Música

¿Quién es Francisco Echevarría Báez y por qué me ha hackeado el cerebro?

Hubo un tiempo en que el algoritmo me respetaba. No me molestaba con basura comercial, no intentaba hacerme joven ni populista. No me proponía reguetón, ni tertulianos, ni planes de autocuidado emocional. Nos entendíamos: yo le ofrecía horas de rock progresivo con Rick Wakeman como protagonista, conciertos de Goran Bregovich por todo el mundo, duos protagonizados por Silvia Pérez Cruz tarareando a capela, y él me devolvía rarezas rusas, folk finladés y alguna canción desconocida de Antonia Font. Era un pacto silencioso entre dos entidades: una persona de gusto discutible pero cultivado y una máquina que sabía estar en su sitio. Hasta que llegó Tuquituquirb.

O, más concretamente, hasta que apareció una canción llamada «Susurremos» en el radar de novedades de Spotify. Ahí estaba: el título, entre melifluo y afectado; el grupo, con nombre de onomatopeya infantil o error tipográfico tras un ictus. Y, sin embargo, le di al play. Grave error. O, quizá, el único acierto estético de mi semana. La canción se deslizó con la facilidad de un tinto de verano de esos que te sirven en las playas de Almería con una mezcla alegre de Casera de limón y naranja en vaso alto, con hielo abundante y ese punto exacto de dulzor que reconcilia con la tarde. Ligera, chispeante, inesperadamente placentera.

Cuando quise darme cuenta, estaba tarareando el estribillo. No por belleza, ni por emoción, ni por afinidad lírica. Por pura repetición. Por resignación estética. Así que hice lo que cualquier persona racional no debería hacer jamás: buscar más. El agujero negro que se abrió ante mí fue sorprendente. Tuquituquirb tiene ya cerca de cuarenta canciones. Todas publicadas en apenas unas semanas. Todas como singles. Todas con portadas que parecen diseñadas por un becario de Canva en su primer día: fondos de archivo —nubes, océanos, dunas, ramas— con una palabra al azar plantada en el centro. “Comportarnos”. “Bestias”. “Alejarse”. “Despertar”. “Terrones”. (Sí, también podría ser el catálogo de una campaña de crema hidratante bio).

Lo fascinante no es la estética, sino la absoluta indiferencia ante la coherencia. Las letras no cuentan historias, ni expresan sentimientos reconocibles, ni siquiera deliran con lógica. Son una ristra de frases desconectadas, una sopa de tópicos visuales lanzados sin filtro sobre una base electrónica suave. Cosas como: “Vamos a perseguir las nubes y atrapar su brillo”. “Un mundo de maravillas bajo los árboles”. “Saltamos sobre espejos rotos buscando luz”. “La lluvia tiene nombres que olvidamos en silencio”. Frases que podrían haber salido de un generador automático de poesía para adolescentes con déficit de atención. Aquí no hay romanticismo. No hay ruptura ni anhelo. Hay una imitación de lo poético, sin compromiso ni consecuencia. Como si una inteligencia artificial hubiera absorbido 5000 publicaciones de Instagram con hashtags tipo #vibraalto, #cosmos, #resiliencia y luego hubiera vomitado canciones.

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4 comentarios

  1. No entiendo este artículo. He buscado en Youtube y escuchado las canciones de
    Tuquituquirb que se citan en él: «música» trivial, anodina, industrial, como hay toneladas desde hace décadas por todas partes. Y con letras pretenciosas y absurdas que canta una voz ridícula.

    Inexplicable.

    Aconsejo al autor del texto que escuche verdaderas canciones, como ésta de la cantante francesa Pomme:

    «La lumière»
    https://www.youtube.com/watch?v=b_E0pqf_Ht0

  2. teniendo en cuenta que a usted le gusta Rick Wakeman, todo lo que viene detrás es puritita coherencia

  3. ¿Rick Wakeman? Por favor… Jot Down antes molaba.

  4. borráosyadespotify

    ¿Quien no tiene «placeres culpables» en música? Nada sorprendente, nada relevante. Que te guste cualquier música de Rick Wakeman puede ser considerado por algun@s como otro placer culpable… (no hay más que leer los comentarios de más arriba). Si te documentas un poco con el libro de Liz Pelly tal vez puedas generar pensamientos un poco más críticos al respecto de aceptar todo lo que parece que, por simple comodidad, estás aceptando como «bueno», y elaborar un escrito de mayor enjundia. https://www.simonandschuster.com/books/Mood-Machine/Liz-Pelly/9781668083505

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