Humor snob

Los latinos somos así, trabajadores, jubilosos y de andar entre los yuyos… (shame)

el artista latino bad bunny
Bad Bunny (Cordonpress)

Si hay algo que no tenía pensado estos días era hablar de Bad Bunny. Hasta esta semana no sabía que el nombre remite a una persona y no al personaje de Looney Tunes, Bugs Bunny. Engaños de los parónimos. Pero resulta que sí, Bad Bunny es una persona, un músico que se presentó en el entretiempo del Super Bowl norteamericano y parece que, con ese show seguido sin demasiado entusiasmo por los asistentes en el estadio, visto por millones en directo y amplificado luego en pequeños recortes que circularon (y siguen) hasta el hartazgo en los medios y las redes, parece, decía, que se convirtió en el abanderado de TODA LATINOAMÉRICA UNIDA.

Busco el video de la presentación. Son 13.43 minutos: flores, palmeras, cocos, un muchacho vestido de blanco con sombrero de paja, una guitarra en la mano y la sonrisa ancha. Porque los latinos somos así, alegres a tiempo completo, aunque nos matemos entre nosotros, aunque nos opriman los dictadores, aunque nos hundamos durante años en la pobreza y la corrupción, nosotros, como nos indica el latino genérico de la imagen, nos unimos al joven genérico para gritar: «¡Qué rico es ser latino! ¡Hoy se bebe!».

No nos preocupa el estereotipo, así nos ven y, teniendo en cuenta las repercusiones, así queremos vernos.

Avancemos con el video: verde, mucho verde, porque los latinos somos así, de andar entre los yuyos (acá en el sur le decimos así a cualquier hierba). ¿Será caña de azúcar? ¿Qué será ese yuyo verde que llenó el campo de juego en minutos para llevar Latinoamérica al corazón del imperio? Porque si hay una imagen cristalizada es que, del Río Bravo para abajo, existe un territorio casi virgen y vasto (nadie sabe cuánto y a quién le importa si llega hasta el paralelo 54), pura naturaleza salpicada de buenos salvajes que, a falta de civilización, trabajan manualmente el campo, beben, cantan y mueven las caderas. Risueños y floridos.

La cámara abre sobre un campo con más verde y filas de latinos vestidos de blanco, doblegados por el trabajo bajo el sol (porque los latinos somos así, trabajadores además de jubilosos) y un sobreimpreso que indica «Benito Antonio Martínez Ocasio presenta: El espectáculo de medio tiempo del Supertazón».

A Bad Bunny no lo van a venir a joder con ese idioma imperial, tampoco a nosotros. Traduciremos bowl por tazón, porque en Latinoamérica hablamos en español (que también es el idioma de un imperio pero con ese imperialismo nos meteremos más adelante, el 12 de octubre). Entonces, el hombre que se llama Benito Antonio Martínez Ocasio, que nació en Puerto Rico en 1994 y cantaba en el coro de la iglesia cuando era niño, ese que pasó a llamarse Bad Bunny, a vender discos y a llenar estadios, empezará su despliegue artístico en el superescenario armado con superyuyos montados sobre superlatinos en supertiempo récord para el supershow del medio tiempo.

¡Va a cantar y hacer un espectáculo íntegramente en español por primera vez en la historia del Super Bowl y eso nos debe poner orgullosos! Porque a la gente como nosotros se nos infla el pecho no solo por haber nacido en un lugar sino también por el idioma que hablamos. He visto gente muy satisfecha con la siguiente noticia: «La aplicación de idiomas Duolingo registra un aumento del 35% de alumnos de español tras la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl». Ya podemos imaginar los festejos en las instalaciones de la RAE.

Comienza el show. El cantante camina entre los yuyos, a su lado se van desplegando esas cosas típicas que tenemos los latinos: coco frío, viejitos jugando al dominó, manicura, piraguas, tacos, boxeadores, camionetas, maracas, casamientos y perreo, mucho perreo, porque eso es lo nuestro, todos lo saben. Bad Bunny llega a la cima de su superescenario, anuncia «¡las mujeres en el mundo entero perreando sin miedo!» y comienza a cantar (en español, señora, no importa que usted no entienda, esa es también la lengua de nuestramérica). Los que miran por TV celebran, no los que están en el estadio, porque esos son yankees y no entienden; ellos hablan su lengua imperialista, no como nosotros que hablamos un autóctono idioma español (ya tendremos tiempo en octubre para quejarnos de eso).

Si te lo meto no me llame’

Que esto no e’pa que me ame’, ey

Si tu novio no te mama el culo 

Pa eso que no mame

Lo de mamar el culo no lo dijo, claro, no vaya a ser cosa que el público, como algunos niños, solo aprenda del español las malas palabras (gracias a Dios han aumentado las consultas en Duolingo), así que el gran cartel luminoso reemplaza las carencias sexuales de la señorita aludida en la canción por una serie de signos: &#%!. Estoy iniciándome en este fenómeno así que no fue fácil encontrar la letra de la canción referida ya que hay varias del artista con la misma temática (culos y mamadas). Voy aprendiendo en la urgencia de los acontecimientos y sé que debo ponerme al día.

Lo que he descubierto es que el Conejo Malo, criticado hasta hace poco por cierta cosificación de las mujeres en sus canciones, se venía alzando como el nuevo referente cultural de la progresía, se consolidó en la entrega de los Grammy por hablar en contra del ICE y terminó de catapultarse en el entretiempo del Super Bowl. Ya no hace falta tomar la Sierra Maestra, los tiempos actuales agilizan bastante los trámites y alcanzan un par de puestas en escena performáticas, un micrófono y millones de amplificaciones. Hoy Bad Bunny (ya no sé si nombrarlo en inglés es correcto) es un símbolo de la resistencia (aunque todavía estamos viendo a qué nos resistimos) y un guía espiritual para los pueblos latinoamericanos (claro, porque si hay algo que necesitamos acá son guías espirituales).

No tengo nada en contra de su música (si no te gusta, podés escuchar otra) ni de su carrera profesional, que es claramente un éxito, lo que me lleva a escribir es otra cosa: como dijo aquel viejo productor de cine, si lo que querés es mandar un mensaje, lo mejor es Western Union (podríamos reemplazarlo por WhatsApp en este tiempo) y no una película, un libro, un recital o lo que sea. De todos modos, a Bad Bunny no le interesa mi opinión, ha montado su show y parece que su mensaje ha llegado y calado hondo en todos aquellos que están a favor de todo lo bueno y en contra de todo lo malo. Ya lo vimos escrito a todo color en el estadio: «Lo único más poderoso que el odio es el amor».

Ahí tienen, malvados del mundo, un mensaje fuerte e inapelable. A ver si se enteran.

Para las almas sensibles, esta ha sido una semana de euforia y reivindicación, de mística y revancha, de emociones en carne viva (porque así somos los latinos: silvestres como la hierba y contestatarios contra los poderosos).

La semana en Twitter

«Lo de Bad Bunny demuestra lo que es un músico, actor, deportista, con un serio compromiso social. Este mensaje que dejó es para esa gente que vibra con él. Ojalá aparezcan los referentes mundiales y expresen sus ideales. Veremos quiénes están del lado del pueblo y quién no».

Si vivís de este lado del mundo, aunque sea el sur del sur y no haya una palmera a cientos de miles de kilómetros a la redonda, aunque no comas tacos ni enchiladas ni arepas, aunque no puedas mover la cadera a menos que se te disloque y te hayas criado a base de tangos tristes que escuchaban tus padres o las canciones de Soda Stereo que sonaban por la radio, si no has tomado la precaución de silenciar Bad Bunny en las redes, esta semana habrá sido difícil. Y eso te pasa por no ser de profesión LATINOAMERICANO (la expresión se la robé a Borges, un típico latino con rabia contenida y guayabera).
Voy a hacer un repaso breve de las cosas leídas durante los últimos días:

«A los yanquis segregadores que proponen deportar, el conejo les contesta con arte, perreo y sudor latino».

«Puede o no gustarte la música de Bad Bunny pero lo que hizo en el Super Bowl fue espectacular. ¡Un mensaje muy poderoso! Orgulloso de ser Latinoamericano».

«El show fue una teatralización de la cultura latina: el orgullo de ser latino. Había que gritar algo y él lo hizo».

Esto se repite mucho: lo del mensaje, como vimos, y también lo del orgullo.
Qué cosa seria son los nacionalismos —cualquier nacionalismo— que, como sabemos, existen más allá de los límites de las naciones, por eso tenemos nuestro propio nacionalismo latinoamericano identitario. Eso sí, los únicos nacionalismos bien vistos son los de los oprimidos (no se le vaya a ocurrir ser nacionalista a un poderoso porque ya sabemos qué palabrita le tenemos destinada). Entonces, las banderas, solo para los perseguidos. Una detrás de la otra como en los Juegos Olímpicos. ¿Qué importa si son muchos y diferentes? Mejor los agrupamos detrás de un puñado de escenas caribeñas bien chéveres. Todo nivelado en la línea del Ecuador.

«Fuerte y contundente mensaje de Bad Bunny, cantando y caminando junto a las 35 banderas que comprenden el continente americano, en un claro mensaje contra Donald Trump que caza latinos por las calles de Estados Unidos».

Así fue el cierre del show, con enumeración de abajo para arriba: Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, así hasta llegar a Canadá (imagino a los canadienses con cara de «¿y qué pito tocamos nosotros en esta?») y por fin terminar con «mi patria, Puerto Rico».
Todo con reminiscencias escolares y cierto toque pedagógico. Ya veremos que no es una manera de decir, porque los latinos (ya no nos molesta que los yanquis nos llamen así y nos engloben en una masa indiferenciada que incluye también a los españoles) se han tomado en serio lo de la clase de geografía.

«Mi enhorabuena a Bad Bunny por hacer las tres cosas que más odian los yanquis: hablar en otro idioma, repasar geografía y hablar de historia».

«Bad Bunny dio una lección de geografía: Estados Unidos no es América, América es un continente».

Trece minutos duró el Super Bowl LX Music Halftime Show, un espectáculo millonario auspiciado por Apple Music, producido por la empresa Roc Nation y organizado por la National Football League. Más de cinco mil  minutos llevan los nuevos fanáticos sobreactuando empoderamiento, lucha y anticolonialismo a partir de aquellos trece minutos que, sin temor a la hipérbole, pasaron a ser «el acontecimiento más relevante de la cultura pop de este siglo».

Como cierre, un par de mensajes esperanzadores que nos dejarán pensando en lo bueno que va a estar el mundo de aquí en más.

«Lo de Bad Bunny en el Super Bowl fue un hecho histórico: la caída de la supremacía blanca».

«Tenemos que depositar toda nuestra fe en los poderosos mensajes de Bad Bunny, solo él puede modificar la conciencia de la élite pedófila y torcer el trágico destino que le depara a la humanidad».

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8 Comentarios

  1. molinero

    ¡Que sonrisas tristes me ha provocado el excelente artículo (otro más) de Andrea C.!

  2. jose antonio

    maravilloso¡¡¡¡ y necesario

  3. Me ha encantado. Ya no me siento sólo :-)

  4. E.Roberto

    Eso de que solo nos críamos con tangos tristes y escuchando a Soda Estéreo, no es tan así, estimado. Para que sepa, cada dos por tres se me presenta como aire fresco dentro de tanto bochorno cultural antropológico, un ritmo que me ha marcado para siempre como aquellos dos, y no solo: “…llegó mi compañera Santander de Batunga, la quiero solamente pa bailar la cumbia, no quiero enamorarla, no quiero yo besarla, la quiero solamente pa bailar la cumbia…”. Y no hablemos del chamamé, un ritmo guaraní que sigue enamorando, como las zambas, chacareras, chamarritas, bagualas y bailecitos, música de la “tierra adentro aborigen y mestiza”. Y llegado a este punto, y viendo esta explosión de orgullo que comparto y por supuesto yéndome por las ramas, me pregunto si el Occidente blanco con su ética y estética, con tanta interconexión divulgativa no se esté alarmando al comprobar que, dentro de la población mundial es una minoría bien notoria, una minoría que dentro de tantos otros desmadres internacionalizó con excusas antropológicas-económicas la esclavitud, situación que da lugar a una curiosidad pues “esclavo” proviene lingüisticamente de eslavo, esas gentes orientales que por algún motivo ignoto eran muy apropiadas para la servidumbre forzada desde los inicios de nuestra Historia Occidental. (Será por esto que Putin siempre remarca que Rusia es Oriental). Y me animo a decir que Espartaco, siendo tracio, o sea oriental fue el primer esclavo con resonancia, siempre blanco y con ganas eternas de rebelarse y ser libre; y aquí se presenta el tragicómico efecto histórico que causaba el color de la piel: se mimetizaban con los occidentales haciendo casi imposible la captura cuando escapaban; entonces nuestros “visionarios reyes” del pasado no tuvieron mejor idea, allá por el 1400 de andar en Africa por negros (Dicho sea de paso los africanos no son negros, son marrones con distintas tonalidades. Jamás vi un rostro negro que se asemeje al color que señala la escala cromática. Hasta en la taxonomía fueron insultantes pues negro es la negación de la luz); por negros, decía que no podían confundirse con los occidentales. Y funcionó, para desgracia de los marrones con distintas tonalidades y sus descendientes. O sea y terminando y para estar al paso con tantos bulos y patrañas machacantes: los culpables de la esclavitud fueron los eslavos, o sea la Rusia, siempre en Oriente. Es un sarcasmo. Una excelente lectura con ritmo y colores y carnes y amores todos muy nuestros. Muchísimas gracias.

  5. Gran artículo. Lo de Bad Bunny fue un bochornoso espectáculo tercermundista donde los Estados Unidos deciden decirle a mismo mundo que dominaban, que la cultura que ahora exportarán será chatarra de república bananera si eso se considera útil en la lucha contra el malvado conservador anglosajón blanco. En Beijing es imposible que no hubiese risas ante el estado de su rival por la hegemonía mundial.

  6. Realmente patético que para sentir que se es escuchado o valorado se tenga que recurrir a tópicos claramente nefastos (prostitución, alcoholismo, explotación laboral, vanagloriar la pobreza, promiscuidad), y no solo eso si no sentirse orgulloso e identificado con eso.
    Estamos tan mal actualmente que un reggaetonero exitoso pero con muy poco talento musical (dicho por él mismo, no sabe tocar un instrumento ni leer música) es el “orgullo” de Latinoamérica pese a que esparce la inmundicia y la exaltación de la ignorancia (no pronunciar bien las palabras, ritmos repetitivos, palabras malsonantes y efectistas) por la “cara de los gringos”; como si eso fuera a cambiar un ápice el racismo estructural de la sociedad estadounidense.
    En fin peor es nada dirían algunos, pero el nada aquí es que lo gringos ven reforzados sus estereotipos sobre los latinos, póngale el adjetivo que quiera, además que refuerza el “nosotros distintos” contra ustedes los que se adueñan de las palabras y las narrativas, pero por lo menos por 13 minutos se tuvieron que aguantar escuchar un mal pronunciado español por el artista que ya de por sí es el más escuchado mundialmente; lo más triste es que aquellos que son los mal llamados “aludidos” probablemente solo reforzaron sus creencias.

  7. No se porque dicen que representa el español….lo latino un tipo que no sabe ni hablar. Que imagen por dios…que penoso, España deberia tomar cartas en el asunto…….que vuelvan los Nikis y su 1492……..jajajajaja

  8. ¿Alguien se imagina que en la fiesta de inauguración del mundial de 2030 en España un artista saque la bandera tricolor republicana delante del rey?
    Pues Bad Bunny sacó la bandera independentista de Puerto Rico en las narices de los gringos y ahí queda eso.
    En menos de quince minutos solamente tienes tiempo de meter cuatro tópicos, pero un tópico no es sinónimo de mentira.
    Martínez Ocasio representó la cultura latina y más concretamente la del caribe español.
    Y sí, yo he visitado el pueblo de mi esposa en República Dominicana lejos de los hoteles de Punta Cana y me han invitado a jugar al dominó, he cortado caña de azúcar y bebido de un coco.
    Ricky Martin como invitado cantó unas líneas de Lo que le pasó a Hawai, que lejos de ser un reguetón para perrear, es una canción protesta contra la colonización y gentrificación de Puerto Rico, una colonia en el siglo XXI.
    Las reacciones en vivo de puertoriqueños viendo el espectáculo reflejan que ellos entendieron de qué iba todo. Por eso se echaban a llorar.
    Cuando hay un tirano que supera su propia caricatura y que cambia en los mapas el golfo de México por golfo de América, porque en su mente América es EEUU y el resto es su back yard, su patio trasero, no está de más recordar que América no es un país sino más de 30 naciones soberanas.

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