Música

Le Parolier: «O Caritas», de Cat Stevens

Cat Stevens en 1972. Imagen: A&M. O Caritas
Cat Stevens en 1972. Imagen: A&M.

La noticia del fallecimiento de Jan Maria Carlotti me llega mientras estoy redactando el Parolier de «O Caritas» de Cat Stevens, que acaba de publicar su autobiografía1. Hijo de un chipriota emigrado a Londres y fan del flamenco y los himnos religiosos desde niño, Stevens es el artista musical que consiguió convertir los sonidos y melodías del Mediterráneo en éxitos pop universales. En cambio —si descontamos sus colaboraciones con los valencianos Al Tall—, la música y las investigaciones del cantante y musicólogo Carlotti y su grupo Mont-Joia no han salido de su Occitania natal. Dos músicos y dos trayectorias diferentes y unas raíces parecidas. ¿La diferencia? El todopoderoso idioma inglés y la autoridad inmensa de la industria del disco. Sin embargo, al igual que Jan Carlotti no llegó nunca al público mayoritario, la música de sabores mediterráneos no ha tenido ningún eco en los mercados globales después del éxito de Cat Stevens. De hecho, el adjetivo «mediterráneo» se ha convertido en un reclamo comercial aplicable lo mismo al aceite de oliva, el turismo salchichero de Marina d’Or o las patatas fritas de supermercado.

Cantada en latín y en inglés, la apocalíptica «O Caritas» se incluye en el sexto álbum de la discografía de Stevens y el primero que podríamos decir contiene elementos funky: Catch Bull at Four, con alusiones zen en su título y portada. A pie de página se incluye un enlace con la traducción inglesa, bastante libre, que ofrece la web de Yusuf/Cat Stevens, igualmente reproducida originalmente en Catch Bull at Four. Aunque en el disco original no constan los créditos de composición, «O Caritas» aparece en internet firmada por el propio Stevens con el folk singer Jeremy Taylor —responsable de la traducción al latín— y Andreas Toumazis, que le acompaña con el buzuki griego en esta canción y en varios de sus discos.

Con un precioso compás de subdivisión ternaria, la melodía de «O Caritas» presenta varios motivos que se suceden y evolucionan. Para esta canción, que resulta tremendamente singular y no solo por el idioma, Stevens ha dejado de lado las estructuras convencionales, huyendo del habitual estribillo que se repite. La parte instrumental protagonizada por el buzuki griego debió de sonar originalísima en el mundo pop anglosajón de 1972. En España, una canción pop escrita en latín llamó casi tanto la atención mediática como lo haría un par de años después la película Jesucristo Superstar: por fin, el pop anglosajón incluía referencias a cosas de nuestra cultura.

La letra de «O Caritas» se compone de dos partes principales: en los primeros seis versos, un narrador —el mismo Stevens, por supuesto— nos habla de su amor por la belleza natural y de su percepción de la misma a través de los sentidos. Se trata de una parte introspectiva que describe su reacción ante algo que está observando. Los ocho versos siguientes nos informan de una catástrofe, de sus efectos y del impacto que produce en el cantante. Hemos pasado al registro extrovertido que nos conduce a una visión apocalíptica de la naturaleza y de los seres humanos. En una brevísima tercera parte, dos versos nos hablarán de amor y de resignación antes de introducir una especie de coda que puede ser a la vez una llamada a la esperanza o una acusación contra la humanidad. La canción termina con la traducción al inglés del tema principal sobre una variación del primero de los motivos musicales.

El primero de los temas de la aparentemente sencilla letra de «O Caritas» es la naturaleza y la vida: «mundi et astrorum lumen» («la luz del mundo y de las estrellas»), «terraque maribus» («la tierra y los mares») y su belleza incomparable, «ornatum mundi» («la belleza del mundo»), que desde el principio se nos presentan como algo valioso en riesgo de desaparecer. «Nolo perdere» («me niego a perderla»), dice el cantante y narrador. Su destrucción se presenta cercana con los avisos que nos lanzan las llamas y los gritos.

Las cosas bellas e importantes del mundo en que vivimos están desapareciendo, y lo hacen —como ya sus sentidos habían advertido a Stevens— entre gritos y ruido: «De terraque maribus magnus est clamor» («grande es el estruendo de la tierra y los mares»). ¿Hablamos de un incendio, de una guerra o de la destrucción medioambiental ya evidente en 1972? Sabemos que lo que cuenta Stevens está pasando ahora —el ahora de 1972, fácilmente transportable a 2025—: «Nunc extinguitur mundi et astrorum lumen» («ahora se extingue la luz del mundo y los astros»), un verso que retoma las ideas anteriores desde el punto de vista meramente descriptivo.

En la estrofa inglesa final se insistirá en esta misma idea y de nuevo aparece la conciencia del presente: «Ah, nuestro mundo arde rápidamente, no va a durar» y «no que se pierda durante mi vida». Esta repetición contiene ciertos detalles interesantes, como los dos versos («Ah, this world is burning fast», «Oh, the world will never last!») sobre la destrucción en forma de exclamación: queja, súplica o desesperación.

La presencia del cantante, que es a la vez protagonista, testigo y narrador, es otra de las constantes de la canción, su segundo tema esencial y el hilo conductor de toda la narración. Él es la voz de la conciencia, quien protesta y quien se lamenta. A través de sus propios sentidos —el oído: «Audio clamare»; y la vista: «Video flagrare»— descubre la destrucción de la naturaleza. Asimismo, es él quien nos ha indicado desde el principio que nos enfrentamos a la pérdida de algo valioso, y por eso declarará repetidamente ese «I don’t want to lose it».

Pero descubrimos que existe un enemigo: la propia humanidad, ese enemigo que está dentro de nosotros mismos, del que el mismo cantante acusador y todos nosotros formamos parte y que, a la vez, somos nuestras propias víctimas. En una penúltima frase somos todos los que nos declaramos afectados por el desastre: «Nos perituri mortem salutamus» («los que vamos a perecer saludamos a la muerte»). La desesperación y una condena irremediable como despedida. La estrofa inglesa final contiene, además, un deseo de supervivencia: «Give me time forever here in my time», una solicitud, una plegaria a alguien o algo omnipotente.

Y, por fin, nos encontramos con la carga emocional, el tercer tema de la canción, que nos ofrece el sentimiento universal del amor como solución al horror que hasta ahora nos ha descrito: «O caritas, nobis semper sit amor» («¡oh, amor!, quédate con nosotros para siempre»). Una chispa de esperanza para terminar que es a la vez una posible condena a la humanidad: Stevens nos recuerda que la vida —es decir, la naturaleza— resurge si la dejamos sola. «Sola resurgit vita», una coda que enfrenta y conecta la pervivencia de la vida con la desaparición de la humanidad: la vida resurge una vez desaparece el hombre.

(1) Yusuf/Cat Stevens, Cat On The Road To Findout: The Official Autobiography, Little, Brown Book Group, 2025.

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

2 comentarios

  1. Do you think Cat Stevens’ “O Caritas” still speaks to modern audiences about humanity’s relationship with nature, or has its message been overshadowed by newer environmental songs and movements?

    • Creo que la respuesta a su pregunta es: La gallina*

      *ojo, que está en latin. La traduccion al castellano es gallina

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*