Entrevistas

Íñigo Coppel: «Algunos presentan a Otegi como un hombre de paz. Pero yo lo recuerdo brindando con champán cuando alguien era asesinado. Esa es la realidad que viví, y eso es lo que quería dejar claro en el libro»

Íñigo Coppel (Bilbao, 1977) lleva más de media vida afinando canciones como si fueran relatos y relatos como si fueran canciones. Desde adolescente quiso ser juglar moderno y, tras mudarse a Madrid, encontró en la canción narrativa un territorio propio, alimentado por Dylan, el tango y la chanson. Ha publicado cuatro discos —En el Olympia (2014), Los nobles salvajes (2016), En el Cocodrilo (2018) y El pueblo contra Íñigo Coppel (2023)— todos producidos por Jose Nortes, y conduce el programa radiofónico De puro guapo, donde ejercita su oficio de cronista musical con el mismo humor ácido y ternura áspera que impregnan sus letras.

Con A mayor gloria de nadie, su primera novela, Coppel se sumerge en el Bilbao de los noventa para narrar un tiempo de plomo, curas que justificaban la violencia y jóvenes que solo podían elegir entre huir o resistir. La entrevista que sigue es un viaje por sus recuerdos, su genealogía atravesada por judíos y nazis, su mirada sobre la música y la literatura, y, sobre todo, por su empeño en recordar lo que muchos prefieren olvidar: que ETA no fue épica ni romántica, sino terror y miseria, y que la única salida posible para un huérfano como Alan Sauvage —su protagonista— era cantar desde la herida.

Íñigo, muchos de nosotros lo conocemos como músico, pero me gustaría que empezaras presentándote a ti mismo. ¿Quién es Íñigo Coppel?

Pues yo decía en una canción que era un aprendiz de juglar. Lo sigo siendo. También he escrito una novela y ahora la gente me dice: “¿Eres escritor?”. No lo soy; he escrito una novela porque creo que tenía una historia que contar. De momento, me considero un escritor de canciones que ha escrito una novela.

Tu apellido sugiere posible origen judío. ¿Lo sabes, lo sospechas, o has decidido no investigar?

Judío y alemán. Mi segundo apellido es Coppel; el primero es Martín, pero como Coppel sonaba raro y llamaba la atención, desde siempre me han conocido así. Incluso en el colegio los curas me llamaban Coppel. Lo curioso es que no tengo demasiada información sobre esa parte de la familia, aunque sí llegué a conocer a mis dos bisabuelas. La alemana, por ejemplo, aseguraba que descendíamos de Goethe. En casa solían decir: “bah, lo dice porque está mayor”, pero a mí me hacía mucha gracia, porque ella lo repetía convencida con 98 años, y murió con 99. Esa historia se me quedó siempre rondando.

La primera vez que me entrevistaron, allá por los 90, cuando saqué mi primera maqueta, me preguntaron si Coppel era un apellido alemán. Y en vez de contestar simplemente que sí, me dio por darle un poco de color y conté lo de mi bisabuela, que insistía en que éramos descendientes de Goethe.

¿Cuántas generaciones te separaban de Goethe?

Pues no son tantas. Piensa que hablamos de 1800 y pico… Yo llegué a conocer a mi bisabuela, así que calcula tres o cuatro generaciones más allá. En mi familia siempre decían que mi bisabuela estaba un poco loca, y yo lo repetía en ese tono, para quitarle hierro. Total, que al poco me llega un email de un tal Coppel, de otra rama de la familia. Me escribe: “Sí, sí, ya sé quién eres, eres nieto de Alfonso, y lo de Goethe es verdad. Yo también lo tengo en mi familia”. Y añade: “También es cierto lo de la locura de tu bisabuela, porque en realidad se trata de una enfermedad degenerativa que han sufrido varias mujeres de la familia”.

Me quedé de piedra. Me agobié pensando que podía haber sonado frívolo, como si me estuviera riendo. Así que le respondí, en aquellos correos que luego se perdían: “Encantado de conocerte, discúlpame, yo no sabía nada de esta enfermedad. Simplemente conté lo de Goethe como una anécdota familiar, porque mi bisabuela, con 98 años, lo repetía siempre. No pretendía ir de nada, solo darle un poco de gracia a la respuesta”. Y ahí quedó la historia.

¿Esto en qué año fue?

A finales de los 90, puede que en el año 2000.  Al final, él me dijo: “yo tengo el árbol genealógico y te puedo asegurar que sí”. Después, ya con Internet, me puse a investigar con mi madre y llegamos justo hasta la generación anterior: una mujer que se llamaba Carlota Gerlach Goethe. Gerlach es apellido de mi familia alemana, así que parecía encajar. Goethe debía de estar justo un paso más allá.

Nos quedamos ahí, sin poder comprobarlo del todo, pero con la sospecha de que quizá era cierto. Y bueno, lo único que tengo seguro es lo que me aseguró aquel hombre, que se apellidaba como yo y decía tener el árbol genealógico completo. A mí siempre me ha hecho gracia contarlo, aunque tampoco lo sé a ciencia cierta.

Pues sí, interesante. ¿Recuerdas el primer momento en que decidiste escribir un libro? ¿O fue un proceso guiado por impulsos?

Siempre he escrito canciones. Desde los diez años descubrí esa vocación y supe que algún día escribiría también una novela o algo de narrativa. Pero me obsesioné tanto con las canciones que cada vez que lo intentaba de joven pensaba: “no es el momento todavía”.

En 2019, 2020, sentí que ese momento había llegado. Yo fui muy precoz en cuanto a vocación: con diez años ya quería imitar a Bob Dylan y soñaba con hacer canciones. Lo que pasa es que me costó mucho encontrar mi estilo. Toqué con muchas bandas, probé géneros, y hasta pasados los treinta y tantos no empecé a hacer las canciones que realmente quería.

La música que me gusta —el tango, la canción francesa, cierto tipo de rock más adulto— no es muy adolescente, es más madura. Por eso siempre pensé que haría mis mejores canciones a partir de cierta edad. Y tuve, efectivamente, ese momento a los treinta y tantos en el que pude empezar a dar forma a todas las ideas que había ido acumulando. Hice tres, cuatro discos en los que creo que logré las canciones que quería.

Después llegó un punto en que pensé: “bueno, volveré a esto más adelante; ahora quiero contar las cosas de otra manera”. Y así, en 2020, me puse en serio con la narrativa. Siempre con mucho respeto por la profesión: no quería ser ese músico que de repente decide escribir un libro porque sí. Mi primera idea fue empezar por los cuentos, por entrenar desde abajo, como quien empieza de cero en otro oficio.

¿Habías escrito relatos antes?

Alguno, pero pocos. Me parecía el primer paso: empezar humildemente con pequeños textos antes de atreverme con una novela, que me imponía mucho respeto.

En 2020 me pregunté quién estaba escribiendo cuentos en España. Había leído mucho a Borges y Cortázar, seguía a los argentinos, pero no tenía claro qué se hacía aquí. Investigando encontré La isla de los conejos de Elvira Navarro, lo compré, lo leí y pensé que ese era el camino que quería seguir.

Busqué su correo, le escribí y le conté que llevaba años escribiendo canciones, que me apetecía empezar poco a poco con la narrativa y que me había gustado mucho su libro. Me respondió con un mensaje larguísimo y generoso, lleno de sugerencias: escuelas, talleres, contactos. Y al final añadía que ella misma estaba en la Escuela de Escritores, que además me pillaba a dos calles de mi casa.

Me sorprendió mucho esa respuesta tan cercana. Venía del mundo de la música, donde lo normal era mandar maquetas en casete y que ni siquiera las escucharan. Aquí, en cambio, alguien te contestaba de inmediato y te abría puertas. Era enero y me propuso incorporarme directamente al segundo trimestre del curso de escritura creativa. Me pareció perfecto y me apunté.

Desde el principio hubo conexión. Llevaba mis primeros textos y a ella le gustaban, aunque también me exigía mucho. Creo que se notaba que iba con ganas, con prisa por aprender, y me ponía freno: me recordaba que escribir narrativa no era lo mismo que escribir canciones. Esa mezcla de entusiasmo y de disciplina fue lo que me enganchó.

Y llegó la pandemia y el confinamiento.

Me tocó vivir el confinamiento solo, y de repente pensé: “necesito meterle horas a esto”. Así que empecé a escribir sin parar, diez o doce horas al día. En ese sentido, el libro es literalmente hijo de la pandemia. Lo curioso es que, al cambiar de trimestre en pleno confinamiento, casi todo el mundo se dio de baja: de quince que éramos nos quedamos cuatro. Elvira nos dijo: si queréis seguimos, lo hacemos en streaming. Y para mí fue fundamental. Ya estaba escribiendo todo el día, y de pronto aquello se convirtió en una especie de tutoría intensiva. Pasamos de entregar textos muy cortos, de cien palabras, a llevar mil o más, y ella los leía, los analizaba y señalaba qué funcionaba y qué no. Para mí fue como hacer un máster.

Y entregaste un manuscrito muy pulido a la editorial.

En abril de 2020 llevé un texto sobre Bilbao en los noventa y Elvira me animó a seguir por ahí; dijo que había un personaje y una historia con fuerza. Poco a poco ese hilo se convirtió en una novela. Al principio me parecía imposible, pero con el tiempo fui dándole forma en sus cursos.

El manuscrito llegó a tener quinientas páginas y un montón de subtramas, pero ella me ayudó a centrarme en lo importante. Fue un proceso de aprendizaje enorme: escribir canciones y escribir narrativa no tienen nada que ver. Aprendí que toda novela pasa por eso, escribir mucho y luego recortar hasta que queda la historia esencial.

¿Y ya ha visto el libro o no lo tiene?

No lo tiene, pero sí leyó la última versión.

Creo que estudiaste Filología Inglesa.

Sí, pero sin demasiado entusiasmo. En realidad lo hice porque mi padre insistió: o estudiaba una carrera o me ponía a trabajar. Tenía mi banda de rock y lo único que quería era tocar. Al final pensé que Filología Inglesa era mejor que otras opciones, y de algo me sirvió, porque he vivido muchos años dando clases de inglés. Pero en la universidad casi no iba a clase; me pasaba más tiempo en el cine que en las aulas..

La asistencia no era tan obligatoria como ahora.

No, yo ensayaba con mi banda y la carrera era más una manera de tener a mi padre tranquilo. Aprendí inglés, leí bastante literatura, pero el problema de la filología es que te obligaban a leer una lista de libros que a veces no te interesaban nada.

¿No?

Claro. Si eres lector y te obligan a dedicar todo tu tiempo a una lista de libros que no te apetecen, te quitan las ganas. En la universidad solo estudiaba lo imprescindible para aprobar, aunque con el tiempo reconozco que descubrí cosas que luego he releído con gusto.

La carrera, en realidad, fue una excusa para tener tiempo libre y hacer lo que quería. Me acuerdo, por ejemplo, de que repetí la asignatura de Shakespeare solo porque cambiaba la obra: primero Hamlet, luego otra. La profesora alucinaba porque no me servía para nada, pero prefería eso a cursar otra cosa.

Tardé años en acabar Filología. En medio me fui a Estados Unidos, harto del ambiente político y de la violencia de ETA en Bilbao. Era el año 2000: llegué a Nueva York sin saber a qué estado me mandarían a trabajar. Estuve dos días en la ciudad, vi un concierto de Springsteen en el Madison Square Garden y luego me asignaron un puesto en una gasolinera de Virginia. Fue toda una experiencia.

¿Querías ser profesor?

Lo de Filología fue más un paripé para tener a mi padre tranquilo mientras yo me buscaba la vida con las canciones. La docencia no me interesaba.

Lo que sí marcó aquella etapa fue mi estancia en Estados Unidos. Estuve allí en el año 2000, justo un año antes del 11-S. Recuerdo subir a las Torres Gemelas en las fiestas que organizaban los jueves: había música, bebida gratis y unas vistas impresionantes de Nueva York. Cuando luego vi el atentado desde Bilbao, todavía me impresionó más haber estado allí poco antes.

Entonces vale si te interesaba más la música que la filología. Pero ahora lo has juntado todo.

Mi novela está llena de canciones. Siempre he escuchado de todo, sin prejuicios: Elvis, Violeta Parra, Antonio Machín… Algunos lectores me dicen que si no conoces a ciertos músicos te pierdes algo, pero pienso en Rayuela, que dedica páginas enteras al jazz, y aun así te atrapa aunque no reconozcas todos los nombres.

Además, cuando trabajaba en la FNAC de Callao me tocó llevar la sección de jazz sin tener ni idea. Yo venía del rock, pero acepté el reto y aprendí muchísimo. Esa mezcla de músicas y descubrimientos también acabó entrando en la novela.

¿Cómo acabas leyendo a Cortázar? Te pedían leer Shakespeare.

Exacto. Recuerdo a un amigo en Bilbao, también de Filología, que siempre decía: “mi interés por la literatura lo mató la universidad”. A mí me pasó algo parecido. En la adolescencia leía con entusiasmo, pero cuando te obligan a lecturas que no te interesan, pierdes esa pasión.

Te las seleccionan, no es tanto una imposición.

A mí me imponían.

También te seleccionan las materias que necesitas estudiar en Matemáticas. Tienen que seleccionar.

Sí, sí. Me parece igual de mal.

¿Cómo ves el panorama narrativo actual? ¿Qué hay que se pueda añadir?

Siempre va a interesar contar las historias que vivimos. En mi caso, escribí sobre el Bilbao del 94: la ETA, las bandas punk de la margen izquierda, el ambiente social de entonces. Mucha gente no lo vivió y siente curiosidad. Del mismo modo, quien escriba sobre 2025 también tendrá mucho que contar.

¿Qué es lo que se está contando?

Leo poco de lo que se publica ahora; algunas cosas sí, pero no sigo la escena con atención. Aun así creo que hay muchísimas historias por contar: cada época tiene su material propio.

¿Qué te interesa ahora, entonces?

Me llama mucho lo que está pasando con la inteligencia artificial. Ya casi no se puede distinguir lo real de lo generado: deepfakes, voces, hologramas… Eso va a abrir un montón de material narrativo.

Me intriga especialmente si la IA llegará a crear música realmente conmovedora. Hoy por hoy lo humano sigue ganando: una canción hecha por IA suena a intento, no emociona de verdad. Pero si en unos años hay una sinfonía generada por IA que me haga llorar, entonces tendremos que replantearlo todo. Ahora mismo, la IA está todavía en pañales, pero va a ser una locura en breve, y ahí hay mucho que describir y explorar.

Me intriga, sobre todo, si la IA llegará a crear música que conmueva de verdad. Hoy suena a intento: pides “haz una canción como los Beatles” y lo que obtienes es una versión mediocre, un pastiche de técnica sin alma. Si en unos años aparece una sinfonía generada por IA que me haga llorar, entonces habrá que replantearlo todo. Por ahora, la genialidad humana sigue ganando.

Depende de quién maneje la IA.

Exacto. Hoy por hoy la IA mezcla códigos: puede generar algo que parezca un cuadro de Velázquez o una canción de los Beatles, pero la genialidad humana no la alcanza. Quizá dentro de unos años nos sorprenda, pero de momento no lo veo.

¿Tú la usas para escribir o para la música?

No, apenas. Solo probé una vez a buscar mi nombre y salió lo típico de Google. Esa ha sido mi única experiencia. Está todo muy verde; en diez o veinte años quizá sea otra cosa.

En cualquier caso, temas no faltan para contar historias. Y tu novela habla de los noventa en Bilbao, con un colegio de jesuitas, los años de plomo, un padre asesinado por ETAUna historia íntima, pero también política. ¿Qué parte de ti hay en esa elección de escenario y época?

Mucho. No porque mataran a alguien cercano, pero sí viví de cerca aquella atmósfera. Conocí a gente que perdió familiares. Aunque yo no estaba metido en nada, era el contexto en el que crecí.

Recuerdo especialmente al juez Lidón. Su hijo mayor estaba en mi clase y el pequeño en la de mi hermano; pasábamos mucho tiempo en su casa. Era un hombre cercano, incluso nos llevaba al cine. Y lo mataron simplemente por dar unas charlas en las que explicaba cuestiones legales sobre la independencia. Como no llevaba escolta y había que atentar contra alguien, le dispararon a él delante de su hijo.

Lo más terrible es que después llamaban a su viuda para atormentarla: cogía el teléfono y escuchaba frases como “tu marido está bien muerto, que se joda”. Ese era el horror que se vivía entonces.

La sociedad quedó paralizada del susto, ¿no crees?

Sí, se miraba para otro lado. Nadie se plantaba. Quien lo hacía, lo mataban. Yo lo comparo a veces con la Alemania nazi: todos pensamos que habríamos estado en la resistencia, pero la verdad es que la mayoría habríamos sido cobardes. Quizá no colaboracionistas directos, pero tampoco héroes. Y yo me incluyo en eso.

Es que mi familia alemana es muy rara. Hay judíos, hay nazis, es un poco extraño, sí. Lo que contaba antes de Goethe es solo un ejemplo: hay muchas historias raras. Mis abuelos, mis bisabuelos… Por parte alemana hay de todo, desde judíos hasta nazis. Y además mi bisabuelo tenía una relojería bastante conocida allí.

¿Muy conocida?

Sí. De hecho, en películas como Atraco a las tres se pueden ver relojes Coppel en los escaparates. Mi abuelo me señalaba alguno cuando yo era niño. Pero luego supimos que esa relojería era también una tapadera: estaban metidos en temas de espionaje alemán. Así que imagínate, mucho secretismo y muchas sombras.

¿Espías alemanes de qué lado?

De eso no sé gran cosa, y tampoco quiero saberlo demasiado. Lo poco que sé ya es una locura. Para colmo, el apellido es judío. Así que en la misma familia había judíos, nazis… Es un pasado muy contradictorio.

A mayor de nadie viene de la consigna jesuita Ad maiorem Dei gloriam, a mayor gloria de Dios”. ¿Qué tiene de ironía, de ruptura, ese título?

Me gustaba cómo sonaba la frase y quería reflejar algo que, para mí, define a nuestra generación: es la primera en la que no todo el mundo cree en Dios ni acepta que “todo vale porque Dios está ahí”. No es un título ateo ni militante, pero sí una forma de jugar con la expresión. En la novela aparece varias veces.

También hay una crítica a la Iglesia y a la educación jesuita. El protagonista está muy resentido con la religión. Y en parte lo entiendo: crecimos en la “vieja escuela”, cuando los curas todavía pegaban en clase. Yo mismo lo viví. Mi hermano, que tiene tres años menos y estudió en el mismo colegio, ya no pasó por eso: un padre denunció a los curas después de que pegaran a su hijo, y ahí se acabó esa época.

¿Y la relación entre el terrorismo y la Iglesia? ¿En la novela está como velada?

No sé si tan velada. La primera página ya recoge la frase de un cura que me dijo que Jesucristo estaría a favor de ETA. Eso es muy contundente. Luego aparecen otras referencias: conversaciones en las que se dice que la Iglesia siempre ha estado cerca de las dictaduras, por ejemplo. Me pareció que con esas pinceladas era suficiente; explayarse más habría sido redundante.

Queda claro también que no todos los curas eran iguales, había algunos maravillosos. Pero yo lo viví en primera persona: en la Universidad de Deusto, un cura en su despacho me explicó que Jesús, en Getsemaní, dijo que quien no tuviera espada debía vender su manto y comprar una. Y lo interpretaba como una llamada a la lucha armada. Muchos curas vascos usaban ese argumento.

En la novela aparece la idea de marcharse sin mirar atrás, casi como un viaje sin billete de vuelta. ¿Qué hay de personal en ese gesto? ¿Se puede leer también como un alegato tuyo?

Sí. Para mí es un gesto de ruptura, de irse sabiendo que no se vuelve, dejando atrás un desastre del que no se quiere formar parte. El personaje no tiene familia, no tiene nada que lo ate, y tampoco cree en la patria como concepto. Por eso la salida es radical: irse y no mirar atrás.

¿Crees que estamos viviendo un tiempo en el que cada vez más gente crece desarraigada, sin un lugar claro en el que pertenecer?

No lo sé, porque la novela habla de otro mundo. Han pasado treinta años y todo ha cambiado muchísimo. Lo que quería reflejar era un tiempo, los noventa, en el que la idea de patria y de banderas llevaba directamente a la violencia. A mí me interesaba mostrar la necesidad de no ser gregario, de no pertenecer a ninguna tribu.

El protagonista observa el mundo con dolor, huye… ¿Hoy se tolera este tipo de masculinidad?

Lo que retrato es un mundo salvaje. Ser adolescente en aquel contexto era recibir golpes por todas partes: de los curas, en la calle, en casa. Tenías que espabilar a base de palos. Quizá también éramos sensibles.

¿Qué lugar queda para un escritor en un país donde tanta gente con visibilidad mediática presume de no leer o desconfía de la cultura?

Prácticamente ninguno. Una de las cosas que quería mostrar en la novela es lo importante que eran para nosotros la música y las canciones, cómo marcaban nuestra vida. Eso se perdió con el cambio de siglo.

¿En los noventa todavía se mantenía?

Sí. Hasta entonces el sistema aún buscaba talento, artistas con algo que decir. A partir de los 2000 eso dejó de importar: lo que interesaba era vender, aunque los chavales no tuvieran nada que contar. Y eso lo dice cualquiera que haya estudiado la canción popular. Si alguien analiza la música del siglo XXI, verá que apenas tiene interés en comparación con lo que se hizo en los sesenta, setenta u ochenta.

¿Te gusta más Dylan que Leonard Cohen?

Casi igual. Cohen me parece único porque abarcó poesía, novela y canciones. Sus novelas me encantan, su poesía también, pero donde es realmente gigante es en las canciones. No creo que sea de los grandes poetas de la historia, porque muchas veces partió de textos de otros, como Lorca, pero sí es uno de los grandes escritores de canciones. Eso no lo puede discutir nadie.

¿Cuáles son para ti sus canciones indiscutibles?

“Hallelujah”, claro, aunque sea un clásico demasiado citado. “Chelsea Hotel”, “Bird on the Wire”, “Suzanne”… En realidad tiene treinta o cuarenta que son descomunales. El primer disco entero ya es una obra maestra.

Parece que te gusta más la música que la literatura.

Mucho más. Siempre he sido un loco de las canciones. He leído muchísimo, pero he devorado canciones narrativas. Y sí, me siento más seguro hablando de música que de literatura.

¿Por qué?

Porque con la música siempre he intentado desentrañar cómo estaba hecha. Escuchaba una canción y pensaba: ¿cómo han construido esto?, ¿cómo consiguen que una frase sencilla, cantada así, se vuelva demoledora? En cambio, con la literatura o el cine he sido un lector y espectador más ingenuo: disfrutaba sin analizar demasiado los mecanismos.

Conoces personalmente a Juan Carlos León, y habrás leído su novela. ¿Qué te pareció que Juan Carlos León hiciera una canción del libro?

Me pareció un gesto muy coherente: si en la novela hablaba de esa pieza, tenía sentido que existiera también en la realidad. Al final era como completar el círculo.

¿Qué pregunta no te han hecho nunca y te gustaría que te hicieran?

¿Cómo es posible que la gente ahora tenga esta visión romántica de ETA?

¿Romántica?

Sí. Llevo 21 años en Madrid, he tocado en muchos sitios, y me ha pasado infinidad de veces: llegar a un garito, verme como cantautor vasco y dar por hecho que “soy de los suyos”. Te dicen: “A mí ETA me parece de puta madre”. Y yo me quedo helado. Entonces les cuento cuatro o cinco historias de lo que viví en los noventa, que fueron un horror. Y al final siempre acaban diciendo lo mismo: “Bueno, ETA equivocó los objetivos”. Esa frase la he escuchado mil veces.

Lo que intento explicar es que no hay nada romántico ahí. Solo horror, miseria y vidas destrozadas. Y me parecía importante contarlo.

Entonces todavía hacen falta novelas así. Porque si después de Patria aún escuchas ciertos comentarios…

A mí Patria me gusta, aunque hay gente que la critica. Yo quise darle otro enfoque: contar la historia a través de un chaval huérfano, con apellido extranjero, que se siente completamente solo frente al horror y al gregarismo de su entorno.

Porque todavía hay gente que idealiza a ETA…

Sí. Es un discurso fácil, sobre todo en algunos ambientes de izquierdas. Me ha pasado muchas veces: tocar en un bar y que me digan “eres cantautor vasco, entonces eres de los nuestros”. Pero yo no soy de nadie. Me considero libre, no compro ningún pack ideológico. Y cuando me encuentro con esos discursos, me parecen superficiales, vacíos.

¿Y cómo lo perciben los lectores jóvenes?

Una amiga me contaba que su hija, que tiene veinte años, le preguntaba: “¿Esto de ETA qué fue?”. Esa generación no lo vivió y ahora se encuentran con discursos que intentan blanquear el pasado. Algunos incluso presentan a Otegi como un hombre de paz. Pero yo lo recuerdo brindando con champán cuando alguien era asesinado. Esa es la realidad que viví, y eso es lo que quería dejar claro en el libro.

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74 Comentarios

  1. Hombre, si nos tenemos que tragar desde hace cuatro décadas que la normalidad democrática es que se repartan el cotarro entre el partido cofundado por siete ministros de Franco y los de la cal viva, con sicarios de Fuerza Nueva en el Congreso reconvertidos en constitucionalistas de toda la vida de la noche a la mañana, no me parece que la figura de Otegi chirríe especialmente. El entrevistado le puede preguntar al nada abertzale Jesús Eguiguren qué opina al respecto.

    • Clonazepando

      Claro, como hay fachas el Madiba euskaldún es muy güeno.

      • Comprensión lectora de una lubina. Salta la sorpresa en Las Gaunas.

        • Clonazepando

          Compañero, aplícate lo mismo, que hay que explicártelo todo. Tú dices con tus generalizaciones prácticamente que PP y PSOE son lo mismo, que PSOE es un partido todo él terrorista de estado, que los peperos son unos franquistas, que hay sicarios de un partido desaparecido hace décadas y blanqueas a Madiba. Yo solo he dicho que la existencia de esos fachas omnipresentes y ubicuos que tanto te preocupan no justifican al señorito de Bildu.

    • Pero si el grueso de los congresistas de VOX, o no habían nacido, o no habían llegado al instituto cuando Blas Piñar tuvo peso electoral… Y ya lo de hacer la enmienda a la totalidad del régimen, pues está muy bien, pero es que en España la Democracia es una evolución reformista de la Dictadura, no una ruptura revolucionaria. Y Otegi es básicamente un terrorista, sin paños calientes, personas como él deberían tener retirados de manera vitalicia sus derechos políticos.

      • David Vázquez Dávila

        A lo mejor lo que hay que empezar a definir es si hay unas luchas armadas mejores que otras, porque por lo visto es el argumento…

        • He leído casi todos los comentarios y he vuelto para decirte que, en mi opinión, has dado en el clavo. Te felicito.

      • Lo que a mí me chirría es que afirme: «Recuerdo a Otegui brindando con champán cuando alguien era asesinado». Vamos, como si hubiera coincidido con él en ese trance, y además más de una vez. Con ese señalamiento, que entiendo es grave, este señor, supuesto pariente de Goethe, me parece un fabulador a la búsqueda de réditos y notoriedad como novel escritor que es.

        • Totalmente de acuerdo con lo que dices, Eider. Un fabulador con demasiados lugares comunes. Poco o nada interesante lo que dice.

    • Te lo tragas porque te la da gana, igual que yo no me trago eso que dices de que Otegui no chirrie debido a que es un asesino, un psicopata siempre debe de chirriar en la sociedad.

    • Te lo tragas porque te la da gana igual que yo no me trago eso que dices de que Otegui no chirrie debido a que es un asesino un psicópata siempre debe de chirriar en la sociedad

  2. Dónde lo vio brindar? Lo recuerda brindando dónde?

    • Seguro que en alguna herriko taberna de esas donde se juntan todos los perroflautas separatistas.

  3. Umm, no cuela. Un diletante pijo que se aburre, va tocando palos y salpimenta su biografía con clichés para fascinación de incaut@s: que si el origen en Goethe, apellido exótico, historias de judíos, nazis, espías, citar unos cuantos autores y referencias culturales para epatar, que si «mi banda», ETA (que no la padeció ni de lejos), una frase provocadora sobre un supuesto brindis, New York, las torres gemelas, el 11-S etc…
    No cuela. Ese perfil de intelectualoide buscavidas «con actitud» ya está más que visto

    • A saber cuantos intelectuales mugrosos te la estan colando doblada con cliches de la epoca republicana

    • The boss is the best

      je, je, he visto algo del tal Copel por YouTube y me recuerda al bardo de la aldea de Asterix. :-D

  4. Aquí el embudo con la boca grande a la derecha y la boca pequeña al resto.
    El grueso de los congresista de Vox son, en buena medida, hijos y nietos de dirigentes franquistas, y antes de Vox estaban en el PP. Fraga, el fundador de AP, se sentaba en los Gobiernos que firmaban sentencias de muerte. Éso también es así.

  5. Interesante entrevista,me hubiese gustado que se hablase un poco mas de la vertiente musical,de como ve la escena actual,de grupos nuevos que le gusten,de los festivales,etc,esperemos que haya una proxima en Jot Down o en otro medio.
    En lo politico que ha suscitado un pequeño debate pues discrepo en alguna cosa,lo de Otegi y el champan no recuerdo,lo que si sabemos todos es su apuesta por la paz desde los años del Pacto de Estella ,y de eso han pasado mas de 30 años.En ciertos entornos la apuesta por las armas cambió con la aparición del Movimiento Zapatista,y eso fue en el 94 creo.
    Coppel vivió esos noventa donde sucedieron esas barbaridades que señala,lo que pasa es que tambien sucedieron otras de las cuales no habla y que pueden dar una visión del problema politico vasco y el conflicto armado.
    Por parte del Estado hubo muertes en comisarias,las salvajadas que podemos imaginar y sabemos que ocurrieron en ciertos lugares como Intxaurrondo y La Salve,dos años mas tarde del asesinato de Lidón sucedió el cierre de un periodico y las denuncias de torturas por su director y gente representativa de la cultura vasca,Coppel se queda en la verdad oficial,me parece perfecto pero no lo comparto.

    • Poco apuesta por la paz el que jamás condena TODA la violencia y TODOS los asesinatos.
      No vale lo de justificar asesinatos de inocentes por los que cometían policías.

  6. No creo que una mayoría de españoles presenten a Otegui como hombre de paz más allá de los movimientos de ultraizquierda que suponen algo más del 10% del electorado. Igual al ser de Bilbao la percepción es distinta.

    • Le presenta como hombre de paz el gobierno del PSOE ¿te parece poco?
      Te recuerdo que al PSOE le han votado más de 7 millones de personas en las ultimas elecciones.

  7. La deriva de Jot Down ya es mas que evidente

  8. El títular recoge un bulo: que el expresidente Zapatero llamó «hombre de paz» a Otegi.

    Lo que Zapatero dijo es que Otegi, en aquel momento, apostaba por la paz entendida como el cese de la violencia que ejercía la banda terrorista.

    • Yo no me acuerdo de lo que dijo Zapatero pero de lo que si me acuerdo es que siempre anda con malas compañías, con el asesino de Otegui, con Maduro dictador de Venezuela, con Teodoro Obiang dictador de Guinea Ecuatorial, con Muamar el Gadafi dictador de Libia.

  9. Rappael DellaGuetto

    Tengo 42 años, he vivido siempre en Euskadi y por mucha tirria que le tenga a Otegi no recuerdo haberle visto nunca brindando con champán. Un invent de manual.

    Qué útil es ETA para justificar según qué cosas, conseguir votos, vender libros o discos… como el del tipo este, que ni conocía.

    • Euskadii es muy grande a lo mejor por eso no le has visto, o ves todo lo que hacen los vascos a todas horas?

  10. Rappael DellaGuetto

    Item más… ¿Quién es este tío? ¿Lo conoce alguien? ¿De dónde ha salido?

    ¿Quién ha pagado esta entrevista?

  11. El contexto…El contexto es importante. Parece que citar su procedencia social de forma explícita (se intuye…) chirría en general a muchos entrevistados y a… Jotdwon? Mala conciencia de clase?

  12. Nací en Vitoria en 1974, hijo de inmigrantes. Barrio de Zaramaga, a diez minutos de Forjas Alavesas. En mi clase, escuela pública, apenas tres o cuatro apellidos vascos. Clase baja. El terrorismo nunca nos afectó de forma directa, salvo alguna amenaza de bomba en discotecas. Nadie de mi entorno emigró a Nueva York por miedo a ETA; sí por otras razones.
    El contexto es lo que marca la diferencia.

    • Barrio del Pilar. Cinco años más viejo que tú. Huelgas y amenazas de bomba en el instituto eran bastante habituales. Es evidente que con unos pringaos que se dedicaban a trabajar no se iban a meter. A un amigo que se negaba a hacer huelga el Botas y amigos, le hicieron todo el bullying que pudieron, hasta que el Txafio salió en su defensa.
      Y, por último, tengo una amiga (euskal zaharra, por cierto) que durante unos años llevó escolta, hasta que ETA lo dejó. Ninguna relación con los picoletos, el ejercito, el PP o el PSOE.

  13. Duque ahumado

    «Pero yo lo recuerdo brindando con champán cuando alguien era asesinado.»
    Seamos sinceros, no solo brindaba Otegi. A lo largo y ancho de toda la geografia española, brindaba mucha gente, cuando caian los del tricornio. Ese cuerpo torturados asesino, ladron traficante de sustancias y de personas, corrupto hasta la medula… Era imposible no brindar y saltar de alegría si te había tocado pasar por cualquier cuartelillo.
    Lo que es insoportable esque sigan existiendo, pero hay los tienes cada dos por tres con sus mandos en las noticias detenidos por narcotrafico.

  14. elangelexterminador

    construye una imagen a base de bulos y tópicos y obvia por completo el contexto. Así parece que Otegi era un SS poco menos. No es un santo, pero la realidad es mucho más compleja que como la pinta.

  15. Desde el punto de vista del marketing: objetivo cumplido.

    Ha logrado colocar un titular y así se habla de él

  16. Duque ahumado

    * Ese cuerpo torturador, asesino….
    **pero ahí los tienes….
    (Antes de que salgan los correctores, no me molesto en los acentos que faltan)

  17. Cuantas chorradas para ganar unos míseros euros….si es verdad lo que dices el tal Otegui estaría todavía entre rejas..y tú que aplausos dadas a los que violavan y torturaba en los cuartelillos?

    • Pero tú tienes alguna mínima capacidad de relacionar conceptos? Pero de qué estás hablando? de que si un GC en un cuartel comete un abuso – del tipo que sea- en tu cabeza está justificado poner una bomba en supermercado y matar a 15 personas y dejar tullidos a otros 20 de por vida? este es tu razonamiento?
      Te das cuenta de que este relato – que la nueva izquierda se esmera en promover – se aplicase, tendríamos que ir ahora mismo a P. Vasco a poner bombas en mil lugares? tendríamos que ir a cortarle las piernas a los hijos de muchos etarras, etc.
      Usted se da cuenta, mínimamente, de las consecuencias de su planteamiento de justicia punitivista extrema?
      Es que no doy crédito… éstos luego son los que nos moralizan con la tolerancia y el no se qué.

  18. Alphaville

    Tengo mucha curiosidad, lo de Otegi brindando con champán ¿es literal o una licencia poética?

  19. Es fascinante comprobar como el ejercicio de blanqueamiento y romantización de ETA ha ido calando. Evidentemente no hemos visto a Otegi brindando en la tele, pero muchos hemos vividos las celebraciones batasunis en las calles y me cuesta creer que él no lo celebrase con los suyos.
    Y como dice Iñigo, éramos cobardes. Cuando Jarrai lo decidía se acababan las clases y, salvo dos o tres por clase, todos íbamos en rebaño.

  20. Quién es este personaje?
    Emperrado en sacar el tema de ETA aunque no se le pregunte nada sobre ello… De entrada eso ya me ha chirriado, pero el tema de Otegi no tiene un pase. En la vida he visto a Otegi brindar por un atentado, he perdido un buen rato de mi tiempo buscando alguna referencia a lo que dice este buen señor y por supuesto no hay nada.
    Será mejor que siga dedicándonse a cantar sus lamentaciones en algún antro de mala muerte porque de otras cosas está claro que es mejor que no hable.

  21. Casualmente en X ya hay unos cuantos posts en diferentes cuentas ¿bots? con ese titular y el libro que acaba de publicar. Qué curioso ¿verdad? Huele a estrategia de ventas la frasecita

  22. Yo le he hecho la entrevista. Me envió el manuscrito de su novela y me encantó, tanto que propuse publicarla a un sello editorial (haciendo yo el trabajo de edición) y entrevistarlo en Jot Down (yo misma también). Simplemente me gustó el trabajo y la persona. Y como en Jot Down confían en mí, accedieron. Ahora me cuentan que no nos hemos equivocado, que la entrevista tiene mucho tráfico.

    • Rappael DellaGuetto

      Pues vaya decadencia… De entrevistar a Ramiro Pinilla a entrevistar a este otro, muy conocido en su casa a la hora de la merienda. Y un trolacas de manual.

      • Cada entrevista tiene su sentido, su momento y su interés. Pero mientras tú descalificas a Coppel como “muy conocido en su casa a la hora de la merienda”, sin tener ni idea de su trayectoria, Coppel ha despertado más interés y conversación que muchos nombres consagrados. Decadencia es confundir criterio con prejuicio.

        • Rappael DellaGuetto

          Decadencia es también titular una entrevista con una mentira.

          • Mentira no es lo que dice un entrevistado en primera persona. Mentira es fingir que uno sabe más que el propio entrevistado sin haber estado allí. ¿O sí que estabas allí y solo viste a Otegi lamentarse? Porque si ese es el caso, ya estáis tardando en poner una denuncia.

            • Rappael DellaGuetto

              Mira Teresa, no merece la pena discutir así que resumiendo. La entrevista me parece mala, el entrevistado sin interés (he picoteado un poquito su «obra» musical y literaria por que la verdad es que ni me sonaba), sus declaraciones ridículas y la selección del titular lamentable.

              Combinado todo esto con la lamentable apología de las apuestas deportivas de Jotdown Sports, fuera esta página de favoritos.

  23. Es verdaderamente desolador la furia con la que tantos comentaristas por aquí han salido a defender a un tipo de una banda terrorista que ha volado, literalmente, por los aires a cientos de personas; de niños, de madres, de abuelos, de jóvenes, etc.
    Una banda terrorista que aun no ha ayudado a esclarecer otro cientos de asesinatos.
    Es verdaderamente nauseabundo el nivel de deshumanización y falta de empatía que muestran estos individuos.
    La miseria moral y el cainismo, tan típico de este pais llamado España, sólo se ve superado por la estupidez del argumento de que si Franco, que si el PP, que si el PSOE, que si los GAL, que si tal que si cual.
    Es verdaderamente increíble ver hasta qué punto es capaz de llegar el ser humano de izquierdas con tal de ganar el relato, con tal de reivindicarse en sus estructuras racionales y sus conclusiones compradas hace ya años. Es asqueroso, joder.
    Sólo espero que no tengáis que vivir los horrores que tan fácilmente blanqueáis porque os sirve para atacar a otras cosas.

    • elangelexterminador

      para ti defender es dejar que alguien mienta. No todo vale contra los terroristas. Este señor lo que está haciendo es una mezcla de bulos y lugares comunes. Otegi no es un santo, pero lo que dice este señor no se ajusta a la verdad. Pretender que señalar esto último es blanquear es absurdo.

      • Entonces, ¿vale todo para que haya tráfico?

        En mi opinión creo que la entrevista es amena. Ahora bien, alguna afirmación del entrevistado es discutible por no ser un hecho probado, y por otra parte, dada su trayectoria como músico y ahora escritor, entresacar esa frase como titular da la impresión de buscar cierto «amarillismo».

        • Alphaville

          Coincido. La frase sobre Otegi es poco afortunada, es una exageración. Yo rechazo a ETA es total, pero tampoco por eso voy a justificar que se diga algo falso e injusto sobre Otegi.
          Y me parece que resaltar la frase en la entradilla desmerece una entrevista por otro lado interesante. Justificarlo con que así se consigue tráfico no me parece deontológico ni moral. No se debe usar una mentira o una exageración injusta que además tiene poca relación con el resto de la entrevista para atraer lectores y encima sacar pecho.

  24. Pablo Acacia

    Beatles o Stones?
    Franco era un hijo de xxxx y Otegi también. Estoy hasta los cojones oír a supuesta gente de izquierdas defender a un racista y un fascista como Otegi. Toda patria es un nido de víboras.

    • elangelexterminador

      entonces si alguien es un fascista podemos mentir sobre él? no crees que ajustarse a la verdad se debe aplicar a todos los casos, incluidos y sobretodo aquellos en los que los protagonistas son lo peor que hay? Y no crees que defender que el relato se ajuste a la verdad es cualquier cosa menos defender a un fascista?

      Porque lo contrario no lleva a nada bueno. Contra los terroristas o fascistas vale mentir? Muy bien. Lo siguiente qué será, el habeas corpus?

  25. De ETA o el Grapo, que se retrataron por lo que hicieron, se conocen sus atentados, comandos, condenados a muerte, prisión etc…

    Sin embargo, a nadie, ni al entrevistado, le llama la atención que aun estando documentados atentados de la Triple A, los Guerrilleros de Cristo Rey, GAES, Batallón Vasco-Español, todavía no sepamos sus nombres, dirigentes, financiación etc… Y en consecuencia no haya habido nadie condenado, salvo 3 ó 4 del GAL. Con la x de esa ecuación interior + policía + guardia civil = ¿a?, aún sin despejar. Pero ni eso, ni las torturas en los cuarteles, ni la cal viva, parece preocupe ni una micra a afectados por memoria selectiva como el entrevistado, o a algunos comentaristas.

    Por cierto, hay que estar a las duras y a las maduras pues el Tribunal europeo de derechos humanos de Estrasburgo condenó dos veces a España en 2011 y 2018 por una parte por haber vulnerado la libertad de expresión de Otegi respecto al rey, y por otra al acreditar que la Audiencia Nacional actuó sin imparcialidad, por lo que no tuvo un juicio justo en relación a Batasuna

  26. El Gordo y sus brindis

    El entrevistado da en el clavo respecto a la romantización de ETA. Hasta el punto de que muchos de los comentaristas se sobresaltan por lo del brindis de Otegi.

    ¿Han olvidado la entrevista perpretada por Évole? Sí, aquella en la que ‘el Gordo’ (su nombre en el comando del hacha y la serpiente) explicaba cómo vivió el desenlace del atroz asesinato a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco: «Estaba en la playa como un día normal», le contó a Évole.

    Luego se adornó: ‘No sabía que le iban a matar ese día’.

    Ya. Pero el brindis….

  27. Alguno hablaba de antros de mala muerte,larga vida a las salas y bares de Bilbao o Madrid donde suele cantar Iñigo Coppel,y no hace falta llevar mucha gente para gustar a minorias y tener calidad de sobra.
    En lo de Otegi discrepaba,no solo en lo de terrorista y en lo del champan,es que se ha tirado varios años en la cárcel por la face,y como el tambien muchos otros/as,ese melón no se quiere abrir.

    Sobre este tema yo me quedo con las reflexiones de Juancar Parlange,(lider de los grupos Bonzos,Los Clavos,Help Me Devil),en el recomendable libro de Jerry Corral»Fiesta y rebeldia «sobre el Rock Radical Vasco y sus circunstancias.Juancar,que será conocido o amigo de Coppel,tenía una posición bien clara contra la violencia y con la circunstancia personal que su madre estaba amenazada por ETA al ser concejal del PP.Dice Parlange»he vivido con repugnancia y asco los abusos,torturas,crimenes de Estado,he sentido empatia por el dolor de los demás.Señala»lo que tenia que ser ejemplar no lo era,la violencia del Estado estaba generando mas brecha y mas dolor en la sociedad».

    Cuando se señala cierta complicidad o mirar para otro lado de la sociedad vasca yo creo que tambien era porque sabian de primera mano lo que pasaba,Iñigo Coppel parece que lo tenia y lo tiene muy claro,discurso respetable el que nos ha mostrado pero que no tiene porque tomarse como si fuese el unico y verdadero.

    El señala a las izquierdas que romantizan a la izquierda abertzale,en los noventa un madrileño sabia de sobra quien estaba al lado suyo s. en muchas peleas de la izquierda.

  28. Totalmente de acuerdo con lo que dices, Eider. Un fabulador con demasiados lugares comunes. Poco o nada interesante lo que dice.

  29. Pero, a muchos de vosotros, ¿qué os hace pensar que miente en el titular? Que no hayáis encontrado una imagen no significa que no haya ocurrido. Por cierto, Otegi se ha librado de más de una condena por estar prescrito el crimen. No sé si esto lo habrá celebrado ni qué bebe en esas ocasiones, porque no tengo el gusto de vivir en su barrio, pero me atrevo a decir que estará bastante contento de haberse librado de la cárcel en esos casos.

    • Rappael DellaGuetto

      «Que no hayáis encontrado una imagen no significa que no haya ocurrido.»

      ¿En serio Teresa, en serio?

  30. No lo sé Rick, parece falso

    Pero vamos a ver…
    Entra uno a leer sobre música y literatura y se encuentra el mantra de ETA. Visto lo visto falta Venezuela, los comunistas, los microchips en las vacunas y acuéstate que si no viene el hombre el saco.

    En serio, dos datos ante tanto bulo repetido:

    – Fuente Agencia Europa Press: «Sortu, condena la violencia, incluidas la de ETA».

    Ese es el partido de Otegi. Bildu es una coalición de varios partidos, incluidos escisiones del PNV, Izquierda Unida y HB (EA, Alternatiba y Aralar) que siempre rechazaron la violencia.
    https://m.youtube.com/watch?v=T0JAsKCEbFM

    – Fuente RTVE: https://www.rtve.es/noticias/20200731/supremo-anula-sentencia-del-caso-bateragune-contra-otegi-por-pertenecer-a-eta/2035264.shtml

    Y lo del «tráfico»… en fin. A ver quién encuentra ese unicornio llamado ‘ética periodística’

  31. A ver, defensores de Otegi: no tenéis ninguna autoridad moral ni intelectual para dar lecciones de ética periodística a nadie. Os pica un titular que preferís creer falso porque sí, aunque hable de alguien condenado por pertenencia a ETA, por enaltecimiento del terrorismo y con causas reabiertas por asesinatos y secuestros hace un año. Con esos referentes morales no se os puede tomar en serio. Criaturas.

  32. Pero si por lo que leo en los comentarios nadie ha hablado nada de referente moral.

    Paradójicamente lo que preferís creer como verdadero el entrevistado y tú según tú último comentario es algo que, afortunadamente, nadie ha visto ni oído. Antes se solía decir, que la realidad no estropee un titular. Hoy postverdad le llaman; o Ayuso style diría.

    Suerte con el «tráfico»

  33. la sociedad vasca miraba para otro lado mientras ETA asesinaba a gente inocente. Todo ello cuando Euskadi funciona casi como un país propio, con privilegios fiscales que no tiene el resto de España. ETA no atentaba en Iparralde, donde el euskera era una broma y la autonomía no existía. Curioso, ¿no? ETA no atentaba en Francia porque en Francia no se andaban con chiquitas con los terroristas. EL fin de ETA empezó con los atentados del 11S y la insoslayable colaboración internacional entre países. Ahí es cuando Francia se empieza a poner las pilas. Decir que la sociedad vasca está enferma es decir la verdad. Recuerdo las manifestaciones abertzales toleradas delante de gente que se manifestaba para pedir la libertad de un secuestrado de ETA gritando ‘ETA mátalo’, o pintarrajeando las tumbas de los asesinados por ETA. O haciendo homenajes públicos a 4 etarras en Bilbao que iban a poner una bomba en un coche y les explotó. Y mientras tanto, el PNV de Arzallus recogiendo las nueces. No, no vamos a olvidar el terrorismo etarra por más que el sanchismo se haya dedicado a blanquear a ETA para poder pactar con Bildu. Por cierto, Otegui participó en secuestros de ETA por si no lo saben. El ‘hombre de paz’.

  34. El Art. 25.2 de la Constitución establece que las penas privativas de libertad estarán orientadas a la reinserción social.

    El Art. 130.1 de el Código Penal establece las que la responsabilidad criminal se extingue por el cumplimiento de la condena.

    Otegi cumplió íntegramente, lo cual por cierto no suele ser habitual. Véase la diferente vara de medir con Galindo, Vera, Barrionuevo, Amedo, o los Zaplana, Conde, Gil etc …

    Así que da la impresión de cierta fijación con el personaje, y que el objetivo de la entrevista no era ni sobre literatura ni sobre música, sino que quizá responda a otros intereses.

    Ya lo dijo Aznar: «El que pueda hacer que haga»

    Ya lo dijo Aznar: «El que pueda hacer que haga»

    • fantástico, pero por mucho que haya cumplido su pena Otegui, escasa me temo por los crímenes cometidos, siempre será un terrorista. Un terrorista que además no ha ayudado a esclarecer los más de 300 asesinatos que siguen sin resolverse

  35. Pues… no se cómo será el libro, pero la entrevista tiene carece por completo de interés.

  36. Para que lo sepamos todos. Por favor explicita. ¿Cuales son todos esos crímenes a los que te refieres?

  37. Pingback: «Algunos presentan a Otegi como un hombre de paz. Pero yo lo recuerdo brindando con champán cuando alguien era asesinado. Esa es la realidad que viví, y eso es lo que quería dejar claro en el libro» – ASEC/ASIC

  38. Después de leer la entrevista me queda claro que este señor no le dice la verdad ni al médico. O eso o vive en un mundo fantástico en el que, casualidades de la vida, es descendiente de Goethe y ve brindis de un señor que ni conoce que jamás han existido.

    Que evidentemente Otegi no es ningún angelito? Está claro y es innegable. Pero el hecho de que se alegre o no con un atentado de ETA, que por cierto ya no existe para disgusto de muchos, especialmente de los que decían estar en contra de ella, solamente lo sabe él y su entorno. En el que dudo muy mucho que se encontrase el tal Iñigo.

    Dejemos de utilizar la mentira para dar fuerza a nuestros argumentos. No es necesario.

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