán de Granada del siglo XII, almohade en esa época. Hoy dicen que eran intolerantes. Eso es injusto, es mala publicidad. A él le acusan de preparar un golpe de Estado contra el sultán, y lo meten en prisión en Granada. Entonces su amante escribe sobre su amor por él, y él le responde desde la prisión. Al final lo ejecutan en la prisión de Málaga, ya fuese por motivos políticos o por celos. Cuando lo matan, ella viste de luto —el luto es blanco entre nosotros, no negro— y escribe más poemas sobre su amor por él. Todo eso sin casarse. No importaba. Esto ilustra la libertad de la mujer. Ella podía ser así, no estaba obligada a nada, podía salir sin taparse el cabello. Nadie se lo iba a reprochar. En resumen, Al-Ándalus es una fase de la historia en el mundo que se puede calificar con una palabra: primero, la libertad.
En España hay quien piensa que Al-Ándalus es un ingrediente de la identidad española, y otros, que es una derrota de España. ¿Usted qué diría?
España no ha perdido. No hay que exagerar. Muchos españoles, como Juan Goytisolo, se pronuncian contra los que dicen que cuando los árabes han dejado Al-Ándalus, España se ha derrumbado. No sé qué hay que juzgar ahí; se puede decir por sentimiento: estoy en contra del Al-Ándalus musulmán. Pero no se puede estar en contra todo el rato, porque eso es parte de ti, está en ti. En la historia común arabo-andaluza en la Edad Media, no hay un período en el que se hayan peleado por la religión… Se han peleado por la política, y se hace ver que es por la religión, pero es mucho más por política. En la época andalusí es muy raro que haya una corriente —no digo una persona, sino una corriente— que esté en contra de los cristianos o en contra de los musulmanes. Más bien al contrario. Porque la Iglesia hace lo que debe para defenderse contra las conversiones al islam. Hay un texto famoso de un sacerdote del siglo XII, que se lamenta: «Ay, nuestros hijos en Al-Ándalus escriben ya más árabe que otra cosa». Eso muestra que avanza una cultura y civilización. Pero eso no es motivo para decir que los españoles están en contra de los musulmanes ni viceversa. Averroes, al que se conoce como gran filósofo, pero que era sobre todo el gran cadí, el juez, de todo Al-Ándalus, en Córdoba, la capital, tenía un caso por juzgar a un tal señor X, que era cristiano, bueno, era un converso, y le acusan de decir que era musulmán, pero de haber conservado en secreto su fe cristiana. Y Averroes, para juzgarlo, como juez de todo el imperio, dice: «Lo he examinado, mientras él diga que es musulmán, yo no tengo derecho a decir que sea cristiano». Le responden: en su habitación tiene evangelios, tiene misales… Y Averroes responde que tiene derecho a tenerlos, que no se le puede juzgar por esto.
¿Sabría decirme cuánto hay de cultura árabe en Al-Ándalus y cuánto de cultura andaluza en el mundo árabe en general?
El mundo árabe es, de entrada, un mundo oriental. Incluida la cultura. La cultura de Oriente penetró en la cultura andaluza, más de que la cultura andaluza penetró en Oriente. Hay cierta rivalidad. La pregunta es en qué dirección va la cultura, pero no es una cuestión religiosa. Oriente se quiere colgar la medalla de que ha aportado el islam y Al-Ándalus dice que no, que nosotros hemos dado mucho a Oriente. Incluso Averroes lo dice. No es un problema de fe sino de cultura, se habla de quién tiene mejor poesía… Cosas menores. Es un choque, pese a todo, entre cultura de Oriente y de Occidente. No es una razón política sino cultural.
Cuando le pregunté a Martínez Montávez por esto, me dijo que Al-Ándalus fue una tentativa de multiculturalismo. ¿Lo suscribe?
Conozco a Montávez, lo he leído, es buen arabista. Pero hasta Montávez tiene una manera de hacer fluir la realidad histórica… Eran multiculturales en origen, por sus creencias, sus lenguas, pero lo que sucede es que Oriente cree tener ventaja sobre Occidente. Porque los orientales juzgan las cosas por lo que se escribe, y los occidentales responden. Cuando digo occidentales, me refiero a los musulmanes de Occidente, como Avempace, que respondía a esta cuestión, o Ibn Arabi, el gran místico, que también respondió a los orientales en una misiva, preguntando: ¿por qué queréis estar por encima de nosotros? Estamos en un camino tan válido como vosotros. Hubo esas controversias, normalmente tranquilas, a veces más bruscas.
Montávez, Asín Palacios, Emilio García Gómez… ¿Cómo se han llevado tradicionalmente los arabistas españoles y los marroquíes?
Iba muy bien. Emilio es conocido en Marruecos, es miembro de la Academia Real marroquí, invitado por Hassan II. Hay maestros aquí que hablan español. Montávez ha tenido mucho contacto con Tetuán. Hay una influencia del español. A Asín Palacios se le quiere mucho entre los intelectuales de tendencia sufí. Lo conocía personalmente, y de Asín Palacios se habla siempre con mucho respeto, porque él también respetaba la cultura musulmana y conocía bien la mística islámica. Lo que decía Asín Palacios en 1900 o en 1915-20, no tiene nada que ver con lo que dicen hoy los arabistas intelectuales, especialmente los de la Universidad de Cádiz. Yo los leo; los españoles que hablan del retraso de los árabes, que Al-Ándalus no tiene nada que ver con Andalucía, son gente que forma parte de un bando determinado. Es que son así. Sobre todo para decir algo distinto a lo que dicen los catedráticos de árabe. Hay mucho interés ahí.
Y empezando por el principio, ¿usted cree en la teoría de la «invasión» de la península, o en las tesis de Olagüe de la islamización progresiva?
Las dos cosas, si se puede decir así. La conquista árabo-musulmana, o mejor dicho simplemente la conquista musulmana, porque había muchos bereberes, se hizo a veces con mucha tolerancia. Se negociaba, porque el islam dice que si llegas a un lugar no musulmán, debes parar y preguntar a la población si quieren aceptar el islam o no. A los que aceptan, se los integra inmediatamente. Si lo rechazan, se convierten en tierra de conquista. Solo entonces se les ataca. Hoy no se puede valorar eso, pero en la Edad Media, lo de preguntarles mostraba cierto respeto. No quiero defender el islam, pero si un cristiano rechazaba el islam, no se le mataba, podía seguir siendo cristiano, al igual que los judíos. Tenían que pagar un impuesto. Y a cambio de ese impuesto no tenían que acudir a la guerra. Era un pago por evitar el servicio militar. Porque no se les podía pedir a un cristiano o a un judío seguir practicando su fe y defender el islam con las armas en la mano. Hoy se dice que a los judíos se les humillaba al obligarlos a pagar una tasa por cabeza, pero eso no era el objetivo. Sino que los musulmanes debían tener un caballo y armas para defender la ciudad y los judíos estaban exentos; para eso era el impuesto.
¿Qué papel jugaba la economía en la expansión de islam?
El dinar era como el dólar hoy. Los almorávides dominaban el Mediterráneo, y hasta se acuñaban falsos dinares en árabe con fórmulas cristianas para facilitar el intercambio económico. Es decir, que había dos tipos de dinares: los que están en árabe, acuñados por el califa musulmán en Córdoba o Granada o Fes, y los dinares copiados por los cristianos. Escritos en árabe también, pero con fórmulas cristianas.
El expresidente español José María Aznar dijo que el mundo árabe debería pedir perdón por haber invadido la península ibérica.
Yo no tengo en cuenta lo que diga el señor Aznar. Es racista, qué se puede hacer. ¿Qué ha hecho Aznar por España? Ha ido a Estados Unidos para buscar dólares… No es más español que otros.
Por otra parte, hay islamistas que piden devolver Al-Ándalus a los musulmanes…
No, eso es inaceptable. No se puede retroceder en la historia. En realidad, es una forma de expresar la nostalgia por Al-Ándalus, no para reconquistarlo. Si lo dicen de verdad es que son imbéciles. Van contra el curso de la historia. Es una postura culturalmente inadmisible.
¿Qué país, qué región encarnaría hoy mejor el espíritu de Al-Ándalus?
Tetuán. Es la última comunidad que llegó y que ha estado siempre ahí, muy cerca. La ciudad de Chauen es muy andalusí. Tánger también. Pero Chauen mucho más, también. Y en sentido más amplio, los países del norte de África, regiones como Tlemcen y Tunisia y la comunidad de Andalucía actual siguen detentando el espíritu de Al-Ándalus, de convivencia de tres culturas, de tolerancia.
El norte de Marruecos, ¿no se ha vuelto muy islamista hoy como para ser andalusí?
El norte sí parece que se ha convertido al islamismo violento más que otras zonas. De todas formas, se trata de una minoría. Hablo de violencia en un sentido social, no se practica la violencia física. Pero igual hay que buscar los motivos para explicar el éxito de esta radicalización, y uno de ellos es que los islamistas son muy activos, saben cómo hablar a los no creyentes para convertirlos, con dinero, con ayudas sociales, construyendo colegios… En todo caso, es una moda que pasará. No se puede juzgar a un país por una minoría pequeña que se encuentra solo en ciertas partes de Marruecos.












El mito de Al Andalus a todo trapo.
Serafín Fanjul “El Mito de Al Andalus”
De traca…si, una tolerancia de narices. Que le pregunten a los judíos de Granada del año 1066 que opinan de la tolerancia religiosa andalusí. O por que a Ibn Hafsun lo trataron de deslegitimar en las crónicas islámicas posteriores haciéndolo pasar por un converso al cristianismo, si ello no suponía ningún tipo de problema dado el buen rollito religioso imperante. Y lo de que se llevaban bien incluso cuando hacían la guerra, en fin, el chiste se cuenta solo…por no hablar de la envidiable situación de la mujer. Solo hay que ver la larguísima nómina de mujeres que ostentaron cargos de responsabilidad política, o como autoridades religiosas o en el mundo de la jurisprudencia. Hay innumerables mujeres que sin las que no se entiende el desarrollo de la escuela Maliki andalusí (ironic Mode on). Que ojo, no es que la cosa fuera mucho mejor en el lado cristiano…porque era la puñetera Edad Media, y por suerte hemos progresado algo desde entonces,pero se trata precisamente de eso, de reflejar la realidad histórica del momento, no idealizarla quedándose con lo que nos interesa. Y ya lo de poner en igualdad de condiciones el fraude histórico de Olagüe y Ferrín, que niega la conquista islamica de Hispania, cuando ya hay pruebas arqueologicas de sobra que la confirman, aunque quieras desconfiar de las fuentes históricas (los niveles de destrucción de El Bovalar, el niño decapitado en El Saucedo, los sellos de conquista -varios centenares nada menos…-) es para hacérselo mirar.
Saludos desde Granada al insigne entrevistado, de parte de mi modesta persona, que ha tenido el gran privilegio de ser su vecino y el de su noble familia durante largos periodos en Granada y de visitar su ciudad de residencia, Marrakech para contactar con ellos de nuevo y conocer más de cerca la entrañable belleza de la rojiza capital imperial.
Entre el artículo sobre Abu Mohamed al-Golani y esto uno no sabe muy bien qué pensar.
Señores: esto está muy bien, pero es un material absolutamente pirotécnico, que sí dejamos que se acumule nos estallará en la cara. Lo de que hubiese tres formas de control y ejercicio nefando del poder conviviendo, parece que a algunos les resulta el no va más del adelanto, y algo para recrear en una sociedad archipiélago contemporánea. La elección de las nostalgias nos ubica en el mapa de desastres potenciales y, aunque la calidad de agente provocador de este caballero tan formalmente amable es innegable, quiero pensar que él no se siente representado en esa definición, lo que le convierte en un ser tan temible para los demás como para sí mismo. Todo irá a peor.
Ha hecho Marruecos una buena labor infiltrándose en los círculos académicos nacionales tal y como ha hecho con la política?
Andalé… vaya personal por aquí aparece !!!
Que deriva de Jotdown:Inquietante.
una entrevista aparentemente interesante sobre un tema que no conozco, que bien me podría haber servido de punto de partida para curiosear más….pero lo siento, la pregunta y respuesta sobre aznar me hace poner en dudar que sea buen puerto desde el que salir….
si, aznar lo dijo, pero en plan respuesta-boutade a los «reparacionistas»
y la respuesta del entrevista, ese, «si, es racista», asi, sin más, y se queda tan ancho
una entrevista aparentemente interesante sobre un tema que no conozco, que bien me podría haber servido de punto de partida para curiosear más….pero lo siento, la pregunta y respuesta sobre aznar me hace poner en duda que sea buen puerto desde el que salir….
si, aznar lo dijo, pero en plan respuesta-boutade a los «reparacionistas»
y la respuesta del entrevista, ese, «si, es racista», asi, sin más, y se queda tan ancho