Francisco J. Tapiador estudia el cambio climático, es catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Castilla-La Mancha y colaborador de la NASA desde hace más de quince años en el equipo internacional del satélite GPM. Estar en España le ha hecho tener un papel destacado en el proyecto, por fenómenos extremos como la trágica DANA de Valencia. Como científico y experto en la evolución del clima, tiene clarísimo que el cambio climático no solo existe, sino que es irreversible. Pero también tiene muy claro que podemos poner los medios, si no para frenarlo, para adaptarnos a él mitigando las graves consecuencias que ya ha empezado a acarrearnos. Además, explora estas posibilidades como escritor y pensador, adentrándose incluso en la filosofía, pero siempre anteponiendo que ese es el papel de los científicos sociales, mientras que él, como científico de las ciencias empíricas, se limita a observar y constatar lo que ocurre. Singular afirmación para quien lleva publicadas cuatro novelas, tres libros de poesía y siete ensayos.
¿Climatólogo es un término correcto para definirte?
Sí, aunque técnicamente mi título es catedrático de Física de la Tierra, lo que hago está relacionado con la climatología. Es cierto que el término «climatólogo» se usa más en Geografía, donde estudian el clima dentro de la asignatura de Climatología. Mi actividad principal está más centrada en la física de la Tierra, teledetección, satélites y el estudio de la precipitación. Es más preciso decir que soy físico, más que climatólogo.
Insistes mucho en aclarar la diferencia entre clima y tiempo, que la gente común usamos como sinónimos.
El símil que yo pongo son los dados. Cuando tiras un dado tienes una posibilidad entre seis de que salga una de las caras. Si tiras el dado cien veces, una de cada seis va a salir un uno, una de cada seis va a salir un dos, una de cada seis va a salir un tres. Digamos que esa estadística es el clima. Y el tiempo sería el tirar los dados, no sabes lo que va a salir. Bueno, sí que lo sabemos para tres días, el pronóstico es bastante preciso en ese intervalo, pero no tenemos la estadística del tiempo, su variabilidad, que es lo que es el clima.
¿Y cuál es la diferencia principal entre el clima actual y el de épocas pasadas?
Es importante matizar «épocas pasadas», porque la Tierra tiene 4500 millones de años. Muchas cosas han cambiado. Si hablamos de la época preindustrial, es decir, antes de 1750, sabemos que ese clima va a cambiar, no hay duda científica al respecto. Las temperaturas van a aumentar y las precipitaciones se mantendrán más o menos igual, pero con una gran variabilidad; nos va a caer en dos, tres días lo que antes caía en un mes o en un año. Y eso tendrá fuertes repercusiones para nuestra forma de vida, que está adaptada al clima que tenemos. Los cultivos a la rotación de las estaciones, nuestro transporte a determinado rango de temperaturas, todo está adaptado a un clima determinado.
Y esto ya no es reversible.
Yo creo que no, y no soy el único que dice que es irreversible. La irreversibilidad del sistema climático es un hecho. Hemos pasado una serie de puntos de no retorno, hay como siete indicadores conocidos como los «tipping points» y ya hemos sobrepasado varios de ellos. Es imposible que volvamos al estado preindustrial del clima, y eso es un problema, por lo impredecible de la situación. Y eso que nuestras estimaciones son bastante conservadoras, siempre tiramos a lo seguro, pero pueden ser mucho peor de lo que predecimos, aunque no lo podamos certificar desde el punto de vista científico.
¿No hay espacio para el optimismo?
El ser humano es maravilloso, y la tecnología evoluciona de una manera brutal. Hace cien años no teníamos ni electricidad como la conocemos hoy ni internet. El sistema industrial y tecnológico avanza muy rápidamente y nos podríamos adaptar. Pero el optimismo depende de lo rápido que sea el cambio. Si de repente hay zonas que alcanzan los 50 °C con alta humedad, la gente ya no podrá vivir allí sin aire acondicionado, lo que llevaría a migraciones masivas, pérdida de cultivos y fenómenos climáticos extremos como huracanes más intensos.
Pero hay una cierta promesa de que con los cambios tecnológicos que estamos aplicando, como las renovables o los coches eléctricos, esto se pueda revertir.
No, porque lo que hagamos aquí en Europa tiene poca influencia en el resultado global. Importa lo que haga India, lo que haga China, por eso la importancia de los acuerdos globales para que lo hiciera todo el mundo. Aunque es intrínsecamente bueno tener un sistema económico descarbonizado, lo que podemos hacer los europeos para frenar el cambio climático es muy poco. No soy optimista en cuanto a la posibilidad de revertirlo, menos viendo lo que pasa en Estados Unidos o lo que hace China quemando carbón.
Y este es el consenso entre todos los científicos que os dedicáis a estudiar el clima.
Sí, en cuanto a la parte física del clima hay total consenso. Todos los científicos que trabajamos en este campo estamos de acuerdo en que el cambio climático es real y está motivado por la actividad humana. En cuanto a lo que hay que hacer después, esa es la parte de las ciencias sociales, y ahí no se puede hablar de un consenso científico. No es que sea menos ciencia, sino que hay opiniones divergentes sobre las soluciones a aplicar, como crecimiento o decrecimiento, por ejemplo.
Hablemos de cambios en el clima de España, ¿qué vamos a notar en los próximos diez años?
En diez años lo vamos a notar poquito, pero sí notaremos que la vertiente sureste de España se volverá más árida. De Madrid hacia el norte, los cambios serán menos notorios, pero en el sur se experimentarán temperaturas más altas y fenómenos meteorológicos extremos, noches tropicales, DANAs… Las zonas del valle del Guadalquivir, como Sevilla, con su humedad elevada, se verán afectadas de manera significativa.
¿Podemos llegar a casos como los de la India, donde ya superan los 50 °C y hay zonas invivibles?
En la meseta y el levante es complicado, en el valle del Guadalquivir sí puede suceder. Sevilla y Huelva, con la humedad y proximidad al mar, lo van a pasar mal.
Colaboras desde hace quince años en la misión GPM de la NASA. ¿En qué consiste?
Es un satélite que se dedica a medir de manera directa la precipitación. Lanza un haz de radar hacia la Tierra y mide el rebote de ese haz en las gotas de lluvia o en los cristales de nieve. Porque la precipitación es un fenómeno muy difícil de medir de manera precisa, no basta con colocar un pluviómetro en un punto, porque no es representativo de lo que pasa doscientos metros más allá. Al colocar un radar como el de las carreteras, que va dando la vuelta a toda la Tierra y lanzando un haz de microondas que produce un rebote, podemos medir de manera mucho más precisa la precipitación en todo el planeta.
Aunque no todo transcurre en el espacio, también es importante lo que pasa a ras de suelo. En uno de tus papers mencionas el uso de los pluviómetros para mejorar el algoritmo predictivo del satélite.
Usamos un dispositivo llamado disdrómetro que mide el tamaño y la velocidad de las gotas de lluvia que hay en un volumen. Es una medida muy importante para calibrar el radar, por eso colocamos dieciséis disdrómetros en un sitio de investigación en Ciudad Real y medimos lo que se llama la variabilidad espacial de la distribución de tamaños. Es una medida muy importante para calibrar el satélite porque, sin esos datos, no tendríamos un punto de referencia fiable para medir bien la precipitación.
Ahora que mencionas la calibración, la DANA de Valencia obligó a cambiar la sensibilidad del satélite.
Sí, hubo que cambiarlo porque tenemos que introducir unos umbrales de error, y se había supuesto que llegar a 200 mm de precipitación en España era imposible. Estaba capado. Me llamó el jefe de la misión para preguntar cuánto había caído en realidad, le comenté que se estimaba que 700 mm, y hubo que cambiar el umbral.
¿Esto está relacionado con el monográfico de la NASA sobre la DANA?
Es que ha sido un caso bastante extremo en el Mediterráneo. Estamos acostumbrados a trabajar en ciclones tropicales en el golfo de México, sur de Estados Unidos, y por eso les interesaba mucho saber lo que está pasando en esta zona.
O sea, que define patrones que se pueden reproducir en el futuro.
Lo que pasó aquí es que venía un aire muy húmedo y muy caliente y se chocó rápidamente con un aire muy frío en altura. Esa diferencia de temperatura, ese gradiente que llamamos nosotros, hizo que se condensara rápidamente la humedad y cayera en forma de lluvia de golpe. Es un fenómeno muy difícil de cuantificar, pero nos ha permitido obtener datos más precisos para los modelos climáticos, lo que, a su vez, ayuda tanto en las predicciones a corto plazo como en las proyecciones a largo plazo.
Supongo que es lo único positivo que podemos rescatar de la DANA.
Eso, y la predicción de la Aemet. Se quejan mucho de que la precipitación fue de 700 mm y estimaban que 200 mm, pero eso no importa demasiado porque una vez que pasas de 200 ya es alerta máxima. Es igual que en la carretera: qué más da si vas a 150 km/h o a 270, si una vez que superas los 120, ya vas mal. Ha servido para darse cuenta de que el pronóstico era bueno, y que lo que hace falta es comunicarlo bien a la gente para que no haya desgracias.
Las desgracias también se extendieron a Albacete, algo que no se recuerda mucho. ¿Esto significa que las gotas frías acabarán extendiéndose a territorios donde antes no se producían?
Lo que pasó es que la masa de aire caliente y húmedo permitió que la DANA penetrara más hacia el interior, pero no es probable que veamos una DANA en ciudades como Valladolid o Toledo, aunque sí que es posible que veamos DANAS en zonas donde no solían ocurrir antes.
Trump ha eliminado instituciones medioambientales y recortado los programas científicos de la NASA que estudian el clima terrestre hasta un 45 %. ¿Esto afectará a misiones como la GPM?
Al GPM no, ahí han asegurado el dinero, pero otra en la que estoy, que se llama INCUS, sí han dicho que lo quitan. Pero bueno, esa es la propuesta del presidente, tiene que llegar al Congreso y este decidir si lo hace o no. INCUS es una misión relativamente barata que sirve para medir la convección, cómo sube el aire cuando se condensa, a través de una serie de satélites que hacen una foto detrás de otra de la situación atmosférica, y al ver la variación conseguiremos datos más precisos para los modelos de predicción del tiempo.
¿Cómo ves la potencia de la ESA (Agencia Espacial Europea) en el estudio del clima?
Han mejorado bastante. La diferencia es que la NASA nos daba todos los resultados de forma libre, podíamos usarlos como quisiéramos, y la ESA durante mucho tiempo no. Cuando yo empecé ponía muchas pegas, y poco a poco, sobre todo a partir de Copernicus, han empezado a liberar más datos y eso es una gran ventaja. Aunque la ESA no tiene tanto dinero como la NASA, tiene un gran potencial y una comunidad científica muy competente. El desafío ha sido que Europa se ha centrado en radiación, en viento, pero no ha apostado tanto por la medición de precipitación, como lo ha hecho la NASA con el GPM.
Vas a menudo al JPL (Jet Propulsion Laboratory).
Iba, iba, ahora no me apetece nada ir.
Pues de eso precisamente quería hablar. Una persona como tú, ¿también puede verse detenida por el ICE, la policía migratoria de EE. UU.?
A mí, con la pinta que tengo, no; tengo la piel lo suficientemente clara y los ojos azules como para que no me pare la policía. Paso el test de Padre de familia, el del color. Pero con mis estudiantes es más difícil, suelo mandarlos a hacer parte de la tesis, ya he mandado a tres o cuatro que hacen allí como seis meses de estancia. Ahora me estoy cortando, sobre todo con un chico marroquí que está haciendo la tesis conmigo, pues no sé cómo va a quedar lo de su visado. Y eso que el ambiente en la NASA y el JPL es muy internacional, pero claro, tienes que salir a la calle e ir a comprar al supermercado, y el ambiente es muy desagradable. Se te olvida un día el pasaporte, y la has liado.
¿Hablas con colegas estadounidenses de allí? ¿Cómo ven el futuro de todo esto?
No pueden hablar mucho. Alguno que se ha jubilado ahora, sí. Los científicos de EE. UU. con los que trabajo son mayormente demócratas, y lo ven con preocupación.
Pero ¿creen que es una tormenta pasajera?
El sistema científico y tecnológico de EE. UU. no se va a ir a la porra por los cuatro años de Trump o los cuatro que creen que le seguirá J. D. Vance (vicepresidente actual). La inversión en la NASA no la hacen por afición, sino porque les conviene. Han estudiado que solo con las vocaciones que el programa espacial despierta en matemáticas, ingenierías y físicas, y la comunicación que hacen llevando a los astronautas a estar con los niños, sus actos, etc., se compensa de sobra el gasto que hace la NASA. Se paga solo.
A menudo oímos que el cuñado de turno hace callar la boca al científico, al físico, no digamos ya si hablamos de cambio climático. ¿A ti te ha pasado?
El problema es que la gente puede entender las bases físicas del cambio climático y aceptarlas, pero no comprar todo el paquete. Los cambios que hacen falta para revertirlo o adaptarse muchos los ven con el símil de la sandía, que es verde por fuera y roja por dentro. Lo identifican como parte del paquete liberal socialdemócrata, como que también va dentro el cambio del modelo productivo, y no es eso. Yo siempre me he preocupado mucho de separar lo que es ciencia pura de las soluciones a aplicar: crecimiento o decrecimiento son opciones de las ciencias sociales, de la economía y la política, que son discutibles. Lo que no es discutible son los datos científicos, ni que el cambio climático se está produciendo.
Hablando de política, ¿qué opinión te merecen las cumbres del clima?
Soy un poco escéptico. Alguna ha funcionado, la de Montreal, que puso a todo el mundo de acuerdo sobre el agujero de ozono con origen en los CFC, se quitaron y se solucionó. Con el calentamiento, en cambio, hay implicaciones políticas complejas, porque hay gente a la que le viene bien. A Rusia, por ejemplo, porque el Ártico y Siberia se están volviendo más habitables y sus rutas marítimas se hacen practicables. Poner de acuerdo estos intereses contrapuestos usando la política es ciertamente complejo.
Te voy a dar la oportunidad de que defiendas tu labor, citando una de tus frases que refleja, creo, algo que no está en la cabeza de la gente: «El estudio del cambio climático es crucial para responder a las necesidades sociales».
Una cosa que hacemos mucho los físicos es simplificar, diciendo «suponiendo que la gente se comporta de manera racional», y eso no puedes suponerlo nunca en ciencias sociales. Luchar contra el cambio climático tiene mucho que ver con mejorar nuestra sociedad, no es una manía de gente exaltada que quiere salvar a las tortugas o a los osos polares. Va en nuestro propio interés tener mejores cultivos, un agua y un aire más limpios, ¿a quién le gusta vivir en un sitio donde no haya árboles o agua, a quién le gusta bañarse en aguas llenas de algas? Hay que verlo desde el punto de vista egoísta, la humanidad necesita resolver estos problemas porque va en su propio beneficio.
Y en nuestra supervivencia, ¿no?
Sobrevivir vamos a sobrevivir, pero eso no significa que las cosas no vayan a cambiar y que lleguemos a escenarios preapocalípticos. Estamos tan acostumbrados a vivir bien que, cuando algo pequeño como un apagón ocurre, ya nos parece un desastre. No vamos a morirnos porque se vaya la luz un día, una semana o un mes, pero la vida va a ser muy desagradable.
No me digas que el apagón fue por el cambio climático.
No, pero sería posible que se produjera por eso. Las temperaturas muy altas que esperamos como consecuencia del cambio climático son un problema para las redes de transporte y para las infraestructuras energéticas en general. Hay algunos estudios para el caso de EE. UU. al respecto. Está además el problema de la mayor demanda por el consumo de aire acondicionado. En España todo esto está ya estudiado por los ingenieros a cargo de la red eléctrica, pero nadie esperaba tampoco el apagón de hace unas semanas, se decía que era imposible que sucediera, y mira.
¿Sigues participando en el programa Hombre y Biosfera de la UNESCO?
Ahí sigo, sí.
El programa dice que agricultura, ocio e industria pueden ser compatibles con el medio natural, pero a diario oímos lo contrario.
Es que es eso lo que pretende demostrar el programa de la UNESCO, y hace unas reservas donde se hace compatible el medio ambiente con el desarrollo rural a su alrededor. Porque se sabe que sin la complicidad de la gente que vive cerca de las reservas naturales, estas no funcionan. Los montes se queman porque la gente no está interesada en que estén ahí. Cuando ven el interés en que los haya, los bosques florecen y prosperan. En España hay una serie de reservas ligadas a Parques Nacionales que siguen el concepto de huevo frito: la yema es la reserva y la clara es el área donde pueden realizarse actividades, que generen riqueza, para mantener el núcleo de área natural intacto. El cual, a su vez, genera interés económico.
¿Eso es compatible también con el turismo?
Hay mecanismos a nivel global para hacerlo y conseguirlo, no lo puedes abrir masivamente, y hay algunas estrictas, como Muniellos, que solo pueden visitarse en momentos determinados, y otras más abiertas. Precisamente lo que quiere demostrar este programa es que es compatible.
Me viene a la cabeza Doñana y cómo la agricultura le está robando el agua.
Doñana es un ejemplo de presión insostenible al medio ambiente para no conseguir nada, porque la rentabilidad agrícola tiene mucho menos valor que la ecológica, considerando todos los factores a la vez. Doñana es un tesoro, y asediarlo con regadíos, un error. Se lo van a acabar cargando para nada, para mantener una actividad sin valor añadido y subvencionada. Es un problema de falta de miras que ningún gobierno ha tenido el coraje de abordar. No sabemos la joya que es Doñana, y cuando nos demos cuenta, será tarde.
Has repetido varias veces que los humanistas tienen que desarrollar las soluciones al cambio climático, y tú lo eres. ¿No te gustaría participar también en la creación de soluciones?
No me dedico realmente a esa línea, lo que diga es de alguien enterado, pero no cosas que pueda apoyar en mis libros y en mis papers. Puedo decir cosas como novelista o ensayista, pero son ámbitos muy distintos.
De hecho la abandonaste, primero te licenciaste en Filosofía y Letras y luego te doctoraste en Física Aplicada. Menudo cambio.
Bueno, yo siempre fui de ciencias y por razones familiares tuve que estudiar algo que fuera rápido y «fácil», por lo que elegí Filosofía y Letras, con especialidad en Geografía e Historia. Cuando mi padre se puso mejor hice primero de Matemáticas al mismo tiempo que quinto de Geografía, luego pedí una beca FPI para el departamento de Física, me la dieron, y luego una Ramón y Cajal también en Física, y al final gané la plaza de catedrático en Física de la Tierra por oposición. Lo que realmente fue una anomalía fue haber comenzado en Filosofía y Letras, algo que ahora valoro mucho, especialmente en cuanto a Geografía e Historia, pero fue circunstancial.
En todo caso no te limitas al campo científico, has escrito varios libros, y en uno de ellos, España, anatomía de un país extraordinario, das algunas recomendaciones para cambiar el Plan Hidrológico Nacional.
Cuando vinieron a proponerme este libro fue por otro que había publicado en inglés, sugiriéndome que hiciéramos uno sobre lo bonita e interesante que es España. Es una especie de guía de apreciación del paisaje, viendo las partes en que se divide la geografía, hidrosfera, biosfera, bosques, etc., y de la parte humana, política, infraestructuras, industria. Lo que intenté fue dar una visión integrada del país, somos más grandes de lo que parece, a escala europea, y con gente muy bien formada. Se habla mucho de los ingenieros alemanes, pero los españoles son buenísimos, y fuera se los rifan. Y nuestro medio natural también es magnífico, la mayor riqueza florística de Europa.
Creo que eres optimista ante el futuro, te cito otro libro tuyo, El clima de tus hijos, cómo prepararte para la emergencia climática.
Acabamos de hacer una reedición con Renacimiento, y lo hemos titulado El clima de la Tierra para escépticos y gente inteligente. El marketing no funcionó muy bien con Next Door, la editorial que lo publicó al principio. Lo pusieron en la sección de mamás y papás, y es un libro básicamente para adultos escépticos, para que comprendan que el cambio climático es una realidad muy seria y no algo de una panda de rojos exaltados. Es ideal para regalar a cuñados, también.
España vertebrada, otro de tus libros. ¿Te atreves a enmendarle la plana a Ortega y Gasset?
Sí, me atrevo (ríe), creo que ya hacía falta. Ortega tenía esa visión aristocrática, tan de La rebelión de las masas, eso de que le molestaba ir a un restaurante y que hubiera obreros. No siguiendo su línea directamente, sino aprovechándola para traer su línea de pensamiento al siglo XXI con un conocimiento geográfico mayor del que él tenía.
Yo creo que nuestra sociedad está más polarizada y dividida, más invertebrada, como decía Ortega. ¿Tú defiendes lo contrario?
Yo creo que nos iría mejor a todos trabajando por lo que nos une que por lo que nos separa como país. De eso se tienen que dar cuenta también los periféricos, que va en su propio interés que funcionemos como conjunto, aunque a veces hayan sacado muchísimo por las circunstancias. España funcionando junta tiene un potencial inmenso, más que Francia y más que Alemania, porque es un país muy creativo, con un clima estupendo, un medio ambiente maravilloso. Bueno, y un capitalismo de amiguetes que podría mejorarse muchísimo, nos podría ir mucho mejor sin esas disfunciones terribles, y se podría vertebrar mejor el territorio limando las asperezas de los extremos, no solo los políticos de izquierda y derecha sino también los periféricos. Intento buscar los puntos comunes que pueden hacer que España vaya mejor, aunque a día de hoy no soy nada optimista, pero el potencial está ahí.
Si tuvieras que recomendar una película y un libro sobre cambio climático a los lectores de Jot Down, ¿cuáles elegirías?
Te recomendaría la película No mires arriba (Don’t Look Up), que habla de una amenaza inminente, aunque con un tono metafórico sobre el cambio climático. Me siento muy identificado con la película, porque refleja cómo los expertos advierten sobre el peligro, pero la sociedad no reacciona hasta que es demasiado tarde. En cuanto a libros, Solar, de Ian McEwan, por la calidad literaria del texto.











La afirmación del titular es completamente falsa.
No solo no «todos» los científicos concuerdan en un cambio climático antropológico, muchos, y muy importantes, están totalmente en contra.
Es «antropogénico», no «antropológico».
Muy de acuerdo… con el comentario. Le aconsejo a este señor abrir la mente y no dejarse llevar por las corrientes oficiales y los dogmas. Y que revise dónde están situadas las estaciones oficiales que miden este calentamiento. Y en qué estado están. Es lamentable el mantenimiento que los organismos oficiales realizan. Y de ahí se sacan los datos, muy convenientes para meternos miedo y mantenernos controlados.
Que gran entrevista y entrevistado. Lástima que las hordas de magufos acaben aterrizando en ella atraídos por su conspiparanoicismo.
Soy economista y me resulta curioso que las grandes economías emergentes que nos están adelantando (me refiero a occidente en general) tienen muy poca política ecológica y eso los hace competitivamente mejores en un mercado globalizado.
Nosotros mismos preferimos comprar algo más barato y menos ecológico que normalmente traen de fuera porque nuestra normativa nos lo prohíbe.
¿Acabaremos siendo los que salvaremos el planeta o simplemente más pobres?
Esta entrevista me ha gustado mucho. Yo no sé nada de ciencias y del cambio climático, pero lo que cuenta me parece sensato. Sigo los artículos que publica el entrevistado en Jot Down y es un valor seguro, intemporal. Se le ve listo, culto y refinado, que es algo que ya no abunda. Deciros que últimamente veo a la revista muy escorada hacia lo radical y woke. Este tipo de perfiles y firmas moderadas y serenas, de señores muy leídos de toda la vida que cuentan cosas interesantes, la verdad es que hacen mucha falta para lectoras como yo.
La tierra es energía: está en constante cambio. «Cambio climático» ha sufrido desde que la tierra es tierra. Por ejemplo este año en mi ciudad Arequipa ubicada al sur del Perú, el invierno está siendo más crudo. Sin embargo nadie dice que el agua se congela en la manguera, que se congela en los charcos que quedaron en el jardín, nadie dice que siente más áspera la piel de las manos ¡extraño! cuando era niña se congelaba el agua en la manguera, en los charcos del jardín y la piel de mis manitas estaban tan ásperas, que, había que echarles crema todas las noches. En ese entonces nadie temblaba, ni temía a los cambios del clima. Años de mucha lluvia y otros de sequía: y la gente seguía su vida sin temer, ni culparse porque los humos que salían de las chimeneas de las fábricas provocaban el «terrible cambio climático» Trato de no escuchar tanta exageración. Sé que el clima cambiará, sé que la tierra cumplirá con cambiar las veces que su naturaleza lo decida; el problema está que: en este momento la estamos habitando y tenemos a un grupo de «personajes » cuyo papel, parece, el de meter miedo a sus congéneres, que hoy, casi, todo se lo creen. Al científico lo respeto como tal.
“Estoy muy de acuerdo en tomar medidas contra este fantasmagórico cambio climático, siempre y cuando no se vea perjudicada mi zona de confort, que con tanto sacrificio he logrado mediante el vapuleado consumir (a veces compulsivo, ¡qué se le va a hacer!) que a la larga, y cambiando el sentido de las palabras es simplemente ahorrar, para mañana, se sobreentiende”. Frases escuchadas que me hacen sospechar que nada bueno hay detrás de ese “mañana”. Gracias por la lectura, especialmente por la honestidad y sensatez.
Bueno, por fin un científico del clima serio que dice cosas sensatas. Ya estoy harto de cheerleaders marxistas, de los locos del decrecimiento, de ‘sientíficos físicos’ que no saben nada de geografía y de economía, y de gente que dice que la gente muere de calor por el cambio climático en vez de por no tener aire acondicionado. A ver si los del PP y los del PSOE le hace caso y se pueden llegar a algún acuerdo porque que hay un cambio climático es obvio para el que tenga ojos y el político que lo niegue es que es idiota.
Exit. Es de origen humno. Lo gracioso viene al ver las oluciones que se proponen.
Generalmente soluciones locales para un problema global. O sea, tontadas.