Cine y TV

‘Silo’ y ‘Severance’: el amplio espectro del sometimiento humano

Para los aficionados a la ciencia ficción, el año se inicia con un evento claramente buscado por la plataforma de streaming de Apple: la coincidencia entre el final de la segunda temporada de SiloGraham Yost, 2023— y el inicio de la nueva entrega de SeveranceDan Ercikson, 2022—. Conceptualmente muy distintas, ambas son muestras destacables de un género que tradicionalmente se asienta en ideas disruptivas y cómo estas se pueden usar para poner en evidencia las mil y una maneras de sojuzgar a la humanidad. Porque «la ciencia ficción es una herramienta maravillosa para hablar del aquí y el ahora», como acertadamente sentenció Rosa Montero en la presentación de Animales difíciles, su última novela ciberpunk.

(Alerta de SPOILER: inevitablemente, este texto contiene muchos detalles de las tramas de las dos series que trata. El texto está organizado para que se pueda leer parcialmente —temporada 1 de Silo; 2 de Silo; 1 de Severance; primer episodio de Severance— sin revelar detalles de contenidos posteriores).

'Silo' y 'Severance'
Silo. Imagen: Apple TV.

Silo: la múltiples capas de la mentira

La serie Silo está basada en una trilogía de éxito escrita por el norteamericano Hugh Howey entre 2011 y 2013, que tiene la peculiaridad de haber sido editada usando los sistemas de autopublicación de Kindle, recién lanzados por Amazon en aquel momento. En la obra se cuenta la historia de los últimos remanentes de la humanidad, confinados en un claustrofóbico refugio cilíndrico dividido en ciento cuarentay cuatro pisos. Unas pantallas gigantes recuerdan a sus encerrados habitantes el desolado paisaje exterior. Generación tras generación se sucede en este silo, donde la pena capital se aplica obligando a los infractores a salir con un traje que los protege temporalmente y limpiar las cámaras, dejando que la tóxica atmósfera acabe finalmente con ellos.

El primer volumen es un mash-up de cinco cuentos —relatos ambientados en el silo, pero con entidad propia—. El segundo lo componen tres relatos, aunque mucho más hilados que los anteriores, y constituye una precuela que cuenta los orígenes del silo. El tercero es una novela tradicional que culmina y cierra completamente la historia, aunque hay varios cuentos publicados en antologías que expanden el universo y el autor está preparando una continuación al albur del éxito de la serie. Las dos temporadas que ya hemos visto adaptan los hechos del primer volumen, titulado «Wool», lana, inicialmente una referencia al material con el que se limpian los sensores y a un proverbio inglés que hace referencia al engaño al que se somete a alguien para que no descubra algo.

Porque Silo va, esencialmente, de engaños y control: de la manera con las que se puede contener una población humana en un estado de estancamiento perpetuo. El mecanismo para lograrlo pasa por apilar capas de engaño: una para la población general, otra para los dirigentes «públicos», otra para los poderes ocultos que manejan los hilos en el silo… «¿Y si todo lo que crees que es verdad es en realidad una gran mentira?», preguntaba el adelanto de la segunda temporada que ahora culmina. Estas medias verdades que sustentan la rígida organización del silo, además, están firmemente reforzadas por una sociedad totalmente estratificada, en donde no es una metáfora decir que las clases inferiores están abajo y las dirigentes arriba. 

Al frente de Silo está Graham Yost, quien tras alcanzar el éxito con el guion de Speed, se hizo un nombre en la televisión con la producción de De la Tierra a la Luna, la miniserie documental de 1998 que fue uno de los éxitos iniciales de HBO. Su portentoso curriculum incluye The Pacific, Falling Skies, Justified o Slow Horses. Un peso pesado que consiguió encandilar a Apple para obtener un presupuesto suficiente para armar una serie visualmente brillante y con nombres de relumbrón en su elenco, encabezado por Rebecca Ferguson, que encarna a la rebelde protagonista, Juliette Lewis, y por Tim Robbins como Bernard, el director de informática y principal antagonista. La serie, en todo caso, es muy coral y muestra de ello es su poderosísimo primer episodio, cuyos protagonistas —sobre todo, una maravillosa Rashida Jones— desaparecen posteriormente.

Durante la primera temporada vimos como la inquietud crecía en el silo a cuenta de los contenidos de un disco duro prohibido, con pruebas que parecen demostrar que el exterior que aparece en las pantallas es mentira. Porque otro de los mecanismos que se utilizan en esta mundo de fantasía para controlar a la población es borrar su historia —«cortar el silo de su pasado», como lo define Bernard en un momento dado—, tanto físicamente como mediante drogas que hace que la población olvide su pasado reciente. Un pueblo que no conoce su pasado es más fácil de controlar, opinan los que dieron forma al sistema.

La mencionada inquietud se manifiesta básicamente en Juliette Lewis, miembro de los niveles inferiores y del área de Mecánica que se encarga de mantener los generadores que dan vida al resto, aunque su motivación inicial sea resolver el asesinato de su pareja. Asistimos a cómo es elevada al puesto de sheriff y los poderes del silo que se le oponen: por un lado, la paramilitar área Judicial, con Robert Sims —el actor Common, quizá de los menos inspirado del conjunto— al frente y, por otro, el departamento de Informática, encabezado por Bernard, cuyos suaves modales esconden el peligro que encarna. Este enfrentamiento culmina con la condena de Juliette a limpiar los sensores y, por tanto, a morir. 

Por suerte y con la ayuda de sus compañeros de Mecánica, una artimaña le permite aumentar la vida del traje de protección que llevan los condenados. En el famoso disco duro, Juliette había descubierto una grabación de una limpieza anterior que mostraba un entorno exterior completamente regenerado y habitable. Al salir descubre, para su sorpresa, que el paisaje devastado y tóxico que muestran las pantallas es letalmente real. Se niega a limpiar y se aleja, para descubrir un segundo silo, punto en el que acaba la temporada. 

Dos silos, un solo destino

La segunda, estrenada el pasado noviembre, retoma la historia en ese mismo instante y nos muestra que este nuevo refugio está completamente devastado, rodeado de los cadáveres de sus habitantes. La narración se divide desde este momento entre los ambos silos, el 18, el original de Juliette, y el destruido Silo 17 de un total de 50 —o 51, ya que el número exacto constituye uno de los enigmas que mantiene la serie—.

En el Silo 17, Juliette descubre un superviviente, que dice llamarse Solo —Steve Zahn—, encerrado en un bunker de la prohibida sección de Informática. Gracias a él, conoce la historia de una rebelión que ha forzado las puertas y, en última instancia, ha acabado con la vida de todos sus habitantes. Comprende que tiene que regresar al Silo 18 y evitar que su salida inspire una revuelta similar que lleve a todos a la muerte. Durante el resto de la temporada, intentará aplicar sus conocimientos de ingeniería para conseguir un nuevo traje —el original quedó destruido— en medio de las inundadas ruinas y con la reticente ayuda de Solo, que poco a poco descubriremos que tiene su propia agenda.

La vida de los silos está marcada por las reglas de un libro, El Pacto, que sus habitantes han sido adoctrinados para tratar con respeto religioso. Pero Bernard tiene acceso a La Orden, un manual de gobierno solo accesible a los jefes de informática, en el que aparece la demoledora sentencia «ante una limpieza fallida, prepárate para la guerra». La Orden dicta una maquiavélica receta para enfrentarse a una rebelión como la que la salida de Juliette ha causado: volver a los habitantes de los niveles superiores en contra de los niveles inferiores, reflejo de muchas políticas reales que hacen que los penúltimos echen las culpas de sus problemas a los últimos, en lugar de a sus dirigentes —en el último episodio, el personaje de Juliette explicitara este mismo pensamiento—. 

Esto conducirá a levantar una frontera que aísla los niveles inferiores, mientras Bernard y Sims organizan una fake new que nos resultará familiar, acusando a los dirigentes rebeldes de haber asesinado a la cabeza del Judicial, la jueza Meadows —Tania Moodie—. En el Silo 18, los puestos se perpetúan mediante un mecanismo de «sombras», aprendices que acompañan al titular y que suelen ser familiares para fomentar el estancamiento endémico de la sociedad. Meadows fue sombra de Bernard hasta que descifró un mensaje encriptado por un antiguo jefe de informática, Salvador Quinn, responsable de la destrucción del pasado del Silo. La información contenida en esa carta acabó con su fe en el sistema. Tras su muerte, Bernard encarga la descripción de la carta a Lukas Kyle —Avi Nash—, antiguo miembro de informática que colaboró con Juliette casi a su pesar y había caído en desgracia.

Tras unos episodios iniciales muy prometedores, la temporada cayó en un «valle» en el que el ritmo de la acción resultó exasperantemente lento. Mientras en el Silo 17, Juliette se enfrentaba a pruebas que recordaban a las viejas aventuras gráficas de Lucasfilm, en el Silo 18 florecían tramas secundarias que aportaban poco al desarrollo de la acción principal, la rebelión en Mecánica. El problema empeora por una edición que inserta flashes ridículamente breves de la trama en el silo destruido en la más compleja situación del Silo 18. Es uno de esos casos en lo que visionar completa la serie —binge watching— resulta claramente favorecedor.

—Una anécdota curiosa sobre la trama del descifrado de la carta pone esto en evidencia: en el primer episodio que se trató, el texto cifrado apareció en un fotograma. Un par de horas más tarde y con la ayuda de la IA Claude, el texto completo ya estaba disponible en redes sociales, mientras que en la pantalla tuvimos que esperar tres o cuatro capítulos hasta que el bueno de Lukas lograra penetrar en ella—.

Es verdad que este ritmo pausado ha permitido dar exposición y trasfondo a muchos de los personajes, que en el texto original son poco menos que de cartón piedra. En esto, Tim Robbins se echa a la espalda buena parte de la serie: dota a su personaje de la calculada ambigüedad del que quiere proteger a su gente —es el único que sabe a ciencia cierta que el exterior es tóxico, recordemos—, pero al que no le importan los medios necesarios para conseguirlo. 

Por su parte, el sheriff Billings —Chinaza Uche— y su ayudante Hank —Billy Postlewhite— protagonizan su propia miniserie de detectives mientras revelan aspectos del misterio que, eso sí, la audiencia ya conoce. Asistimos a las interesantes interacciones de Sims y su esposa Camille —Alexandra Riley, desconocida actriz que ha resultado de lo más interesante— mientras practican un peligroso juego a dos barajas que, por lo visto en el último capítulo, puede tener más trascendencia de la que creíamos inicialmente.

La trama de amor crepuscular entre Walker —Harriet Walter— y la jefa de Suministros, sin embargo, resulta un tanto extemporánea. Y no brillan especialmente los líderes de la rebelión, Knox —Shane McRae— y Shirley —Remmie Milner; hay un tímido intento de romance entre ellos, realizado sin convicción y totalmente innecesario— o el pobre Ian Glen, cuyo talento resulta terriblemente desperdiciado por los guionistas. Como hemos mencionado, la ración de Ferguson se sirve con cuentagotas, aunque tanto ella como su partenaire, Steve Zahn, están realmente bien. Este último borda su papel de náufrago vital con fuertes carencias emocionales. 

Los valores de producción siguen siendo altísimos y el trabajo del departamento de arte es de premio —Adam Savage, famoso youtuber y divulgador científico, ha publicado varios videos impresionantes al respecto—: solo hay un construido el tramo de escaleras de un piso, que hay que ir «vistiendo» para representar las diversas localizaciones. Los nuevos sets —la bóveda, a la que llaman «Sala del Algoritmo» o el Legado son magníficos. 

También se ha acusado a la serie de ser muy oscura —una queja habitual en las producciones de AppleTV—, en especial cuando muestra las ruinas del Silo 17 y los responsables han admitido que, en efecto, hay algún problema en el procesado de alguna de las imágenes y han prometido solucionarlo. Como compensación, nos han ofrecido varias escenas submarinas de enorme belleza plástica y que transmiten eficazmente el inquietante entorno del silo inundado. 

En general, en sus dos últimos capítulos la serie consigue remontar y dejar muy alto el interés por el destino de los habitantes de ambos refugios. Simultáneamente al estallido final de la rebelión de Mecánica, se descubre un nivel adicional de poder en el silo, con la potestad de acabar con todos sus habitantes ante tal evento. Esto hace que el mismo Bernard pierda su fe e intente salir al exterior, coincidiendo con el regreso de Juliette. La serie nos deja un potente cliffhanger en el que desconocemos quien morirá y quien vivirá durante la tercera temporada.

Pero antes, se nos ofrece un desconcertante final adicional que transmite maravillosamente la sensación que tuvimos los lectores al comenzar el segundo volumen de la trilogía —titulado «Shift», turno; personalmente, recuerdo revisar la portada por si me había confundido de libro—. En una breve escena, nos trasladamos al Washington D. C. de un mundo en que, aparentemente, ha sufrido un atentado con una bomba «sucia» iraní. Un congresista —Ashley Zukerman, Succession— del inexistente Distrito 15 de Georgia, ubicación que ha aparecido en la serie, se entrevista con una periodista —Jessica Henwick, Juego de Tronos—. La cita no es especialmente frutífera y cuando el congresista se marcha, hace un regalo a la periodista: el icónico dispensador Pez con el pato de goma.

'Silo' y 'Severance'
Severance. Imagen: Apple TV.

Severance: la conciliación llevada al extremo

La gestación de Severance es completamente distinta. Nació como un guion escrito por el novato Dan Erickson a principios de la década de 2010, inspirado en buena parte en sus experiencias como oficinista. Erickson lo envió a la productora de Ben Stiller y tras diversos vericuetos, terminó llegando al actor-director. Le entusiasmó y se inició el proceso que culminó con el encargo de la serie por AppleTV en 2019, con Adam Scott a la cabeza del reparto. Covid mediante, terminó estrenándose en febrero de 2022, alcanzando de inmediato la categoría de obra de culto y una de las luminarias del género de los últimos tiempos, debido tanto a la originalidad de su planteamiento como a su brillante puesta en escena.

Lumon Industries es una megacorporación de sector indefinido —una farmacéutica, con toques de tecnológica— fundada en 1865 por el visionario Kier Eagan. Este creó un culto sectario alrededor de su familia, cuyos herederos se han convertido en sucesivos CEO de la empresa. Su más reciente éxito es el proceso de separación —severance—, un mecanismo extremo de conciliación de la vida laboral: se implanta un chip en el cerebro del empleado y se separan sus recuerdos personales de sus recuerdos como trabajador, creando dos personalidades distintas: cuando un empleado «separado» llega a la oficina, entra en el ascensor que le lleva a la subterránea Planta de Separación y, a todos los efectos, vuelve a subir en él inmediatamente, sin sensación de transcurso del tiempo, aunque hayan pasado las ocho horas de la jornada laboral. La situación es inversa para quien está en la oficina: este siempre aparece en el ascensor y, por lo tanto, tiene la sensación de nunca abandonar su lugar de trabajo. 

La versión atrapada perpetuamente en la oficina se denomina coloquialmente «dentri» —innie, mientras que la personalidad externa recibe el nombre de «fueri» outtie—. El proceso es, supuestamente, irreversible y resulta extremadamente controvertido en el mundo de la serie, donde encuentra fuertes resistencias. La empresa está en plena campaña para lograr la generalización de su uso, con el senador Arleta como cabeza de un lobby que la representa ante el gobierno y los inversores. 

La narración se centra en los miembros del Departamento de Refinamiento de Macrodatos o MDR, cuyo trabajo, «misterioso e importante», como no dejan de repetirles, consiste en revisar una colosal matriz de números, que organizan en diversas categorías en función del sentimiento que les despiertan. El jefe del departamento es Mark S. —Sandler—, recientemente ascendido tras la repentina desaparición de su amigo y superior Petey —Yul Vazquez—. Su primera tarea es, justamente, recibir y entrenar a su reemplazo, Helly R. —Britt Lower—, que se muestra extremadamente reticente a asumir su nuevo papel. Los otros miembros de MDR son Irving —John Turturro—, convencido seguidor de las enseñanzas del fundador de la empresa, recogidas en el sacrosanto manual corporativo; y Dylan —Zach Cherry—, aparentemente satisfecho con los peculiares beneficios que le ofrece la empresa por su excelencia en el refinamiento: atrapadedos, gomas de borrar o fiestas de gofres.

La laberíntica e inhumana Planta de Separación está supervisada por el inquietante Sr. Milchick —sin duda, uno de los personajes más celebrados, encarnado por un enorme Tramell Tillman—, el jefe de seguridad Graner —Michael Cumpsty— y Harmony Cobel —Patricia Arquette, tan eficaz como siempre—, al frente de Administración. Hay otros departamentos, aunque la empresa no favorece precisamente la interacción entre ellas. En Óptica y Diseño (O&D), por ejemplo, crean objetos en impresoras 3D, distribuyen óleos que exaltan pasajes de la vida de Kier, y están dirigidos por otro empleado separado, Burt —Cristopher Walken—. También se muestra otro departamento dedicado a la peculiar actividad de cría de bebés de cabra.

Inicialmente, Stiller apenar iba a estar vinculado, pero terminó dirigiendo con maestría más de la mitad de los diez episodios iniciales, marcando claramente la rompedora estética de la serie, uno de sus puntos fuertes. Especialmente cuando se muestra el surrealista y alienado universo de los «dentris», atrapados en un enmoquetado y retrofuturista entorno de pasillos interminables y vacuos mensajes corporativistas que envuelven una palpable atmósfera de sometimiento. «Tenemos una comedia en primer plano, y un thriller oscuro en el fondo —describe Erikson en una reciente entrevista—, en la que [los personajes] discuten sobre fotos en grupo y gomas de borrar, mientras, si prestas atención, algo oscuro se está gestando y amenaza con tragárselos enteros».

La primera temporada de Severance nos cuanta el creciente desasosiego en MDR, donde el novato y bienintencionado Mark tiene que lidiar con los cada vez más extremos métodos por los que Helly intenta renunciar —llega a intentar suicidarse en el ascensor— y la prohibida relación afectiva que surge entre Irving y Burt, el director de O&D. Y es que la situación en la planta de separación dista de ser idílica. Estos «dentris» están sometidos a un auténtico régimen de terror donde cada transgresión se castiga con una visita a la Sala de Descanso —su nombre inglés es mucho más sugerente: Break Room—, donde tienen que repetir una y otra vez un hiriente mantra de disculpa hasta dejar satisfecha a una máquina.

A modo de recompensa, los empleados obtienen sesiones con la Consultora de Bienestar, Ms. Casey —Dichen Lachman—, también separada, quien les dicta vagas y genéricas afirmaciones acerca de sus «fueris» para satisfacer su necesidad de identidad y pasado, con la advertencia de «disfrutarlos todos por igual». En su planteamiento, Severance mezcla una nada disimulada y extremadamente reconocible para muchos crítica a la cultura de trabajo corporativo con temas muy profundos, como el sentido de la identidad y la necesidad de la memoria y las relaciones mutuas para construir una conciencia plena.

Adicionalmente, la trama sigue al «fueri» de Mark, quien se ha sometido a la separación tras la pérdida en accidente de su esposa, Gemma. Petey, el antiguo jefe del MDR, contacta con él —quien, por supuesto, no le reconoce— y le informa que ha conseguido la imposible reintegración de sus personalidades. Las secuelas de la operación terminan acabando con su vida, pero se las arregla para dejar a Mark los medios para contactar con quien realizó el procedimiento. Descubrimos que la directora Cobel tiene su propia agenda fuera de Lumon y vive secretamente como la Sra. Selvig, vecina de Mark, mientras investiga la presunta reintegración de Petey —un tema que parece obsesionarle— con la ayuda del jefe de seguridad Graner. Logra rastrear a la responsable, doctora Reghabi, una antigua empleada.

Graner y Mark coinciden en el encuentro con la doctora y esta mata a Graner, ante un horrorizado Mark. Le arrebatan su tarjeta de acceso, que el «fueri» de Mark decide llevar en el ascensor y, por lo tanto, poner al alcance de su «dentri». El asesinato de Graner expondrá las actividades de Cobel fuera de Lumon y, usando el intento de suicidio de Helly R. como excusa, la directora termina despedida.

Los responsables de Severance, buenos conocedores de su público objetivo, recurrieron a numerosos mecanismos transmedia para promocionar la serie, muy en la línea de lo que se hizo en su momento en Perdidos. Así, se crearon web corporativas e incluso un perfil de Lumon en Linkedin, en el que su momento se podía optar a puestos separados. En este sentido, lo más destacable fue la publicación del libro The Lexington Letter, que exponía la denuncia de un antiguo empleado acerca de la situación de los «dentris» y que incluía una interesante copia del Manual de Refinado de Macrodatos —el libro ya no está accesible a través de AppleBooks, pero aún se puede conseguir una copia en sitios mantenidos por aficionados.

En la Planta de Separación, las cosas se precipitarán durante una visita a O&D, en la que Dylan roba una impresión aparentemente inocente. Esto hace que Mr. Mikchick recurra a la inédita «Contingencia de Horas Extras» y le despierte en el exterior, para forzarle a revelar el paradero de la tarjeta impresa. Dylan descubre en el proceso que tiene un hijo y su actitud habitualmente complaciente cambia. El robo, además, hace que se fuerce el retiro de Burt, para desesperación de Irving. Los miembros de MDR, hartos, deciden pasar a la acción y utilizar la tarjeta de Graner para acceder a esas Horas Extras y denunciar su situación —no sin que antes, en el momento de la despedida, Helly comparta un beso con Mark—. 

Aprovechando su inquietante Fiesta de Gofres, Dylan se queda después de la jornada laboral y logra despertar a los «dentris» en el mundo exterior. Irving se ve en su casa y descubre que su «fueri» está obsesionado con un estrecho pasillo negro que pinta una y otra vez —que sabemos es por donde se accede a la «zona de pruebas», a donde ha sido exilada Mrs.Casey— y también que está investigando la situación en Lumon. Encuentra la dirección del «fueri» de Burt y conduce hasta su casa, solo para descubrir que está casado con otro hombre. Golpea su puerta.

Mark se despierta ante Mrs. Cobel, en su papel de Mrs. Selvig. Se las arregla para poder contar su situación a su hermana antes de que Cobel sospeche y finalmente descubra lo que pasa, avise a Milchnik y marche a Lumon para intentar abortar la rebelión. Y en un giro totalmente inesperado, Helly descubre que su «fueri» no es otra que Helena Eagan, heredera de la empresa, que se ha sometido al proceso como herramienta de marketing para extender su uso y «convertir a toda la humanidad en parte de la familia Eagan». Tiene que dar una conferencia ante accionistas, momento que aprovecha para denunciar la situación de los «dentris», pese a las amenazas de Cobel.

En ese momento, Milchnick accede a la Sala de Seguridad e interrumpe a Dylan y las Horas Extra. Justo antes de desaparecer, el «dentri» de Mark se las arregla para comunicar a su hermana que su fallecida esposa, Gemma, sigue viva: no es otra que Mrs. Casey…

Resumir Severance a su trama resulta extremadamente frustrante, ya que se pierden los ricos matices que aporta todo un lenguaje visual que guionistas y cinematógrafos han creado para transmitirnos la irrealidad y confusión que conforman la cotidianidad de los pobres «dentris». Situaciones tan surrealistas como la visita a la sección de Perpetuidad, un área donde se exalta la dinastía Eagan, la muy remarcable Experiencia Musical, los oleos que reparte O&D o los pretenciosos fragmentos del libro de autoayuda El quién quién eres, sustentados en solidísimas actuaciones, una producción impecable y una banda sonora memorable y obsesiva, justifican de sobra su status de obra maestra.

Reencuentro en la Planta de Separación

El éxito de Severance resultó incontestable. Recibió numerosas nominaciones en todo tipo de premios —aunque no ganó demasiados; demasiada fantasía para muchos jurados— y fue renovada casi inmediatamente. Junto a Ted Lasso y The Morning Show constituyó un elemento fundamental para convertir la plataforma de Apple en alguien con quien contar en el complejo ecosistema del streaming actual. Sin embargo, los hados no fueron amables con sus responsables y las diversas huelgas en Hollywood retrasaron el estreno de la nueva tanda hasta el pasado 15 de enero, casi tres años después de la primera. 

Este lapso, nada habitual, ha levantado grandes expectativas con respecto a esta temporada. Se ha anunciado la incorporación de relevantes nombres al cast: Gwendoline ChristieJuego de tronos, Star Wars—, John Noble —Fringe—, Bob BalabanAsteroid City, Gosford Park—, Merritt WeverTiny Beautiful Things—, Alia ShawkatArrested Developement— o Robby Benson —la voz de Bestia en el clásico Beauty and the Beast—. Erickson ha hablado del «enfoque El Imperio contraataca» y promete un tono más sombrío y «profundizar en el edificio para mostrar lugares aún más extraños, y a la vez profundizar en la narrativa y hacer que el espectáculo en sí se vuelva más insólito». A principios de año se distribuyeron seis de los diez episodios de los que consta la temporada entre la crítica especializada, que ha expresado un templado consenso acerca de la calidad de la nueva entrega. El día antes del estreno se hizo una impresionante performance en la estación Grand Central de Nueva York, con la presencia de buena parte del elenco interactuando en un cubículo con los muy reconocibles escritorios del departamento de MDR.

 Y, por fin, el pasado 17 de enero pudimos ver el primer episodio de la segunda temporada. 

La serie retoma la acción exactamente en el punto que la dejó, con una escena absolutamente memorable de Sandler recorriendo frenéticamente la Planta de Separación en busca de Ms. Casey —que, recordemos, acaba de descubrir que es su presuntamente muerta esposa; en el podcast oficial de la serie se habla extensamente de las dificultades para crear esta escena, que llevó casi cinco meses terminar—. Tras un falso inicio con todo un nuevo equipo de MDR, recuperamos a nuestros protagonistas habituales y descubrimos que Lumon se las ha arreglado para convertir el impacto de la revelación de los «dentris» en una campaña de marketing y en herramientas para los empleados que, presuntamente, demuestran que «la empresa te escucha y se preocupa».

El relato de los cuatro miembros del departamento pone en evidencia que la experiencia les ha marcado profundamente y arroja la sombra de la sospecha sobre quién es en realidad Helly R. Una maravillosa e inquietante animación corporativista —que en el original aparece locutada nada más y nada menos que por Keanu Reeves— anuncia novedades tan relevantes en los beneficios para los empleados como el nuevo juego de las piñas. Se introduce un nuevo personaje, la extremadamente inquietante niña-gerente Ms.Wuang —Sarah Bock— y Dylan recibe una oferta en exclusiva, que no puede compartir con sus compañeros. El MDR inicia el trabajo sobre un nuevo fichero, que en el último fotograma se revela que está relacionado de alguna manera con Ms.Casey-Gemma.

Expectativa de futuro y presente

Todo el primer episodio transcurre en el interior de Lumon, por lo que no conocemos la visión exterior de los «fueris», que presumiblemente ocupara el siguiente capítulo. Con lo que ahora sabemos, todo apunta muy buenas maneras y que vamos a disfrutar de una segunda temporada, al menos, tan trepidante como la primera. La única preocupación, quizá, es una cierta sensación de «regreso al punto de partida», que esperemos no se convierta en una repetición de lo que ya hemos visto, que siempre es una tentación con una premisa tan potente, que ofrece tantas posibilidades como la de Severance.

Por su parte, Silo fue renovada por AppleTV antes de terminar su segunda temporada, a pesar de que, claramente, esta ha resultado de inferior calidad que la inicial y ha sido muy criticada. En un movimiento poco habitual pero que podría sentar precedentes, se ha renovado por dos temporadas, momento en el que se dará por terminada. Creemos que el hecho de contar con un número definido de episodios, sin que exista el temor a la cancelación en la próxima tanda, resultará enormemente beneficioso para la producción: nada como tener claro de lo que dispones para terminar un trabajo. Se ha anunciado que ambas temporadas se rodaran simultáneamente, por lo que aunque puede que no veamos la siguiente hasta finales de 2016, su finalización seguramente será muy inmediata.

Silo representa una mezcla de la recurrente historia postapocalíptica con un tópico de la ciencia ficción poco explotado en el audiovisual, el de la nave generacional y su evolución en entornos cerrados—habitualmente sustituida por mucho más manejables tripulaciones criogenizadas—. Severance utiliza una desviación relativamente menor de nuestra sociedad, que sigue siendo reconocible, para proporcionarnos una alegoría de cosas que podrían venir —un recurso que ha dado obras que trascienden ampliamente al mainstream como La broma infinita, de David Foster Wallace—. Ambas constituyen ejemplos punteros de las posibilidades y la potencia de la ciencia ficción, género relegado al entretenimiento ligero hasta hace muy poco.

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

6 comentarios

  1. Silo tenía un piloto magnífico, y tuvo un epílogo interesante en la 1ª temporada. Entre medias, LA NADA más absoluta.
    Severance, hace 3 años, fue probablemente la mejor serie de esa temporada. La espera no ha merecido la pena en absoluto (al menos de momento). Si todo lo que tienen que ofrecer es vender que tardaron 5 meses en rodar la secuencia inicial, o nos toman por imbéciles o es que lo somos. Es una escena que no luce nada y no tiene sentido, con la tecnología disponible, que hayan tardado tanto en rodarla, a no ser que quieran mofarse del público por la larga ausencia entre la 1ª y la 2ª temporada. Respecto al capítulo, me pareció, literalmente, una estafa: plano y muy decepcionante. Tanta espera para dar vueltas como un hámster en la rueda?

  2. Curiosamente las mejores series de AppleTV empiezan por S: Severance, Servant, Slow Horses, Silo, See…

  3. Más se por viejo que por diablo

    La premisa de un mundo subterráneo postapocalíptico, con una sociedad férreamente estratificada y dominado por una muy minoritaria casta superior que somete tiránicamente a una mayoría de habitantes, ya la vimos en “La Fuga de Logan / Logan´s Run”: novela de William F. Nolan y George Clayton Johnson del año 1967, película homónima dirigida por Michael Anderson en 1976 y serie televisiva de los años 80´s.

    En años más recientes, ha habido películas con una temática muy similar, aunque cambiando el “silo” bajo tierra por otros conceptos similares, como un tren que se mueve eternamente por un mundo hostil y helado (“Rompenieves / Snowpiercer”, 2013).

    Y la idea de una empresa tecnológica que borra la memoria de sus empleados para evitar espionaje industrial y, de paso, que tengan dilemas morales por lo escasa o nulamente ético de sus acciones, tampoco es ninguna novedad: ya la vimos en “Paycheck”, novela de Philip K. Dick de 1953 y película de John Wodd de 2003.

    En fin, que no hay nada nuevo bajo el sol (ni bajo tierra).

  4. Más sé por viejo que por diablo

    Fe de erratas: conste que, en el penúltimo párrafo de mi comentario anterior, puse «John Woo». El corrector ortográfico lo cambió a su antojo.

  5. No he visto Silo. De Severance, lo único que puedo decir es que es la enésima serie que coge el guion, lo arruga hasta lo irreconocible, y lo arroja al espectador para que se devane los sesos intentando deshacerlo. Aún es pronto para estar seguros, pero me juego una lenteja a que, una vez desenmarañado el misterio, lo que vamos a poder observar en el papelote arrugado es el dibujo de una enorme polla. La que nos vamos a comer por hacerles caso con la gracieta, vamos.

  6. Pingback: 'Severance': por favor, disfrute igualmente cada episodio - Jot Down Cultural Magazine

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*