Arte y Letras Literatura

Bajo los volcanes: los fuegos de la imaginación

volcán
El Vesubio en erupción, de Joseph Wright of Derby.

Me pregunto si es volcánica

la calma en el rostro humano

(Emily Dickinson)

En la médula del centro de la Tierra, incendiada por siglos de destellos y pavesas, la garganta ruge y cruje. Se prepara para propulsar por la faringe inflamada el río de lava y ceniza, para que en la boca estalle y refulja y con su fuego pinte el aire de misterio y sueño, impulso y frémito. El cuerpo cónico domina el paisaje —terrestre, lunar, marino. Puede fisurarlo con un susurro. Contemplas en silencio las cicatrices invisibles de las palabras que escupió, el trazo oculto de las que su lengua está abrasando. Porque el canto del volcán te llama, escuchas sus llamas y bajo su tutela lees las historias que lo componen.

«Todo sueño ante una llama es un sueño de asombro. […] La llama produce una acentuación del placer de ver más allá de lo siempre visto. Nos obliga a mirar», escribió Gaston Bachelard en La llama de una vela. Lo sabes y por eso dejas que la lava sea el lamido de tu mirada, la ensoñación ante la naturaleza inagotable que vibra en la saliva del cráter. Lo sé y por eso he perfilado un mapa mínimo de volcanes literarios, de fuegos imaginados que son íntimos y universales, dulzura y tortura, cocina y apocalipsis, como nos enseñó el mismo Bachelard en Psicoanálisis del fuego. La fragua de Hefesto sigue activa en el núcleo del globo y del mito, y la llama que nos entregó Prometeo tiembla en la memoria y en la página, bajo estos volcanes.

El Popocatépetl y el Iztaccíhuatl

Es el Día de Muertos del año 1938 en Quauhnahuac, tal vez una ciudad de Cuernavaca, y las siluetas de los volcanes se recortan en la mirada de Geoffrey Firmin, el anterior cónsul británico ebrio de mezcal y de su propio infierno, durante las últimas doce horas de su vida. Bajo el volcán (1947), la magistral novela de Malcolm Lowry (1909-1957), amasa autobiografía, símbolos y ficción en el incendio de las relaciones y en el abismo de la mente. El aliento volcánico sopla en la boca del protagonista y lo guía en el descenso dantesco de pecado y muerte. 

En una reseña de título elocuente, «Bajo el volcán o la vida vista desde el fondo de una botella de mescal», publicada en 1981, Guillermo Cabrera Infante escribió que para Lowry «el libro era una sinfonía o una especie de ópera —o una ópera vaquera, es decir un oeste. O música cálida (como el jazz), un poema, una canción, una tragedia, una farsa— y todo eso y más es Bajo el volcán, pero esencialmente es un poema dramático. O mejor, una tragedia en verso en prosa». El ímpetu de la lava y la dispersión de las cenizas plasman la identidad del personaje y la prosa del autor, los pensamientos intermitentes y convulsos, la fragmentación de la memoria y su ciclicidad, el estado onírico que invade la vigilia y coloniza su lucidez, el clamor de la culpa en el espejo de la naturaleza. Y los versos de El trueno más allá del Popocatépetl, Lowry escribirá: «Blancos pájaros vuelan contra el trueno / y aún más alto, donde Chejov /dijo que se encontraba la paz, / allí donde se transforma el corazón / y al fin retumba el trueno».

El Vesubio 

El mes es agosto (o tal vez octubre), el año es el 79 d. C. Dos miembros de la misma familia admiran la nube de humo que se alarga sobre la costa, engulle las casas y las calles y las personas. El magma brilla, la tierra tiembla bajo el pulso feroz del Vesubio. Plinio el Viejo había escrito una Historia natural, pero no había previsto que de aquel monte de contornos sinuosos la furia estallaría incandescente. Quiere acercarse, examinar, comprender. Su sobrino, Plinio el Joven, relatará en una carta a su amigo Tácito, el historiador de la antigüedad, la muerte del tío naturalista, asfixiado por la potencia del volcán, la misma que sobrecoge a William Hamilton, diplomático británico y coleccionista de arte, que residió en Nápoles entre 1764 y 1800 y que Susan Sontag consignó a la eternidad con otra potencia, la de la literatura.

En El amante del volcán (1992), la ensayista y novelista transfiguró los datos históricos para plantear, con la agudeza de su mirada exacta, preguntas acerca de la pasión y sus dimensiones. El Vesubio insufla otra vida en la vida del protagonista: «Es la boca de un volcán. Sí, boca; y la lengua de lava. Un cuerpo, un monstruoso cuerpo vivo, tanto masculino como femenino. Emite, arroja. También es un interior, un abismo. Algo vivo, que puede morir. Algo inerte que se agita de vez en cuando. Que existe solo de forma intermitente. Una amenaza constante. Aunque predecible, por lo general no predicha». Como la atracción que lord Hamilton siente por Emma Hart y que Sontag materializa por medio de una trenza de voces narrativas, con la metáfora volcánica en el centro, emblema de lo impredecible.

Goethe también experimentó, en su Viaje a Italia (1816-17), la pulsión de contemplar el Vesubio, bordear el cráter vivo y asomarse hacia su secreto. El 18 de febrero de 1787, en Roma, anotaba la ilusión por poder contemplar «el grandioso espectáculo». El 2 de marzo subió al volcán por primera vez, también lo hizo el 6 y el 20 del mismo mes, fascinado por las pequeñas erupciones: «La luz clarísima del sol oscurecía la del fuego», mientras recorría «esta boca del Averno, abierta en medio del paraíso». En la tierra de la sirena Parténope, el cielo está pintado de rojo y canta su canción de agua y fuego.

El Snæfellsjökull y El Estrómboli

El laboratorio de Hefesto arde rodeado de mar, en la isla triangular de templos y máscaras, en conexión umbilical con el Etna. Sicilia es Volcani domus et Volcania nomine tellus, morada de Vulcano y por su nombre tierra de Vulcano, escribió Virgilio en la Eneida. Y bajo esta montaña activa y las demás que vibran en la isla se mueven los personajes de Luigi Pirandello, Giovanni Verga, Goliarda Sapienza, Giuseppe Tomasi de Lampedusa, lenguas candentes en las páginas.

En el archipiélago de las Eolias hay una isla que es toda volcán. Y es mágica. Te conectará con el núcleo del globo. Bien lo saben Otto Lidenbrock, profesor de mineralogía, su sobrino Axel y Hans, el guía que los acompaña. Julio Verne narró su Viaje al centro de la tierra (1864). La aventura magmática empieza en Hamburgo, con un pergamino que recita: «Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de Julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la tierra, como he llegado yo». Y los audaces viajeros viajan a Islandia y se adentran en las profundidades del Snæfellsjökull, volcán y glaciar (que, por cierto, es también escenario de Bajo el glaciar, la novela del escritor islandés Halldór Laxness, Premio Nobel de Literatura en 1955). Así, por el laberinto de las entrañas de la tierra, se pierden y se encuentran hasta que una erupción los impulsa, bañados en lava y cenizas, por la boca de otro volcán. Es el Estrómboli, el volcán que es todo isla.

Los volcanes del asteroide B-612 y el Iccantikas

Lo reconocerías enseguida, por la capa y la mirada. Sobre todo, porque te pediría que le dibujes un cordero y te diría que echa de menos su planeta. El principito (1943) te hablaría en el francés aéreo de Antoine de Saint-Exupéry, el escritor y aviador que imaginó al protagonista de la historia para personas grandes y pequeñas que ha generado una galaxia de citas y productos. Pero centrémonos en el asteroide B-612. Allí, en algún punto del universo, hay tres volcanes, dos activos (que el principito utilizaba para calentar su desayuno) y uno dormido, que limpiaba cada día: «Si se deshollinan bien los volcanes, arden suave y regularmente, sin erupciones. Las erupciones volcánicas son como el fuego de las chimeneas. Evidentemente, en nuestra tierra somos demasiado pequeños para deshollinar nuestros volcanes. Por eso nos causan tantos disgustos». Y sin embargo, seguimos admirándolos, deseando su fuego desde nuestra pequeñez.

En cambio, en la isla de Eritía, Gerión ya lleva el rojo en la piel y en las alas. También lo reconocerías, te hablaría de Heracles, quien (según Estesícoro) lo mató o (según Anne Carson) lo enamoró, descubriéndole el amor y el sexo. La conclusión abierta de Autobiografía de rojo (1998), la extraordinaria novela en verso de la poeta canadiense, se gesta en el escenario de un volcán, el Iccantikas. En su cráter, Gerión se entrega al vuelo y escribe el episodio central de su autobiografía: «Somos seres asombrosos, / piensa Gerión. Somos vecinos del fuego».

Somos volcanes.


Bibliografía

Anne Carson, Autobiografía de rojo, trad. de Jordi Doce, Valencia, Pretextos, 2016.

Antoine de Saint-Exupéry, El principito, trad. de Bonifacio del Carril, Barcelona, Salamandra, 2014.

Gaston Bachelard, La llama de una vela, trad. de Hugo Gola, Caracas, Monte Ávila Editores, 1975.

Gaston Bachelard, Psicoanálisis del fuego, trad. de Daniel Gil, Madrid, Alianza, 1966.

Guillermo Cabrera Infante, «Bajo el volcán o la vida vista desde el fondo de una botella de mescal», en Los cuadernos de literatura, 2 (6), 1981, pp. 60-65.

Johan V. Goethe, Viaje a Italia, trad. de Manuel Scholz, Barcelona, Ediciones B, 2001.

Julio Verne, Viaje al centro de la tierra, trad. de Miguel Salabert, Madrid, Alianza, 2024.

Malcom Lowry, Bajo el volcán, trad. de Raúl Ortiz y Ortiz, Barcelona, Literatura Random House, 2020.

Malcom Lowry, El trueno más allá del Popocatépetl. Poemas escogidos, trad. de Juan Luis Panero, Barcelona, Tusquets, 2009.

Susan Sontag, El amante del volcán, trad. de Marta Pessarrodona, Barcelona, Debolsillo, 2008.

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*