
Este artículo es un adelanto de nuestra revista trimestral Jot Down #55 «Modernismo», ya disponible aquí.
La pérdida de contacto con la realidad es un síntoma nuclear de los cuadros psicóticos. Le sonarán a usted multitud de casos hiperbólicos representados en la literatura, el cine y la televisión, y bien está que así sea. Pero de lo que tenemos poca conciencia es de la pérdida de contacto con la ficción como síntoma nuclear de un modernismo torcido hace tiempo. O de un posmodernismo que no hemos terminado de interpretar. Ya me dirá usted. Por mi parte, recuerdo que, de chaval, escuché a no sé cuántas personas quejarse de lo ignorantes que eran los yanquis porque en la película Knight and Day (2010) se representaba la ciudad de Sevilla, donde transcurrían algunas escenas, como escenario de los sanfermines y otros extravíos geográficos y culturales. Yo mismo me subí a ese tren durante varios años, porque el mejor mirador lo tiene uno sobre su hombro. Pero el tiempo pasa, y, con suerte, tanto usted como yo podemos madurar. O crecer, si lo prefiere. Avanzar. Yo qué sé.
¿Y dónde está el avance en esta situación? En que nos salten las alarmas ante el término «error». Porque no es un error que los sanfermines transcurran en Sevilla en esa película, de la misma manera en que no lo es que las mujeres vayan vestidas de flamenca a comprar dos molletes y una integral. Es una decisión, y a un servidor le resulta preocupante que esto no se detecte, o, si se detecta, que se ignore por completo como factor analítico. Los propios Tom Cruise y Cameron Diaz (ojo al dúo) respondieron a esta cuestión en una entrevista para El País hace casi dieciséis años, pero ¿no le extraña que tuvieran que responder?
Entiéndame: los sanfermines no tienen lugar en Sevilla. Vale. Y si uno va en moto por Triana, no aparece en la playa de La Caleta. Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero parece persistir en nuestra cultura un clima de arrogancia que nos hace juzgar (y sojuzgar) como algo errado todo lo que no se corresponde con nuestro mundo. Entre los críticos de las inexactitudes históricas, geográficas o políticas representadas en la ficción rara vez se oye la contraparte al espíritu mismo de esas críticas, a saber: que, si bien tales inexactitudes se dan, no son un fallo, no son un error, no son incultura, no son vagancia. Al menos, en su mayor parte, porque me imagino que habrá de todo. Son, simple y llanamente, repito, una decisión creativa. Entonces, podría preguntarme usted (que no me lo ha preguntado, pero como todo esto lo estoy diciendo en mi cabeza, yo me imagino que sí), ¿por qué, cada vez que en una producción histórica o semihistórica aparece algo que no cuadra con lo que nos consta de esa época, nos sentimos impelidos a gritárselo a la pantalla, a comunicarlo por redes sociales, a reírnos de ello y hacer un chascarrillo? Supongo que se debe a que, como población, detectar algo «erróneo» en la historia contada por grandes corporaciones extranjeras nos hace sentir listos, avezados y posicionados. Y, claro está, si somos tales cosas, hemos de comunicarlas y que el resto del mundo sepa que sabemos que, en contra de lo que creen Ridley Scott y Gladiator II (2024), en el Coliseo romano no se luchaba con tiburones.
Ahora bien, yo le planteo, y le ruego que lo piense un segundo: ¿de verdad cree que el equipo de producción de Gladiator II, el director, los guionistas, los supervisores del guion, los ejecutivos, los consultores, ninguno de ellos, sabe que en el Coliseo no se luchaba con tiburones? ¿Realmente no piensa que, si lo sabe usted, lo sabrán ellos, sobrepasándole con mucho en recursos? ¿No cree que, con lo que cuesta construir esas escenas, alguien habría dicho algo para ahorrárselas si el motivo por el que estuvieran ahí fuese la precisión histórica?
Claro que lo saben. Lo saben ellos y lo sabemos usted y yo. Pero han decidido ponerlo porque, como decían en mi barrio, quedaba guapo. Esto puede no gustarle a usted, claro está. Pero fíjese que el paradigma de la crítica ya cambia, y no es un cambio menor. No se trata de que en Hollywood sean todos tontos y nosotros listos, o de que a nadie le importe la historia menos a usted. Se trata de que una película con determinado presupuesto busca gustar a todo el que pueda, y a algunos los atraerá con el reparto, a otros con la espectacularidad, y a otros por el síndrome de Estocolmo. Lo mismo pasa con Knight and Day, y de esto dieron testimonio sus protagonistas: saben perfectamente que los sanfermines no tienen lugar en Sevilla, pero han decidido representarlos así porque es mejor para la historia, porque recrea el imaginario que el mundo tiene de la cultura española (impreciso, inexacto, o directamente equivocado, pero es el que tiene), y aunque aquí detectemos que lo que está saliendo en pantalla no se corresponde con el mapa topográfico que estudiábamos en el cole, para el resto del planeta construye atmósfera y es visualmente agradable. Al menos, esa es la intención. Si lo consigue o no, queda a criterio del espectador. Porque pueden ser malas decisiones, de acuerdo, pero no son errores.
¿O cree usted que el Nueva York que sale por la tele es el auténtico?, ¿que desde tal esquina del Village se ve tal avenida, o que al salir de Central Park está no sé qué puente? ¿Cuántas veces habremos visto una escena rodada en un edificio neoyorquino icónico y, al salir, los personajes daban con el trasero en una calle de Chicago? La única diferencia es que usted y yo notamos lo de aquí y no lo de allí. Piénselo un momento: ¿cuánto de su imaginario sobre distintos países lo compone aquello que ha visto en el cine? Estoy seguro de que mucho. Y, sin embargo, si vamos a Seúl o a Nueva Delhi, no veremos la estética a la que estamos acostumbrados, ni habrá un filtro azul en la primera y uno naranja en la segunda. Todo lo que aparece en una obra de ficción no es más que el escenario de dicha ficción, y su única función es remar a favor de la propuesta. Y esto me lleva a Christopher Nolan (1970–).
El director de Oppenheimer (2023) se llevó cuarenta y dos Óscar y medio por aquella película, de la que, además, los hombres blancos cisheterosexuales hicieron bandera frente a Barbie (2023), de Greta Gerwig (1983–), porque, al parecer, la primera era de machotes y con valor artístico, mientras que la segunda blablablá. Yo no escribía para Jot Down en 2023, así que me ahorro la opinión sobre aquello y me ciño al presente. 2026: año en el que se estrena la última película de Nolan, una adaptación de La Odisea, el poema de Homero cuya escritura se ubica entre siete y ocho siglos antes de Cristo, y que retrata una historia fantástica situada medio milenio antes. Se anuncia a Matt Damon como Ulises y a Tom Holland como Telémaco. Luego sigue una sucesión de estrellas, como es habitual en las películas de Chris, y muchos nos preguntamos de qué manera encajará el reparto. Pero, de momento, todo el mundo medio tranquilo.
Y entonces estalla una bomba de mucho mayor alcance que la de Oppenheimer: a Helena de Troya la interpretará la actriz Lupita Nyong’o, de origen keniata y la piel más bonita que haya visto usted en su vida. ¿El problema? Que esa piel es negra. Así que a Nolan, que con El caballero oscuro (2008) se metió en el bolsillo a los hombres de medio mundo y con Origen (2010) hizo sentir listo al que hoy mira el móvil seis veces durante el visionado de una película, se le programa una ejecución pública por ignorante y por vendido a algún lobby de Hollywood (la punta de lanza del progresismo, cuidado). Las pruebas que corroboran esos cargos son abundantes; por ejemplo, que no es creíble que una mujer negra ocupara el puesto de Helena de Troya en una guerra entre aqueos y troyanos que ocurrió milenio y pico antes de Cristo.
«Creíble». Me encanta esa palabra. Sobre todo, cuando la aplicamos a según qué cosas. Pero parece ser que mucha gente no la encuentra risible, sobre todo si quienes están representados en la pantalla no se parecen a ellos, así que pongámonos serios. Digo: sabe usted, igual que yo, que Helena de Troya es un personaje mitológico, ¿verdad? Vale, vale, lo digo por asegurarme. Y porque, si el personaje original al que Lupita Nyong’o va a interpretar no existía, entiendo que la piel de la persona que lo encarne en una película actual importa entre poco y nada, ¿cierto? ¡No! No se deje engañar. En La Ilíada se la describe específicamente como una mujer blanca. Ergo la actriz tiene que ser blanca. ¿No?
Seguro que ve el problema con este argumento. Pivota sobre una falacia de fidelidad en virtud de la cual, si algo es de tal manera en un lugar, aunque sea hace más de tres milenios, debe trasladarse igual a la pantalla. Y digo «falacia» porque ese mismo estándar solo lo aplican los colectivos dominantes cuando ven amenazada su omnipresencia. La historia es una mera excusa; lo que vemos aquí es el racismo cultural en acción. No por nada, sino porque desmontar esta idea es tan sencillo como decir que el mundo de La Odisea no es el nuestro, dado que en La Odisea hay sirenas y cíclopes, y en nuestro mundo no. Por tanto, las reglas históricas de nuestro mundo no se aplican. Pero supongamos que fuera el mismo: ¿le parece bien que una ninfa retenga a Ulises ofreciéndole la inmortalidad, pero si Helena es negra, el criterio histórico se convierte en determinante y la película en un truño? ¿No ve la diferencia de rasero?
De acuerdo, de acuerdo: esos dos parámetros no operan en el mismo nivel narrativo, porque uno se refiere al mundo recreado y otro al mundo fantástico. Bien, entonces: ¿no debería usted impugnar las épicas anteriores porque todo el mundo tiene en ellas los dientes perfectos? ¿No debería renegar de toda aquella película de romanos o griegos o espartanos o escoceses en la que los actores y las actrices vayan depilados? ¿No debería condenar a Gladiator (2000) por la muerte de Marco Aurelio o porque se empleen esos estribos en la monta de caballos? ¿Por qué se escogió a Joaquin Phoenix para interpretar a Cómodo en esa película, si el Cómodo histórico era notablemente más joven? Porque Joaquin Phoenix molaba en ese papel. Pues lo mismo debería pasar con Lupita Nyong’o y Helena de Troya, pero no, porque la edad no molesta tanto como la representación de diversidades humanas o realidades artísticas diferentes a la propia.
Si el motivo del descontento es la imprecisión histórica, La Odisea debería caerse desde su mismo fundamento, antes siquiera de haber anunciado el reparto. Pero ese es justamente el problema: que la historia no es el fundamento de La Odisea. Estamos hablando de un poema homérico. De hecho, si siguiéramos el argumento de la credibilidad en las características físicas de los actores respecto a las de sus personajes, tendríamos que concluir que, según los detractores del reparto, Zeus tampoco puede ser negro. Porque le recuerdo que Helena era hija de Zeus, de manera que, si Helena no puede ser negra, su padre tampoco. ¿Suena ridículo discutir la verosimilitud racial de los dioses? Solo si no resulta en lo que queremos. Si Helena es blanca, no pasa nada: puede ser hija de un dios que tira rayos y todo correcto. Pero si Helena es negra, se nos tensa el esfínter de la furia. Esto debería denotar que lo que nos incomoda no es la supuesta incompatibilidad histórica de una representación, sino que dicha representación se aparte de los cánones dominantes, pues en ellos está el grueso del colectivo que se queja.
Dejemos esa tierra baldía y subamos un peldaño más: es que, aunque Helena de Troya fuese un personaje histórico, la persona que la interprete no tiene por qué obedecer a un criterio histórico. Este es el quid de la cuestión y lo que hace enfermiza nuestra relación con la narrativa. Hemos perdido el contacto con la ficción, como le decía. No nos cabe en la cabeza que algo pueda apartarse del material del que proviene. Y digo más: no nos cabe en la cabeza que eso sea artísticamente sano. Estamos hablando de una película de fantasía, no de un documental con ínfulas. Esto mismo lleva ocurriendo toda la vida con los «basado en hechos reales»: que son una mentira como un templo. Por mucho que conmoviera Bohemian Rhapsody (2018) a según qué personas, a poco que le interese a usted Freddie Mercury (1946–1991), sabrá que lo que se relata en esa película no pasó en ese orden, ni de esa manera, ni con esos conflictos. ¿Y sabe qué? No hay ningún problema en ello.
Quédese con esto: nadie dice que el parámetro para medir la calidad de una representación narrativa sea su fidelidad al mundo que retrata. Eso lo supone quien se queja, pero la película no ha dicho en ningún momento que tal criterio sea prioritario. De hecho, muchos proyectos le dan una prelación muy baja, cuando no la descartan directamente. Eso es una decisión artística, y a usted puede no gustarle, pero eso no quiere decir nada malo sobre la película. Si quedamos para tomar una cerveza en una terraza y yo aparezco en pantalón corto y camiseta cuando usted esperaba que acudiese de traje y corbata, no he hecho nada mal; solo significa que usted medía la importancia del encuentro por el atuendo que yo portara. Pero mi atuendo no es el problema, sino su parámetro. Nadie le obliga a usar ese parámetro. Con la ficción pasa igual. Cuando acudimos a ver una obra, el creador es el que ha tomado las decisiones que configuran la premisa; si a usted no le gustan, muy bien, pero sepa que se trata de eso: de que no le gustan, no de que la película sea mejor o peor.
Siguiendo con nuestro ejemplo, La Odisea de Nolan es obra exclusiva de Nolan, y él tomará la decisión (que no el error) de escoger a quien mejor considere que se adapta al personaje que corresponda. Ya hubo una película de Hollywood que retrataba esta mitología. Se llamó Troya (2004), y aunque hoy en día se la está reclamando porque Brad Pitt no se perdía una comida baja en carbohidratos (supongo), en su momento fue denostada. Es más: el propio reparto recibió críticas a mansalva, y puede usted comprobarlo con un par de clics. Pero fuera lo que fuese esa película, ya contenía una representación de aquellos personajes, y aunque también se sonaba los mocos con el texto original de La Ilíada (no me haga hablar del final de Menelao, de Agamenón, de la historia de amor de Aquiles, o de cómo Héctor se enfrenta a este como un tipo duro en lugar de correr como perrete chico alrededor de toda la ciudad, como describe el poema de Homero), pretendía representar de forma medio fidedigna a sus contrapartes mitológicas.
Bien: ya tuvimos Troya y a Diane Kruger como Helena. Así decidió representar a los personajes Wolfgang Petersen (1941–2022), el director de aquella cinta. Pero ahora llega Nolan y hará su versión de los personajes, y con razón será distinta. Yo mismo me pongo en su lugar y lo entiendo perfectamente: ¿qué necesidad tengo de atenerme a los cánones establecidos por el poema original o por la antecesora fílmica, si lo que quiero es hacer mi versión? A mí también me aburriría ponerme a buscar a un Brad Pitt joven o a un Eric Bana joven o a una Diane Kruger joven. Es normal, y positivo en términos artísticos, que un cineasta haga suya la versión de la historia que va a contar. En teatro, a Hamlet lo han interpretado mujeres y personas racializadas multitud de veces. ¿Y qué? Al igual que ocurría con Knight and Day y Sevilla, cuando se representa Hamlet no se pretende retratar la realidad de Dinamarca en la Baja Edad Media, sino contar de la mejor manera posible una historia mil veces contada. Lo análogo con La Odisea.
Porque esa es otra: mucha gente se ha quejado de que, según se ve en el tráiler, las armaduras de los lestrigones, un pueblo mitológico de gigantes lanzadores de rocas, tienen apariencia medieval, y no la correspondiente a la época en que transcurre la historia. Repito: muchas personas se quejan de que la armadura de los gigantes no es históricamente precisa. Pero vaya, que no hace falta que sean gigantes: también ha habido quejas respecto a la representación de los atavíos de batalla de Ulises y compañía. Nunca dejará de sorprenderme por qué molesta esto. Y quienes lo señalan, lo hacen a modo de queja, como si se hubiese hecho algo mal. No quiero ponerme pesado, pero es importante recalcar que no es que Nolan y compañía no tengan dinero para preguntarle a un historiador cómo eran las armaduras de la época; es, sencillamente, que creen que así quedan mejor. ¿Se ajustan a la presunta realidad del siglo en cuestión? No. ¿Son preferibles estéticamente? Para el director, sí, así que ya está. Luego veremos qué tal queda. Pero si Nolan, o cualquier otro creador o artista, no se atiene a la supuesta historicidad de algo, es porque no tiene por qué hacerlo. No confundamos nuestras preferencias o intereses con un mandato artístico.
En fin, que se está haciendo tarde.
No sé si La Odisea de Nolan estará bien o no, porque no la he visto. Mejor nos iría a todos si nos abstuviéramos de opinar de algo hasta conocerlo. Dicho esto, me he encontrado tantas veces la foto de Lupita Nyong’o debajo de un exabrupto que se me juntan la incredulidad, el hastío y la rabia. Todo ello porque, con mucha frecuencia, quien se queja de estas cosas no lo hace por oprimir a nadie, sino porque genuinamente lo siente como un ataque. El problema está en que no deconstruyamos ese sentimiento, en que no tengamos el autoanálisis suficiente para ver lo que nos molesta y lo que no, los argumentos que se sostienen y los que no, y la diferencia en la manera que tenemos de aplicarlos. Por no hablar del factor puramente empático. Y es que, si asumiéramos que las representaciones de los personajes de ficción deben atenerse a su contraparte histórica o a su fuente literaria, dado el dominio blanco sobre la inmensa mayoría de la cultura occidental a lo largo de los siglos, esto condenaría a todas las personas racializadas a no poder interpretar jamás a ningún personaje como lady Macbeth, Juan Tenorio, James Bond, Drácula, Antígona, Elizabeth Bennet, y un largo etcétera. ¿No le entristece esa irresponsabilidad del colectivo dominante con nuestra propia historia? Dado que el dominio de la representación narrativa ha sido blanco, y así la mayoría de sus personajes más icónicos, ¿debe cualquier actor o actriz cuya piel no sea blanca quedar marginado de esos papeles, sin que importe su talento artístico? ¿No pueden aparecer en ninguna obra donde no haya un personaje racializado? Porque, si lo piensa, eso les cerraría de inmediato las puertas de la mayoría de representaciones de textos con más de cien años.
Se supone que el rasgo más llamativo de Helena de Troya era su belleza descomunal, y yo, personalmente, puedo pensar en pocas personas más hermosas que Lupita Nyong’o, sin entrar en los gustos individuales de cada cual. No obstante, y esto es muy denotativo, la foto más distribuida de esta actriz en el supuesto papel es, en realidad, una alteración de otra fotografía realizada con inteligencia artificial. No tiene más que buscarlo y verá que es cierto. Alguien ha cogido una imagen suya en la película 12 años de esclavitud (2013), donde tiene el aspecto demacrado y abusado propio de una esclava, y la ha cambiado para que parezca que ese será el aspecto de Helena de Troya.
Curiosa conducta por parte de sus detractores. Da que pensar, ¿no cree?






La imagen que nos llega de Jesucristo, nos lo hace parecer más bien nórdico. Y todo el mundo contento!
Hiciste bien en pedir las monedas de plata ;).
¡Gracias por el comentario!
Bueno, es que en el mundo griego clásico en general la mujer era literalmente una menor de edad toda su vida, sometida al padre y luego al marido. Curiosamente la excepción la tenemos en Esparta, donde eran mucho mejor consideradas.
El Mago Morgaono, en Capitán Trueno, se servia de muchos anacronismos científicos para dinamizar la historia. Sin duda eran cojonudos.
Mis respetos al hechicero.
Ah, pero ¿no es griega?
El código postal de su familia paterna estaba en el Olimpo, pero de chica pasaba un fin de semana allí y otro aquí
Nació de un huevo, hija de Némesis y Zeus, dos dioses. Puede ser cualquier cosa hermosa.
Esa es una de las versiones mitológicas del origen de Helena. Según otras versiones, era hija de Zeus y de Leda, pricesa etólia. Pero vamos, que tampoco es que importe mucho.
Ya, ¿y si se hiciera una película sobre el (mítico) reino de Zimbabue y eligieran una actriz blanca para el papel de reina?
Si la actriz es buena, ¿por qué no? Es actriz; hace un papel. No siempre tiene que ser creíble en todos los cánones. Antiguamente, los papeles de mujeres, en el teatro griego, japonés, chino y hasta hace no mucho europeo, los hacían los hombres, y no creo que pasara nada.
Sí pasaba… ¡Que hacían cagar!
Eartha Kitt fue la actriz negra que interpretó a Cat Woman en la mítica serie de Adam West allá por los 60.
Apenas duró tres episodios porque hubo protestas por parte de muchísimos espectadores blancos por la presencia de una actriz «de color».
El episodio de Star Trek donde la teniente Ujura y el capitán Kirk se besan no se retransmitió en los estados sureños por ser una pareja de razas distintas (por lo visto Kirk podía besar a una princesa alien pero no a una humana negra).
Igual que la discriminación positiva existe para compensar la discriminación, la inclusión forzada existe para compensar la exclusión forzada que han sufrido todos los actores de minorías raciales, condenados a papeles estereotipados.
La gala de los Oscar pronto alcanzará las cien edicionesy el 95% de los premiados históricamente son blancos.
Pero si premian a un negro es solamente por ser negro y pirque Hollywood se ha vuelto woke.
Ya se ha convertido en lugar en la crítica considerar que actores negros consiguen sus papeles solamente como un favoritismo.
En el canal IDIOCRACIA hasta me revolvió el estómago cuando el personaje de Ferflix recita los nombres de las actrices nominadas a mejor actriz secundaria de la última edición de los Oscar, pero de las actrices negras solamente dice la negra de esta película y la negra de la otra.
Incluso presume de haber hecho el esfuerzo de saberse el nombre de la actriz nórdica nominada pero las negras son solamente eso, las negras.
Cuando menciona al ganador del Oscar le llama «Moreno B. Jordan».
Cada vez que hay un actor negro en una película dice que es «el negro genérico» que han metido por cuota.
Así estamos.
Amén.
Están tergiversando la realidad. A la gente no le molesta la diversidad en sí; lo que no le gusta es que le impongan una agenda en un lugar donde debería haber entretenimiento. La gente percibe cuando algo resulta artificial. Cuando alguien intenta ganar un Óscar siguiendo al pie de la letra el manual de Hollywood, el público ve una falta de respeto, incluso hacia la propia historia. Puede que muy poca gente sepa dónde se celebran los Sanfermines, pero el 90 % de las personas no es tan ignorante como para no saber que los antiguos griegos eran de piel clara. No lo digo como un insulto ni como una ofensa, sino como un hecho simple y, al parecer, incómodo para usted
Todo queda claro en el último párrafo. Se supone que Helena era la mujer más hermosa que existía. Y Lupita compite en esa categoría. De sobra.
Coincido.
Un placer verte una vez más por aquí, Kilgore.
Magnífica defensa, perfectamente argumentada, de la libertad creativa de un autor .
Me ha hecho reflexionar y replantearme algunos «apriorismos» que me parasitaban.
Me ha gustado el artículo. Gracias.
Un placer ^^.
Helena de Troya es negra porque Nolan y los productores no son tontos: Quieren sacar la máxima pasta por su inversión, y todo ello pasa por ganar los Oscar. Y la organización del evento tiene unos criterios tasados obligatorios de «diversidad» (diversidad siempre según Hollywood, claro) para poder optar a los mismos. Es así de sencillo.
Buena parte de eso hay, sí.
Gracias por comentar, Vigasito.
Falso de toda falsedad. Oppenheimer se lo llevó todo y era True White. Y no han cambiado las reglas desde entonces. Estás repitiendo una leyenda urbana.
Yo creo que también tiene que ver con la pasta para la película, si tienes diversidad te dan más dinero, pero bueno, podían haber puesto diversidad en los compañeros de Odiseo, al gay, a la lesbiana ayudante de Penélope, etc. Pero cambiar un libro tan clásico y que encima a ese personaje lo ha descrito muy bien Homero… no sé es para verla una vez y poco más, ya me aburren las películas que no se ajustan a la realidad y en eso Hollywood y algunos directores no son muy fieles. Sólo hay que recordar Misión Imposible de Tom Cruise, en donde sale cómo en España quemaban imágenes cristianas, menudo cacao el del guionista mezclar fallas con Semana Santa, deprimente.
A ver si te lo explico: cada uno se obsesiona con lo que le da la gana. Si yo me leí la Odisea cuando era un infante y me imaginé a sus personajes de determinada manera tengo el derecho de no creermelos si me los dan en otra y hasta cabrearme si como en en el caso de Fundación de Asimov le cambian el sexo del protagonista.
¿Las licencias creativas son licencias para mejorar o modernizar los personajes o son licencias para ir a la moda e ir quedar bien con determinado público?
¿Por qué tras el Black Live Martes empecemos a ver protagonismo negro en cada historia y ahora la moda está desapareciendo?
El cine es una industria y vende determinado producto como podría vender detergentes y se busca un nicho de mercado y un público beneficiado por volcarse en ese nicho?
Yo como licenciado en historia, echo de menos mejor documentación en muchas películas con escenas absurdas por su puro anacronismo.
¿Soy un censor? ¿Tengo que decir si bwana a una producción «industrial» que falsifica la realidad y busca el efectismo para mayores beneficios?
Pues no, por ahí no paso.
El error de transcripción es excelente. Black Lives Martes!. ¿Los Miércoles? Quién sabe.
Seguro que ha sido el corrector, no su culpa, pero que bien ha quedado.
Sí, fue el autocorrector, espero no haberte causado ninguna molestia.
No, no se preocupe, al contrario.
Muchas gracias por explicármelo, Dr. Krapp :).
Yo también soy licenciado en historia. La diferencia la hago en el valor de la obra. Fundación es, no sólo por los cambios de sexo, un montón de basura. Tengo la saludable esperanza de que Nolan lo haya hecho bien La Odisea, más allá de que haya cogido para papeles secundarios a una actriz negra y un actor trans. A mí me flipan las adaptaciones de Shakespeare de Kurosawa, por cierto, las mejores de la historia.
Antes las películas te servían para ayudarte a estudiar Historia, ahora te distorsionan directamente la Historia, es flipante cómo una persona que se gasta millones de dólares en una súper producción hace ciertas cosas para que gente transnochada de Hollywood tenga en cuenta esa cinta para postularse a los Óscars, me parece increíble que sea verdad eso de que para optar a la lista de pelis de Óscar tengas que meter en la cinta sí o sí diversidad y obviamente con esta cinta lo veo más claro que es así. La Blancanieves morena de piel, etc, etc, etc, es que es hacer películas por hacer, sin ton ni son.
«Para gustos los colores», y el arte no sabe de gustos, más si de expresiones. Muy buen artículo y cómodo de leer. Ojalá que el miedo a la belleza de una mujer negra, en ajenos, no opaque su trabajo en esta película.
Funcionamos con tópicos, arquetipos, ideas establecidas y de ahí no salimos.
Pensar que nosotros sabemos más de nuestro «lugarcito» que nadie es pretencioso e infantil.
Extraordinaria la reflexión sobre las críticas al color de Helena… Aunque para gustos colores…..
Deseando ver la peli
¿nadie se queja de la elección de Matt Damon como intérprete de Odiseo?.
Es curioso, pero no. Extraño, ¿eh?
Yo me quejo de que le llamen ODISEO, cuando de toda la vida, incluso en mi libro se llama ULISES, he estado toda la película preguntándome qué libro me leí en el instituto que no me sonaba el nombre de Odiseo para nada.
Hay un recurso cinematográfico, y también literario que se llama suspensión de incredulidad. Diría que ya lo tenemos que aplicar de vez en cuando al leer la prensa diaria. Este recurso sirve para que la historia comience y avance, y si está bien elaborado, funciona perfectamente. Estoy de acuerdo con este artículo, pero como toda obra de ficción que se expone, está sometido a críticas de todo tipo, y ahora más, que cualquiera es experto en todo, se hable de lo que se hable.
El problema lo veo en otro tipo de películas o productos audiovisuales. No recuerdo el nombre, pero algo he visto de una serie ambientada en Reino Unido en el siglo XIX con personas de raza negra deambulando como si fueran aristócratas. Que Helena de Troya en la Odisea sea negra no es un problema, pero que en otros relatos se transmita una percepción histórica errónea sí lo es.
Los Bridgeton supongo, lo que me toca las narices no es el casting, ni la historia, lo que me chirría es que se puede llevar vida de aristócrata y hacer desaparecer por arte de guión toda la clase trabajadora que tenía que soportar con su esfuerzo a tanta sanguijuela inútil. Me pasa también con Downton Abbey y ése paternalismo y buen rollo entre los señores y los criados. Falso, dulzón y romantizador de una época que traslada los valores de esta, del liberalismo bien queda, a ésa. En cambio una serie como Arriba y Abajo, más antigua y más lenta, no se le caían los anillos por mostrar el clasismo, el desprecio y la crueldad de los señores con los criados, lo profundamente injusta y descarnada que era esa vida de servidumbre, y lo latente de la lucha de clases.
Es que Arriba y Abajo es una serie buenísima, y Downton Abbey no.
Estoy de acuerdo contigo. En Grandchester, Inglaterra años 50 pequeño pueblo rural vemos además de curas cañón, personajes negros o indios que cuentan con el respeto y la admiración de los aldeanos, mujeres empoderadas y para rizar el rizo el cura cañón se casa con una mujer negra de Alabama y se va con ella a vivir allí. A mi eso sí me chirría pareciéndome un blanqueamiento de esa sociedad y casi un insulto a los que la sufrieron
En Downton Abbey se puede reprochar el ocultamiento del factor de clase. En esa Bridgeton el mismo ocultamiento, pero además con envoltorio antirracista, lo cual es peor por doblemente falso.
El artículo del señor Pedro Narcob está muy bien escrito. Y es verdad, el arte es una experiencia fundamentalmente estética, y no tiene por qué ser exactamente fiel a la realidad de los hechos. Por supuesto, es absolutamente imposible hacer un «reacting» de hechos históricos en una película o una serie, pero sí es posible tratar de reproducirlos en la forma más fiel que se pueda (aunque eso signifique obviar que a los personajes reales les faltaban dientes, o eran un poco más morenos -o de tez más blanca- que los actores que los interpretan). Lo que no se puede hacer es falsificar la historia. Las grandes masas -millones de personas- conocen más de Historia por lo que se exhibe en las pantallas, que por lo que «aprendieron» en el instituto. Ahí está la responsabilidad de los creadores. No había afrodescendientes entre la pequeña nobleza rural inglesa del siglo XVIII. Helena de Troya puede ser un personaje de ficción, pero la historicidad de la guerra de Troya está fuera de discusión: algo sucedió en torno a la colina de Hissarlik hace aproximadamente 1.300 años. Y por lo que se sabe, no había afrodescendientes entre los aqueos, o los hititas, o en general las poblaciones (¿luvitas, quizá?) de esa zona de Asia Menor. Helena, si existió, no perteneció a la etnia bantú, y tampoco Cleopatra, cuya familia era de indiscutible origen macedónico, aunque los reyes Lágidas luego adoptaran la costumbre egipcia de casarse con sus hermanas o hermanastras. No se trata de racismo, sino de transmisión de contenidos culturales a través de la obra artística. El Arte no solo existe para deleitar, sino para educar. Ese fue el sentido original de las primeras obras de arte escénico de la cultura europea: las obras de Tespies que se interpretaban en Atenas. Cuidado con separar el arte de los hechos en los que pudiera inspirarse, y del público al que se dirige. Termina siendo un esteticismo vacío y deformador.
La Moreneta y la virgen de Chestokowa, contradicen su tesis.
Creo que la diosa Afrodita, tampoco le ayuda, a la hora de exigirle rigor a la Odisea.
Ya veo, Judas, que la historia no es lo suyo, sino la escatología. Su reino no es de este mundo.
“La historia no tiene ningún significado. La “historia”, en el sentido en que la entiende la mayoría de la gente, simplemente no existe: y ésta es por lo menos una de las razones por las cuales afirmo que no tiene significado. […] Lo que la gente piensa cuando habla de la historia de la humanidad es, más bien, la historia de los imperios egipcio, babilonio, persa, macedonio, griego, romano, etc., hasta nuestros días. En otras palabras: hablan de la historia de la humanidad, pero lo que quieren decir con ello, lo que han aprendido en la escuela, es la historia del poder político. No hay una historia de la humanidad, sino un número indefinido de historias de toda suerte de aspectos de la vida humana. Y uno de ellos es la historia del poder político, la cual ha sido elevada a categoría de historia universal. Pero esto es, creo, una ofensa contra cualquier concepción decente del género humano y equivale casi a tratar la historia del peculado, del robo o del envenenamiento, como la historia de la humanidad.
Eso dice Popper
Yo solo quería puntualizar su frase, “No se trata de racismo, sino de transmisión de contenidos culturales a través de la obra artística. El Arte no solo existe para deleitar, sino para educar”. Si la imaginería católica no le consta en el apartado arte, solo en el escatológico, le puedo llegar a entender.
Bueno, añada a Polifemo y a los cíclopes como referentes a la hora de elevar a la Odisea como documento Histórico, “con mayúsculas” , de referencia. Puede seguir con , las sirenas, Calipso, Caribdis o Escila. En verdad muy educativo, pero poco verificable, hablando en prosa.
Estimado Judas: Al texto de Popper, amén. Estoy de total acuerdo, y no veo la relación con el tema. La Odisea no es un documento histórico, sino una obra de ficción, pero tiene un trasfondo histórico en el que se enmarca la obra. En mi opinión, ese trasfondo histórico debe respetarse, si no se quiere transmitir una idea equivocada del mismo. El problema no es la libertad del creador de la película (de eso estamos hablando) sino de la interpretación que puedan hacer los espectadores sobre ese trasfondo. Quizá dentro de algunos años haya películas, o lo que fuere, sobre el Tercer Reich, y veamos a Hitler o a Goebbels interpretados por actores afrodescendientes, como una forma de desafiar a la ideología naz¡. Ese tipo de planteos desafiantes o desestructurantes pueden ser entendidos por personas con un bagaje cultural que les permita hacer la distinción, pero no por muchos otros, que pensarán que esa era la verdad del momento histórico. Perdón por el ejemplo tan burdo, pero creo que el argumento in extremis ayuda a entender la cuestión.
El texto de Popper intenta cumplimentar la falta de interés por la historia que me atribuye, nada más.
Como en el caso de las vírgenes negras, para el “creyente”, el color de la piel no quita lustre a la fe, aunque resulte del todo ilógico (solo cabe pensar en la Cataluña y la Polonia medievales y la analogía debería con la Troya ”histórica” que nos propone). Como tampoco seria importante la variedad de la manzana, – no creo que en Troya conocieran las Granny Smith, o las Golden aunque, siendo una diosa, Eris podía decantarse por cualquiera de ellas y no caer en un anacronismo- fuera o no de la discordia. De hecho, seria muy complicado encontrar una variedad de manzana con más de 5000 años de antigüedad, para poderla mostrar en la gran pantalla.
En todo caso, y aunque parezca mentira, en las librerías se vuelve a vender la Odisea. Ese sería, a mi parecer, el mayor logro de la empresa.
Perdón, la guerra de Troya habría sido aproximadamente hace 3.300 años. Corrijo el «lapsus calami». Un detalle puede estropear una argumentación.
Cinismo e hipocresía de los creadores para beneficio propio y autosatisfacción de las masas.
¿Diversidad, preservación de la cultura negra, multiculturalidad? No me hagan reír.
No veo que se adentren en el África negra y profunda a compilar sus leyendas, mitos y folclore, como sí hicieron en Centroeuropa los hermanos Grimm, Andersen y tantos otros. Ahí tienen un gran legado de personajes negros y de bellas historias, sin duda.
Y, por supuesto, Zeus y Helena son blancos porque así fueron concebidos por nuestros abuelos. Lo que concibieron en África no lo sabemos porque no le interesa a nadie.
Multiculturalidad, dicen.
Si eres profesor de historia sabes distinguir un poema épico de un relato histórico.
Homero no es Herodoto.
Pero incluso si adaptas a Herodoto hay libertad creativa y el resultado puede ser bueno.
Frank Miller adaptó en su cómic «300» la Historia de Herodoto y luego fue llevado al cine.
Tanto la película como el cómic evidentemente son un disparate si quieres enseñar historia a tus alumnos, pero como productos culturales y de entretenimiento son muy buenos.
Y no pasa nada por imaginarnos a Helena de Troya con varios rostros, como también le pasa a James Bond, a Sherlock Holmes o a don Quijote.
Unas veces me gusta pensar en Alonso Quijano con el rostro de los grabados de Doré y otras con la cara de Fernando Rey en la serie de TVE.
Hay una Helena de Troya para todas épocas y medios.
Completamente de acuerdo con el artículo, pero si en el futuro Nolan hace una película sobre Martin Luther King y elige para interpretarla a, pongamos, Benedict Cumberbatch, las tesis serían las mismas.
Habría que considerar que la cultura que nació en esa zona del mediterraneo presenta interrogantes que los Clásicos no dilucidan. Parecería inoportuno, pero me pregunto a qué color de la escala cromática que conocemos corresponde la definición del mar que vio Homero y otros, aquella tan famosa como misteriosa “del color del vino”; y por qué hay personajes negros juntos a otros más claros en las cerámicas arcaicas. También hay héroes cuyos antepasados venían de Fenicia, una zona africana. Y después, digamos que las africanas etíopes son hermosisimas. Quizás el color de la piel no llamaba tanto la atención como ahora. Por el resto, un artículo sensato y estimulante. Muchísimas gracias, Don Pedro.
Nolan dijo que Gladiator II era una fiesta y que el queria ver tiburones, que quien no querria.
Dijo que era el mundo de Scott y eso es hacer cine.
Claro que en Noche y Dia sabian que no era fiel pero si que era mas cool hacerlo asi.
El cine siempre es ficcion ya sea historica o de ciencia.
Scorsese decia que los documentales tambien son ficcion cuanto mas una pelicula.
Helena es lo que tenga que ser para el director.
Como ya fue en Xena que salia siendo mestiza.
Como woody allen corriendo en Manhattan que un espacio de 1h lo hace en minutos.
Porque en el mundo de Allen es mas pequeño ese espacio.
Y eso resume rodar una pelicula.
Crea un universo con ssu reglas , historia, ciencia, fisica ect…
Película rodada en el SAHARA OCCIDENTTAL ocupado por Marruecos.
Marruecos sigue encarcelando, torturando y asesinando saharauis.
Paso lo mismo con el film mediocre de Sirat; que también se aprovechó de esta situación, de manera más descarada si cabe: la narración está ambientada en el «Marruecos».
Boicot a estas producción.
Viva el Sahara Libre!
De Homero al Polisario.
Tiene usted toda la razón. Como la obra original es ficción, podemos realizar sobre ella todos los cambios que nos vengan en gana. Aquellas personas que, de forma acertada, critican que la industria del cine cometa imprecisiones (por decirlo de forma suave) sobre obras ya existentes en aras de (asumo que) aumentar el rédito económico de sus productos, no son más que unos incultos e intolerantes, y debemos escribir artículos kilométricos denostándolos falazmente.
Imagino que crear historias nuevas desde cero debe de ser una tarea titánica, no apta para los tiempos que corren. Pensándolo bien, modificar (o más bien, tergiversar) las obras ya existentes a nuestro antojo no parece una idea tan mala: supone un ahorro de esfuerzo creativo, y otro de publicidad. ¿Qué has de publicitar cuando el producto que creas ya tenía el nombre hecho?
Aunque un poco tarde, no me resisto a dejar algunas impresiones que me ha provocado este interesante texto.
La libertad creativa de Nolan, esa burbuja donde el autor decide qué es lo que mejor funciona para la obra dentro de su propio contexto, es una idea bonita; yo asumiría al 100 % los postulados de Nolan si de verdad creyera que él pensó: «La mujer más bella de la tierra puede ser representada por, digamos, Lupita Amondi Nyong’o y esta decisión que tomo no tiene aspiraciones extraartísticas». Como el entrecomillado importa una absurdez —y creo que es algo que cae por su propio peso— daré por supuesto que los criterios artísticos, en este caso, son irrelevantes.
Si a mí hay algo que me molesta en este tipo de polémicas es que caemos siempre como moscas, mientras el Nolan de turno se parte el pecho riéndose de la plebe que vomita sus prejuicios mientras alimenta el tráfico generado por los comentarios de la película. La elección de Lupita para el papel es, sencillamente, una provocación (dicho sea de paso, a mí no me provoca lo más mínimo) con el evidente objeto de crear ruido y, por tanto, atención.
La libertad creativa tiene un cierto límite que se impone el autor cuando elige un tema como La Odisea. Es decir, siempre hay un cachondo al que se le ocurre que va a hacer una nueva propuesta de un clásico, o peor, que lo va a «revisitar». Claro, el clásico en cuestión siempre tendrá una cierta cantidad de público cautivo que, aunque sólo sea por curiosidad, se acercará a ver la obra del nuevo «autor» que, en lugar de labrar de principio a fin una obra, elige un terreno feraz y convenientemente arado para que el mundo admire su «interpretación», a menudo novedosa, rompedora y quién sabe cuántos adjetivos inanes más. Ese público, digamos incondicional, tiene una idea preconcebida de lo que es el clásico, a menudo por una razón caprichosa, pero no absurda: porque ya lo ha visto en otra ocasión. Desde este punto de vista, un autor que elige conscientemente una obra clásica, debe aceptar con deportividad las críticas que se hacen por no cumplir las expectativas o por salirse del marco tradicional de la representación de dicha obra. Ello no obsta para que, en contadas ocasiones, el autor sea un verdadero genio y dé un bofetón con su creatividad a todos aquellos que se amparan en elementos accesorios para criticar una obra, a menudo ante litteram.
A mí, en el fondo, lo que me toca los cojones —y con este exabrupto termino—, es constatar que para la multinacional de turno, y para el mundillo cinematográfico/artístico/musical/empresarial es mucho más sencillo y cómodo «poner a un negro» que pagar los impuestos que corresponden o contratar como es debido a todas las personas que participan en una producción. La inclusión y la diversidad, por buenas que sean en realidad, funcionan aquí como el Mcguffin perfecto para una mafia a la que le importan bien poco.
Si cree que Nolan no puso a Lupita porque le salió de sus cojones británicos es que ignora el enorme poder que tiene Nolan actualmente en Hollywood, probablemente el director más poderoso de nuestro tiempo. Así que sí, créalo o no, fue una decisión artística.
Dos cosas saco: que la película de Nolan, junto con casi todo el cine producido durante los últimos cincuenta años (y una abrumadora mayoría del producido antes) no merece el visionado y que los disfraces que la obra artística utiliza deben estar siempre al servicio de la realidad, para contribuir a desvelarla allí donde la pretensión de exactitud no llega. Lejos de ese enfoque, lo que se hace normalmente es contribuir a hacer del espectador un imbécil y/o una bestia peligrosa, consiguiendo un mayor o menor éxito comercial en el proceso. Muchos estáis exponiendo a vuestros seres queridos a esa toxicidad, que es igual de formativa que las películas que los alemanes hicieron para apoyar la aktion t4 en su momento. A mí no me queda mucho: así que buenas noches y buena suerte.
En el caso de adaptaciones, ¿hasta donde debe llegar la libertad creativa? No veo porqué no se puede criticar determinadas decisiones creativas. En este caso, es un relato mitológico, y por tanto nada es real, luego el autor puede hacer lo que le de la gana. ¿Cambiamos el arco de Odiseo por una pistola con reconocimiento de huella digital?
Que Helena de Troya (y su hermana Clitemnestra) esté representada por una actriz negra no afecta a la historia, y teniendo en cuenta que es mitología (es decir, no histórico), se puede justificar de cualquier manera. La decisión me chirría más cuando en determinados aspectos la película intenta ser muy realista (por ejemplo, las murallas y la ciudad de Troya, como eran los barcos, o el detallar como estaban los griegos dentro del caballo), La cuestión es que sentido tiene, y por que se hace. Y, al menos en mi opinión, se hace por presiones de determinados grupos en Hollywood para que haya diversidad racial (aunque la acción ocurra en la Grecia preclásica donde históricamente toda la población era caucásica); o bien con la finalidad de provocar, de crear polémica. No me parece que sea por una cuestión creativa (¿de verdad que Lupita era la única actriz que podía interpretar a Helena/Clitemnestra?). Por cierto, esos mismos grupos protestarían si un actor/actriz caucásico interpretase a Mami Wata, Adze, Izonagi e Izonami, Hua Mulan, Hou Yi, Gua Yun, Tan Sanzang,, Ang, o Hunahpú e Ixbalanqué.
Dicho todo lo cual, que Lupita represente a Helena/Clitemnestra tiene nula importancia en la película. Es un personaje muy secundario, fácilmente prescindible. Nolan se toma otras muchas licencias con respecto al poema de Homero, para mí de más calado que esta, como son el cambio en la valoración moral de Ulises, la ausencia de los conflictos con los dioses y entre los dioses, o el nombrar a los pueblos del mar, entre otras. Y con todo ello, es una película magnífica, que recomiendo ver.
Para que conste mi interés por la Odisea comenzó exclusivamente cuando supe que en la pantalla no iba a ver exactamente lo mismo que ya he visto cientos de veces, y que fue su elenco diverso, no sólo en cualidades físicas, también en el propio acento de los actores o en otras elecciones formales, la que despertó incluso cierta ilusión. Y es que como comentas, la ficción puede ser realmente bella cuando la dejamos serlo.