Arte y Letras Filosofía

El apego a la vida de Ixión a Sísifo

El apego a la vida de Ixión a Sísifo
Ixión, José de Ribera, 1632.

No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicido

(Albert Camus, El mito de Sísifo)

Para huir de la muerte

Tú me darás las fresas mejores de tu huerto

Yo te daré mi vino, más peleón, más duro, más añejo

Para huir de la muerte

Diré que es estupendo sentirte tan cercana

Y que ni en ti, ni en mí, ni en vosotros, ni en ellos

Hay sumergida una ciudad donde luchan

La muerte y el amor

El amor y la muerte

(Pablo Guerrero, «Para huir de la muerte»)

Al convertirse el pensamiento en el eje del mundo durante el siglo VII a. C. —tiempo axial, dijo Karl Jaspers—, la vida se percibió como una estrategia para sortear la muerte. Desde los recónditos barrios de Babilonia, donde se reelaboraban los viejos textos que dieron lugar a la Biblia, hasta los enigmáticos reinos del Egeo donde un aedo conocido como Homero convirtió esta idea de que la vida es una estrategia para sortear la muerte en un relato complejo, plural e inabordable sobre las hazañas de unos guerreros que asediaron la fortificada ciudad de Troya. La Ilíada es una narración que visualiza el efecto de comprobar que la vida (la vida humana, se entiende) tiene un principio y un fin, en abierto contraste con la existencia de los inmortales que aquellos anónimos cantores de epopeyas calificaron de dioses. Eran dioses porque eran inmortales, por lo tanto, no sentían necesidad de entender que la vida fuera una estrategia para sortear la muerte. En Trabajo sobre el Mito, Hans Blumenberg, insiste en que «el mito lleva implícito un concepto de verdad» pues resulta harto evidente que «quien afirme por su cuenta algo lo arriesga todo». 

Uno de esos mitos, el que aquí me interesa destacar, se refiere a las extrañas circunstancias que rodean a dos personajes que podríamos denominar iconos de la concepción griega del mundo, ya que por sí solos definen una poderosa sensación de los seres humanos: el apego a la vida. Estos dos personajes de la mitología griega, presentes en forma de elipsis en Homero, pero definidos más tarde en las Metamorfosis de Ovidio, son Ixión y Sísifo. A través de ellos plantearé por qué motivos existió, y existe, una rebelión contra el inexcusable hecho de que la vida tiene un fin, no otro que la muerte. No se trata de definir el arte del bien morir o la estética que conlleva una muerte que dignifica a un pueblo, a una sociedad, a una familia, como sucede en ese admirable final de la Ilíada cuando Príamo logra convencer a Aquiles que deja a un lado su habitual cólera y le devuelva el cadáver de su hijo Héctor para hacerle las honras fúnebres, y de ese modo dar conclusión a su poema, calificando al héroe muerto en un duelo con Aquiles ante las murallas de Troya como un hombre digno, domador de caballos. De lo que se trata en estas líneas frente a la renuncia homérica, son las razones de la rebelión contra ese destino manifiesto del ser humano ante el hecho de percibir que la vida tiene un fin, la muerte. Esa rebelión es la prueba más profunda que tenemos del apego a la vida. 

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2 comentarios

  1. Observarla y dejarla de lado; a la vida, decía más o menos la Woolf. No está mal esta reflexión que comparto en cierta medida… si no se hubiera suicidado. Pienso que habría que que pasarla de refilón, o mejor todavía: mirarla pasar, pues la vida, como sistema de estudio al igual que la religión es un invento que nos salió mal, unas categorías sin fundamentos sólidos, uno por lo efímero y el otro por lo mágico. Vaya uno a saber. Lindo artículo. Gracias.

  2. Gran artículo y a la vez tan humano como ella. Por muchos más.Gracias

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