Filosofía

San Junipero y la inmortalidad (del amor)

Imagen promocional de la serie Black Mirror (2011)

El capítulo San Junipero de la serie Black Mirror es una auténtica delicia y para muchos de los seguidores, entre los que me incluyo, es, con sus silencios que dicen más que las palabras, el mejor episodio. La historia de sus dos protagonistas es entrañable y profundamente emotiva, explorando el amor, la identidad y la conexión humana en un contexto tecnológico que amplifica sus dilemas y sus esperanzas. Sin embargo, a nivel filosófico, plantea cuestiones trascendentales sobre la naturaleza de la realidad, la distopía de la vida eterna —con o sin aburrimiento— y las implicaciones éticas de vivir en un mundo virtual bajo el control de ingenieros o inteligencias artificiales, dejando al espectador con reflexiones que trascienden el relato romántico.

San Junipero narra la historia de amor de dos mujeres muy diferentes que se conocen en un club ochentero de una pequeña ciudad costera. Yorkie es una joven tímida e introvertida, que se siente rápidamente atraída por Kelly, una mujer carismática cuya confianza y encanto la invitan a salir de su zona de confort y explorar un mundo de emociones desconocidas. San Junipero es una trampa perfecta: un pueblo que parece salido de un viejo anuncio televisivo sobre la felicidad, con su costa brillante, su noche interminable y esa sensación de que ahí todo es posible. Las personas ríen, bailan, se lanzan de cabeza al presente como si el tiempo no existiera. Yorkie observa distante a Kelly, pero esta la toma de la mano, la saca del rincón donde ella misma se había encerrado. La vida puede ser eso, piensa Yorkie mientras la sigue: una mujer desconocida que te enseña a moverte, a mirar, a ser. Aunque sea solo por un instante.

La narrativa de San Junipero está magistralmente estructurada para revelar poco a poco la verdadera naturaleza del entorno en el que se encuentran las protagonistas. Lo que inicialmente parece ser una historia ambientada en una discoteca de los años 80 se transforma en una exploración profunda sobre la inmortalidad digital como una versión posmoderna del alma inmortal e imperecedera que describía Platón en sus Diálogos. Este giro no solo sorprende, sino que también invita a reflexionar sobre las implicaciones éticas y filosóficas de un sistema que permite a las personas «subir» sus conciencias a un paraíso digital.

En esa línea también se desarrolla la comedia Upload, con un tono ligero y menos introspectivo, pero que comparte la idea de explorar cómo las relaciones humanas y los dilemas personales cuando están afectados por un entorno diseñado para ofrecer una eternidad artificial. A diferencia de San Junipero, que equilibra el romance y la filosofía con una sensibilidad conmovedora, Upload opta por un enfoque humorístico y crítico hacia los aspectos más banales y comerciales de un concepto similar. La ciudad principal de Upload se llama Lakeview, un entorno virtual que funciona como un lujoso paraíso digital donde las personas pueden «subir» sus conciencias tras la muerte, siempre que puedan permitírselo económicamente.

Lakeview está diseñado para parecer un elegante resort, lleno de comodidades, pero también expone las desigualdades económicas y las limitaciones que conlleva este sistema. Los residentes digitales tienen acceso a todo tipo de actividades desde juegos de casino online con dinero real a paseos virtuales, cenas extravagantes y eventos sociales diseñados para recrear la vida física, siempre y cuando puedan permitirse el coste asociado a estas experiencias, lo que subraya las barreras económicas incluso en un entorno supuestamente ideal. Sin embargo, como todo en Upload, estas actividades no están exentas de restricciones económicas. En Lakeview, muchos de los servicios y entretenimientos, incluidos los juegos de azar —no me extrañaría que hubiese hasta programas de afiliados de casino para mantener los ingresos —, tienen un costo que se deduce del saldo de la cuenta del residente. Esto refuerza el aspecto satírico de la serie, mostrando cómo incluso la vida después de la muerte está diseñada bajo un modelo de negocio que perpetúa las desigualdades económicas.

Aunque con diferentes estándares de calidad y profundidad, tanto San Junipeiro como Upload abordan cuestiones universales que trascienden sus contextos tecnológicos. El episodio de Black Mirror y la comedia creada por Greg Daniels plantean preguntas fundamentales sobre la naturaleza de la identidad, el significado de la vida y la posibilidad de la inmortalidad. En ambas producciones, la tecnología puede ser entendida como una amenaza, pero también una herramienta para el amor y la conexión. Sin embargo, también deja espacio para la reflexión crítica: ¿es la inmortalidad digital una solución o simplemente un escape de las limitaciones humanas?

Nick Bostrom, defensor del transhumanismo, y con él otros tantos, han jugado con estas ideas, sugiriendo que quizá esto sea un avance, un peldaño más en la larga escalera de nuestra especie. Pero, ¿es una escalera hacia arriba, hacia adelante, o acaso un espiral en el que giramos, creyéndonos inmortales mientras dejamos atrás lo que nos hacía humanos? Al fin y al cabo, si nuestras conciencias pueden ser subidas a un servidor, ¿no sería eso como convertirnos en una aplicación? ¿Sería la eternidad simplemente una versión infinita de actualizaciones de software? Y, por otro lado, si nuestra esencia como humanos se puede describir como un conjunto de datos relacionados ¿a qué nivel de exposición a terceros estamos expuestos? En realidad, no parece que tenga mucho sentido la idea de evolución cuando lo que se replica es solo el eco de una mente, un reflejo sin el peso de la carne, sin el temblor del corazón.

En San Junipero podemos vivir en un idílico pueblo costero digital donde los muertos pueden cargar sus conciencias y vivir una eternidad de playa, discotecas y peinados cardados. Mientras que en el resort digital de Lakeview podremos disfrutar infinitamente de un espacio de entretenimiento dominado por las microtransacciones mientras nuestros seres vivos puedan mantenernos. En ambos casos, el mensaje subyacente es claro: la inmortalidad, puede ser tan ridícula como aterradora. Evidentemente, la idea de que podamos replicar nuestras mentes digitales, bajo el control del Musk de turno, no es más que el colmo del narcisismo humano. Aun así, ¿Cuántos nos estaríamos dispuestos a explorar ese más allá?

Filósofos contemporáneos como David Chalmers también han debatido el concepto de conciencia digital, cuestionando si una copia de nuestra mente es realmente «nosotros». La cuestión de si una conciencia digital es realmente consciente o simplemente una imitación es algo que podría mantener ocupados a los departamentos de filosofía durante siglos. Y luego están los dilemas éticos: si podemos vivir para siempre digitalmente, ¿quién tendrá acceso a esta tecnología? ¿Será un lujo reservado para los ricos, como se muestra en Upload, condenando al resto a morir de manera anticuada y aburrida? Un mundo así haría que Platón se revolcase en su tumba, pensando en su Teoría de las Ideas y cómo hemos reducido la búsqueda de la inmortalidad del alma a una copia barata en un disco duro.

En San Junipero, la tecnología parece ofrecer una solución igualitaria a la europea: todos tienen acceso al paraíso digital. Pero, ¿es esto realista? En Upload, vemos una representación más plausible: los ricos tienen suites lujosas y los pobres están atrapados en habitaciones diminutas con resolución de 2 bits. Evidentemente, avanza la tecnología, pero no la justicia social proyectando un mundo de inmortalidad digital donde se da una prolongación de las desigualdades de nuestra vida mortal. Y no olvidemos el impacto filosófico de la temporalidad. Heidegger argumentó que la mortalidad es lo que da significado a nuestra existencia. Si eliminamos la muerte, ¿qué nos queda? ¿Una eternidad de aburrimiento en un paraíso digital? ¡El DJ ha puesto otra vez «Heaven is a Place on Earth»! Me imagino un futuro donde nuestro tataranieto del mundo «real» tiene que autorizarnos la eutanasia digital para que podamos desaparecer finalmente. Tal vez, al final, el verdadero terror de la inmortalidad digital no sea la eternidad en sí misma, sino lo soporífera que acabaría resultando.

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8 Comentarios

  1. Uno de los mejores capítulos de Black Mirror sin duda, que mientras veía Upload me recordó, de la misma manera que en la serie Devs ese tema también se tocó, aunque su enfoque filosófico iba por otros derroteros. Estupendo artículo.

  2. Qué manía con enlazar a cada momento con webs de apuestas y casinos online

    • Si hubiera suficientes suscriptores no sería necesario enlazar nada. Te molestan los enlaces, seguro que también te molesta la publicidad intrusiva, pero para qué te vas a suscribir. si es gratis. Y seguro que también consideras que a los autores hay que pagarles dignamente, ¿verdad? Pues si nos dices cómo hacerlo te lo agradeceríamos un montón.

    • No es una manía, se llama publicidad.

  3. de lejos el peor capítulo.

  4. Pingback: Black Mirror 7: el futuro que merecemos - Jot Down Cultural Magazine

  5. Pingback: Inmortalidad digital: la colmena eterna - after | Agencia Creativa

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