Cine y TV

Trilogía ‘Matrix’: la buena, la fea y la mala

Matrix. Imagen Warner Bros.
Matrix. Imagen: Warner Bros.

«Esta es tu última oportunidad, después ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja te quedarás en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos». (Morfeo en Matrix

Vacilas un instante ante la elección que Morfeo te planta frente a los morros. Elegir entre Matrix o el mundo real. 

Tu duda es comprensible. Matrix es la referencialidad absoluta, el todo contenido en una película de ciencia ficción, la complejidad del mundo encapsulada en una historia llevada a cabo de forma impecable. No importa cuántas veces la veas, Matrix siempre logra atraparte para que no quieras salir de sus redes. En Matrix no hay fallos. Su deslumbrante estética bebe de un ciberpunk gestado por William Gibson con Neuromante y convertido en anime por Mamoru Oshii en Ghost in the Shell. Su storyboard es más propio de un manga que de cualquier película del género hasta la fecha. Y las peleas. Qué decir de esas coreografías de artes marciales de la escuela de Hong Kong acompañadas de un deslumbrante despliegue visual y técnico que han creado un estilo propio. Saboréala como un jugoso trozo de carne, sí, porque a cada mordisco que le das surgen nuevos matices que antes no habías sido capaz de precisar. Ahí está Orwell y la omnipresente vigilancia del Gran Hermano de 1984 o la aparición del conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas al que Neo tiene que perseguir. Sí, hay literatura igual que hay grandes dosis de filosofía. Matrix te enseña a pensar sobre el mito de la caverna de Platón y sobre la hiperrealidad de Baudrillard y sobre los límites del conocimiento de Kant y sobre la teoría del superhombre de Nietzsche. Hay una evidente metáfora trans e incluso hay cabida para reflexionar sobre el papel de religiones como el cristianismo y el budismo. Matrix nos presenta un mundo en el que querríamos vivir incluso subyugados por las máquinas, porque cada uno de sus fotogramas es de una belleza abrumadora. Haz la prueba. Intenta pensar en solo una escena de Matrix. Imposible escoger, ¿verdad? Te gustó la escena con la que empieza este artículo y donde Morfeo da a elegir a Neo entre seguir en Matrix o conocer el mundo real. Te gustó la escena en que Neo y el agente Smith pelean por primera vez. Te gustó la escena del entrenamiento de Neo en el dojo virtual. Te gustó la escena donde Neo se retuerce para esquivar las balas. No puedes elegir solo una de la misma forma que no puedes pensar en una Matrix plana. Matrix contiene todo un mundo. Matrix es tu mundo. La decisión correcta es la pastilla azul. 

Pero tú vas y eliges la pastilla roja. La felicidad se basa en ignorar la verdad, pero los humanos os empeñáis en ser desdichados. Está bien, ¿querías conocer la cruda realidad? Pues prepárate. 

Prepárate porque las hermanas Wachowski decidieron que con Matrix Reloaded y Matrix Revolutions tocaba hacer lo que nunca se debe hacer en una película e intentaron explicar de qué va todo. Todo. Así de sencillo. Mediante escenas como la del Arquitecto y con un lenguaje que te obligará a coger el mando a distancia con la tecla de rebobinar preparada en una mano y la dupla Diccionario de la RAE + Diccionario de filosofía Ferrater Mora en la otra, las hermanas directoras consideraron que los espacios de indeterminación que dan vida a cualquier obra de ficción —lo que no se cuenta en una película y que el espectador aporta de su propia cosecha— eran cosa del pasado y que había que explicarte con precisión de neurocirujano el motivo de la película y su resolución. Como si mamá y papá no solo te contaran quiénes son los Reyes Magos, sino que lo harán mientras tu alma cándida necesita alimentarse de esa fantasía y te abochornarán explicándote cómo se emborracharon y te concibieron en el callejón trasero del restaurante al que solían ir a cenar cada viernes. Eso es Matrix, o al menos la película de la trilogía de Matrix: una primera etapa llena de magia que te hará enamorarte y conciliarte con los ámbitos de la filosofía, la cibernética, la robótica o la neurociencia envueltos en una estética inigualble (aunque inspirada en otras, no nos engañemos), y un descenso en tobogán a los infiernos en el que comprenderás que cualquier tiempo pasado fue mejor y que ya es tarde para borrar de tu mente la imagen del frío mundo al que has sido eyaculado. Que mamá Oráculo te gustaba más cuando se dedicaba a cocinar galletitas que cuando se fue al parque a juguetear con papá Arquitecto es tan obvio como que Neo te empezó a caer mal cuando dejó de ser ese simpático ingenuo y comprendió la naturaleza de todo, todo y todo. Ese fue su pecado —dichosa pastillita— y sin saberlo las hermanas Wachowski construyeron a través de él la gran alegoría de sus seguidores: nosotros también necesitábamos seguir inmersos en la fantasía de su primera película y no ser escupidos a ese mundo imperfecto que son las otras dos. Eso quisiera ser yo ahora, un feliz ignorante que solo conociera esa obra maestra de la ciencia ficción que es Matrix —la primera, solo la primera película— y dedicara su tiempo a elucubrar teorías y pajas mentales sobre las múltiples interpretaciones que ofrece. Pero aquí estoy.

Oh, ¿por qué tomé la maldita pastilla roja?

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5 Comentarios

  1. Pingback: Análisis de la trilogía ‘Matrix’: de la perfección a la decepción - Hemeroteca KillBait

  2. E.Roberto

    Muy de acuerdo, estimado. La primera fue como esas enfermedades o procesos clínicos inevitables que te llevan al crecimiento y que sirven para activar defensas naturales. Los dientes de leche serían un ejemplo extremo, tan cándidos, ingenuos y sobre todo risueños si los comparas con los que vienen después de la pérdida. Muchas gracias.

  3. Faltaba lo peor: ‘The Matrix Resurrections’. O el autosabotaje de una carrera cinematográfica más salvaje y carente de sentido que he visto desde que Shyamalan rodó ‘Señales’.

    • Señales aún tiene encanto dentro de su eterno discurso sobre la fe. La que hundió a Shyamalan del todo tras una egocéntrica «Joven del Agua» fue «El Incidente», un nombre más que acertado para una película que hace que «The Matrix: Resurrections» parezca hasta decente 😅

  4. Miguel Burdisso

    La primera fue pasable para mi gusto y la he vuelto a ver alguna vez. Tenía un «no sé qué» al magistral relato De Borges «Las ruinas circulares» que me enganchó.
    Las otras dos fueron a parar al tacho de basura.

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